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Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
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"¡Arriba España!".

* * *

– ¡Ana María, Ana María! Ya está todo arreglado… He roto con Marta. Hace una hora, una hora escasa. Acabo de llegar de Palamós, del Albergue en que ella está. Ha sido muy penoso… La chica me quiere de veras. Fue horrible verla sufrir de aquel modo. Ha tenido que sentarse y lloraba, lloraba… Pero no había otro remedio que afrontar la situación. Había pensado en que le hablara antes Pilar. O en ir yo a visitar a su madre. Pero no. Mi obligación era hacer lo que he hecho: decírselo yo claramente. Lo terrible es que ni siquiera en un momento así ha perdido su dominio. Me ha dicho: "Vete… Y si hay otra mujer de por medio, que seas feliz…" Eso me ha aterrado. Porque no creo que estuviera enterada de lo nuestro. Habrá sido una intuición. En fin, Ana María… Ahora ya está. Se acabaron los fingimientos y el escribirte más o menos a escondidas. Dejaremos pasar un poco de tiempo, como hasta ahora, con discreción. Hasta que pueda comunicar a todo el mundo que te quiero, que nos queremos y que tú eres la mujer que yo necesitaba: un cascabel… ¡Un cascabel! ¿Comprendes lo que eso significa para mí? Tengo muchos proyectos, Ana María, muchos… Manolo me dice siempre: "Si sigues como hasta ahora, serás un profesional de primera, un gran abogado". ¡Bah! Yo también lograré la carrera me gusta. Aunque he de estudiar muchísimo… Pero lo que de momento me importa es que ya puedo decirte que eres mi novia… que nada nos separa. Déjame darte un beso, Ana María… Hoy es un día triste, pero glorioso. Sufro, pero ¡qué más da! ¡Acércate, cariño! Así… muy juntos. Dame también tú un beso… ¡Señor, Señor! Me siento como un chiquillo con zapatos nuevos.

– Ignacio… Ignacio… ¡qué alegría más grande!

– Estoy seguro de que seremos felices.

– ¡Claro que sí!

– De que lo seremos toda la vida.

– Yo lo sería ya ahora, si no fuera por Marta…

– ¡Por favor, dejemos de pensar en eso!

– Sí, tienes razón…

– ¿Piensas decírselo a tus padres?

– ¿A mis padres? De momento, no… Mi padre, ya sabes: sólo piensa en sus negocios…

– De acuerdo. Dejemos pasar un tiempo…

– ¡Bueno! Se lo diré a Charo. A ella sí, ya que veranea aquí conmigo, en San Feliu. ¡Con alguien he de expansionarme, digo yo!

– Bueno, díselo…

– ¡Cariño!

– Ana María…

– Me dan ganas… de hacer algo. ¡Sí, de hacer algo!

– A mí también…

– Por ejemplo… ¿podrías besarme otra vez?

– ¡Ah, qué picara eres!

– Si no lo fuera no estaría ahora en tus brazos.

– Eso también es verdad.

– Ignacio…

– ¿Qué?

– Te quiero…

Había anochecido en San Feliu de Guíxols, en el paseo del Mar. El faro giraba con lentitud. Lejos se veían las luces de las barcas. Nacían estrellas en el firmamento. Era un verano hermoso.

CAPÍTULO XXXVIII

El general Sánchez Bravo continuaba leyendo con gusto la Sección "Ventana al mundo", que escribía diariamente 'La Voz de Alerta' en Amanecer. Ocurría que los comentarios del alcalde sobre las noticias más relevantes que se producían en España y en el mundo coincidían muy a menudo con la opinión del general.

En aquel mes de septiembre, tocando a su fin el verano, el general, leyendo el periódico gerundense, se ratificó en su idea y no se recató de felicitar por ello a 'La Voz de Alerta' cuando éste regresó de su estancia en Puigcerdá, donde había Preferido gritar "Viva el amor" -viva Carlota, condesa de Rubí- a gritar "Viva el Rey".

Las últimas "Ventanas al mundo" que habían complacido especialmente al general eran de signo muy diverso. La primera de ellas se refería al asesinato de Trotsky, que tuvo lugar en Méjico el día 20 de agosto. El asesino, cuya filiación se ignoraba por el momento, había clavado en el cráneo de Trotsky un piolet de montaña que llevaba escondido en los pliegues de la gabardina, en el momento en que el ex jefe bolchevique estaba sentado en su despacho y se inclinaba sobre un manuscrito. 'La Voz de Alerta' trazó una rápida e incisiva semblanza de Trotsky y de sus seguidores en España, los militantes del POUM, e informó de que el famoso prohombre ruso, exiliado, a su llegada a Méjico había calificado a Stalin de "el chacal del Kremlin". "Trotsky -escribió 'La Voz de Alerta'- era un teorizante: es lógico que haya muerto con el cráneo atravesado. Su muerte ha causado el mayor asombro entre los que no quieren convencerse de que cada hombre se cava su fosa, de que quien a hierro mata a hierro muere". Lo que ignoraban el general y también 'La Voz de Alerta', era que entre los asombrados figuraban en primer término David y Olga, quienes vivían en la capital mejicana aspirando a publicar en castellano, en su flamante editorial, algunas obras de Trotsky; y que Cosme Vila, residente como siempre en Moscú, al enterarse de la noticia quedó igualmente perplejo, recordando que la maestra asturiana Regina Suárez, a poco de su llegada a la capital soviética, le había comunicado "que varios agentes españoles habían salido de Rusia rumbo a Méjico, con la misión concreta de asesinar a Trotsky".

Otra "Ventana al mundo" que interesó al general Sánchez Bravo fue aquella en que 'La Voz de Alerta' comentaba favorablemente el reciente decreto del Gobierno español creando la Milicia Universitaria, en virtud de la cual los estudiantes podrían cumplir con sus deberes militares sin ver entorpecida por ello su carrera, y conseguir de modo automático, dentro del Ejército el grado de oficiales de complemento.

El general, tal y como andaban las cosas, iba convenciéndose más que nunca de que, para que no se malograsen los frutos de la victoria, el Ejército debía seguir siendo la piedra angular. "El Ejército, el Ejército -le decía una y otra vez a su esposa, doña Cecilia-. Todo lo demás se desviaría en menos que canta un gallo". La verdad era ésta: año y medio después de terminada la guerra, ni la Falange ni el Requeté ni la Iglesia le ofrecían al general las debidas garantías. El obispo lo incomodaba dado que parecía atribuirle a la Divina Providencia todos los méritos de la campaña. El Requeté -y en eso discrepaba de 'La Voz de Alerta'- le daba la impresión de que, a la chita callando, maniobraba para acortar lo más posible la permanencia del Caudillo en la Jefatura del Estado. Y en cuanto a la Falange, lo ponía nervioso. Siempre le había ocurrido esto. Hasta tal punto que en cierta ocasión el general le preguntó a Mateo a santo de qué la Falange se llamaba Partido si no había otro. "Para llamarse Partido sería menester que hubiera varios ¿no es cierto?". De ahí que las pequeñas peleas entre falangistas y requetés -se rumoreaba que en una localidad navarra estos últimos habían irrumpido en un local de Falange llevando de la mano un burro-, divirtiesen al general. Si bien el principal argumento que éste esgrimía en pro de su actitud era que la guerra la ganó el Ejército. "Suprimid con la imaginación -les había dicho a sus oficiales, en la arenga que les dedicó el 18 de julio- a la Falange; Franco hubiera vencido. Suprimid con la imaginación al Requeté; Franco hubiera vencido. Suprimid al Ejército; hubieran vencido los rojos. Del mismo modo, si ahora nosotros nos retiráramos a los cuarteles, sin controlar lo que ocurre por ahí, fatalmente desembocaríamos en una especie de caos organizado".

Otra "Ventana al mundo" que interesó al generaclass="underline" el beneplácito con que en ella 'La Voz de Alerta' acogió la creación oficial de la Fiscalía de Tasas, destinada a cortar de raíz los tejemanejes de los desaprensivos. "Eso es lo que hacía falta -comentó aquél-. Un organismo con poderes absolutos, que pueda enviar los infractores a batallones disciplinarios".

Por supuesto, tal vez fuera ése el problema que mayormente irritaba al jefe militar: la codicia de que daba muestra la gente, empezando por su propio hijo. El general Sánchez Bravo era, por naturaleza, enemigo de lo fácil. Desde su ingreso en la Academia creyó a pie juntillas que la fuerza de un país radicaba en el mantenimiento de sus virtudes raciales y no en espolear su concupiscencia. Por eso no le gustó ni pizca que el recién nombrado Ministro de Industria y Comercio, don Demetrio Carceller, procediera de Falange y hablara reiteradamente de industrialización. Precisamente en esa "Ventana al mundo" dedicada a comentar la creación de la Fiscalía de Tasas, 'La Voz de Alerta' recordó a los gerundenses, primero, que en Numancia los defensores llegaron a comer carne humana y, segundo, que en tiempos del motín de Esquilache era tal la fe que los gobernantes tenían en la eficacia del progreso material que un ministro ordenó que su discurso sobre la Industria Popular fuera leído, como un libro sagrado, en el pulpito de las iglesias. "La riqueza material -decía 'La Voz de Alerta' en su "Sección", tal vez recordando las teorías del profesor Civil-, si se convierte en fin termina pudriendo el espíritu. El ejemplo de ello lo tenemos en la gastronómica y próspera Francia, que en la batalla de París acaba de ofrecer al mundo el más denigrante espectáculo de cobardía que recuerda la historia moderna". El general, al leer estas palabras, volteó su bastón de mando y afirmó que España debía vacunarse contra semejante microbio. En su opinión, el Caudillo debía imprimir al país, y sin duda lo estaba haciendo, su ritmo naturaclass="underline" el que le señalaba la áspera Castilla: "No vamos a contagiarnos, precisamente ahora, de los defectos de las democracias, que sólo aspiran a incrementar las Cajas de Ahorros. Confiemos en que la Fiscalía de Tasas impida que los grandes industriales beban champaña en los cabarets, al lado de los campesinos enriquecidos con el hambre de los ciudadanos".

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