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Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
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Vinculada con esa idea del p'in, por lo tanto, está la creencia, generalmente aceptada, de que la obra del artista se halla determinada estrictamente por su personalidad. Esta "personalidad" es a la vez moral y artística. Tiende a acentuar la noción de la comprensión humana, de la altura de ánimo, del desapego de la vida, de la ausencia de pequenez o trivialidad o vulgaridad. En este aspecto es similar a la voz occidental de "manera" o "estilo", en el sentido del modo de proceder del artista. Un artista díscolo o inconvencional demostrará estilo díscolo o inconvencional, y una persona de encanto demostrará, naturalmente, encanto y delicadeza en su estilo, y un gran artista de buen gusto no se allanará a los "amaneramientos". En este sentido, la personalidad es el alma misma del arte. Los chinos han aceptado siempre implícitamente la creencia de que no puede ser grande un pintor a menos que sea grande su personalidad moral y estética; y al juzgar la caligrafía y la pintura, el patrón más alto no es el de si el artista demuestra buena técnica, sino el de'si tiene o no alta personalidad. Una obra que demuestre técnica perfecta puede señalar de todos modos una "baja" personalidad, y entonces, como diríamos en este idioma, esa obra carece de "carácter".

Hemos llegado así al problema central de todo arte. El gran general y primer ministro chino Tseng Kuofán, dijo en una de las cartas a su familia que los únicos dos principios vivos del arte en la caligrafía son la forma y la expresión, y que uno de los más grandes calígrafos de su tiempo, Ho Shaochi, aprobaba esta fórmula y apreciaba su visión. Como todo arte es concreto, hay siempre un problema mecánico, el problema de la técnica, que tiene que ser dominado, pero como el arte es también espíritu, el elemento vital en todas las formas de creación es la expresión personal. La individualidad del artista, contra su mera técnica, es lo único significativo en una obra de arte. En la literatura, lo único importante en un libro es el estilo y los sentimientos personales del autor, expuestos en su juicio y en lo que le place y le disgusta. Hay un constante peligro de que esta personalidad o expresión personal se sumerja en la técnica, y la dificultad mayor para todos los principiantes, sea en la literatura o la pintura o el teatro, es la de ser personal. La razón, claro está, es que el principiante está asustado por la forma o la técnica. Pero no puede ser buena ninguna forma sin este elemento personal. Toda buena forma tiene un movimiento libre, y esto es lo que resulta bello, sea el movimiento del palo de un campeón de golf, o el de un hombre que sube velozmente al triunfo, o el de un jugador de fútbol que corre con la pelota por la cancha. Debe haber un flujo de expresión, y ese poder de expresión no debe ser trabado por la técnica, sino que ha de poder moverse libre y felizmente en ella. Hay ese libre movimiento -cosa tan bella de ver- en un tren que da vuelta una curva, o en un yate que navega a plena velocidad con las velas izadas. Existe ese movimiento en el vuelo de una golondrina, o de un halcón que baja hacia su presa, o en un caballo de carrera que llega a la meta "en buena forma", según se suele decir.

Exigimos que todo arte tenga carácter, y el carácter no es nada más que lo sugerido o revelado por la obra de arte con respecto a la personalidad o el alma o el corazón o, como dicen los chinos, el "pecho" del artista. Sin ese carácter o personalidad, una obra de arte está muerta, es muerta, y ninguna suma de virtuosismo o mera perfección de técnica puede salvarla de la carencia de vida o vitalidad. Sin esa cosa tan individual que se llama personalidad, la belleza misma se convierte en banal. Lo vemos en las muchas mozas que aspiran a ser estrellas del cinematógrafo y no lo saben, pues se contentan con imitar a Marlene Díetrich o a Jean Harlow, con lo que exasperan al director que busca personalidades nuevas. Hay ya demasiadas caras bonitas pero banales, y muy escasa belleza fresca, individual. ¿Por qué no estudian la manera de actuar de Marie Dressier? Todo el arte es uno y se basa en el mismo principio de la expresión o la personalidad, ya sea el arte de un actor cinematográfico, o el de la pintura, o el de la literatura. En verdad, al ver actuar a Marie Dressier o Lionel Barrymore, se puede aprender el secreto del estilo del escritor. Cultivar el encanto de esa personalidad es la base importante de todo arte porque, haga lo que haga el artista, su carácter se muestra en su labor.

El cultivo de la personalidad es a la vez moral y estético, y requiere a la vez estudio y refinamiento. El refinamiento es algo más cercano al gusto, y puede ser innato en un artista, pero el más alto placer de mirar una obra de arte sólo se siente con el apoyo del estudio. Esto es particularmente claro en cuanto a la pintura y la caligrafía. Por una muestra de caligrafía se puede decir si el autor ha visto o no gran cantidad de borradores de Wei. Si es así, tal estudio le confiere cierta manera antigua, pero además debe poner en la obra su propia alma o personalidad, que es variable, naturalmente. Si tiene un alma delicada y sentimental mostrará un estilo delicado y sentimental, pero si ama el poder macizo o la fuerza adoptará un estilo que destaque la fuerza y el poder macizo. Así, en la pintura y la caligrafía, especialmente en la última, podemos ver toda una categoría de calidades estéticas, o diferentes tipos de belleza, y nadie podrá separar la belleza del producto terminado de la belleza del alma del artista. Puede haber belleza en el capricho y en la disconformidad, belleza de áspera fuerza, belleza de poder macizo, belleza de libertad espiritual, belleza de valentía e ímpetu, belleza de romántico encanto, belleza de refrenamiento, belleza de suave gracia, belleza de austeridad, belleza de sencillez y "estupidez", belleza de mera regularidad, belleza de rapidez, y, aun a veces, belleza de fingida fealdad. Sólo hay una forma de belleza que es imposible, porque no existe, y es la belleza del esfuerzo o de la vida enérgica.

III. EL ARTE DE LEER

La lectura, o el goce de los libros, ha sido considerada siempre entre los encantos de una vida culta y es respetada y envidiada por quienes se conceden rara vez ese privilegio. Es fácil comprenderlo cuando comparamos la diferencia entre la vida de un hombre que no lee y la de uno que lee. El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato, con respecto al tiempo y al espacio. Su vida cae en una rutina fija; está limitado al contacto y la conversación con unos pocos amigos y conocidos, y sólo ve lo que ocurre en su vecindad inmediata. No hay forma de escapar de esa prisión. Pero en cuanto toma en sus manos un libro entra en un mundo diferente, y si el libro es bueno se ve inmediatamente en contacto con uno de los mejores conversadores del mundo. Este conversador le conduce y le transporta a un país diferente o una época diferente, o descarga en él algunos de sus pesares personales, o discute con él una forma especial o un aspecto de la vida de que el lector nada sabe. Un autor antiguo le pone en comunión con su espíritu muerto largo tiempo ha, y a medida que lee comienza a imaginar qué parecería ese autor antiguo y qué clase de persona sería. Tanto Mencio como Ssema Ch'ien, el más grande historiador chino, han expresado la misma idea. Poder vivir dos horas, sobre doce, en un mundo diferente, y restar los pensamientos al reclamo del presente inmediato es, claro está, un privilegio que deben envidiar las personas que están encerradas en su prisión corporal. Tal cambio de ambiente es en verdad similar a un viaje, en su efecto psicológico.

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