Fan Club
- Автор: Уоллес Ирвин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
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Está muy claro que para los hombres el máximo pináculo, la perfecta consecución del orgasmo, no se alcanza a través de la sexualidad sino del dinero.
No sé si Wilhelm Reich debió darse cuenta alguna vez de esta circunstancia.
Como es lógico, aunque llegue a esta conclusión, yo no la suscribo puesto que formo parte de una minoría y soy un anticonformista.
He conservado el trago y me he abstenido de beber, observando en cambio cómo los demás se iban llenando una y otra vez los vasos.
A continuación se ha iniciado una conversación en la que al principio no quería participar si bien después me he visto obligado a hacerlo.
Repantigado en el sofá, el Mecánico no cabía en sí de gozo y satisfacción.
"Un cuarto de millón para cada uno -se repetía una y otra vez como si no consiguiera creérselo, y ha sido la única vez en que le he oído hablar en tono auténticamente amable-.
Imaginaos, imaginaos lo que habrán cambiado nuestras vidas para el sábado. Basta de preocupaciones. Basta de luchas.
Seremos unos ricachos y bastará que chasquemos los dedos para conseguir lo que se nos antoje, igual que Onassis y Getty".
"Yo aún no me lo creo -ha dicho alegremente el Agente de Seguros-, no sé qué haré primero".
"Podremos permitirnos hacer lo que más nos agrade -ha dicho el Perito Mercantil, pero después ha añadido un prudente consejo muy propio de su carácter-.
Claro que sería conveniente invertir una buena cantidad en bonos municipales exentos de impuestos.
Ello evitaría que nos gastáramos todo el dinero atolondradamente y nos permitiría obtener unos ingresos regulares".
"Primero yo quiero tener las cosas que siempre he deseado", ha dicho el Mecánico.
"¿Cómo qué?", le ha preguntado el Agente de Seguros.
Observando la expresión del rostro del Mecánico, se me ha ocurrido pensar momentáneamente en un pobre huérfano que hubiera sido adoptado de repente por una acaudalada familia y estuviera pasando sus primeras Navidades con ésta y acabara de abrir las docenas de paquetes amontonados bajo el árbol de Navidad alegremente adornado.
"¿Qué es lo que quisiera hacer con la pasta? -El Mecánico ha empezado a reflexionar, cosa insólita en él puesto que no parece una persona acostumbrada a utilizar demasiado la imaginación.
Cada persona dispone seguramente de un armario cerebral en el que guarda y conserva los posibles sueños que con frecuencia se avergüenza de manifestar.
Y el Mecánico ha revelado los sueños que ahora, con esta repentina ganancia, podrían convertirse en realidad-.
Pero una cosa es segura -ha dicho-, pienso pasarme mucho tiempo sin trabajar y, si vuelvo a trabajar, lo haré por mi cuenta.
Creo que lo primero que voy a hacer será buscarme un nuevo apartamento. Tal vez me compre un elegante apartamento de soltero, el más grande que haya, o tal vez una casa en la playa de Marina del Rey, donde hay tanto ambiente, o tal vez en alguna zona de Malibú".
"Una casa en la playa será muy cara", le ha recordado el Perito Mercantil.
"Estás hablando con un ricacho -le ha contestado el Mecánico esbozando una ancha sonrisa-.
Sí, un sitio todo para mí en la playa, y todas las noches organizaré fiestas en honor de esas chicas en bikini que se exhiben por la playa.
Y después me compraré un coche deportivo extranjero de carrocería especial, tal vez un Ferrari o un Lamborghini rojo, y me iré a pasear por ahí como uno de esos "playboys" de Africa del Sur.
Y después, vamos a ver, creo que me gustará hacer alguna inversión, tal como sugiere nuestro Perito Mercantil.
Tal vez compre un auténtico coche de carreras -uno de esos Porsches de doce cilindros blanco y verde-con el que pueda participar en algunas de esas carreras que organizan por el país y ganar algunos premios y trofeos.
Bueno, eso para empezar. Hay muchas otras cosas que también quiero. -Ha señalado con el vaso lleno hacia el Agente de Seguros y ha derramado parte del contenido-. Y tú, ¿qué? ¿Qué vas a hacer con el botín?"
El Agente de Seguros, con el mofletudo rostro arrebolado a causa del alcohol y la satisfacción, ha empezado a reflexionar seriamente.
"Pues mira, puedes creerme, me he preguntado a menudo lo que haría si heredara de repente una elevada suma de dinero. Por consiguiente, ya estoy bastante hecho a la idea.
Ante todo, tal como tú has dicho, me gustaría dejar el trabajo inmediatamente.
Ser vendedor tiene sus ventajas pero en el fondo es una forma humillante de ganarse la vida un día sí y otro también.
Siempre luchando, sonriendo, procurando resultar simpático, embaucar a la gente, y la mayoría de las veces para que te miren por encima del hombro y te insulten. Ya estoy harto de eso".
"Pero, en concreto, ¿qué quieres hacer?", le ha preguntado el Perito Mercantil.
"Bueno, me gustaría hacer un depósito para Nancy y Tim, mis hijos, para asegurarles el futuro.
Después me gustaría trasladarme a vivir a Beverly Hills, comprarme una de esas preciosas casas de dos pisos de estilo español que hay por Rodeo o Linden, una casa con piscina en la parte de atrás.
Y dejaría la decoración y la elección del mobiliario en manos de mi mujer, ella siempre ha deseado tener la oportunidad de poder hacerlo.
Como es natural, me haré socio de algún elegante club de golf y me pasaré mucho tiempo jugando dieciocho hoyos al día y alternando con la mejor sociedad.
Y haré buenas inversiones en el mercado bursátil.
Siempre he pensado que en la bolsa podría ganar mucho dinero.
Tal vez pueda doblar el capital. Y, bueno, y en cuanto a las aficiones, jamás se lo he dicho a nadie porque siempre me ha parecido ridículo y rebuscado, pero ahora que tengo el suficiente dinero como para convertir este sueño en realidad, me gustaría volver al fútbol americano.
No para jugar, claro. Para eso ya soy un poco mayor. Pero buscar por ahí, tratar de introducirme como capitalista en alguna asociación que tenga en proyecto organizar un equipo -no tiene por qué ser necesariamente en Los Angeles, podría ser en Chicago, Cleveland, Kansas-e intervenir activamente en la dirección del mismo convirtiéndome para ello en asesor del equipo de entrenadores.
Eso sería estupendo, me parecería que vuelvo a vivir mi época universitaria.
Creo que lo que te he dicho me mantendría ocupado durante muchos años.
Ah, sí y… -Ha mirado al Perito Mercantil-espero contar con tu colaboración para que revises mis inversiones y cuides de mis impuestos. Siempre y cuando no pienses retirarte, claro".
"Gracias por la confianza que me demuestras -ha dicho el Perito Mercantil-. No, creo que no me imagino retirado.
Me temo que mis planes de utilización de la parte que me corresponde os parezcan muy ridículos comparados con los vuestros.
Pero a mi edad es difícil cambiar. Desde luego que no me imagino dejando el trabajo y el barrio donde vivo. Es posible que me compre una casa más grande en la misma zona o que reforme la mía si eso resultara más económico.
Desde un punto de vista práctico, tal vez estudie la posibilidad de ampliar el negocio, asociarme a ser posible con alguien y alquilar unos despachos más bonitos".
"Vamos, hombre -le ha dicho el Mecánico burlándose de él-, todo eso que dices es muy aburrido y pesado. Puedes hacer cosas mejores, amigo mío. Divertirte un poco, compañero. Tienes un cuarto de millón de dólares. ¿No te gustaría pasártelo bien? Cómprate uno de esos salones de masaje en los que hay tantas chicas".
El Perito Mercantil ha esbozado una débil sonrisa.
"Ya he pensado en eso, ya. Creo que me gustaría ser capitalista del club nocturno del señor Ruffalo. El Traje de Cumpleaños.
Dado que le llevo los libros, sé cuál es el valor exacto de este negocio. Creo que al señor Ruffalo no le importaría aceptarme como socio. Sería un buen negocio.
En cuanto a las mujeres, sí, me gustaría encontrar a una joven que resultara adecuada, una joven bonita y discreta a la que pudiera poner un apartamento, que se mostrara agradecida a cambio de mi ayuda e interés y que no fuera tan exigente como para complicarme la situación matrimonial. Eso sería muy agradable".