Encrucijada en el crepúsculo
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #10
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
Elayne frunció el entrecejo como si considerara sus palabras. Necesitaba a esas malditas mujeres, y más que una o dos.
—¿Qué pedirías a cambio? —dijo al cabo.
—Doscientas cincuenta hectáreas de tierra junto al río Erinin. De buena tierra, ojo, nada de pantanosa o cenagosa. Tendrá que pertenecer a los Atha’an Miere a perpetuidad. Sometida a nuestras leyes, no a las de Andor —añadió como si se tratara de un detalle secundario que casi no merecía la pena mencionar.
Elayne se atragantó con el té. Los Atha’an Miere detestaban dejar el mar, odiaban perderlo de vista. ¿Y Zaida pedía un trozo de tierra situado a mil quinientos kilómetros del agua salada más próxima? Y pidiendo que se le cediera absolutamente, dicho fuera de paso. Cairhieninos y murandianos e incluso altaraneses habían derramado sangre en su intento de apoderarse de trozos de Andor, y los andoreños habían derramado sangre para conservarlos. Aun así, doscientas cincuenta hectáreas era un trozo pequeño y un pequeño precio por mantener abastecida a Caemlyn. Aunque no pensaba dejar que Zaida supiera eso. Y si los Marinos empezaban a comerciar directamente en Andor, entonces las mercancías andoreñas podrían viajar en las bodegas de los Marinos a cualquier lugar adonde éstos navegaran o, lo que era lo mismo, a todas partes. A buen seguro Zaida ya se había dado cuenta de eso, pero no tenía sentido dejar que advirtiera que Elayne también había caído en ese detalle. El vínculo de Guardián la instó a tener precaución, pero había momentos para la audacia, como Birgitte debería saber mejor que nadie.
—A veces el té se va por mal sitio. —No era una mentira; simplemente una evasiva—. Por doscientas cincuenta hectáreas en Andor merezco más que dos Detectoras de Vientos. Las Atha’an Miere consiguieron veinte maestras y más por ayudar a usar el Cuenco de los Vientos, y cuando partan tendréis veinte para reemplazarlas. Tienes veintiuna Detectoras de Vientos contigo. Por doscientas cincuenta hectáreas obtendré las veintiuna, y veintiuna más que las reemplacen cuando se vayan, durante todo el tiempo que las Aes Sedai estén enseñando a las mujeres de los Marinos. —Mejor no dejar que la mujer pensara que era su forma de rechazar la oferta de plano—. Por supuesto, las habituales tasas de frontera se aplicarían a cualesquiera mercancías que pasaran de esa tierra a Andor.
Zaida se llevó la copa de plata a los labios y cuando la bajó exhibía una mínima sonrisa. Pero a Elayne le pareció que era de alivio en lugar de triunfo.
—Las mercancías que entren en Andor, pero no las que vengan por el río a nuestra tierra. Podría dejar tres Detectoras de Vientos. Durante medio año, digamos. Y no se las utilizará para combatir. No permitiré que mi gente muera por ti, ni que otros andoreños se enfaden con nosotros porque gente de los Marinos han matado a los suyos.
—Sólo se les pedirá que abran accesos —dijo Elayne—, aunque habrán de hacerlo siempre que se les requiera. —¡Luz! ¡Como si se propusiera utilizar el Poder como arma! Las mujeres de los Marinos lo hacían sin dudar demasiado, pero ella trataba con todas sus fuerzas de comportarse como Egwene exigía, como si ya hubiese prestado los Tres Juramentos. Además, si destruyera esos campamentos instalados fuera de las murallas con saidar o permitiera que lo hicieran otras, ni una sola casa de Andor la respaldaría—. Deberán quedarse hasta que mi corona esté segura, ya sea medio año o más tiempo. —La corona sería suya mucho antes que eso, pero como su vieja nodriza, Lini, solía decir, una contaba las ciruelas que tenía en el cesto, no las que había en el árbol. Sin embargo, cuando la corona fuera suya, no necesitaría a las Detectoras de Vientos para abastecer Caemlyn, y, a fuer de ser sincera, le encantaría perderlas de vista—. Pero tres no son ni de lejos suficiente. Querrás contar con Shielyn, ya que es tu Detectora de Vientos. Me quedaré con las demás.
Los medallones de la cadena de honor de Zaida se mecieron suavemente cuando la mujer sacudió la cabeza.
—Talaan y Metarra aún son aprendizas. Deben volver a su entrenamiento. Las otras también tienen servicios. Se podría prescindir de cuatro hasta que tu corona esté segura.
A partir de ahí sólo era cuestión de regateo. Elayne no había esperado en ningún momento quedarse con las aprendizas, y también había contado con que las Señoras de las Olas no podrían prescindir de sus Detectoras de Vientos. La mayoría de las Señoras de las Olas tenían a sus Detectoras de Vientos y Maestros de Espadas como consejeros y era tan impensable que renunciaran a ellos como que Elayne renunciara a Birgitte. Zaida intentó excluir a otras también, por ejemplo a las Detectoras de Vientos de los barcos grandes, como los surcadores y rasadores, pero eso habría descalificado a la mayoría, por lo que Elayne rehusó, como también se negó a reducir sus demandas a menos que Zaida aumentara su oferta. Cosa que la mujer hizo poco a poco, cediendo en cada concesión a regañadientes. Pero no tan lentamente como Elayne habría esperado. Saltaba a la vista que la Señora de las Olas necesitaba este trato tanto como ella necesitaba mujeres que pudieran tejer accesos.
—Por la Luz, queda acordado —pudo decir por fin, besándose las puntas de los dedos de la mano derecha y posándolos después en los labios de Zaida. Aviendha sonrió, obviamente impresionada. Birgitte mantuvo el gesto impasible, pero el vínculo revelaba que le resultaba difícil creer que Elayne hubiese salido tan bien del acuerdo.
—Queda acordado, por la Luz —murmuró Zaida. Los dedos que rozaron los labios de Elayne eran duros y callosos, aunque la mujer no hubiese jalado un cabo desde hacía muchos años. Parecía bastante satisfecha para ser alguien que había cedido nueve de las catorce Detectoras de Vientos que se habían puesto sobre la mesa. Elayne se preguntó cuántas de esas nueve serían mujeres cuyos barcos habían destruido los seanchan en Ebou Dar. Perder un barco era un asunto serio entre los Atha’an Miere, fuera por la razón que fuera, y quizá causa suficiente para desear permanecer lejos del hogar un poco más de tiempo. Daba igual.
Chanelle parecía hosca, y sus manos tatuadas se apretaban sobre las rodillas de sus pantalones brocados, pero no tan hosca como podría esperarse de una mujer de los Marinos que tendría que quedarse en tierra un poco más. Ella estaría al mando de las Detectoras de Vientos que se quedaban y no le gustaba que Zaida hubiese aceptado que estuviera bajo la autoridad de Elayne y de Birgitte. Se había acabado que las Atha’an Miere anduvieran por palacio como si les perteneciera y que dieran órdenes a diestro y siniestro. Claro que Elayne sospechaba que Zaida había acudido a la entrevista sabiendo que dejaría a algunas de su grupo, y Chanelle había ido sabiendo que ella se quedaría al mando. Eso tampoco importaba mucho, ni qué ventaja esperaba obtener Zaida con vistas a convertirse en Señora de los Barcos. Que veía una era tan claro como el agua. Lo único que importaba era que Caemlyn no pasaría hambre. Eso… y el puñetero faro que seguía rutilando en el oeste. No, sería reina, y no podía actuar como una lunática. Caemlyn y Andor eran lo único que podía importarle.
13
Cabezas Insignes
Zaida y las dos Detectoras de Vientos se marcharon de los aposentos de Elayne con movimientos gráciles y aparentemente sin prisa, pero casi con tan poca ceremonia como habían entrado, un mero deseo de que la Luz iluminara a Elayne y la guardara. Tratándose de Atha’an Miere eso era como salir corriendo sin decir palabra. Elayne llegó a la conclusión de que, si Zaida se proponía convertirse en la próxima Señora de los Barcos, debía de tener una rival a la que confiaba sacar una buena ventaja. Podría ser conveniente para Andor que Zaida alcanzara el trono de los Atha’an Miere o comoquiera que lo llamaran los Marinos; ni que hubiese sido un trato ni que no, siempre tendría presente que Andor la había ayudado y eso sólo podía ser positivo. Aunque si ella fracasaba, su rival sabría quiénes habían recibido el favor de Andor. No obstante, todo era «quizá» y «si». El momento presente era otra cosa.