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Fan Club

Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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Ninguno de ellos era tan fuerte y decidido como Kyle Shively. A excepción de ella misma.bPara sobrevivir no podía depender de nadie más que de Sharon Fields.

Tomó el libro con aire ausente pero no lo abrió. Estaba pensando, procurando urdir un plan. Al final, consiguió trazar un plan. Era una posibilidad muy remota pero o eso o que le pegaran un tiro.

Se reclinó en su asiento, encendió un cigarrillo sacándolo de la cajetilla que le habían dejado y se concentró en lo que se proponía hacer.

Al reunirse con sus compañeros en el salón, Adam Malone comprobó que éstos se encontraban borrachos perdidos.

Shively se hallaba sentado en el sofá, entonando una canción obscena.

Yost se había hundido en un sillón y miraba a su alrededor con los ojos vidriados.

Y hasta Brunner, que se había terminado el vaso, se había levantado y se había dirigido por la botella con piernas vacilantes, estaba como desmelenado.

– Vaya, mirad quién está aquí -dijo Shively-. El gran cerebro en persona presentándose ante el público. Señoras y señores, les presento al mayor delincuente del siglo, el presidente del Club de los Admiradores, a quien se debe el mayor éxito comercial de los tiempos modernos y gracias al cual hemos conseguido gozar, además, de un dulce bocado.

Hola, señor Malone. Hoy eres un hombre.

Shively empezó a aplaudir y Yost y Brunner imitaron su ejemplo.

Malone se sentía molesto pero no deseaba provocar ningún antagonismo o perturbación. Decidió seguirles la corriente e hizo una reverencia.

– Gracias, queridos consocios. Es un honor encontrarme entre ustedes.

– Ven a tomarte un trago -le ordenó Shively-. Te mereces beber a tu salud.

– Eso voy a hacer. Malone se acercó a la mesa de café, tomó la botella de J amp;B casi vacía que le ofrecía Brunner y se preparó un trago.

Shively se estaba dirigiendo a los demás.

– Sí, hombre, es fantástico lo que ha ocurrido. ¿Os hubierais atrevido al principio a apostar un dólar falso por el feliz resultado de la puesta en práctica del sueño de Adam? Yo no.bY, sin embargo, aquí estamos, como cuatro pachás o mejor todavía.

Nos hemos acostado con el material más célebre del mundo. Y, por si fuera poco, vamos a cobrar un dineral. No está pero que nada mal. ¿Quién hubiera podido imaginarse, cuando empezamos a acostarnos con ella, que íbamos a alcanzar un resultado todavía mejor? Durante algún tiempo, nos pareció que acostarnos con ella ya no bastaba.

Sí, no olvido que, antes de que empezáramos a aburrirnos, y cuando todavía constituía una novedad, la cosa estuvo pero que muy bien. Sí, hombre. -Se irguió parcialmente y miró a los demás con ojos legañosos-. Ahora que estamos a punto de separarnos, tengo que hacerles una confesión a mis compañeros de aventura.

Y, oídme bien, no quiero que penséis que pretendo menospreciaros, pero, ¿sabéis una cosa? Os la voy a contar.

Aquí el viejo Shiv -y podéis preguntarle a la señora si no lo creéis-, aquí el viejo Shiv es el único que ha conseguido excitarla. ¿Qué os parece?

Malone ingirió un sorbo y miró a Shively enojado. Era necesario poner en ridículo a aquel fanfarrón.

– Eso no es cierto -dijo-. Conmigo también experimentó un orgasmo.

– Muy bien, entonces somos dos -dijo Shively.

– Tonterías -gritó Yost con voz de borracho-.vYo conseguí excitarla tanto como vosotros. Ella podrá atestiguarlo.

– Yo también lo conseguí -dijo Brunner con un hilillo de voz.

– ¿Todos vosotros? -preguntó Shively con expresión sombría-. La muy mentirosa. Lo que ocurre es que nos ha estado engañando.

¿Le dijo a alguno de vosotros que era el mejor, que era el que más apreciaba, el único que le gustaba?, Porque eso es lo que me dijo a mí. ¿Os lo dijo a vosotros?

– A mí me dijo que era el mejor -dijo Yost eructando.

– A mí también -dijo Brunner asintiendo.

La irritación de Malone fue en aumento.

– Todo lo que os dijo os lo dijo para mostrarse amable, lo cual me parece muy bien. Pero podéis creerme, no es que importe demasiado pero yo soy el único a quien ama Sharon Fields. ¿Por qué no? Sabe que vosotros sólo la queríais como medio de obtener dinero mientras que yo la quería por sí misma.

Eso es muy importante para una mujer. No quisiera ponerla en un compromiso pero, caso de hacerlo así, apuesto a que confesaría los sentimientos que yo le inspiro.

El hombre siempre sabe si una mujer le ama sinceramente.

– Eso sucedió contigo, conmigo y con todos nosotros -dijo Yost eructando por segunda vez-. Todos le hemos gustado. Bueno, ¿y qué? No pretendía gozar de ella en exclusiva. He seguido lo que quería.

Mirad, jamás olvidaré cómo estaba y olía la noche en que le traje el bikini y el perfume. Quizá me conviniera regalarle a mi mujer alguna de esas cosas.

– Un momento -dijo Shively irguiéndose en el sofá-. ¿De qué estás hablando, Howie? Yo no he visto ningún bikini ni he aspirado ningún perfume. ¿De dónde ha salido eso? Nosotros no lo trajimos.

– Lo compré yo -repuso Yost encogiéndose de hombros. Fue nuestro último derroche.

Una noche, cuando ya había empezado a prestarnos su colaboración, me pidió que le comprara unas cuantas cosas para poder estar más atractiva.

Es comprensible. Las mujeres siempre quieren ofrecer un aspecto inmejorable. Por consiguiente, cuando Malone y yo bajamos a Arlington a comprar comida, aproveché para comprarle a Sharon unas cosillas. Pensaba que lo sabías.

– ¿Comprasteis allí abajo prendas de mujer aparte de la comida? ¿Te pidió ella que se las compraras? -preguntó Shively con voz pastosa, si bien parecía que se estuviera serenando por momentos.

– Eso no tiene nada de malo, Shiv -dijo Yost-.Nadie hubiera podido adivinar para quien eran.

Los hombres suelen comprarles cosas a sus mujeres y novias. Para eso están las tiendas.

– Eso no me gusta nada -dijo Shively frunciendo el ceño-. Siempre recelo de las mujeres y tal vez tenga mis motivos. Sobre todo de ésta.

Acabamos de averiguar que nos ha mentido a todos. Ahora hemos descubierto que te ha utilizado.

– Vamos, Shiv -dijo Yost haciendo un gesto despectivo-, ¿cómo quieres que me utilizara? Lleva dos semanas encerrada las veinticuatro horas del día en aquella habitación.

– No sé -dijo Shively esforzándose por pensar-. No me gusta. Estoy empezando a experimentar aquella sensación que experimentaba en el Vietnam siempre que intuía la necesidad de volver la cabeza por si me acechaba algún peligro.

Creo que no me fío de esta perra. Tal vez esperaba que dejaras puesta alguna etiqueta que le permitiera descubrir dónde habías estado.

– Lo revisé todo -dijo Yost-.

Pero, aunque averiguara dónde habíamos estado -me refiero a la ciudad-, ¿de qué iba a servirle eso?

Shively se puso vacilantemente en pie.

– Te digo que no me gusta -repitió obstinadamente-. Tal vez haya averiguado alguna otra cosa.

Desde luego que, como haya averiguado algo más, de aquí no sale. Voy a revisar todo lo que le trajisteis para asegurarme.

– Déjala en paz, Kyle -dijo Malone poniéndose en pie-. No armes un alboroto por nada. No podrás encontrar nada. No la asustes ahora que la necesitamos para que nos escriba la última nota de rescate.

– Voy a efectuar una inspección, muchacho, por consiguiente, no te interpongas en mi camino.

Shively salió al pasillo y se dirigió al dormitorio. Abrió la puerta y entró seguido de Yost y Brunner.

Malone se había quedado rezagado y esperó fuera, dudando entre si intervenir o no. Llegó a la conclusión de que sería mejor no contrariar a Shively, dado que le constaba que éste era víctima de un acceso de paranoia intensificada a causa del exceso de bebida, y no conseguiría encontrar nada que fuera sospechoso.

Una vez cesaran sus temores paranoicos, se calmaría y todo seguiría igual que antes. Malone observó la escena.

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