Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » Favoritos De La Fortuna
Favoritos De La Fortuna - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Favoritos De La Fortuna

Электронная книга - «Favoritos De La Fortuna». Краткое содержание книги:

Argumento: Desde el año 83 al 69 antes de Cristo, los principales acontecimientos de la historia de la antigua Roma en un fascinante mosaico novelesco que respeta escrupulosamente la verdad de los hechos, aunque narrándolos con la amenidad de la mejor de las novelas. En el relato aparecen numerosos personajes, pero el que tiene mayor protagonismo es un Julio César adolescente que consigue desembarazarse de sus obligaciones sacerdotales para demostrar a todos su extraordinaria inteligencia y su valor, que harán de él en el futuro un héroe celebérrimo de la historia romana. Las costumbres de la época, las estrategias bélicas, las intrigas políticas, los usos amatorios, etc., adquieren también gran importancia en esta novela, que constituye la tercera parte del gran ciclo de Colleen McCullough.
1 ... 90 91 92 93 94 95 96 97 98 ... 273
Перейти на страницу:

Una vez hecho el anuncio, Sila partió a su villa de Misenum con su esposa, hija, hijos y nietos, su hijastra y Mamerco. Dalmática le había rehuido desde la anulación del matrimonio de Emilia Escaura y Glabrio, pero él había advertido en ocasiones, al verla, que parecía enferma. Se imponían unas vacaciones a la orilla del mar. Incrementaron el séquito el cónsul Decula, que había redactado las leyes de Sila, y el imprescindible Crisógono.

Así, sólo al cabo de unos días de hallarse instalados a la orilla del mar, tuvo ocasión de intentar recuperar la intimidad con su esposa, que seguía rehuyéndole.

– Es una necedad que sigas reprochándome este asunto igual que Emilia -dijo en tono razonable-. Siempre haré lo que considere que es necesario. Ya deberías saberlo, Dalmática.

Estaban sentados en un rincón resguardado de la galería, a la sombra de los cipreses, con vistas al mar, y les llegaba una suave brisa. Aunque no había mucha luz, se echaba de ver que aquellos días de aire más saludable no habían mejorado la indisposición de Dalmática; estaba ojerosa, tenía mal color y parecía mayor de treinta y siete años.

– Lo sé -contestó ella, al ver que él pretendía una tregua-. ¡Pero no puedo acostumbrarme cuando se trata de mis propios hijos!

– Había que apartar a Glabrio -añadió él-. Y sólo había una manera de hacerlo: separándole de mi familia. Emilia es joven y pronto le olvidará. Pompeyo es un marido aceptable.

– Es inferior a ella.

– Sí, pero necesito vincularle a mí. Su matrimonio con Emilia sirve además para que Glabrio no se atreva a seguir hablando mal de mí al comprobar que tengo poder para dar la hija de Escauro a una persona como Pompeyo de Piceno. ¡NO te esfuerces, Dalmática! -añadió frunciendo el ceño-. No tienes fuerza para enfrentarte a mí.

– Lo sé -replicó ella con voz débil.

– No te encuentras bien, y empiezo a creer que nada tiene que ver con esto de Emilia -añadió él en tono más amable-. ¿Qué te sucede?

– Creo… creo que…

– ¡Dilo!

– Voy a tener otro hijo.

– ¡Por Júpiter! -exclamó él, perplejo y esbozando una sonrisa.

– Ya sé que ninguno de los dos lo deseábamos ahora -añadió ella mohína-. Y temo que tengo demasiada edad.

– Y yo soy demasiado viejo -añadió él, encogiéndose de hombros, pero con más satisfacción-. Bien, es un hecho del que los dos somos responsables. Supongo que no deseas abortar…

– Lo he retrasado demasiado, Lucio Cornelio, y sería peligroso al quinto mes. De verdad que no me había percatado.

– ¿Te ha visto algún físico o una comadrona?

– Aún no.

– Te enviaré a Lucio Tucio -dijo él, levantándose.

– ¡Oh, Sila, no, por favor! -replicó ella, acobardada-. ¡Tucio es un antiguo cirujano militar y no sabe nada de mujeres!

– ¡Sabe más que todos tus malditos griegos!

– En enfermedades de hombres sí, pero preferiría que me viese una mujer de Neápolis o Puteoli.

– Que te examine quien tú quieras -dijo Sila sin insistir, abandonando la galería.

Vinieron a examinar a Dalmática varias mujeres médico y algunas comadronas, y todas coincidieron en que estaba cansada, pero que conforme pasasen los días y el feto consolidase la posición en el vientre se sentiría mejor.

Y en las nonas de sextilis los esclavos prepararon el equipaje y el cortejo se puso en camino hacia Roma; Sila se adelantó porque no soportaba el paso de caracol que imponían las literas de las mujeres, y llegó a la ciudad dos días antes, entregándose a ultimar los detalles de la fiesta.

– Todos los tahoneros de Roma están comprometidos para hacer el pan y los bollos, y ya se han organizado envíos especiales de harina -dijo satisfecho Crisógono, que había llegado a Roma antes que Sila.

– ¿Y el pescado será fresco? Hace mucho calor.

– Todo está previsto, Lucio Cornelio; no te preocupes. He acotado con redes un tramo del río más arriba del Trigarium, y se recogerá el pescado el mismo día; mil esclavos lo desventrarán y comenzarán a cocinarlo en la mañana de la fiesta.

– ¿Y las carnes?

– El gremio de figoneros ha prometido que estarán recién asadas. Habrá cochinillos, pollos, salchichas, corderos y lechales. He recibido un mensaje de la Galia itálica anunciando la llegada de quinientos carros de manzanas y peras primerizas, que en este momento van por la vía Flaminia, escoltados por dos escuadrones de caballería. Las fresas las están recogiendo en Alba Fucentia y encestándolas con hielo del monte Fiscellus, y llegarán a Roma la noche antes de la fiesta, también con escolta militar.

– Es deplorable que la gente sea tan ladrona cuando se trata de comida -dijo el dictador, que en su juventud había sido bien pobre y sabía lo que era el hambre, por mucho que fingiera hacerse de nuevas.

– Si fuese pan o gachas, no habría de qué preocuparse, Lucio Cornelio -dijo Crisógono-. Lo que más roban son las cosas de gusto exótico y las primicias.

– ¿Tendremos vino de sobra?

– Sobrará vino y comida, domine.

– ¡Espero que no esté avinagrado!

– Es excelente todo él. Los que hubieran podido sentir la tentación de añadirle ánforas de vinagre saben perfectamente quién lo compra -replicó Crisógono sonriendo-. Les he dicho que si encuentro una sola ánfora de vinagre los crucificaré a todos, sean o no ciudadanos romanos.

– ¡No quiero trabas, Crisógono!

Pero la traba que hubo no tuvo relación (o así pareció) con la fiesta pública; la traba la procuró Dalmática, que llegó rodeada de todas las comadronas recogidas por Sila a su paso por las ciudades de la vía Apia.

– Sangra -dijo la hija de Sila.

– ¿Abortará? -inquirió Sila con gesto de preocupación.

– Tal vez si.

– Mejor.

– Estoy de acuerdo en que no será una tragedia que pierda el niño -añadió Cornelia Sila, que procuraba siempre no enfadarse ni indignarse con su padre-, pero lo que importa es ella misma, tata.

– ¿Qué quieres decir?

– Que puede morir.

Un fulgor sombrío pasó por los ojos de Sila, quien hizo un gesto de angustia y meneó enérgicamente la cabeza.

– ¡Me trae la muerte! -exclamó-. ¡Siempre el precio más alto! ¡Pero me da igual! ¡Me da igual! -La cara de perplejidad de Cornelia Sila le hizo dominarse-. Es una mujer fuerte y no morirá -añadió con despecho.

– Eso espero.

– Se ha negado a que la viera -dijo Sila, poniéndose en pie-, pero ahora va a verla; quiera o no.

– ¿Quién?

– Lucio Tucio.

Cuando el ex cirujano militar llegó al despacho de Sila horas después, su gesto era grave. Y el estado de ánimo de Sila, que había aguardado a solas todas aquellas horas, había cambiado del horror ante lo que sucedía siempre después de ver a Metrobio, a un sentimiento de culpabilidad y, finalmente, a la resignación. Lo único que esperaba es no tener que ver a Dalmática, pues no se creía capaz de semejante confrontación.

– No traes buenas noticias, Tucio.

– No, Lucio Cornelio.

– ¿Qué es lo que sucede exactamente? -preguntó Sila.

– La opinión generalizada es que la señora Dalmática está embarazada, y eso es lo que ella cree -contestó Lucio Tucio-, pero yo dudo mucho que exista un feto.

– ¿Pues qué existe entonces? -inquirió Sila, al tiempo que se ensombrecían aún más las cicatrices de su rostro.

1 ... 90 91 92 93 94 95 96 97 98 ... 273
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)