Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Juegos de ingenio [State of Mind - es]». Краткое содержание книги:

En un futuro no muy lejano, las armas y los chalecos antibalas son algo habitual. Tal vez la excepción sea una comunidad de EE. UU que dice garantizar la protección de sus habitantes gracias al control que ejercen los agentes del Servicio de Seguridad del Estado, el futuro estado 51.
En este contexto del tiempo, Susan Clayton, que trabaja elaborando pasatiempos para una revista, recibe un mensaje cifrado que parece significar «Te he encontrado». La críptica nota es especialmente siniestra en un momento en que un asesino en serie acecha Florida, un asesino que puede ser el desaparecido padre de Susan y al que piden, a su hermano, ayude a encontrar. Su madre Diana, muer fuerte y, al tiempo con miedo esta con un cáncer terminal pero sabe que juntos deberán enfrentarse a la amenaza.
Su hermano Jeffrey, reputado criminalista y experto en asesinos en serie es reclutado por la policía del nuevo estado para encontrar a un asesino en serie del que piensan es su padre sin embargo, el va mas como cebo que como experto.
1 ... 123 124 125 126 127 128 129 130 131 ... 137
Перейти на страницу:

Su padre sacudió la cabeza.

– Dudo que te niegues, cuando pienses bien en la oferta que te estoy haciendo.

– No lo haré.

Peter Curtin se removió en su asiento, como si la respuesta de su hijo le pareciera inadecuada, incompleta.

– Es una decisión instintiva y poco meditada, Jeffrey. Reflexiona sobre la oferta con mayor detenimiento.

– No me hace falta.

Su padre frunció el entrecejo.

– Claro que sí -replicó en un tono entre burlón y exasperado, como si no estuviese seguro de cuál era el más apropiado-. La alternativa para mí, claro está, es simplemente hacerle caso a mi amada esposa aquí presente y aceptar el consejo que me ha estado dando con tanta insistencia. ¿Cuánto crees que me costaría, Jeffrey, decirle a Caril Ann: «Resuelve este dilema por mí»? Y ya sabes lo que haría.

Jeffrey echó una ojeada a la mujer de expresión dura, que permanecía rígida, deslizando de forma casi imperceptible el dedo sobre el gatillo de su pistola. Seguía fulminándolo con la mirada, conteniendo a duras penas su ira. Jeffrey supuso que, del mismo modo que su padre había previsto ese encuentro, ella también. Se preguntó qué le habría contado él a lo largo de los años, y qué experiencias homicidas había compartido con ella, a fin de prepararla para ese último acto. Despacio pero con firmeza, como quien encarniza a un perro. Ella mantenía los ojos fijos en él, y los músculos tensos bajo su suéter. Y, al igual que ese perro cuya esencia entera está contenida en una sola orden de su amo, ella aguardaba a que él pronunciara la palabra indicada. «Es una mujer -pensó Jeffrey- que ha desechado toda idea o sentimiento, y no ha dejado más que rabia en su interior. Y toda esa rabia está centrada en mí.» La fuerza de la mirada de Caril Ann era como la de un viento intenso y maligno.

– ¿Sigues sin verlo claro? -preguntó su padre-. ¿Todavía dudas?

– No puedo hacerlo -contestó el hijo.

Peter Curtin movió la cabeza de un lado a otro, en una muestra exagerada de desilusión.

– ¿Que no puedes? Qué ridiculez. Todo el mundo puede matar si le proporcionan los estímulos adecuados. Diablos, Jeffrey, los soldados matan obedeciendo órdenes endebles de los oficiales a quienes han aprendido a odiar. Y su recompensa es considerablemente menor que la que te ofrezco esta noche. Por cierto, Jeffrey, ¿qué sabes en realidad de esta chica?

– No gran cosa. Es alumna de último año de instituto. Tengo entendido que mantuvo una relación con tu otro hijo…

– Sí. Por eso la elegí. Por eso y por lo conveniente de su horario y su costumbre de atajar por una zona deliciosamente desierta de nuestra pequeña ciudad. De hecho, siempre me ha caído bien. Es agradable, está un poco confundida respecto a la vida, pero eso es normal en una adolescente. Es atractiva, de un modo fresco y puro. Parece inteligente, no brillante ni excepcional, pero espabilada. Desde luego, con muchos números para que la acepten en una buena universidad. Aun así, no es fácil predecir qué clase de futuro la espera. Ahora bien, otras son más listas, más triunfadoras, pero Kimberly posee otra cualidad, tiene algo de aventurera. Es un poco rebelde… supongo que eso es lo que le atrajo a tu hermanastro de ella… lo que hace que sea más interesante que la mayoría de los adolescentes que este estado fabrica como en serie.

– ¿Por qué me estás contando esto?

– Ah, tienes razón, no debería. Su forma de ser no forma parte de la ecuación. El hecho de que tenga una vida, sueños, esperanzas, deseos, lo que sea, bueno, eso no importa realmente, ¿verdad? ¿Qué característica de esta joven puede llevarte a plantearte siquiera que su vida puede valer más que la tuya, que la de tu hermana y tu madre, que las vidas de tantas otras jóvenes que seleccionaré en el futuro? A mí me parece la decisión más sencilla del mundo. Si la matas, te salvas a ti mismo. Y, como incentivo adicional, salvas a todas esas otras personas. Puedes poner fin a mi carrera, incluso a mi vida, como ya te he dicho. Matarla te resultaría rentable desde el punto de vista económico, estético y emocional. Una vida perdida, muchas vidas salvadas. Me parece un precio extremadamente reducido. -Peter Curtin le sonrió a su hijo-. Demonios, Jeffrey, si la matas serás famoso. Serás un héroe. Un héroe para este mundo moderno en que vivimos. Con defectos, pero decidido. Te aplaudirá prácticamente todo el mundo en todo el país, salvo tal vez los deudos de la joven Kimberly. Pero sus protestas sin duda serán mínimas. Y eso si se enteran de toda la verdad, cosa poco probable teniendo en cuenta lo eficientes que son las autoridades de este estado a la hora de encubrir la información desagradable. Así que de verdad no me explico que dudes ni por un instante.

Jeffrey no contestó.

– A menos… -prosiguió su padre despacio- que tengas miedo de lo que puedas descubrir sobre ti mismo. Eso podría ser un problema. ¿Tienes alguna ventana en lo más profundo de tu ser, Jeffrey, que no quieres abrir, ni siquiera un resquicio, por temor a lo que pueda entrar? O tal vez a lo que pueda salir… -Era evidente que Peter Curtin se estaba divirtiendo-. Ah, y supongo que eso haría que el precio de esta joven tan poco memorable se elevara un poco más de lo que habíamos previsto en un principio…

Esta era una pregunta que Jeffrey no estaba dispuesto a responder.

Observó a las dos personas que tenía delante, fijándose en el brillo en los ojos de su padre y comparándolo con la mirada gélida de su esposa. Formaban una pareja curiosamente desigual en ese momento. La mujer estaba como agazapada, encogida, ansiosa por matar. Su padre, por otro lado, se mostraba relajado, generoso con las palabras, poco preocupado por el tiempo, complacido por el dilema que estaba planteando. Para él, el asesinato no era más que el postre; la tortura constituía el plato principal. Al oír el tono de mofa de su padre, a Jeffrey no le costó imaginarse lo duros que debieron de resultar los últimos minutos de vida de tantas personas.

La luminosidad de la estancia, el calor cada vez más intenso que lo envolvía, la presión constante que ejercía su padre con sus palabras cantarinas, todo ello se conjuraba para oprimirle el pecho como el agua en las grandes profundidades. Deseaba luchar por subir a la superficie para respirar. Se percató de que en ese momento estaba atrapado en la más elemental de las trampas, y de que el hombre sentado frente a él sabía que su hijo caería de cabeza en ella: el hecho de que la diferencia entre su padre y él fuera extremadamente sutil; a él le importaba la vida. A su padre no.

Él quería vivir.

A su padre, que había segado tantas vidas, le daba igual si moría o no esa noche. Sus prioridades eran muy distintas.

Jeffrey permaneció callado, intentando recuperar la compostura con cada bocanada de aquel aire sofocante.

«Tiempo -pensó bruscamente-. Necesitas ganar tiempo.»

Su mente se puso a trabajar a toda prisa. Su hermana debía de estar a punto de llegar, pensó, y su aparición tal vez volvería las tornas lo suficiente para liberarlo del nudo que su padre había atado en torno a su corazón. Y luego, al margen de la llegada de Susan, estarían las fuerzas del Servicio de Seguridad.

Cada segundo que pasaba los acercaba más y más a una situación límite.

Miró a su padre. «Vete por las ramas», pensó.

– ¿Por qué habría de fiarme de ti?

Peter Curtin sonrió.

– ¿Qué? ¿Desconfías de la palabra de tu propio padre?

– Desconfío de la palabra de un asesino. Eso es lo único que eres. Quizá yo haya venido cargado de preguntas, pero tú las has respondido ya. Ahora sólo me quedan dudas sobre mí mismo.

– ¿No son todas esas cosas consustanciales a la vida? -inquirió Curtin-. ¿Y quién sabe más sobre el juego de la vida y la muerte que yo?

– Tal vez yo -respondió Jeffrey-. Y tal vez yo sepa que no se trata de un juego.

– ¿Que no es un juego? Jeffrey, me sorprendes. Es el juego más fascinante de todos.

1 ... 123 124 125 126 127 128 129 130 131 ... 137
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)