Caricias del corazón
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
Las puertas del ascensor se abrieron y dos de los hermanos McCafferty salieron de su interior. Kelly se tensó y sintió que el pulso se le aceleraba al ver a Matt.
– ¿Qué diablos es lo que ha ocurrido? -preguntó éste con el rostro desencajado, como si ella tuviera la culpa de algo-. ¿Dónde está Randi?
Miró a su alrededor y, al ver las puertas de la UCI, se dirigió hacia ellas.
– No puedes entrar ahí -le advirtió Kelly. Entonces, extendió la mano para tratar de impedírselo.
– De eso ni hablar -replicó Matt. Su mirada la cortó hasta el alma. Tenía una mano sobre la puerta. Su hermano Slade estaba sólo a un paso de él.
– Ella tiene razón -comentó Espinoza.
– Randi es mi hermana -dijo Matt secamente-. Van a hacer falta mucho más que dos policías para impedirme ver por mí mismo que ella está bien.
Espinoza dio un paso al frente, pero Kelly, al percatarse de que Matt necesitaba asegurarse de que su hermana estaba viva, agarró a su compañero por el brazo y dejó que los dos hermanos McCafferty entraran en la UCI.
– Las enfermeras se encargarán de echarlos -susurró. Efectivamente, a los pocos segundos Matt y Slade volvían a salir al pasillo. Parecían estar más calmados, pero la ira no había desaparecido del rostro de Matt.
– Esto no debería haber ocurrido -afirmó mirándola a ella fijamente antes de centrarse en Espinoza-. La policía estaba sentada sin hacer nada mientras un asesino anda suelto.
– De eso no podemos estar seguros -dijo Espinoza.
– ¿Cómo me puede decir algo así? -rugió Matt poniéndose cara a cara con el detective. Los anchos hombros emanaban tensión, los tendones del cuello estaban estirados al máximo y había flexionado los músculos, como si estuviera preparado para entablar una pelea-. Tal vez antes no estaba seguro, pero yo diría que ahora las dudas han desaparecido por completo.
– Las cosas han cambiado.
– Y tanto que han cambiado. Mi hermana ha estado a punto de morir -afirmó Matt con furia, mirando a los dos detectives con desaprobación-. Ahora, espero que se pongan en firme con la investigación.
– Tal vez deberías dejar que hagamos nuestro trabajo -le espetó Kelly, más por su propia reacción ante el hombre que era que por ser el hermano de una víctima. Estar cerca de él la ponía muy nerviosa. La parte más femenina de su ser, la que tanto había luchado por reprimir, gritaba a voces que la liberaran siempre que estaba cerca de Matt McCafferty. Sus sentimientos estaban completamente revolucionados. Le resultaba casi imposible contenerlos y mantener al mismo tiempo su profesionalidad.
– ¿Hacer su trabajo? Pues espero que me digan cuándo empiezan -replicó Matt.
– Espera un minuto…
– No -rugió él, lleno de furia-. La que tiene que esperar un minuto eres tú. Mi hermana ha estado a punto de morir, ¿verdad? Por segunda vez. No creo que pueda darles permiso para que se tomen todo el tiempo que necesiten.
– Estamos haciendo todo lo posible por averiguar qué es lo que ha ocurrido -dijo Kelly cuadrando los hombros. No estaba dispuesta a ceder ni un milímetro a pesar de que lo que más deseaba era alejarse de él para poder pensar.
– Entonces, ¿qué me dicen del Ford rojo oscuro? Fue Kurt Striker el que descubrió que mi hermana había recibido un golpe de otro vehículo. Las muestras de pintura que él tomó del parachoques encajan con la pintura que se utiliza en los Ford.
– Eso ya lo sabemos y lo estamos investigando -afirmó Espinoza. En aquel mismo instante, las puertas del ascensor volvieron a abrirse y dejaron salir a una mujer menuda, muy bien vestida. Kelly reconoció a una periodista local.
– ¿Cómo ha conseguido burlar a la seguridad y llegar hasta aquí? -preguntó Kelly. Dio un paso al frente y cortó el paso a la mujer-. Va a tener que volver abajo.
– Yo estoy con la noticia. Soy Jana Madrid. De KABO. Ya nos conocemos -replicó la periodista. Kelly ni siquiera se movió-. Sólo quería hablar con alguien para averiguar qué es lo que ha ocurrido. Usted es oficial de policía. ¿Es cierto que alguien ha intentado asesinar a Randi McCafferty esta noche aquí en el hospital?
– No se va a realizar comentario alguno.
– Pero…
La periodista no hacía más que estirar el cuello para tratar de captar algo del interior de la UCI o de lo que ocurría a las puertas de la unidad.
– Veo que Matt McCafferty está aquí.
– ¿Lo conoce? -preguntó Kelly.
– Sí, nos conocemos -respondió Jana-. Eso significa que alguien ha tratado de terminar con la vida de su hermana. Ahora, si me perdona, me gustaría hablar con él.
– Más tarde.
– ¿Qué es lo que ha ocurrido aquí exactamente?
– Señorita Madrid, le ruego que se marche. Ahora mismo -dijo Kelly con firmeza. Sintió que uno de los policías se acercaba para echarle una mano.
– Sólo necesito unos cuantos detalles -insistió Jana-. Venga… Si hay un asesino suelto, el público necesita estar prevenido.
– El departamento de policía realizará un comunicado a su debido tiempo, igual que lo hará el hospital. Hasta entonces, no puedo responder a ninguna pregunta -repuso Kelly. Con eso, apretó el botón de llamada del ascensor.
– Pero la gente tiene derecho a estar informada.
– La gente tiene derecho a estar informada… cuando tengamos algo de lo que informar. Ahora, le ruego que se marche de aquí sola o tendré que acompañarla personalmente a la salida.
– Yo me ocuparé -dijo el policía que había acudido para apoyar a Kelly.
Mike Benedict, de más de un metro ochenta de altura y muy corpulento, era una fuerza a tener en cuenta. La periodista dudó. Empezó a decir algo y luego, al ver que no iba a conseguir nada, frunció el ceño.
– La televisión podría ayudar con la investigación, ¿sabe? Si nos proporcionan un retrato robot del sospechoso, podríamos mostrarlo en pantalla y conseguir que la comunidad se implicara en su búsqueda. El público tiene derecho a estar informado.
– Se lo proporcionaremos cuando llegue el momento adecuado. Ahora, por favor…
De mala gana, la periodista se metió en el ascensor. Las puertas se cerraron inmediatamente. Kelly regresó a su lugar para reunirse de nuevo con Espinoza. Vio que Matt McCafferty estaba a punto de saltar al cuello del policía.
– ¡Dese prisa! Descubra qué es lo que está pasando y arreste al canalla que le ha hecho esto a mi hermana antes de que ella termine muerta.
De soslayo, Kelly vio que una mujer esbelta, con bata blanca, avanzaba decididamente por el pasillo. Llevaba el cabello recogido y tenía la preocupación reflejada en los ojos. Su rostro era hermoso, muy elegante. En la placa de su nombre, se leía el nombre de Doctora Nicole Stevenson.
– ¿Dónde está Thorne? -preguntó sin preámbulo alguno.
– Dejamos a Thorne en casa, con los niños -respondió Slade.
– Yo creía que iba a conseguir que Juanita o Jenny se quedaran… Oh, no importa. He venido a ver cómo está Randi -dijo Nicole antes de fijarse en Kelly-. Detective Dillinger -añadió, sin esbozar una sonrisa que no sentía. Evidentemente, ella también pensaba que la policía no estaba haciendo todo lo posible por encontrar a los enemigos de Randi o protegerla de sus ataques.
– Hazlo… Ve a ver cómo está Randi -le pidió Slade mientras se mesaba el cabello oscuro con gesto nervioso.
– Regresaré dentro de un minuto -dijo Nicole, antes de pasar por las puertas de la UCI con la tranquila autoridad de un profesional de la medicina en su propio terreno.
– ¿La has interrogado? -le preguntó Kelly a Espinoza. Este asintió-. Creo que voy a charlar un rato con ella.
– Como quieras, pero en realidad no vio mucho. Yo estaré en la cuarta planta, repasando la habitación en la que Randi fue atacada -anunció Espinoza. Con una última mirada a los hermanos McCafferty, se dirigió a los ascensores.
– ¿Cómo va tu hermana? -preguntó Kelly a Matt indicando con la barbilla las puertas cerradas de la UCI.