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Fan Club

Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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Tenía que convencerles al objeto de que la desataran. Seguiría siendo una prisionera confinada en un lugar, claro, pero dispondría de libertad de movimiento dentro de dicho lugar.

Tendrían que desatarla en bien suyo; a cambio de los placeres que ella les prometería una vez la hubieran desatado. La libertad en aquella celda sería el principio. Tal vez la condujera posteriormente a una libertad dentro de la casa, a una libertad de salir al jardín que pudiera haber fuera y, más tarde, a una libertad que tal vez le permitiera escapar si se presentaba la ocasión.

Otra cosa. La libertad limitada tal vez pudiera permitirle hacerse con un arma. Tal vez la pistola del Malo y, con ello, otra posibilidad de huir. Si había alguna probabilidad de huir, que tal vez no la hubiera, cabía la posibilidad de otro plan que pudiera poner en práctica al mismo tiempo y que le permitiera alcanzar el mismo objetivo, es decir, la libertad.

Además, la libertad limitada tal vez le diera una oportunidad de conseguir enamorar a alguno de ellos de tal forma que confiara en ella y se convenciera de que deseaba huir con él, y éste sería otro medio de escapar.

Tenía que jugar con aquellos hombres, inducirles a error, ablandarles y programarles de tal manera que uno de ellos le sirviera involuntariamente de eslabón que la uniera con el mundo exterior.

La idea era confusa de momento, todavía no estaba claramente definida pero le dedicaría más atención e intentaría desarrollarla.

Lo más importante era empezar a trabajarles de tal forma que le revelaran o se les escapara algo a propósito de sus identidades. Sus nombres. Sus ocupaciones. Sus lugares de residencia.

Este conocimiento sería muy valioso, ya que le permitiría facilitarles a los de fuera algunas pistas sobre sus apresadores, pistas que pudieran conducir a otros hacia el lugar en que ella y sus apresadores se encontraban en aquellos momentos.

Y, aunque no hubiera otra razón, era necesario saber quiénes eran para poder vengarse de ellos más adelante, si es que para ella iba a haber un "más adelante".

Pero lo más importante de aquel proceso de obtención de datos sería permanecer muy atenta a todo lo que dijeran o comentaran de pasada, o en el transcurso de sus efusiones amorosas, a propósito del lugar en que la mantenían prisionera.

Directamente no se lo dirían. Pero tal vez le dijeran algo indirectamente y sin darse cuenta. Una vez dispusiera de aquella información, tendría que hallar el medio de comunicarla al mundo exterior.

Tal vez le resultara imposible pero no podía jugar a ningún otro juego y no le era posible abrigar ninguna otra esperanza.

Tendría que hacerlo paso a paso, con cuidado y astucia. Porque si alguno de ellos descubría que estaba al corriente de quiénes eran o dónde estaban, ello equivaldría a su ejecución segura.

Utilizarlos. Muy bien. Para utilizar a un hombre, para recibir algo a cambio, tienes que darle algo. A cambio de una colaboración reducida a su más mínima expresión ya había recibido una mínima recompensa: la simple subsistencia. La colaboración que les prestaba era escasísima, y por eso apenas recibía nada a cambio. Si les daba más, recibiría más.

¿Qué podía ofrecerles? Hizo un breve examen, que no le hubiera hecho la menor falta porque ya sabía cuáles eran sus bienes. Tenía exactamente lo que ellos querían, aquello por lo cual tanto se habían arriesgado, aquello que tan caro iban a pagar. Sabía cuál era la imagen que ellos habían creído apresar.

Poseía en potencia la sexualidad que ellos suponían. Poseía aquella aureola de símbolo sexual, diosa de la sexualidad y rutilante estrella que tanto se había esforzado en borrar.

La tenía allí, era inerte a su ser y les bastaba con ofrecerles la Sharon Fields que ellos deseaban y esperaban. Sí, su caballo de Troya sería aquella falsa sexualidad de que la creían dotada.

Le desagradaba enormemente revivir y jugar de nuevo el juego de siempre. Lo había dejado muy atrás, pero ahora comprendió que tendría que ir en su busca, desempolvarlo y ponerlo de nuevo en práctica.

Detestaba la ulterior humillación que ello significaría. Era un deporte repugnante eso de utilizar el propio cuerpo de señuelo, de narcótico y de trampa. Pero, qué demonios, en otros tiempos le había sido sumamente útil y tal vez también se lo fuera ahora.

Vacía de cualquier cosa, su carne y sus habilidades histriónicas serían sus únicas armas. Pasó brevemente revista a los hombres sin rostro de su pasado, a John, a Duane, a Steve, a Irwin, todos ellos hombres brillantes y de talento que habían sucumbido a los trucos más burdos y falsos y la habían ayudado a elevarse al estrellato, la riqueza, la fama y la libertad.

Tendida en la cama, recordando al antiguo juego que tantos años llevaba sin poner en práctica, empezó a emocionarse al pensar en el reto que ello llevaría aparejado y en las posibilidades que se abrirían ante ella.

¿Podría hacerlo? ¿Debería hacerlo. Decisión. Sí. Empezaría inmediatamente, ese mismo día, esta noche.

¿Hace el favor de levantarse la verdadera Sharon Fields? Con tu permiso, la verdadera Sharon Fields se quedará muy quieta en su sitio. Tendría que cambiar radicalmente de táctica, pero tendría que hacerlo de una forma inocente para que no se dieran cuenta del engaño.

Tendría que cambiar de la misma manera que ellos habían cambiado. Porque, independientemente de lo que hubieran sido sus cuatro apresadores en el mundo civilizado, no le cabía la menor duda de que debían ser distintos a como eran ahora, debían de ser unos conformistas, unos tipos que iban tirando.

Tras haber sobrevivido al riesgo inicial, tras haber convertido la fantasía en realidad, se habían librado de todas sus inhibiciones, represiones y sentimientos honrados. Se habían deshumanizado.

Muy bien. Ella también se deshumanizaría. Podía volver a ser lo que había sido, el joven ser secretamente encallecido y despiadado de Virginia Occidental y Nueva York de los primeros años de Hollywood. Podía volver a ser la nulidad que no procedía de ningún sitio y que utilizaba sus encantos para pisotear a los hombres y verse libre de la esclavitud.

Su actuación ya estaba empezando a cristalizar en su cerebro. Tendría que interpretar el mejor papel de su vida, su interpretación tendría que ser insuperable. La señorita Susan Klatt tendría que transformarse en la señorita Sharon Fields, la leyenda, el sueño, el deseo, la “raison d’tre” del Club de los Admiradores.

Tendría que convertirse en el cálido, acrobático y erótico nido de amor y en la ninfómana que aquellos brutos se imaginaban y deseaban. Tendría que interpretar un papel, agradarles y complacerles utilizando métodos que ellos jamás hubieran experimentado.

¿Podría hacerlo? Desechó las últimas dudas.

Toda aquella historia ya la había interpretado otras veces, había sido la ilusionista por excelencia, deseando con las acariciantes rendijas de sus ojos verdes semicerrados, deseando con su húmeda boca entreabierta, deseando con su voz gutural y jadeante, con sus prominentes pechos firmes y altos, con los pardos pezones duros y puntiagudos, con los lentos movimientos de la carne del tronco y los muslos, ondulando, deseando y prometiendo placeres y éxtasis orgásmicos y después entregando, besos fugaces, lamiendo con la lengua los lóbulos de las orejas, los párpados, el ombligo, el miembro, acariciando, restregando, estrujando el pecho, las costillas, el estómago, sosteniendo las nalgas, los testículos y después siempre servir bien al cliente-el trabajo de mano prolongado, regular y progresivamente acelerado, o los juegos números 6 ó 9 o el coito, la cópula, la cohabitación, el ayuntamiento normal, a horcajadas, a estilo mecedora o chino, penetración posterior, de lado, de pie, cualquier cosa que uno quisiera, girando convulsamente, rascando, mordiendodentro, dentro, más, más, me muero, me muero, estallido hasta el cielo, lava fundida, amor, gemidos, agradecimiento, lo mejor, jamás había conocido nada igual, santo cielo, ya había actuado en el circo del concubinato y volvería a actuar de nuevo.

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