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Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
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Sólo esta clase de lectura, este descubrimiento del autor favorito, puede hacer bien. Como un hombre que se enamora a primera vista, todo es como debe ser. La novia tiene la estatura exacta, el rostro exacto, el cabello del color exacto, la voz de exacta calidad, y la forma exacta de hablar y sonreír. Lo mismo ocurre con el autor: su estilo, su gusto, su punto de vista, su modo de pensar, son exactamente lo que se esperaba encontrar. Y luego el lector procede a devorar cada palabra y cada línea que escribe el autor, y como hay una afinidad espiritual, absorbe y digiere todo lo que lee. El autor ha puesto su magia sobre él, y a él le alegra estar bajo el sortilegio, y, con el tiempo, su voz y sus modales y la manera de sonreír y de hablar se van haciendo como las del autor. Así se impregna en su amante literario y de sus libros extrae el sustento para el alma. Al cabo de unos años desaparece el sortilegio y se cansa un poco de este amante y busca otros amantes literarios, y una vez que ha tenido tres o cuatro y lo ha devorado completamente surge él mismo como autor. Hay muchos lectores que nunca se enamoran, como esos jóvenes o esas jóvenes que coquetean mucho y son incapaces de sentir un cariño profundo por una persona particular. Pueden leer todos y cualquier autor, y jamás consiguen arribar a algo.

Tal concepto del arte de leer destruye por completo la idea de la lectura como deber u obligación. En China, se alienta a menudo a los estudiantes a que "estudien amargamente". Hubo un famoso sabio que estudiaba amargamente y que se clavaba un punzón en la pantorrilla cuando se dormía de noche mientras estudiaba. Hubo otro que hacía que una sirvienta estuviera a su lado mientras él estudiaba, de noche, para despertarle cada vez que se dormía. Esto es una insensatez. Si alguien tiene un libro ante los ojos y queda dormido mientras un sabio autor antiguo le está hablando, hace bien en irse a la cama. Ni el pinchazo de un punzón en la pantorrilla ni las sacudidas de la sirvienta le harán bien alguno. Un hombre así ha perdido todo sentido del placer de la lectura. Los sabios que valen algo no saben qué quiere decir "estudiar con empeño". Aman los libros y los leen porque no pueden evitarlo, nada más.

Resuelta esta cuestión, también se da respuesta a la del momento y el lugar en que se debe leer. No hay momento ni lugar especiales para leer. Cuando se tiene ánimo de leer, se debe leer en cualquier parte. Si se conoce el goce de la lectura, se leerá en la escuela o fuera de ella, y a pesar de todas las escuelas. Se puede estudiar así en las mejores escuelas. Tseng Kuofán, en una de las cartas a su familia, al referirse al deseo expresado por uno de sus hermanos menores de ir a la capital y estudiar en una escuela mejor, respondió que: "Si se tiene deseo de estudiar, se puede estudiar en una escuela de campo, o aun en un desierto o una calle llena de gente, y hasta como leñador o porquero. Pero si no se tiene deseo de estudiar, entonces no solamente es inadecuada para el estudio la escuela de campo, sino también una quieta casa de campo o una isla de hadas." Hay personas que adoptan posturas importantes frente al escritorio cuando quieren leer un poco, y se quejan luego de que no pueden leer porque el cuarto está demasiado frío, o la silla es muy dura, o muy fuerte la luz. Y hay escritores que se quejan de no poder escribir porque hay demasiados mosquitos, o porque el papel es demasiado brillante, o mucho el ruido de la calle. El gran sabio Sung llamado Ouyang Hsiu confesó los "tres en" donde hacía sus mejoras obras escritas: en la almohada, en el lomo de un caballo y en el toilet. Otro famoso sabio Ch'ing, Ku Ch'ienli, era conocido por su costumbre de "leer clásicos confucianos desnudo" en verano. En cambio, si no nos gusta leer, hay una buena razón para no leer en ninguna de las estaciones del año:

Estudiar en primavera es una traición;

Y del sueño es el estío la mejor razón;

Si el invierno apresura al otoño, no estudies

Hasta que la primavera sea la nueva estación.

¿Qué es, pues, el verdadero arte de la lectura? La respuesta, muy sencilla, consiste en tomar un libro y leer cuando se tiene ánimo. Para gozarla cabalmente, la lectura debe ser del todo espontánea. Toma uno un volumen de Lisao o de Ornar Khayyam, y se va de la mano de su amor a leer a la orilla de un río. Si hay buenas nubes en el cielo, se puede leer las nubes y olvidar los libros, o leer los libros y las nubes a la vez. A ratos, una buena pipa o una buena taza de té hace el momento más perfecto. O acaso en una noche nevosa, sentado ante el fuego, cuando canta una marmita de agua en el hogar y hay una buena bolsa de tabaco al alcance de la mano, uno reúne diez o doce libros de filosofía, economía, poesía, biografía, y los apila en el diván, y después, holgazanamente, los hojea y se enfrasca suavemente en aquel que más atrae su atención en ese momento. Chin Shengt'an considera que uno de los más grandes placeres de la vida es leer un libro prohibido tras puertas cerradas y en una noche de nieve. El ánimo para leer ha sido perfectamente descrito por Ch'en Chiju (Meikung): "La gente antigua llamaba «volúmenes flojos» y «volúmenes suaves» a los libros y pinturas; por lo tanto, el mejor estilo para leer un libro o abrir un álbum es el estilo holgazán." Con este ánimo, se tiene paciencia para todo. Ya lo dice el mismo autor: "El verdadero maestro tolera errores de impresión cuando lee historia, tal como un buen viajero tolera los malos caminos al trepar una montaña, o quien va a contemplar la nieve tolera un puente muy frágil, o quien elige vivir en el campo tolera la gente vulgar, o quien se dedica a mirar las flores tolera el mal vino."

La mejor descripción del placer de la lectura la he encontrado en la autobiografía de la más grande poetisa de China, Li Ch'ingchao (Yi-an, 1081-1141). Ella y su marido solían ir al templo, donde se vendían libros de segunda mano y copias de inscripciones en piedra, el día que él recibía su estipendio mensual como estudiante en la Academia Imperial. Entonces compraban un poco de fruta, al regreso, y una vez en casa empezaban a pelar la fruta y a examinar juntos las otras compras, o a beber té y comparar las variaciones en ediciones diferentes. En su esbozo autobiográfico conocido como Postdata de Chinshihiu (libro sobre inscripciones en bronce y en piedra), la poetisa dice:

Yo tengo mucha memoria y, sentados a solas después de comer en el Salón del Regreso a Casa, solíamos hacer un pote de té y, señalando a las pilas de libros en los estantes, decíamos en qué línea de qué página de qué volumen de cierta obra se presentaba un pasaje determinado, para ver quién acertaba, y el que ganaba tenía el privilegio de beber primero su taza de te. Cuando uno de los dos adivinaba, alzábamos muy alto la taza y rompíamos en carcajadas, tanto que a veces se derramaba el té sobre nuestros vestidos y no lo podíamos beber, j Qué contentos estábamos de vivir y envejecer en un mundo asi.! Por eso teníamos alta la cabeza, aunque vivíamos en la pobreza y el pesar… Con el tiempo nuestra colección aumentó y aumentó, y los libros y objetos de arte se apilaron en mesas y escritorios y camas, y los gozábamos con los ojos y con la mente, y proyectábamos y discutíamos sobre ellos, saboreando una felicidad muy superior a quienes gozan de los perros y los caballos y la música y las danzas…

Li escribió esto en sus últimos años, muerto ya su marido, cuando era una anciana solitaria que huía de un lugar a otro, durante la invasión del Norte de China por las tribus Chin.

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