Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Исторические детективы » El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]
El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]

Электронная книга - «El nombre de la rosa [Il nome della rosa - es]». Краткое содержание книги:

Apasionante trama y admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, la del siglo XVI.
Valiéndose de características propias de la novela gótica, la crónica medieval, la novela policíaca, el relato ideológico en clave y la alegoría narrativa, El nombre de la rosa narra las actividades detectivescas de Guillermo de Baskerville para esclarecer los crímenes cometidos en una abadía benedictina… Y a esta apasionante trama debe sumarse la admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, reconstrucción que no se detiene en lo exterior sino que ahonda en las formas de pensar y sentir del siglo XVI.
1 ... 121 122 123 124 125 126 127 128 129 ... 143
Перейти на страницу:

Ya no veía a los personajes del banquete, ni los regalos que habían traído. Era como si todos los huéspedes del festín estuvieran ahora en la cripta, cada uno momificado en su propio residuo, cada uno diáfana sinécdoque de sí mismo: Raquel un hueso, Daniel un diente, Sansón una mandíbula, Jesús un jirón de túnica purpúrea. Como si al final del banquete la fiesta se hubiese transformado en la masacre de la muchacha, hasta convertirse en la masacre universal, y como si lo que ahora estaba contemplando fuera el resultado final, los cuerpos (¿qué digo?, la totalidad del cuerpo terrenal y sublunar de aquellos comensales famélicos y sedientos) transformados en un único cuerpo muerto, lacerado y torturado como el cuerpo de Dulcino después del suplicio, transformado en un inmundo y resplandeciente tesoro, desplegado en toda su extensión como la piel de un animal desollado y colgado que, sin embargo, aún contuviese, petrificados junto con el cuero, las vísceras y todos los órganos, e incluso los rasgos de la cara. La piel con todos sus pliegues, arrugas y cicatrices, con sus praderas de vello, sus bosques de pelo, la epidermis, el pecho, las partes pudendas, convertidas en un suntuoso tapiz damasceno, y los pechos, las uñas, las durezas en los talones, los filamentos de las pestañas, la materia acuosa de los ojos, la pulpa de los labios, las frágiles vértebras, la arquitectura de los huesos, todo reducido a harina arenosa, pero, sin embargo, aún con sus respectivas formas y guardando sus relaciones habituales, las piernas vaciadas y flojas como calzas, la carne dispuesta al lado como una casulla, con todos los arabescos bermejos de las venas, la masa cincelada de las vísceras, el intenso y mucoso rubí del corazón, la ordenada perlería de los dientes, collar de cuentas uniformes, y la lengua, ese pendiente azul y rosa, los dedos alineados como cirios, el sello del ombligo, donde se anudan los hilos del gran tapiz del vientre… Ahora, por todas partes, en la cripta, se burlaba de mí, me susurraba, me invitaba a morir, ese macrocuerpo repartido en cofres y relicarios, y, sin embargo, reconstruido en su vasta e insensata totalidad, y era el mismo cuerpo que en la cena comía y cabriolaba obscenamente y que ahora, en cambio, se me aparecía ya inmóvil en la intangibilidad de su sorda y ciega destrucción. Y Ubertino, aferrándome del brazo hasta hundirme las uñas en la carne, me susurraba: «Ya ves, es lo mismo, lo que antes triunfaba en su locura y se deleitaba en su juego, ahora está aquí, castigado y premiado, liberado de la seducción de las pasiones, inmovilizado por la eternidad, entregado al hielo eterno para que éste lo conserve y purifique, sustraído a la corrupción a través del triunfo de la corrupción, porque nada podrá reducir a polvo lo que ya es polvo y sustancia mineral, mors est quies viatoris, finis est omnis laboris…»[149]

Pero de golpe entró Salvatore, llameante como un diablejo, y gritó: «¡Idiota! ¿No ves que ésta es la gran liotarda del libro de Job? ¿De qué tienes miedo, amito? Aquí tienes: ¡padilla de quezo!» Y de pronto la cripta se iluminó de resplandores rojizos y otra vez era la cocina, pero más que una cocina: el interior de un gran vientre, mucoso, viscoso, y en el centro una bestia negra como un cuervo y con mil manos, encadenada a una gran parrilla, que alargaba sus patas para coger a los que estaban a su alrededor, y así como el campesino exprime el racimo de uva cuando la sed aprieta, también aquel bestión estrujaba a los que había atrapado hasta triturarlos entre sus manos, arrancándoles a unos las piernas, a otros la cabeza, y dándose luego un gran atracón, y lanzando unos eructos de fuego que olían peor que el azufre. Pero, misterio prodigioso, aquella escena ya no me infundía miedo, y me sorprendí observando con familiaridad lo que hacía aquel «buen diablo» (eso pensé entonces), que al fin y al cabo no era otro que Salvatore. Porque ahora, sobre el cuerpo humano mortal, sobre sus sufrimientos y su corrupción, ya lo sabía todo y ya no temía nada. En efecto, a la luz de aquella llama que ahora parecía agradable y acogedora, volví a ver a todos los comensales, que ya habían recuperado sus respectivas figuras y cantaban anunciando que todo empezaba de nuevo, y entre ellos estaba la muchacha, entera y hermosa como antes, que me decía: «¡No es nada, deja que vaya sólo un momento a la hoguera, arderé y luego nos volveremos a encontrar aquí dentro!» Y me mostraba, que Dios me perdone, su vulva, y entré en ella y era una caverna bellísima que parecía el valle encantado de la edad de oro, regado por aguas abundantes, y lleno de frutos y árboles en los que crecían pasteles de queso. Y todos agradecían al Abad por la hermosa fiesta y le demostraban su afecto y buen humor dándole empujones y patadas, arrancándole la ropa, tirándolo al suelo, golpeándole la verga con vergas, mientras él reía y rogaba que no le hicieran más cosquillas. Y, montados en caballos que arrojaban nubes de azufre por los agujeros de la nariz, entraron los frailes de la vida pobre, llevando bolsas de oro colgadas de la cintura, con las que convertían a los lobos en corderos y a los corderos en lobos, y luego los coronaban emperadores con el beneplácito de la asamblea del pueblo que entonaba cánticos de alabanza a la infinita omnipotencia de Dios. «Ut cachinnis dissolvatur, torqueatur rictibus!», gritaba Jesús agitando la corona de espinas. Entró el papa Juan imprecando contra toda aquella confusión y diciendo: «¡A este paso no sé dónde iremos a parar!» Pero todos se burlaban de él, y, encabezados por el Abad, salieron con los cerdos a buscar trufas en el bosque. Estaba por seguirlos cuando vi a Guillermo en un rincón; venía del laberinto y su mano aferraba un imán que lo arrastraba velozmente hacia septentrión. «¡Maestro, no me dejéis!», grité. «¡También yo quiero ver qué hay en el finis Africae!» «¡Ya lo has visto!», me respondió Guillermo desde lejos. Y entonces me desperté, mientras en la iglesia estaba concluyendo el canto fúnebre:

Lacrimosa dies illa qua resurget ex favilla iudicando homo reus: huic ergo parce deus! Pie Iesu domine dona eis requiem.[150]

Signo de que mi visión, fulmínea como toda visión, si bien había durado más de lo que dura un amén, al menos no había llegado a durar lo que dura un Dies irae.

DESPUÉS DE TERCIA

Donde Guillermo explica a Adso su sueño.

Salí confundido por la puerta principal y me encontré ante una pequeña muchedumbre. Eran los franciscanos que partían, y Guillermo había bajado a despedirlos.

вернуться

149

«la muerte es el descanso del viajero, el fin de todo trabajo».

вернуться

150

Lacrimosa dies illa [Día de lágrimas aquél] qua resurget ex favilla [en que resurgirá de la ceniza] iudicando homo reus [el hombre para ser juzgado como reo] huic ergo parce deus! [así pares a éste perdónale, Dios!] Pie Iesu domine [piadoso señor Jesús] dona eis requiem [dales el descanso]. Estos versos constituyen la penúltima y la última estrofa del himno medieval Dies irae, de Tomás de Celano (siglo xiii).

1 ... 121 122 123 124 125 126 127 128 129 ... 143
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)