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Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:

Pensaba que las fuerzas de seguridad no eran lugar para una mujer, pero no iba a tardar mucho en cambiar de opinión
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
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Unas líneas de irritación resultaron completamente visibles alrededor de la boca de Matt, pero se había calmado un poco y su ira se había aplacado hasta cierto punto.

– Supongo que deberíamos estar agradecidos porque esté viva.

– Sí, pero sería mejor que se despertara. Ideas, pero carecemos de pruebas sólidas y de sospechosos -admitió Kelly-. No tenemos mucho en lo que seguir investigando. ¿Y tú? ¿O tú? -añadió, mirando a Slade-. Os invito a una taza de café en la cafetería.

Matt miró la puerta de la UCI.

– En cuanto hayamos hablado con Nicole.

– Vete tú -le dijo Slade a Matt-. Yo esperaré a Nicole, hablaré con ella y le diré dónde nos puede encontrar.

– Está bien -asintió Matt. Entonces, acompañó a Kelly hasta las escaleras.

Cuando llegaron a la planta baja, Matt se dirigió directamente a la cafetería. Evidentemente, conocía muy bien el camino y lo había recorrido muchas veces mientras que su hermanastra, su sobrino y su hermano estaban allí ingresados. Tomaron su taza de café y se dirigieron a una mesa tranquila que había cerca de la ventana.

– Quiero saber exactamente qué es lo que tenéis -dijo Matt, tras tomar un sorbo de café-. Y no me ocultes ningún detalle. No me voy a creer que nada sea confidencial en este caso o cualquier otra tontería similar. Quiero conocer todos los hechos sobre mi hermana.

Kelly no tenía nada que ocultar. Se tomó un sorbo de café y apoyó los codos sobre la mesa para acercarse todo lo que pudiera a Matt sin tener que levantar mucho la voz.

– Te contaré lo que pueda, pero no voy a comprometer la investigación.

– Soy un familiar, por el amor de Dios.

– Pero ellos no.

Kelly levantó una ceja y examinó las mesas que los rodeaban. Notó que en una de ellas estaban sentadas algunas enfermeras y en otra unos médicos. En una tercera, había varias personas tomando café mientras que otros pululaban cerca de allí. Jana Madrid, la insistente reportera que había conseguido llegar hasta la misma puerta de la UCI, estaba entre ellos.

– La prensa…

– Algunos de ellos. ¿Quién si no andaría por la cafetería a estas horas?

– Diablos.

– Por lo tanto, debemos hablar en términos generales.

– Dispara.

– Como te he dicho, estamos investigando la posibilidad de que tu hermana pudiera haber sido sacada de la carretera por otro vehículo, por lo que estamos investigando todos los vehículos que necesitaron una reparación de chapa y pintura en los días inmediatamente posteriores al accidente, en especial los Ford de color rojo oscuro. Hemos estrechado el cerco hasta un Explorer. También estamos investigando las personas con las que ella trabajaba y los hombres con los que salía…

Kelly se interrumpió al ver que uno de los hombres que había cerca de la mesa de reporteros, un tipo delgado con cabello rubio, bigote recortado y una afable sonrisa, serpenteaba entre las mesas vacías para dirigirse directamente a la de ellos. La reportera menuda no le andaba a la zaga.

– Perdonen -dijo el hombre con una deslumbrante sonrisa-. Soy Troy White, de KAB…

– Lo he visto en televisión -replicó Kelly interrumpiendo la frase del reportero-. Ya le he dicho que no tengo nada que comentar respecto de este caso a una de sus compañeras -añadió señalando a Jana Madrid. Ella tomó la mención de su nombre como una invitación a que se acercara. Kelly miró con reprobación a Troy.

– Simplemente me gustaría hablar un poco con el señor McCafferty. Usted es Matt, ¿verdad?

Matt lo miró como si tuviera muy claro la clase de hombre que era Troy White.

– Sí.

– Si no le importa…

– Me importa -replicó Matt, con la expresión del rostro tan dura como el granito.

– Pero si sólo tardaremos unos cuantos minutos -dijo Jana quien, a pesar de su descaro, estaba un paso atrás de White, como si el pequeño hombre pudiera servirle de escudo. Todos los allí presentes se volvieron para mirar.

– En otra ocasión -dijo Matt. Se puso de pie. Le sacaba a White más de diez centímetros. Estaba completamente preparado para una pelea. Tenía los puños apretados y las aletas de la nariz completamente abiertas.

O el periodista no se percató del estado de ánimo de Matt o no le importó lo más mínimo.

– Simplemente hábleme de Randi. ¿Tiene usted idea de quién pudo atacar a su hermana?

– ¡Ya está bien! -exclamó Kelly poniéndose también de pie-. Tal vez no ha escuchado bien, pero el señor McCafferty le ha dicho que no quiere que lo molesten, así que le sugiero que espere para obtener su entrevista a que el señor McCafferty considere que es un momento más adecuado para él -añadió. Se colocó entre el periodista y Matt y miró a los dos reporteros con desaprobación. Incluyó también al cámara, que estaba cerca de la máquina de café-. Si no tienen más cuidado, yo misma los acompañaré personalmente a la salida.

Troy White se ofendió. El bigote comenzó a temblarle.

– Escuche, señorita, el pueblo estadounidense tiene derecho a conocer…

– Basta ya, Troy -dijo Kelly interrumpiéndolo-. Ya me ha contado Jana todo ese rollo. Los dos tendrán que esperar un comunicado oficial.

Jana frunció los labios.

– Déjalo, Troy -le dijo a su compañero, aunque le resultaba imposible apartar la mirada de Matt. A pesar de su profesionalidad, Kelly sintió un inesperado aguijonazo de celos por todo el cuerpo. Jana Madrid era muy guapa y muy lanzada-. Tenemos material suficiente para las noticias de mañana por la mañana -añadió, antes de esbozar una sonrisa que parecía ir dirigida exclusivamente a Matt-. Gracias por su tiempo.

Troy White apretó los dientes y se limitó a asentir con la cabeza.

– En otra ocasión.

– Llame primero -le advirtió Matt. Con eso, se dirigió a la puerta de la cafetería y salió a la recepción. Kelly lo alcanzó inmediatamente-. Mira, detective. No necesito que nadie me saque las castañas del fuego… y mucho menos una mujer.

– Soy policía -le recordó ella cuando llegaron a los ascensores.

– Mujer policía.

Kelly, muy dolida, apretó el botón de llamada.

– Policía de todos modos -afirmó. Se sentía tan enojada consigo misma como con él por haber dejado que aquel comentario le molestara. La opinión de Matt McCafferty parecía importarle mucho más de lo que debiera.

– No recuerdo haberte pedido ayuda.

– Sólo estaba realizando mi trabajo, ¿de acuerdo? No tenía intención alguna de pisar tu frágil ego masculino, si es eso lo que estás insinuando.

Matt le agarró el brazo.

– Nada de lo que yo tengo es frágil.

Kelly sintió que el corazón le daba un salto y que la sangre le rugía en los oídos mientras observaba un rostro lleno de sentimientos.

Las puertas del ascensor se abrieron. Nicole Stevenson estuvo a punto de chocarse con ellos.

– ¡Oh! ¿Matt? -dijo. Como se detuvo justo delante del sensor del ascensor, las puertas se cerraron para volverse a abrir inmediatamente. Entonces, su sorprendida mirada pasó de observar a su futuro cuñado para mirar la mano de Matt, que seguía agarrada con fuerza al brazo de Kelly.

– Alerta de buitres -dijo Matt, soltando a Kelly como si su brazo fuera un hierro ardiendo-. La prensa.

– No se rinden -musitó Nicole. Entonces, frunció el ceño y miró a Kelly-. Tal vez eso sea algo de lo que vosotros podéis ocuparos.

– Ya lo he hecho.

– ¿Igual que tú y tu departamento os ocupasteis de la seguridad de Randi? -replicó Nicole. Entonces, como si hubiera comprendido el verdadero significado de sus palabras, suspiró y dio un paso atrás para volver a meterse en el ascensor-. Lo siento -dijo-. No debería haber dicho eso. Matt apretó el botón del tercer piso-. Es que estoy muy preocupada, no sólo por Randi, sino también por Thorne.

– Él estará bien. Es más duro que el pedernal -afirmó Matt. Entonces, ofreció a su futura cuñada una sonrisa de ánimo, que, una vez más, indicaba que, bajo su dura apariencia de vaquero, había un hombre más sensible y amable de lo que parecía.

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