Domada por Amor
- Автор: Лоуренс Стефания
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
– ¿Qué primo mío?
Ellen negó con la cabeza.
– No sé, no sabría decirle. No los conozco, todos se parecen entre ellos.
Phoebe habló:
– ¿Qué edad tendría?
Ellen miró a Royce.
– Más o menos la de su Excelencia.
Letitia miró a Royce.
– ¿Cuántos hay de esa edad?
– Tres.
Pero en realidad, él ya sabía quién era.
La puerta del salón de baile se abrió de nuevo. Susannah miró a su alrededor. Primero miró a las damas, y luego se fijó en él.
– ¿Qué es lo que pasa?
El no le contestó. En su lugar, le dijo:
– Quiero reunirme con Gordon, Phillip y Gregory en el salón. No les digas nadas, simplemente ve a mirar si están, vamos.
Ella lo miró, cerró la boca y se fue de nuevo para adentro.
Clarice, Letitia y Penny fueron hacia la puerta.
– Nosotras también los conocemos -dijo Penny.
Unos cuantos minutos después, las cuatro volvieron.
– Gordon y Gregory sí están -dijo Susannah, -pero no encuentro a Phillip.
Royce asintió, dándose media vuelta, mientras su cerebro funcionaba a toda velocidad.
Alicia habló.
– Eso no es concluyente, Phillip puede estar en cualquier sitio, este casillo es enorme.
Totalmente aturdida, Susannah miró a los demás. Letitia le explicó que estaban intentando descubrir cuál de los primos de Royce se había llevado a Minerva.
– Tiene que ser Phillip -dijo Susannah, con rotundidad.
Cuando Royce la miró interrogativo, ella siguió hablando:
– No sé qué bicho le había picado contigo, pero durante años siempre ha querido saberlo todo sobre ti, y lo que estabas haciendo. Hace poco fue él quien sugirió que invitáramos a Helen Ashton. Él fue quien me dijo que Minerva era tu amante y que… tú no estabas enamorado de ella -En ese punto se detuvo, empalideciendo. -Oh Dios, Royce… ¿Ha sido él quien se la ha llevado, no?
Durante un rato que se hizo eterno, él no le contestó, hasta que finalmente, Royce asintió.
– Sí, lo ha hecho.
Y diciendo eso, miró a Alicia.
– ¿Recordáis al último traidor, al que hemos estado persiguiendo todo este último año? Determinamos que tenía alguna conexión con el Ministerio de Guerra. De todos mis primos, de todos los que están aquí, Phillip es el único cualificado para tener ese tipo de conexión.
De repente, sintió cómo la seguridad llenaba su interior. Siempre era un avance saber a quién ibas a cazar.
Minerva luchó por despertarse entre las nieblas de la inconsciencia. Le dolía la cabeza, y se sentía muy aturdida. Los pensamientos se esbozaban en su mente, para luego ver cómo se escurrían, hundiéndose en las tinieblas. No podía llegar a pensar, no podía concentrarse, ni preguntarse nada coherente, mucho menos, abrir sus ojos; pero en su interior, un frío témpano glacial de pánico le ofrecía una sujeción a la realidad.
Alguien la había secuestrado.
Había ido a la puerta, en búsqueda del hijo de Hamish, y alguien, un hombre, la agarró por detrás. Ella lo había sentido un instante antes de que la agarrara, intentando dar la vuelta a su cabeza para ver quién la atacaba, pero él le había puesto un pañuelo sobre su boca y su nariz y…
El olor era algo así como dulzón.
La realidad se le iba haciendo más clara muy poco a poco, filtrándose en su mente. Ella aspiró con precaución, pero aquel olor nauseabundo había desaparecido.
Alguien, el hombre, estaba hablando, pero su voz sonaba distante, apareciendo y desapareciendo.
Hubiera fruncido el ceño si sus músculos faciales respondieran. Estaba boca arriba, sobre piedra, ya que sentía su áspera textura en los dedos de una de sus manos. Había estado allí antes, yaciendo de esta misma manera, no hace mucho…
El molino. Estaba sobre la piedra del molino.
Deducir aquello le hizo que se pusiera alerta. Las neblinas se iban disipando, hasta que finalmente, estuvo plenamente despierta.
En seguida, se dio cuenta de que tenía a alguien al lado. Sintió cómo la miraba desde arriba, a pesar de que su instinto la mantenía totalmente inerte.
– ¡Maldita sea, despierta ya!
Había hablado a través de los dientes, pero aun así, pudo reconocerlo. Era Phillip. ¿Qué demonios quería?
Con otra maldición silenciosa, se apartó. Su sentido del oído por fin se ajustó, a lo que le siguió el resto de su mente. Todavía estaba demasiado débil como para moverse, así que se quedó quieta, escuchando cómo caminaba de arriba abajo, hablando consigo mismo.
– Está bien, todavía tengo mucho tiempo para preparar la escena. Puedo violarla, golpearla, y luego matarla, tal vez cortándole el cuello, dejando que su sangre mane artísticamente sobre la piedra… ¡Sí!
Una vez más, sintió cómo la estudiaba, para luego caminar de nuevo.
– Sí, eso quedará muy bien. Haré añicos su vestido, le daré en la cabeza, luego en el vientre, y luego dejaré esa maldita corona entre la sangre -dijo carcajeándose. -¡Sí! Definitivamente, eso causará el efecto. Lo tengo que destrozar. Romperlo totalmente. Tiene que ver que, finalmente, yo soy más poderoso que él. Ya que él se llevó mi tesoro, yo he tomado de él algo del mismo valor.
»Porque en nuestro juego, yo siempre gano.
»Yo soy sin lugar a dudas el más inteligente de los dos. Cuando venga aquí, y vea lo que he hecho a su nueva duquesa, a la mujer que esta mañana ha jurado proteger y honrar, sabrá que he ganado. Se imaginará que todo el mundo sabrá lo inútil que es, y que nunca pudo ser lo suficientemente poderoso, fuerte e inteligente como para protegerla a ella.
Nuevamente, aquellas largas zancadas lo llevaron junto a la piedra del molino. De nuevo, Minerva sintió cómo la recorría con la mirada. A diferencia que con Royce, aquello hacía que le corriera un desagradable escalofrío por todo el cuerpo. Ella luchó por mantenerse con el cuerpo lánguido, resistiéndose a la compulsión de tensarse, de retener el aliento y de abrir los párpados para poder ver algo.
Casi suspiró de alivio cuando el hombre dijo:
– El tiempo está de mi lado, tengo más de una hora antes de que el criado le dé la nota a Royce. Tengo más que tiempo para disfrutar y matarla, y después disponerlo todo para darle una bienvenida.
Los hechos se hicieron evidentes en cuanto desapareció el mareo mental que había estado sufriendo desde que despertó.
Tesoro. Phillip había dicho la palabra tesoro. Él era el último traidor de Royce.
De eso trataba todo aquello. Había pensado que, acabando con ella, rompería en dos a Royce.
El esfuerzo que tuvo que hacer para reprimir su reacción, para no dejar que sus mandíbulas, que sus facciones, se tensaran, para no dejar que sus manos se cerraran en un puño, alcanzar el cuchillo que tenía, por una razón totalmente diferente, sujeto a su muslo, fue inmensa.
Ella podría matarlo con aquel cuchillo, pero Phillip era fuerte, era de la misma complexión que Royce. Si bien aún creía que estaba inconsciente, parecía que por ahora podría seguir con aquella pantomima. Siempre que él creyera que aún le quedaba tiempo, su mejor estrategia era dejarlo allí esperando y charlando.
Y así darle a Royce el tiempo suficiente para que llegara.
Ella sabía que lo haría.
¿Durante cuánto tiempo había estado inconsciente? ¿Cuándo tiempo hacía que había dejado el salón de baile? El plan de Phillip tenía un gran agujero, uno que él no había previsto. Puede que no fuera un Varisey, pero, al igual que Royce, no comprendía qué era el amor en realidad.
No comprendía que Royce simplemente sabría lo que había pasado, que él siempre la protegía, incluso en un salón de baile repleto de gente. Nunca esperaría una hora para comprobar a dónde se había ido. Ella dudaba mucho que tan siquiera hubiera esperado diez minutos, lo cual significaba que el plan de rescate ya estaba en marcha.
Ahora, Phillip parloteaba sobre su padre, su abuelo, de cómo siempre habían elogiado a Royce, y a él nunca, y de cómo ahora verían que Royce no era nada.