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Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
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Agustín Lago se las vio y deseó para convencer al profesor Civil de que lo que valía de Camino era su contexto, el aliento sobrenatural que emanaba de sus páginas y le recordó que, en su esporádica dureza, el padre Escrivá, fundador del Opus Dei, no había hecho sino imitar a Cristo, que en múltiples ocasiones se mostró también fustigador; el profesor Civil negó con la cabeza y sentenció: "Cristo era Dios, y tenía derecho a expulsar del templo a quien quisiera; pero cuando Pedro desenvainó la espada en el Huerto y le cortó la oreja a Maleo, criado del pontífice, le obligó a envainarla, dándole una suprema lección de tolerancia".

Agustín Lago pasó unos días mucho más inseguro de lo que podían pensar de él el Gobernador y Mateo. Por fortuna, recordó su coloquio con Carlos Godo -"seremos incomprendidos durante mucho tiempo"- y, sobre todo, encontró en el propio Camino el pensamiento consolador: "Cuando te entregues a Dios, no habrá dificultad que pueda remover tu optimismo".

En consecuencia, pues, se tomó más en serio que nunca la idea de "comportarse con la mayor naturalidad en medio del mundo", y después de piropear a la imagen de la Virgen que tenía en el cuarto de su modesta pensión se dedicó con renovados bríos a lo suyo: al trabajo, a ocuparse de la situación de los maestros, que continuaba siendo dramática.

Una vez más encontró en Carlos Godo, con quien mantenía ahora asiduo contacto epistolar, su gran aliado: "No te desanimes, querido Agustín. También yo he librado aquí, en Barcelona, combates similares. Pero avanzaremos, avanzaremos poco a poco… ¿No te acuerdas de las palabras de Chesterton? El milagro del cristianismo es que está loco: pretende vender jabón que no lava…"

Por otra parte, Carlos Godo le tendió el puente necesario para que sus gestiones en el terreno de la Enseñanza resultaran, dentro de lo posible, positivas. Le dio las señas de otro compañero del Opus Dei, residente en Madrid y que trabajaba precisamente en el Ministerio de Educación Nacional. Se llamaba Víctor Camacho y era jefe de Negociado. "Escríbele en mi nombre.

Mándale un informe detallado de todo cuanto necesites y él te aconsejará y te apoyará lo que pueda. En mi opinión, deberías ponerle al corriente, por supuesto, de los problemas de los maestros en ejercicio; pero sin olvidarte de los otros, de los maestros "depurados". Creo que debes prestarles a éstos la máxima atención, por cuanto, como bien sabes, lo que menos importa es el pasado ideológico. ¡La cuestión es que sean competentes!".

Agustín Lago siguió al pie de la letra el consejo de su amigo. ¡Y acertó! Víctor Camacho, al recibir en el Ministerio la carta de Agustín Lago sintió como si una llama cálida hubiera brotado en medio de aquella frialdad burocrática. Y se mostró eficiente en grado sumo. Consiguió el permiso necesario para que los maestros de la provincia de Gerona pudieran en el curso próximo cobrar "las permanencias" -es decir, las horas extraordinarias de clase-, ¡y obtuvo además una asignación para comprar estufas! Y para poner cristales en las escuelas que carecieran de ellos. Y la promesa oficial de levantar, en un plazo de tiempo relativamente corto, treinta viviendas en los pueblos más necesitados.

¡"Permanencias", estufas, cristales, treinta viviendas! Agustín Lago festejó la noticia por todo lo alto con los maestros que acertó a reunir en un ágape de Hermandad que tuvo lugar en Gerona, en el Hotel del Centro, donde se hospedaban el doctor Chaos y el cónsul inglés, míster Edward Collins; ágape que transcurrió con tan sana alegría que un maestro de Santa Coloma de Parnés, mordaz por naturaleza, comparando los manjares que les iban sirviendo con el menú que habitualmente le servían en la pensión del pueblo, se levantó como para brindar y dijo: "Propongo a todos los aquí presentes que nos declaremos reunidos en sesión permanente".

Agustín Lago soltó una carcajada. ¿Qué le ocurría? ¡Decididamente había dado un paso adelante!

Pero faltaba por resolver la segunda parte de su programa, y ahí sí que la cosa no era para reírse. El Inspector había informado a Víctor Camacho de la trayectoria humana seguida por los maestros que al término de la guerra habían sido expulsados de la carrera por la Comisión Depuradora, que él se vio obligado a presidir. ¡Santo Dios! Algunos habían emigrado a Barcelona; otros, los menos, habían montado un pequeño negocio; muchos se habían empleado en oficinas… Pero en su mayoría pasaban, ellos y ellas, vergonzosas privaciones, por no decir hambre. Se habían convertido en parásitos desmoralizados, lo mismo que muchos de los mutilados que habían combatido con el Ejército 'rojo'; en fácil presa para cualquier aventura ilícita. Dato confirmado por el hecho de que entre los primeros denunciantes de la Fiscalía de Tasas al objeto de percibir el cuarenta por ciento de las multas, figuraban precisamente algunos de los maestros expulsados… ¿Qué hacer? Víctor Camacho le sugirió varias salidas. Intentar colocarlos, ¡al margen de lo que en ello hubiere de paradójico!, en Colegios Religiosos, en muchos de los cuales las plantillas no habían sido cubiertas del todo; y darles facilidades para que pudieran montar Academias Particulares…

Agustín Lago obtuvo éxito en ambos terrenos. ¡Cuánto se alegró! No faltaban maestros, de edad avanzada y entrañablemente apegados a su profesión, que le llamaron su Ángel Salvador, a semejanza del músico Quintana cuando Chelo Rosselló le propuso dirigir el coro de la Sección Femenina. "¡Nos ha salvado usted! ¡Nos ha salvado usted!". Agustín Lago estuvo tentado de decirle al profesor Civiclass="underline" "¿Se da usted cuenta, profesor? ¡Ahí tiene la santa desvergüenza!". Pero se abstuvo de hacerlo, puesto que la Obra prefería actuar en secreto, evitando que sus gestiones adquirieran el carácter, siempre humillante, de paternalismo benéfico.

Carlos Godo felicitó a Agustín Lago. "Enhorabuena, Agustín. No cejes en tu empeño. Tu responsabilidad es muy grande, pues el problema fundamental de España es éste, la Enseñanza. Según Víctor Camacho, más de un tercio de nuestra población es analfabeta… Amemos a esos analfabetos, porque son hermanos nuestros, porque son hombres y procuremos que consigan santificarse por medio de un trabajo decente. ¡Enhorabuena otra vez! Y créeme si te digo que me gustaría mucho hacer antes de Navidad otro viaje a Gerona para darte un abrazo".

¿Y 'La Voz de Alerta'?

Euforia, euforia por los cuatro costados. Presidente, esta vez, de la Comisión de Festejos para las Ferias, la provincia entera se desplazaría a la ciudad para gozar de ellas. ¡Y los fuegos artificiales marcarían época! No ocurriría lo que en los primeros, lanzados tres meses después de terminada la guerra, con motivo del aniversario del Alzamiento, en los que la cascada final constituyó un fiasco, puesto que fallaron las aspas y la multitud sólo pudo leer: "Viva., Julio". Además, concurso de carteles, concurso de escaparates y premios especiales para las calles mejor engalanadas, lo que entusiasmó al vecindario. Cada calle había ya nombrado su Comisión y se presentía una orgía de gallardetes y de tiestos de flores en los balcones. Y al final, en el baile de gala del Casino, ¡la Gerona Jazz!

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