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Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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Pero, cuando recibías la tarjeta, ésta aparecía en blanco.

Este fallo del supremo instrumento de la lógica era contrario a toda lógica.

Nellie le había dicho que el I Ching podría resultarles más útil que el cerebro.

Y aquí estaba él, experto en la ciencia de las respuestas, atascado por una vez, y a cada día que transcurría cada vez más perplejo a causa de la decepción y el temor.

La puerta del ascensor se abrió automáticamente y Zignman se quedó de pie ante el pasillo alfombrado de azul del quinto piso que conducía a su despacho de cinco habitaciones.

Con el corazón apenado, Zigman salió del ascensor y echó a andar en dirección a su despacho. A través de sus lecturas, sabía que había misterios que jamás llegaban a desentrañarse.

En 1809, el embajador británico en Viena, Benjamín Bathurst, abandonó una posada de Perleberg, Alemania, para dirigirse a su carruaje, rodeó a los caballos y desapareció para siempre en pleno día.

En 1913, el escritor Ambrose Bierce cruzó la frontera de México y desapareció de la faz de la tierra.

En 1930, el juez Joseph Crater subió a un taxi y jamás le volvieron a ver.

Y otros muchos que había habido, desde los colonos perdidos en la isla Roanoke a la tripulación del barco abandonado “Marie Celeste”.

Todos se habían esfumado en el aire. Ninguno de ellos fue hallado jamás. ¿Engrosaría acaso Sharon Fields esta lista? No, se dijo Zigman, eso no podía ocurrirle a la más popular, famosa y celebrada actriz joven del mundo.

Y, sin embargo, ahí estaba el hecho que no podía pasarse por alto, había llegado la mañana del treceavo día de la desaparición de Sharon.

Félix Zigman leyó su nombre ostentosamente escrito en letras negras sobre la puerta de madera de roble de su despacho, se avergonzó de la leyenda “Representación Personal” que figuraba debajo y entró rápidamente.

Cruzó rápidamente el vestíbulo de recepción y el despacho de su secretaria sin apenas saludar a las dos mujeres y entró en el espacioso despacho elegantemente amueblado evitando mirar la pared de la que colgaban las enmarcadas fotografías autografiadas de sus célebres clientes, con la más llamativa de todas ellas, la fotografía de Sharon con la dedicatoria: "Tu amiga para siempre, con estima y afecto, Sharon Fields".

Se dirigió a su gran escritorio de roble cubierto ahora por los numerosos recados telefónicos y el acostumbrado y gigantesco hormiguero de correspondencia del lunes por la mañana, se acomodó en el sillón giratorio de alto respaldo e hizo la última concesión al sentimentalismo antes de iniciar su jornada laboral.

Tal como había venido haciendo por espacio de diez de los trece días, descolgó el teléfono particular, el que disponía de clavija de desconexión, y marcó el número de Sharon Fields de Bel Air que no figuraba en la guía.

Respondieron a la llamada al primer timbrazo. Estos días no tardaban nada en contestar a las llamadas.

– ¿Nellie? Soy Félix.

– ¿Sabes algo?

– Ni una palabra ¿Y tú?

– Nada, nada. Félix, no sé si podré soportar un día más esta tensión. Estoy francamente asustada.

Intentó tranquilizarla, procuró reprimir su habitual aspereza e impaciencia, habló vagamente de algo que ocurriría muy pronto y prometió ponerse en contacto con ella más tarde.

Tras colgar, sus ojos repasaron los recados telefónicos en la esperanza de descubrir el nombre de Sharon o el de algún desconocido que pudiera haber telefoneado para facilitar información acerca del paradero de ésta, pero no lo descubrió y todos los demás nombres pertenecían a sus clientes o a agentes de inversiones y de cambio y bolsa o a expertos en relaciones públicas.

Apartó los recados a un lado y empezó a dedicar su atención al montón de correspondencia. Mientras examinaba el correo con todos los sobres perfectamente abiertos por su eficiente secretaria Juanita Washington, su cerebro empezó a fotografiar los remites, se imaginó el contenido de cada uno de los sobres y empezó a dictar automáticamente las rápidas, oportunas y claras respuestas.

Siguió examinando los sobres y, de pronto, sus dedos tropezaron con uno de tacto distinto.

Estaba sin abrir lo cual significaba que la por regla general infalible Juanita Washington había olvidado abrirlo o bien había observado que figuraba en él la palabra "Personal" o "Confidencial".

En el sobre, con grandes letras mayúsculas escritas en tinta negra, figuraban las palabras Personal e Importante.

Zigman tomó el sobre, apartó los demás a un lado y lo examinó.

No había remite. El matasellos era de Beverly Hills. Se trataba de un sobre de baja calidad de los que se adquieren en las tiendas de mala muerte. Su nombre y dirección aparecían escritos muy toscamente en tinta.

Rasgó el sobre para abrirlo y, al sacar las páginas que contenía, tuvo una rápida premonición. Desdobló rápidamente la carta y la alisó sobre el papel secante del escritorio.

Reconoció inmediatamente la inclinada caligrafía, los diminutos círculos sobre las íes, los rabos sin cerrar de las y griegas.

Pasó la página y sus ojos se detuvieron en la parte inferior de la segunda. Allí estaba: Sharon L. Fields.

!Al final! Regresó de nuevo a la primera página, al principio de la misma, y empezó a leer apresuradamente: Al señor Félix Zigman, Confidencial Querido Félix: Sé que habrás estado preocupado por mí. Esta breve nota te lo explicará todo.

La nota me la están dictando. La escribo de puño y letra para que sepas que procede de mí.

Fui secuestrada el día 18 de junio. He estado prisionera desde entonces. Nadie se puso en contacto contigo al principio porque había que tomar ciertas decisiones.

Me encuentro bien. Seré puesta en libertad si tú te avienes exactamente a las condiciones que te expondré en esta nota de rescate.

Si no accedes a avenirte a estas condiciones o las alteras, ello significará mi muerte.

Si no te avienes a la entrega de la suma, la forma de pago y el secreto, seré asesinada.

Eso es indudable. Las condiciones para mi puesta en libertad son las siguientes: El rescate que se pide por mi vida asciende a un millón de dólares (1.000,000) en efectivo y en billetes de tamaño normal.

Los billetes deberán ser de 100, 50 y 20 dólares.

La suma total deberá contener 1.000 billetes de 100 dólares, 2.000 de 50 y 40.000 billetes de 20 dólares.

Sólo una mitad podrá constar de billetes nuevos. La otra mitad deberá estar integrada por billetes ya usados.

Sólo podrá haber hasta 8 billetes con número de serie consecutivo pero no más. Es necesario que ninguno de los billetes esté marcado visible o invisiblemente.

No seré puesta en libertad hasta que se hayan analizado químicamente los billetes. Ello retrasará en unas doce horas mi puesta en libertad. Si se descubriera un sólo billete marcado, ello significará para mí la muerte segura.

Los billetes deberán guardarse en dos maletas marrones de fácil acarreo.

La maleta más grande deberá medir menos de noventa centímetros de largo y menos de sesenta de alto.

La segunda maleta deberá ser más pequeña, pero lo suficientemente grande como para poder contener el resto del dinero.

Cuando hayas reunido la suma del rescate, publica un anuncio en la columna de "personales" de la sección clasificadora del diario “Los Angeles Times”. Deberá publicarse en la edición del miércoles por la mañana del día 2 de julio. El anuncio que indicará que ya has reunido el dinero y esperas las instrucciones acerca de dónde dejarlo deberá decir lo siguiente: "Querida Lucie.

Todo se ha solucionado.

Espero tu regreso.

Con afecto, papá".

Cuando se publique este anuncio, yo te escribiré una segunda nota más breve indicándote dónde y cuándo deberás dejar el dinero.

Procura estar libre los días jueves, 3 de julio, y viernes, 4 de julio, para efectuar la entrega en alguno de estos días. Cuando efectúes la entrega no deberá acompañarte ni seguirte nadie.

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