Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
La tesis tropezaba, naturalmente, con muchos detractores, entre los que destacaban el Gobernador y la propia doña Cecilia.
El Gobernador, pese al "denigrante espectáculo de Francia", aspiraba a incrementar más aún el número de chimeneas que poblaban la provincia; y doña Cecilia, pese a lo ocurrido cuando el motín de Esquilache, aspiraba a que su hijo, el capitán Sánchez Bravo, se casara con una mujer rica. "Tú dile que sí a tu padre -aconsejaba al muchacho-. Pero a ver si descubres por ahí alguna millonaria que se deje querer".
En cierto sentido, pues, el general se encontraba sin apenas escolta frente al alud de la ambición. De ahí su interés por trabar conocimiento con el Fiscal de Tasas nombrado para la provincia de Gerona, don Óscar Pinel. Apenas supo su llegada a la ciudad -el 23 de septiembre, precisamente el día en que el mariscal Pétain, "¡gran militar!", anunció en Vichy su propósito de disolver las logias masónicas francesas- le invitó a un vino de honor, que se celebró en el cuartel.
El Fiscal de Tasas acudió… y su contacto con el general no pudo ser más afortunado. Don Óscar Pinel era hombre de unos cincuenta y cinco años, bajito pero de mirada relampagueante y autoritaria. Por si fuera poco, ¡procedía del Ejército! Fue, durante la contienda, comandante de Intendencia, y hablaba de los suministros con la propiedad con que Agustín Lago hablaba de maestros y de pupitres.
Era viudo, con dos hijas. Una, la mayor, había profesado en un convento de clausura; la segunda se llamaba Sólita, era soltera y enfermera de profesión. "Ya la conocerá usted, mi general. Parece un sargento. En casa es la que manda".
¡Parece un sargento! El general Sánchez Bravo se felicitó por la aportación que la Fiscalía de Tasas significaba para Gerona. Por lo demás, los planes de don Óscar Pinel al frente de dicha Fiscalía no podían ser más convincentes. Se había traído consigo un equipo de inspectores, vascos en su mayoría, que recorrerían incesantemente la provincia. Pondría en práctica, con carácter permanente, aquella medida antipática pero eficiente según la cual los denunciantes cobrarían el cuarenta por ciento del importe de la sanción. Y desde luego, quien infringiera gravemente la ley sería enviado sin contemplaciones a prisión mayor o a trabajos forzados.
El general estrechó con efusión la mano del Fiscal de Tasas, don Óscar Pinel, cuyo mentón revelaba una energía indomable.
– Cuente conmigo, comandante.
– A sus órdenes, mi general.
Pocos días después, con motivo de la inauguración del local en que quedaría instalada la Fiscalía de Tasas -en la plaza del Marqués de Camps-, 'La Voz de Alerta' dedicó otra "Ventana al mundo" al nuevo organismo. "Esperamos -dijo- la colaboración de todos los ciudadanos. Es inadmisible que en Madrid haya ya quien cante coplas como ésta:
Si Candelas hoy viviera tan triste fin no tuviera, porgue el estraperlo hoy día da fama y categoría.
Para el Gobernador había de suponer un gran alivio el funcionamiento de la Fiscalía de Tasas, que actuaría en estrecha colaboración con la Delegación de Abastecimientos, donde trabajaba Pilar. Le quitaban de encima una enorme responsabilidad, lo que le permitiría encauzar sus energías hacia otros menesteres más en consonancia con sus dotes y su carácter.
Otras personas, en cambio, arrugaron el entrecejo al contemplar en Amanecer el rostro impenetrable del comandante de Intendencia don Óscar Pinel y al leer sus rotundas declaraciones. Entre estas personas figuraban el coronel Triguero y el capitán Sánchez Bravo. Para no hablar de la Torre de Babel, de Padrosa, del abogado Mijares, del patrón del Cocodrilo… y del Administrador de la Constructora Gerundense, S. A.
Cabe decir que el capitán Sánchez Bravo, desde que su padre lo llamó a la Sala de Armas y lo conminó a no "deshonrar el uniforme" dedicándose a negocios marginales, no había movido un dedo en beneficio de la Sociedad. El capitán, impresionado por la integridad del general, se concedió una tregua. Tal vez ello se debiera a que sus ideas no eran tan claras como las del coronel Triguero. Dudaba mucho y en el fondo temía echarlo todo a perder en un santiamén: su tranquilidad y el orgullo que había sentido al luchar en la guerra y al recibir las estrellas que lucía en la bocamanga. De modo que todo el mes de agosto lo dedicó íntegramente a su cargo de presidente del Gerona Club de Fútbol, que el próximo invierno militaría en II División, cargo que lo traía de cabeza, pues debía mejorar la plantilla del equipo, remozar el Estadio, que a no dudarlo se llenaría de bote en bote, y construir un túnel para que los jugadores pudieran trasladarse directamente del terreno de juego a los vestuarios.
El coronel Triguero… era otro cantar. Sostuvo con el capitán Sánchez Bravo un diálogo ceñido, que hubiera hecho las delicias de mosén Alberto, cada día más aficionado a ahondar en los problemas de conciencia.
– Capitán… La Sociedad está quejosa de tu inactividad. Estás chaqueteando. Y te consta que eso es lo último que debe hacer un militar.
– Mi padre tiene razón, coronel Triguero. Si hemos de dedicarnos a los negocios, quitémonos el uniforme.
– ¡Eso nunca! Sin el uniforme, adiós influencia. Los hermanos Costa no nos necesitarían para nada.
– Ésa es la cuestión.
– Por todos los diablos… ¡corrígeme si me equivoco! Van a racionar la gasolina. ¿Te haces cargo de lo que eso puede dar de sí?
– Me hago cargo… La Sociedad podría fabricar gasógenos, obtener cupos extra, etcétera. Pero… prefiero meditar con calma la situación.
– ¿Hasta cuándo, si puede saberse?
– Hasta Navidad, que es cuando los hermanos Costa saldrán de la cárcel, si mis informes no mienten.
– Por Navidad lo que harás será echar unas lagrimitas, con eso de los belenes y la adoración de los pastores.
– Veremos. Que yo sepa, nadie ha decretado que soy un santurrón.
– Te falta poco. Te has contagiado. Te gusta el rancho del cuartel. Te gustan los garbanzos. Y contemplar tus cicatrices…
– Puede ser; pero la razón principal, por ahora, es mi padre. Tú vives solo y no te haces cargo. Además, tengo miedo. Ya lo tenía antes de la Fiscalía; ahora, mucho más.
El coronel Triguero se atusó el bigote y pareció que le nacían largas patillas.