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Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:

Los solteros más codiciados y aventureros de Londres se han unido para formar el Bastion Club, una sociedad de élite para caballeros dedicada a determinar el futuro de sus miembros en lo referente al matrimonio.
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
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– Prinny.

– ¿Prinny? -dijo, mirando la diadema fijamente. -Pero si esto debe costar una pequeña fortuna. No puedo imaginármelo deshaciéndose de una cosa como esta de manera voluntaria.

– Bueno, no lo hizo exactamente por voluntad propia, pero… habiéndome presionado como lo hizo para que encontrara esposa, debería al menos darme su corona de matrimonio.

Ella volvió a sentarse sobre la cama, devolviendo cuidadosamente la corona a su nido de papel.

– Ironías aparte, dime, ¿cómo te has hecho con una preciosidad como esta?

Royce se echó de espaldas, cruzando los brazos por detrás de su cabeza.

– ¿Recuerdas de la fortuna con la que se hizo el último traidor de manos de las autoridades francesas?

Ella asintió.

– El pago por espiar.

– Exacto. No se pudo recobrar todo de entre los restos del naufragio del barco de contrabandistas que lo traía hacia Inglaterra, pero sí se encontraron algunas piezas, y entre ellas, esta corona. Cuando las autoridades la comprobaron con una lista de antigüedades que los franceses habían perdido, descubrieron que, de hecho, era propiedad de los Varisey -le dijo, mirándola a sus sorprendidos ojos. -Fue hecha para Hugo Varisey, en el siglo XIV. Permaneció en las manos de la principal línea de la familia en Francia, hasta que cayó en manos de las autoridades revolucionarias. Poco después, se la consideró como propiedad del Estado francés, hasta que se le dio como recompensa al último traidor, del cual sabemos que es inglés. Ahora que la guerra ha terminado, los franceses, por supuesto, quieren que se les devuelva la corona, pero el gobierno no ve razón para hacerlo.

»Sin embargo, para que cualquier tipo de discusión quedara resuelta, y para que me sintiera como merecedor de cualquier reconocimiento para con mi servicio, hicieron que Prinny me la diera, al cabeza de la única rama de los Varisey aún no extinta.

Ella sonrió.

– ¿Así que Prinny no tuvo realmente elección?

– Yo diría que seguramente protestó, pero no, no tuvo.

Royce la miró mientras ella cogía de nuevo la corona de entre los papeles.

– Y ahora es mía, la pieza más antigua de joyería en la familia Varisey. Te la regalo.

Minerva dejó reposar finalmente la corona en la mesita que había junto a la cama, para luego darse la vuelta y acercarse de nuevo a él, con una sonrisa en sus labios. Cuando llegó hasta él, le cogió la cara entre sus manos y lo besó. Un beso largo, mientras que ella lo rodeaba lentamente con una pierna. Luego se montó a horcajadas encima de él.

– Gracias.

La sonrisa de él se ensanchó mientras ella lo miraba directamente a los ojos.

– De nada.

Pero por aquel nada, ella decidió agradecérselo, en aquel preciso momento, en lo alto de su cama.

Más tarde, cuando ella yacía plácidamente exhausta a su lado, plenamente satisfecha, murmuró:

– ¿Sabes? Si no hubiera sido por Prinny y sus maquinaciones…

Royce meditó durante unos instantes, y luego negó con la cabeza.

– No, incluso si hubiéramos tardado más en darnos cuenta de todo, aún podría haber dispuesto mi corazón para ti.

Todo estaba dispuesto. Había encontrado el lugar apropiado, repasando todos y cada uno de los puntos de su plan. Nada podría salir mal.

Mañana sería el día de su triunfo. Mañana vería cómo triunfaría.

Mañana partiría en dos a Royce.

Y luego lo mataría.

CAPÍTULO 21

El clamor fue ensordecedor.

Royce se echó hacia delante para hablar a Henry.

– Para.

Engalanado con su mejor uniforme, portando incluso la insignia blanca, al igual que el carruaje abierto en el que iban, Henry hizo que aquellos pesados caballos de tiro se pararan en mitad del camino que llevaba a Alwinton.

La multitud se acercó un poco más, saludando con sus manos y vitoreando.

Royce le lanzó a Minerva una mirada, luego una sonrisa, y a continuación se puso en pie, atrayéndola hacia él. Cogiendo una de sus manos, la levantó en alto.

– ¡Os presento a vuestra nueva duquesa!

Los allí agrupados explotaron de alegría.

Minerva luchó por contener la corriente de sentimientos que la recorría. Observando a los que les rodeaban, vio muchas caras familiares, todos encantados de que ella fuera la prometida de Royce.

Su esposa.

Ella lo siguió, saludando con la mano. La luminosa sonrisa de su rostro había decidido quedarse allí desde hacía un buen rato, cuando él decidió llevarla desde el altar hasta la entrada de la iglesia.

La gente les agradeció que se pararan a saludar.

Cuando ella se volvió a sentar, él le pidió a Henry que siguieran adelante.

Aún sonriendo, se relajó sobre el hombro de Royce, mientras recordaba la ceremonia, para luego salir hacia el aperitivo de bodas que habían dispuesto.

Aquel mismo carruaje, recién pintado con el blasón de los Wolverstone en las puertas y varios lazos tejidos en las riendas, la había llevado a ella, la condesa de Catersham, y a sus damas de honor, hasta la iglesia. Su vestido, hecho con las telas y encajes más finos de Bruselas, producía un siseo amortiguado al andar. El delicado velo se mantenía sujeto por la diadema Varisey, mientras ella había caminado del brazo del duque, abstraída de la horda que se había congregado a las puertas de la iglesia, ya que estaba siendo conducida por aquel par de ojos oscuros.

En un espléndido chaqué de verano, Royce la había estado esperando frente al altar. A pesar de que lo había visto tan solo unas horas antes, parecía que algo en él había cambiado, como si sus mundos, sus vidas, hubieran cambiado justo en el instante en que ella depositó su mano sobre la de él, para luego girarse hacia el señor Cribthorn.

La ceremonia transcurrió sin problemas; al menos, eso es lo que ella creía. Apenas podía recordar demasiado, ya que en todo momento había estado embargada por una oleada de emociones, una marea de felicidad que había permanecido mientras intercambiaban los votos, y que llegó a su punto máximo cuando Royce le introdujo aquel anillo de oro en el dedo, y oyó las palabras "Y os declaro marido y mujer".

Duque y duquesa.

Lo cual era lo mismo, pero aumentado. Un hecho que quedó rápidamente ilustrado en el mismo instante en el que Royce le dio aquel casto y puro beso. Un beso repleto de comprensión y promesa, de aceptación y compromiso.

Sus ojos se encontraron, y luego, como si fueran uno, ambos giraron sus cabezas, encarándose al futuro. Primero miraron a la asamblea de personas que allí se habían congregado, todas y cada una de las cuales deseaban poder felicitarles personalmente. Con suerte, los otros, sus amigos y las parejas del club Bastión, formaron una especie de guardia a su alrededor, que les ayudó a moverse y salir de la entrada de la iglesia con relativa facilidad.

El estruendo que se formó cuando salieron de la iglesia bajo aquella débil luz matutina resonó en forma de eco por las colinas. Hamish y Molly habían estado esperándoles en las escaleras. Ella había abrazado a Molly, para luego girarse y ver a Hamish dudando, reteniéndose al ver la delicadeza de su vestido y el brillo de su diadema de diamantes. Fue ella quien le abrazó. Torpemente, ella le dio unos golpecitos en sus grandes manos.

– Tenías razón -le dijo ella en un susurro. -El amor es muy sencillo, no se necesita pensar.

El rió entre dientes, besándola en la mejilla, y luego dejó que fuera con todos los demás, mientras él estrechaba la mano de Royce y les deseaba un buen porvenir.

Pasó una hora antes de que fueran capaces de salir del exterior de la iglesia. Los invitados y el resto de asistentes a la boda se habían adelantado al desayuno de boda que les esperaba en el enorme salón de baile del castillo, una reforma que había sido realizada hacía ya muchos años en la parte de atrás de la torre del homenaje.

El carruaje ahora avanzaba por el camino adoquinado del puente. Un minuto más tarde, pasaron junto a las recias puertas dobles coronadas por aquellas amenazantes cabezas de lobo. El castillo se alzaba ante ellos. Ya era tan hogar suyo como de Royce. Ella se lo quedó mirando, para ver que su mirada estaba clavada en la piedra gris de la fachada del castillo.

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