El eco de la memoria
- Автор: Powers Richard
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El eco de la memoria». Краткое содержание книги:
Una llamada anónima avisa de un accidente en una carretera a las afueras de Nebraska. Mark Shluter es trasladado al hospital donde entra en coma, junto a él había una nota anónima con un extraño mensaje: «No soy Nadie, pero esta noche en la carretera del norte, DIOS me guió hasta ti para que pudieras vivir y traer de vuelta a alguien más». Karin Shluter, hermano de Mark, vuelve a su ciudad natal para cuidar de su hermano. Educados por padres inestables, ninguno de los dos ha encontrado el equilibrio en sus vidas. Un día, Mark despierta del coma con un extraño caso de síndrome de Capgras, un tipo de amnesia en la que el afectado recuerda todos los detalles referentes a su vida salvo los sentimientos ligados a ellos. ¿Vio Mark algo que no debía saber aquella noche en la carretera?
La red que atisba es tan compleja, tan amplia, que hace mucho tiempo que los hombres deberían haberse encogido y muerto de vergüenza. Lo único que es correcto querer es lo que Mark quería: no ser, deslizarse por el foso más profundo y fosilizarse en una roca que solo el agua puede disolver. Solo agua, como disolvente de todo el residuo tóxico, solo agua para disolver el veneno de la personalidad. Todo lo que ella puede hacer es trabajar, tratar de devolver el río a aquellos a quienes se lo han robado. Ahora todo lo humano y personal la horroriza, todo excepto aquella preparación de folletos que no servirán de nada.
El agua quiere algo de ella. Algo que solo la conciencia puede entregar. Ella no es nada, tan tóxica como todo cuanto posee un ego. Una parodia, un fraude. Nada merecedor de reconocimiento. Pero, aun así, ese río la necesita, su mente líquida, su manera de sobrevivir…
El mundo se llena de lujos que ella no puede permitirse. El sueño es uno de ellos. Cuando sucumbe, sigue compartiendo la cama con Daniel. Pero han dejado de tocarse, salvo por accidente. Ahora él medita más, a veces durante una hora seguida, tan solo para huir del daño que ella le ha hecho. Le ha golpeado con sus traiciones; él absorbe los golpes, como absorbe todos los insultos de la especie. Ahora le parece a Karin un hombre que podría absorber cualquier cosa, alguien que, único entre todas las personas a las que ella conoce, ha prescindido de la vanidad y mirado más allá de sí mismo. Y es este rasgo de Daniel el que tanto le ha molestado a ella. De todos los hombres con los que ha estado, solo él parece lo bastante fluido para ser un padre aceptable, para enseñarle a un niño todo lo externo a nosotros que es preciso reconocer. Pero él preferiría morir a traer al mundo otro ser humano alienado. Otro como ella.
Daniel debería haberla dejado meses atrás. No hay ningún motivo para que no lo haya hecho. Tal vez únicamente el amor residual por su hermano. O tan solo la consideración que siente por todos los seres vivos. Ella debe de parecerle espantosa, posesiva, tan frágil como rebosante de necesidad. No puede quererla, y en realidad nunca la ha querido. Sin embargo, muestra hacia ella en todas las cosas una amabilidad tenaz aunque silenciosa. Su hermano casi ha muerto, y solo este hombre sabe lo que eso significa. Solo este hombre podría echarle una mano para afrontar semejante situación. Ella yace en la cama, su espalda a un palmo de la de Daniel, deseosa de extender hacia atrás la ciega palma y palpar su cálido cuerpo, comprobar que sigue estando ahí.
El tercer día tras el intento de suicidio de Mark, el Consejo de Desarrollo expresa su voluntad, en principio, de conceder al Puesto de Avanzada Natural Escénico de Central Platte el derecho a la adquisición de un suministro de agua. Ella ha temido esa decisión durante semanas, pero no había creído que llegaran a tomarla. La asociación de grupos ecologistas del Platte reacciona de forma apática y dispersa. Han perdido la carrera con el consorcio de promotores y, en una serie de precipitadas reuniones, la alianza empieza a desmoronarse.
Si la decisión desmoraliza a Karin, anonada a Daniel, quien no dice sobre el juicio más que unas máximas secas y estoicas. No cree que merezca la pena condenar al consejo. Algo se agosta en su interior, una voluntad esencial de seguir luchando contra una especie a la que no es posible rehabilitar ni derrotar. No hablará de eso con Karin, quien, por su parte, ha perdido el derecho a apremiarle.
Es preciso que aclare las cosas con él. Que arregle una sola cosa, para una persona real, entre todo el desastre de los últimos días. Que redima su mal depositada confianza y devuelva algo al único hombre que ama a su hermano tanto como ella misma.
Se pasa el día preparando un festín vegetariano: seitán con almendras y brócoli, salsa de ajo griega skordalia y chutney al coriandro. Incluso budín de arroz tahini, para un hombre que considera el postre como un pecado. Se mueve con brío en la cocina, mezclando los ingredientes, sintiéndose casi estabilizada. Una bendita distracción, y el mayor esfuerzo que ha hecho por satisfacer a Daniel desde que se mudó a su apartamento. No ha hecho nada por él, mientras que él la ha ayudado en todas sus crisis. Karin ha permitido que el hierbajo de su personalidad invadiera su vida en común. ¿Tan imposible es ser otra persona, prepararle por una vez una comida para expresar su agradecimiento? Aunque sea la última que compartan.
Llega Daniel, el semblante ensombrecido. Trata de encontrarle un sentido al festín.
– ¿Qué es todo esto? ¿Alguna celebración?
Su reacción irrita a Karin, pero ella necesita que se comporte así.
– Siempre hay algo que celebrar.
– Cierto. Bueno. -Su sonrisa tiene un rictus de tristeza. Se sienta y extiende las manos, pasmado ante la comida. Ni siquiera se ha quitado la chaqueta-. Entonces será mi fiesta de despedida.
Ella deja de lamerse el budín de arroz de los dedos.
– ¿Qué quieres decir?
Él está tranquilo, con la cabeza inclinada.
– Dejo el trabajo.
Ella se aferra a la encimera y sacude la cabeza. Se sienta en el taburete frente a él.
– ¿De qué me estás hablando? ¿Qué significa esto?
Él no puede abandonar su trabajo. Imposible. Como un colibrí en huelga de hambre.
Daniel se muestra expansivo, casi regocijado.
– Me desvinculo del Refugio. Una división ideológica de posturas. Parecen haber decidido que, después de todo, ese parque temático de las grullas no es tan malo. Algo con lo que pueden trabajar. El compromiso es la mejor parte del valor, ¿sabes? ¡Han puesto en circulación un informe según el cual, si se dirige como es debido, el puesto de avanzada podría ser beneficioso para las aves!
Ella misma ha creído en esa posibilidad, durante bastante tiempo, desde la sesión pública.
– Oh, no, Daniel. No puedes permitir que ocurra esto.
Él la mira enarcando una ceja.
– No te preocupes. Me he ocupado de tu situación. Ya he hablado con ellos. Puedes seguir trabajando ahí. No van a tener en cuenta que eres mi… que tú y yo…
– Pero, Daniel…
Le es imposible asimilar lo que le está diciendo. Han perdido. Eso es lo que se desprende de sus palabras. La lucha ha terminado. Van a urbanizar las orillas del río, se perderá más terreno para las aves. Él está diciendo… pero lo que está diciendo no puede ser. Abandonar el Refugio. Saltar a la nada. Desconectar para morir.
– No puedes abandonar. No puedes permitir que cedan.
– Lo que yo pueda o no dejar que suceda no parece ser la cuestión.
Ella puede hacer que lo sea, puede conseguir que él vuelva al combate. Una palabra de ella y el Refugio rescindirá el acuerdo al que hayan llegado.
Por un instante, Karin piensa que ella hace esto por las aves, por el río. Entonces se dice que es para salvar a este hombre recto. Pero ella no salvará a nadie, a ningún ser vivo. Apenas logrará aminorar la velocidad con que actúan los hombres, a los que no es posible detener. Su elección se debe al puro egoísmo, es tan egoísta como cualquier elección humana. Ahora él la odiará para siempre. Pero, finalmente, sabrá qué es lo que ella puede darle.
– Es peor de lo que crees -le dice a Daniel-. Los promotores del puesto de avanzada planean una segunda fase. Sé cómo el consorcio se beneficiará económicamente de las cabañas para la observación de las aves, fuera de temporada. Se… se va a llamar Museo de las Praderas Vivas.
Se lo describe, en toda su trivialidad.
– ¿Un zoo? -replica él. No puede ni imaginárselo-. ¿Quieren construir un zoo?
– Bajo techo y al aire libre. Y la cosa es aún peor. He descubierto para qué necesitan suministros de agua adicionales. También hay una tercera fase. Un parque acuático. Toboganes, fuentes hidráulicas y esculturas, todo con temas de la naturaleza. Un estanque con enormes olas artificiales.