Fan Club
- Автор: Уоллес Ирвин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
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Voy a cerrar el cuaderno de notas y a comunicarle la noticia.
Los demás estaban demasiado sumidos en su borrachera para poder percatarse del regreso de Adam Malone al refugio.
Evitando cualquier contacto con ellos, Malone recorrió rápidamente el pasillo y entró sigilosamente en el dormitorio de Sharon Fields.
La encontró vestida con un jersey color púrpura y una falda marrón, sentada con las piernas cruzadas sobre la tumbona y leyendo.
Al verla, recordó que, desde que se había redactado y echado al correo la primera nota de rescate del sábado, es decir, desde hacía cuatro días, ninguno de los demás había experimentado el deseo de seguir manteniendo relaciones sexuales con ella.
Prueba fehaciente de que el dinero constituía el máximo orgasmo.
El, en cambio, había sido más constante, La había visitado todas las noches, si bien sólo se había acostado con ella dos noches.
Se habían hecho el amor el sábado por la noche.
Ella había empezado a experimentar molestias menstruales el domingo y éstas se habían prolongado a lo largo de todo el lunes y el martes.
Anoche había estado en condiciones de recibirle de nuevo y la unión entre ambos había constituido una inmensa dicha. Al verle entrar, Sharon puso rápidamente una señal en el libro y lo dejó.
Malone se alegró de comprobar que había estado leyendo uno de los volúmenes que él le había traído: la colección de bolsillo de las obras de Moliére.
Se sentó frente a ella y observó que se estaba esforzando por disimular su inquietud.
– Hola, cariño -le dijo dirigiéndole una fugaz sonrisa y sumiéndose de nuevo en su estado de ansiedad-. Me alegro de que hayas venido. He estado oyendo un barullo terrible. ¿Qué es lo que ocurre?
– He pensado que debemos informarte de ello. Tu representante, el señor Zigman, ha recibido la nota. Siguiendo las instrucciones ha insertado el anuncio en el “Los Angeles Times” de esta mañana.
Al parecer, lo tiene todo arreglado. El dinero está listo. Como es natural, mis amigos se han alegrado mucho. ¿Qué te parece?
Ya se había percatado de su suspiro de alivio. Sin embargo, pareció como si la noticia no la hubiera alegrado.
– No sé qué decir. En cierto sentido, lamentaré alejarme de ti. Lo lamentaré de veras, cariño. Pero, desde un punto de vista más práctico, me alegro de que todo se haya solucionado satisfactoriamente.
No me censuras, ¿verdad? La alternativa que se planteaba en la nota no es que fuera muy halagüeña que digamos. Si la nota de rescate no hubiera dado resultado, yo habría muerto.
– ¿Muerto? -repitió él-. Totalmente imposible. Eso jamás hubiera ocurrido. No era más que una simple amenaza para asegurarnos el pago del rescate.
– Pues, yo no estoy tan convencida como tú.
En cualquier caso, habida cuenta de la amenaza que pesaba sobre mi cabeza, es indudable que me alegro de mi próxima puesta en libertad. -Se detuvo y añadió-: ¿Cuándo recogeréis el dinero? ¿Será mañana o bien el viernes?
– Será pasado mañana con toda seguridad. El viernes, 4 de julio.
Nos hacía falta otro día para poder enviar la segunda carta con las instrucciones al objeto de que el señor Zigman sepa dónde tendrá que dejar el dinero.
– ¿Cuándo, se la vais a enviar? -preguntó ella preocupada-. No olvides que el cuatro de julio es fiesta. No pasa el cartero.
– El señor Zigman la recibirá. Se la enviaremos por correo urgente desde una estafeta de correos cercana a su despacho. Lo arreglaremos esta tarde.
Es probable que te la dicte el más alto. Será muy breve. Después yo la echaré al correo esta noche o mañana por la mañana lo más tarde.
Le dijimos al señor Zigman que estuviera en su despacho mañana y el viernes. Por lo tanto, estoy seguro de que allí estará. Y la recibirá a tiempo.
– ¿Y entonces me soltaréis?
– En cuanto regresemos aquí con el dinero.
– ¿Tardaréis mucho tiempo en efectuar los análisis químicos?
– No habrá análisis químicos. Lo hemos dicho para asegurarnos de que no marque los billetes. Ahora nadie se atreverá a marcarlos.
Cuando tengamos el dinero en nuestro poder, supongo que nos lo repartiremos. Y entonces ya habremos terminado. Te cubriremos los ojos con una venda y te conduciremos a algún lugar de Los Angeles en el que podamos dejarte sin peligro.
Te aflojaremos las cuerdas de las muñecas para que, una vez nos hayamos ido, puedas librarte de ellas, quitarte la venda de los ojos y dirigirte a la casa o gasolinera más próxima para llamar al señor Zigman y decirle que pase a recogerte. Será muy fácil.
Cuando tengamos el dinero en nuestro poder, serás puesta en libertad.
Sharon guardó silencio por espacio de unos segundos. Mantenía la boca y la barbilla rígidas.
– ¿Cómo sabes que van a soltarme? -le preguntó mirándole directamente a los ojos.
– Porque es el trato, Sharon -repuso él sorprendido ante su preocupación-. ¿Por qué no iban a soltarte?
– Tú es posible que lo hicieras -dijo ella muy seria-. Dos de los demás quizá también. Pero el cuarto de ellos… me refiero al más alto de ése no me fío.
– Pero, te fías de tres de nosotros, ¿no es cierto? Somos mayoría. No tendrá más remedio que aceptarlo.
– Ya ha roto otras dos veces su palabra haciendo caso omiso del acuerdo a que habíais llegado y de las promesas que me habíais hecho -dijo ella sin mostrarse muy convencida-.
Te prometió que no me violaría pero entró aquí y me violó. Prometió que no intentaría cobrar ningún rescate pero ha seguido adelante y ha convertido esta situación en un secuestro a cambio de un rescate.
Ahora se ha comprometido, junto con los demás, a ponerme en libertad en cuanto cobréis el dinero. ¿Cómo sabré si esta vez cumplirá con su palabra, no habiéndolo hecho así en las restantes ocasiones?
– Pero es que esta vez será distinto, se tratará del resultado final -dijo Malone muy perplejo-. ¿Qué otra cosa quieres que hiciera contigo como no fuera ponerte en libertad?
Pareció que ella fuera a contestarle, pero, en su lugar, decidió guardar silencio. Resultaba evidente que estaba preocupada por algo. Malone esperaba que se lo dijera.
– No sé -dijo ella al final-. Confío en vosotros tres pero no confío en él. Es violento y cruel. Es de las personas que no se detendrían ante nada en el caso de que alguien se interpusiera en su camino.
Podría llegar a la conclusión de que es peligroso ponerme en libertad no sea que quiera vengarme e intente averiguar su identidad.
– No es posible que ello ocurra -dijo Malone sacudiendo la cabeza-. Sabe que no le buscarás ni querrás verle jamás.
No creo que se le haya pasado siquiera por la imaginación. En cuanto a la violencia, es cierto que es violento pero se reprime como suele hacer la mayoría de la gente. No tienes por qué preocuparte, Sharon.
Ya tiene lo que quería. Lo que no quiere es que el dinero se convierta en dinero ensangrentado que le manche las manos.
Te lo repito, una vez tengamos el dinero en nuestro poder, serás puesta en libertad sin sufrir el menor daño.
Ella volvió a guardar silencio y, al final, dijo:
– Si tú lo dices. Tendré que depositar mi vida en tus manos. Cuando hayáis cobrado el rescate, tendré que confiar en ti y esperar que logres convencer al más alto de la conveniencia de cumplir con su palabra.
– Te lo prometo -dijo Malone levantando la mano-. Le pondré en cintura. Te lo juro por mis padres. ¿Qué te parece?
– Muy bien -dijo ella esbozando una débil sonrisa-. Una vez más te tomo la palabra.
– No olvides que te quiero.
Ella se inclinó hacia adelante y le besó acariciándole la mejilla.
– Yo también te quiero, cariño. Y recuerda que dependo de ti.
Cuando el Soñador se hubo marchado, Sharon Fields permaneció sentada en la tumbona sin apartar los ojos de la puerta.
Sabía que le había mentido. No podía depender de él. Era demasiado débil. Y también lo eran los otros dos.