La huella del hereje
- Автор: Фортес Сусана
- Год: 2011
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La huella del hereje». Краткое содержание книги:
Una trama de ritmo creciente en la que se cruzan ecologistas, peregrinos de paso, profesores universitarios, tiburones de las finanzas y curas que hacen sus propias apuestas de salvación en una ciudad levítica donde nada es lo que parece. La huella del hereje es un adictivo thriller que insta al lector a viajar en el tiempo y traslada la atmósfera amenazante y brumosa de la mejor novela negra a las calles inolvidables de Santiago de Compostela.
– ¿A misa? -repitió Castro incorporándose bruscamente en la silla-. ¿Quieres decir que acudía a la iglesia los domingos?
– No sólo los domingos, señor. Solía ir a la parroquia con mucha frecuencia, pero no a rezar, bueno…, quiero decir que hay muchas maneras de creer. O sea, que parecía algo importante para ella… No sé, pero creo que… Bueno, que procuraba hacer cosas por la gente. El párroco de Caldas es un cura de esos que van sin sotana. Siempre está organizando actividades para los chavales…, conciertos de rock, partidos de futbito, reciclaje y cosas así. En los años duros consiguió sacar de la droga a unos cuantos muchachos del pueblo por medio de una asociación, el Proyecto Vida, creo que se llama. La gente del pueblo lo aprecia.
– De hecho será él quien oficiará el funeral por Patricia -intervino Romaní.
Castro se pasó la mano por la barbilla y anotó algo en un papel.
– Bien, sigamos con su etapa universitaria -dijo-. ¿Continuaba siendo tan asidua a la parroquia?
– No tanto, tenga en cuenta que ya no vivía en el pueblo. Compartía un piso en Santiago con otros estudiantes, en la calle Honduras, muy cerca de la plaza Roja -explicó Romaní-. Pero siempre que volvía a casa en vacaciones o los fines de semana iba a hacerle una visita al párroco.
– ¿Y en Santiago qué clase de vida hacía?
– Pues como todos. Asistía a clase con regularidad, sacaba buenas notas dentro de lo que cabe, tenía buena relación con sus compañeros y con los profesores, lo típico… También salía de marcha los jueves, al principio se reunía a tocar con un grupo en un garaje que tenían alquilado en la zona nueva, pero enseguida lo dejó. Después empezó a meterse en política. Tenía relación con un grupo ecologista, El Arca de Noé, una asociación minoritaria. Pasó una noche en comisaría junto a otros miembros de la organización cuando el incendio de las oficinas de la empresa Ferticeltia, la del vertido -explicó el policía-, pero todos fueron puestos en libertad sin cargos. Al parecer, el incendio fue fortuito.
A Castro le sonaba vagamente el asunto. El año anterior, seis o siete chavales se habían encadenado a la verja de una nave de productos químicos y fitosanitarios de la empresa Ferticeltia, próxima a Caldas de Reis, con una pancarta pintada con una calavera. El hecho no habría pasado de una simple anécdota de no ser porque ese mismo verano la citada empresa produjo uno de los peores vertidos tóxicos que había sufrido Galicia: oxileno, tetracloroetileno, benceno y otros derivados del petróleo altamente cancerígenos. Se había montado una buena. En un informe del Seprona se había llegado incluso a señalar la presencia de uranio entre los residuos derivados de la fabricación de abonos. El río Umia quedó para el arrastre. Hubo que construir a toda velocidad un dique para evitar que el vertido desembocase en la ría y contaminase la zona marisquera. Hasta el ejército tuvo que movilizarse y acudieron más de cincuenta camiones de diferentes puntos de España y Portugal para construir los diecisiete kilómetros de tuberías necesarios para suministrar agua potable a las zonas afectadas por el vertido. Prácticamente toda la comarca del Saines. La hostia, y luego nada. Ni los auditores de la Xunta de Galicia, ni el Parlamento, ni el Seprona, ni los plenos municipales, ni las asociaciones de vecinos. Nada. Una multa administrativa y un acuerdo de inversión del grupo en las principales entidades financieras de la comunidad, y ahí seguía la empresa Ferticeltia como si tal cosa.
Vaya, Patricia Pálmer. Parece que te gustaban las causas perdidas. ¿No me saldrás una especie de Erin Brockovich, verdad?, pensó Castro, recordando una película de Julia Roberts que había visto recientemente. [3] Castro no era apolítico, pero digamos que mantenía sus reservas respecto a los representantes de los partidos, asociaciones y demás organismos institucionales. Y si había votado en las últimas elecciones autonómicas era más por vergüenza torera que por convicción. Según su punto de vista, nada podía ser peor para Galicia que otros cuatro años de Fraga como presidente de la Xunta. Pero eso no significaba que tuviera claras sus preferencias. Los nacionalistas le parecían en el fondo gente muy conservadora y tan antigua como un pantano del Mesozoico. Era gallego por los cuatro costados. De Corcubión. Incluso había vivido de crío su etapa de pasión por los tiranosaurios y los cefalópodos, que tanto abundaron en el Jurásico. Pero en pleno siglo XXI no creía que haber nacido en la provincia de La Coruña supusiera a priori más méritos para nadie que ser de Albacete, por poner un ejemplo. Ya bastante difícil era aguantar la vida a palo seco siendo del Dépor, para encima complicar las cosas con otras cuestiones existenciales. Por otra parte, tampoco creía que los socialistas hubieran demostrado la energía esperada en desmantelar los andamios del caciquismo rural y sus viejas servidumbres, ahí estaban los escándalos de financiación, concesión de licencias, el caso Aneiro, etc. La historia de siempre: cambiar algo para que todo siga igual.
– ¿Habéis comprobado si la chica estuvo detenida en alguna otra ocasión aparte de ésa?
– No hay constancia -respondió el poli flaco-. Parece que su militancia ecologista se limitaba a colocar alguna pancarta y asistir a manifestaciones. Ya sabe que los movimientos antiglobalización tienen mucho predicamento entre los estudiantes universitarios. Pero no parece que haya estado metida en ningún altercado serio.
– Ya… Bueno, de todas formas habrá que hacer un seguimiento más exhaustivo -apuntó Castro con una ceja levantada mientras miraba hacia la ventana. El sol acababa de salir de detrás de una nube y todo el despacho se iluminó de golpe-. No creo en las coincidencias. ¿Qué opinas tú, Zárate?
El policía se incorporó en la silla, nervioso.
– ¿Yo, señor? -balbuceó-. Pues creo que hay que tenerlo todo en cuenta… Quiero decir que… Bueno, es lo que usted dijo antes, o sea, que el sitio donde la liebre duerme en el erial es donde puede estar agazapada la sorpresa, ¿no?
Castro sonrió a medias, tamborileando pensativamente sobre la mesa. Fue una sonrisa de complicidad que por un momento lo hizo parecer más joven, como cuando acababa de llegar al cuerpo y se creía el Llanero Solitario, un simple peón de veintipocos años con muchos arrestos y pocos recursos que pensaba que desde su humilde casilla de ajedrez podía cambiar el mundo. A veces echaba de menos esos tiempos, patrullar hasta las tantas por calles anochecidas, atravesar la ciudad con una especie de energía interior o exaltación vital, recorrer las afueras, las ganas de agarrarse a golpes en situaciones flagrantes, los bares recién abiertos cuando la atmósfera todavía estaba fresca y limpia, antes de comprender que la ley no siempre es sinónimo de justicia, ni dos y dos suman siempre cuatro, ni siempre se manda al trullo a alguien por lo que ha hecho. Le caía bien aquel aprendiz de policía. Era callado y cabal, con el ceño siempre un poco fruncido, como si le molestara la luz. Puro músculo a fuerza de muchas horas de ejercicio físico. No tenía experiencia ni grandes dotes de oratoria, evidentemente, pero era concienzudo y se tomaba el trabajo tan en serio como un campesino viejo.
Había salido de la academia hacía sólo cuatro meses y desde entonces Castro lo había asignado a la sección de homicidios con el subinspector Romaní para que lo desbravara. De momento, el tándem no parecía funcionar mal.
– Exacto, agente. En otras palabras, las cosas no tienen por qué parecer siempre lo que son, por eso no conviene funcionar con ideas previas. Los prejuicios son los peores enemigos de una buena investigación. Hasta el momento no sabemos mucho de este asunto, salvo que probablemente tendrá una enorme repercusión. Esta noche el telediario de TVG dará la primicia en el informativo de las ocho, y mañana lo sacarán en portada todos los medios. Eso significa que vamos a tener que trabajar en unas condiciones de enorme presión. No me gustaría que eso afectara al rigor de la investigación.
[3] Filme basado en la hazaña de una joven norteamericana empleada de una pequeña firma de abogados que acaba llevando a los tribunales a la poderosa Pacific Gas and Electric Company por contaminar el agua potable.