La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-Usted nos dice la verdad y no la matamos -dijo suavemente una voz de hombre.
Era Michel! Casi. Michel est casi vivo otra vez! Era el acento de Michel, la belleza de cadencia de Michel, el tono rico y adormecedor de Michel, sacado de la parte de atrs de la garganta.
-Nos dice todo lo que les dijo, lo que ya haya hecho para ellos, cunto le pagan y est bien. Comprendemos. Dejamos que se vaya.
-Mantn la cabeza quieta -barboto Helga desde detrs de ella.
-No creemos que lo haya traicionado por traicionarlo, entiende? Estaba asustada, se meti demasiado, as que ahora est con ellos. Bueno, es natural. No somos inhumanos. La sacamos de aqu, la dejamos en las afueras de la ciudad, usted les dice todo lo que le ha pasado aqu. Sigue sin importarnos, siempre y cuando salga limpia.
Suspir como si la vida estuviera transformndose en una carga para l.
-Tal vez se crea usted una dependencia con algn polica guapo, eh? Le hace un favor. Entendemos esas cosas. Somos gente comprometida, pero no psicpatas. Si?
Helga estaba molesta.
-Lo comprendes, Charlie? Contesta o sers castigada! No contestar era una cuestin de honor.
-Cundo recurri a ellos por primera vez? Dgamelo. Despus de Nottingham? De York? No importa. Recurri a ellos, estamos de acuerdo. Se asust y corri a la polica. Ese chico rabe est tratando de alistarme como terrorista. Slvenme, har lo que me digan. Es as como pas? Escuche: cuando vuelva a ellos sigue sin haber problema. Les dice que es una herona. Le daremos alguna informacin que puede transmitirles; la har sentirse bien. Somos buena gente. Gente razonable. Bueno: vamos al grano. No tonteemos. Es usted una linda damita, pero no entiende nada. Vamos.
Estaba en paz. La haba invadido una lasitud profunda, provocada por el aislamiento y la ceguera. Estaba a salvo, estaba en el tero para volver a empezar o morir en paz, como lo dispusiera la naturaleza. Estaba durmiendo el sueo de la infancia o la vejez. Su silencio la fascinaba. Era el silencio de la libertad perfecta. Estaban esperndola, senta su impaciencia, pero no tena la sensacin de compartirla. Varias veces lleg a pensar en lo que podra decir, pero su voz estaba muy lejos y no pareca tener objeto ir en su busca. Helga dijo algo en alemn y, aunque Charlie no entendi una sola palabra, reconoci, con tanta claridad como si fuese su propia lengua, la nota de resignacin desconcertada. El hombre gordo contest y pareca tan perplejo como ella, pero no hostil. Tal vez, tal vez no, pareca estar diciendo. Tena la percepcin de aquellos dos negndose a hacerse responsables de ella, mientras se la pasaban el uno al otro: una pelea burocrtica. El italiano intervino, pero Helga le orden callar. La discusin entre el gordo y Helga se reanud y ella pesc la palabra logisch. Helga est siendo lgica. O Charlie, no. O se le dice al hombre gordo que debera serlo.
Entonces el hombre gordo dijo:
-Dnde pas la noche despus de haber telefoneado a Helga? -Con un amante.
-Y anoche?
-Con un amante.
-Otro?
-S pero ambos eran policas.
Comprendi que si no hubiera tenido puestas las gafas, Helga le hubiera pegado. Se abalanz sobre ella y su voz enronqueca de ira, mientras le arrojaba una andanada de rdenes: no ser impertinente, no mentir, contestar a todo de inmediato y sin sarcasmos. Las preguntas recomenzaron y ella contest con fatiga, dejndolos que le arrancaran las respuestas, frase tras frase, porque en ltima instancia no era cosa de ellos. En Nottingham, qu nmero de habitacin? En qu hotel de Tesalnica? Nadaron? A qu hora llegaron, comieron? Qu bebidas pidieron desde la habitacin? Pero gradualmente, mientras escuchaba primero su voz y luego la de ellos, supo que, al menos por el momento, haba ganado, aun cuando le hicieron ponerse las gafas cuando se fue no se las sacaron hasta que estuvieron a una distancia prudente de la casa.
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