Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]
La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]

Электронная книга - «La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]». Краткое содержание книги:

Los lectores que llegaron con el corazón en un puño al final de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina quizás prefieran no seguir leyendo estas líneas y descubrir por sí mismos cómo sigue la sene y, sobre todo, qué le sucede a Lisbeth Salander.
Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachcnko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas han a ser, una vez más, su mejor defensa.
Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre.
1 ... 132 133 134 135 136 137 138 139 140 ... 177
Перейти на страницу:

– De acuerdo. Pero me pregunto si de verdad piensa usted presentar el contenido de este documento ante el tribunal.

– Por supuesto: es la historia de Lisbeth Salander.

Ekström y Faste se miraron de reojo. Faste arqueó las cejas. En realidad, no entendía cuál era el problema: si la abogada Giannini no se daba cuenta de que iba a hundir por completo a su clienta, que la dejara, joder; eso no era asunto suyo. No tenía más que darle las gracias y archivar el caso.

A Faste no le cabía la menor duda de que Salander estaba loca de atar. Valiéndose de todos sus recursos, había intentado que, por lo menos, le dijera dónde vivía. Pero, interrogatorio tras interrogatorio, la maldita tía permaneció totalmente callada mirando a la pared. No se movió ni un milímetro. Se negó a aceptar los cigarrillos que le ofreció, y los cafés, y los refrescos… Ni siquiera se inmutó cuando él se lo imploró o cuando, en momentos de gran irritación, le levantó la voz.

Habían sido, sin lugar a dudas, los interrogatorios más frustrantes que el inspector Hans Faste había realizado en su vida.

Faste suspiró.

– Señora Giannini -dijo Ekström finalmente-: considero que su clienta debería ser eximida de este juicio. Está enferma. Tengo una evaluación psiquiátrica muy cualificada en la que basarme. Debería recibir la asistencia psiquiátrica que ha estado necesitando durante todos estos años.

– En ese caso, supongo que presentará usted todo este material en el juicio.

– Sí, así es. No es asunto mío decirle cómo realizar la defensa de su clienta. Pero si ésta es la línea que va usted a seguir, la situación es absurda a más no poder. Esta autobiografía contiene acusaciones descabelladas, carentes de todo fundamento, contra una serie de personas… sobre todo contra su ex administrador, el letrado Bjurman, y contra el doctor Peter Teleborian. Espero que no crea en serio que el tribunal vaya a aceptar unas alegaciones que, sin el menor atisbo de pruebas, ponen en tela de juicio la credibilidad de Teleborian. Este documento constituirá el último clavo del ataúd de su clienta, si me perdona la metáfora.

– Entiendo.

– Durante el juicio podrá usted negar que está enferma y pedir una evaluación psiquiátrica forense complementaria, y el asunto se remitirá a la Dirección Nacional de Medicina Forense. Pero, si he de serle honesto, con ese documento que va a presentar Salander no cabe duda de que cualquier otro psiquiatra forense llegará a la misma conclusión que Peter Teleborian, pues su propia historia no hace más que confirmar que se trata de una paranoica esquizofrénica.

Annika Giannini mostró una educada sonrisa.

– Pues hay una alternativa -dijo ella.

– ¿Cuál? -preguntó Ekström.

– Bueno, pues que su historia sea ciento por ciento verdadera y que el tribunal opte por creer a Lisbeth.

El fiscal Ekström puso cara de asombro. Acto seguido, y pasándose la mano por la barba, mostró igualmente una educada sonrisa.

Fredrik Clinton se había sentado en su despacho en la pequeña mesa que estaba junto a la ventana. Escuchó con mucha atención a Georg Nyström y a Jonas Sandberg. Tenía la cara llena de arrugas, pero sus ojos eran dos granos de pimienta reconcentrados y vigilantes.

– Hemos controlado las llamadas y los correos electrónicos recibidos por los colaboradores más importantes de Millennium desde el mes de abril -dijo Clinton-. Hemos podido constatar que Blomkvist, Malin Eriksson y ese tal Cortez están prácticamente resignados. Hemos leído la versión maquetada del próximo número de Millennium. Parece ser que el propio Blomkvist ha retrocedido a una posición en la que reconoce que, a pesar de todo, Lisbeth Salander está loca. Ha escrito una defensa de carácter social a favor de ella; argumenta que no ha recibido el apoyo de la sociedad que, en realidad, debería haber recibido y que por eso, en cierto sentido, no es culpa suya que haya intentado matar a su padre… pero es una simple opinión que no quiere decir nada. No menciona ni una palabra sobre el robo que se produjo en su apartamento, ni sobre el ataque que sufrió su hermana en Gotemburgo, ni sobre informes desaparecidos. Sabe que no puede probar nada.

– Ese es el problema -sentenció Jonas Sandberg-. Blomkvist debe de saber que está pasando algo. Aunque no sabe exactamente qué. Perdóname, pero no me parece el estilo de Millennium. Además, Erika Berger ha vuelto a la redacción. Ese número de Millennium está tan vacío y falto de contenido que parece una broma.

– Entonces… ¿qué quieres decir, que es un montaje?

Jonas Sandberg asintió.

– En teoría, el número de verano de Millennium debería haber salido la última semana de junio. Gracias al correo que Malin Eriksson le ha enviado a Mikael Blomkvist hemos podido averiguar que lo van a imprimir en Södertälje. Pero hoy he hablado con la empresa y me han dicho que ni siquiera les ha llegado el original. Todo lo que tienen es la petición que le hicieron hace ya un mes.

– Mmm -dijo Fredrik Clinton.

– ¿Y dónde lo han imprimido antes?

– En un sitio llamado Hallvigs Reklamtryckeri que está en Morgongåva. Los llamé para preguntarles cómo iban con la impresión haciéndome pasar por alguien que trabaja en Millennium. El jefe de Hallvigs no soltó prenda. Pensaba pasarme por allí esta noche para echar un vistazo.

– De acuerdo. ¿Georg?

– He repasado todas las llamadas de la última semana -dijo Georg Nyström-. Es raro, pero ninguno de los empleados de Millennium habla de nada que tenga que ver con el juicio o el caso Zalachenko.

– ¿Nada?

– No. Sólo se menciona cuando hablan con alguien de fuera. Escucha esto, por ejemplo: un reportero de Aftonbladet llama a Mikael Blomkvist para preguntarle si tiene algún comentario que hacer sobre el juicio.

Puso una grabadora encima de la mesa.

– Sorry, pero no tengo comentarios.

– Tú has estado metido en esta historia desde los inicios. Fuiste tú quien encontró a Salander en Gosseberga. Y sigues sin publicar ni una sola palabra. ¿Cuándo piensas publicar algo?

– Cuando sea el momento. Siempre y cuando tenga algo que publicar.

– ¿Y lo tienes?

– Tendrás que comprar Millennium y averiguarlo.

Apagó la grabadora.

– Es verdad que no hemos pensado en eso antes, pero ahora me he puesto a escuchar al azar algunas conversaciones anteriores. Todas en ese plan. No habla del asunto Zalachenko más que en términos muy generales. Ni siquiera lo trata con su hermana, que es la abogada de Salander.

– Tal vez no tenga nada que decir.

– Se niega en redondo a especular sobre nada. Parece pasarse las veinticuatro horas del día en la redacción; casi nunca está en su casa de Bellmansgatan. Si estuviera trabajando día y noche, debería haber producido algo más que lo que aparecerá en el próximo número de Millennium.

– ¿Y seguimos sin poder hacer escuchas en la redacción?

– Sí -terció Jonas Sandberg-. Allí hay siempre gente. Algo que también resulta extraño.

– Mmm…

– Desde que entramos en el apartamento de Blomkvist siempre ha habido alguien en la redacción. Blomkvist se mete allí y allí se queda; las luces de su despacho permanecen encendidas las veinticuatro horas del día. Y si no es él, es Cortez o Malin Eriksson o ese maricón… ehhh, Christer Malm.

Clinton se pasó la mano por la barbilla. Reflexionó un instante.

– De acuerdo. ¿Conclusiones?

Georg Nyström dudó.

– Bueno… a menos que alguien me demuestre lo contrario, yo diría que están haciendo teatro.

Clinton sintió que un escalofrío le recorría la nuca.

– ¿Por qué no nos hemos dado cuenta de eso antes?

– Porque le hemos prestado atención a lo que decían, pero no a lo que no decían. Nos hemos alegrado al escuchar su desconcierto o comprobarlo en sus correos electrónicos. Blomkvist sabe que alguien les robó el informe sobre Salander de 1991, tanto a él como a su hermana. Pero ¿qué diablos va a hacer al respecto?

1 ... 132 133 134 135 136 137 138 139 140 ... 177
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)