Carolina se enamora
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
– ¿Que hace Gibbo? ¿ Duerme?
Filo lo mira y asiente con la cabeza. Seguimos contemplando la noche por la ventanilla que corre ante nuestros ojos y vemos algunas casas que todavía tienen las luces encendidas. También algunos televisores con sus reflejos. Alguna habitación vacía, alguna persona asomada al balcón fumando un cigarrillo. Ellos no saben que los estoy mirando, que una parte de su vida ha entrado en la mía. Filo ha encontrado un trozo de cuerda y lo balancea delante de la nariz de Gibbo, que se la rasca rápidamente y después sigue durmiendo inmóvil, en tanto que nosotros nos reímos.
– ¡Chsss!
Me tapo la boca con la mano por miedo a despertarlo. Pero Filo vuelve a repetir su juego como si nada… Y el tren no se detiene, sino que, en cambio, vuela en dirección a Roma. Llegamos con el tiempo justo para bajar.
– ¿Qué hora es?
Gibbo es el único que ha dormido. Filo lo empuja.
– ¡Deberías estar más despabilado que nosotros y, en cambio, estás atontado perdido!
– Son las siete y media… Tenemos el tiempo justo para ir al colegio.
– Pero ¿no pensáis desayunar?
– ¡Claro que sí, en el bar de enfrente!
– Vale.
Nos precipitamos a nuestros respectivos medios de transporte. Por suerte, la moto sigue allí. Me pongo el casco y, debajo, los auriculares del iPod Touch. Y pongo ni más ni menos queIris de Biagio y, mientras conduzco en dirección al colegio, tengo la impresión de estar todavía en el concierto. En cuanto bajo de la moto, Alis y Clod se abalanzan sobre mí.
– ¡Tía, menuda chulada! ¿Te has divertido? Pero ¿qué habéis hecho? ¿Dónde cenasteis? ¿Habéis visitado algún sitio guay?
– ¿Cómo es que no os habéis quedado en Venecia? Enséñame esa película que querías mandarme…
Alis la empuja.
– Ah, yo ya la he visto.,., ¡es superguay!
– Me había quedado sin saldo.
– Como de costumbre.
Y falta poco para que se pongan a discutir.
– ¡Chicas, a clase!
Esta vez es la profe de matemáticas la que nos salva. A todo esto, yo ni siquiera he desayunado. No obstante, ha sido lo más divertido que he hecho en mi vida.
Recibo un mensaje de mi madre.
«¿Todo bien? ¿Estás en el colegio?»
«Sí, claro», le respondo.
Y me entran ganas de echarme a reír. Si sólo pudiese imaginarse que he cogido un tren, he ido a Venecia, después a Mestre, que he asistido al concierto de Biagio y he pasado la noche en el tren de regreso a Roma, se moriría. Me vuelvo. Filo se ha desplomado, duerme sobre el pupitre mientras la profe explica la lección. Gibbo, en cambio, está fresco como una rosa y, mientras la profe escribe en la pizarra, se inclina sobre el pupitre y le hace cosquillas a Filo en la oreja con un trozo de papel.
Filo se agita, después se despierta de golpe y empieza a rascarse con fuerza. Todos rompen a reír. Cudini, claro está, lo graba todo. La profe se vuelve.
– Quietos, chicos… Pero ¿se puede saber qué os pasa hoy?
Gibbo está inmóvil en su sitio. Sonríe. De una manera u otra, se ha vengado de Filo.
¡Soy genial! ¡He aprobado el examen para el permiso! ¡He cometido dos errores, pero he aprobado! Mi madre estaba muy contenta, mi hermano también, mi padre… un poco menos. Quizá no acababa de creérselo. ¡Ni siquiera yo misma me lo creo! De hecho, la vez que hice algunas prácticas en el patio de casa con la moto de mi hermana no mostré, lo que se dice, grandes habilidades. Por un pelo no choqué incluso contra el coche de Marco, mi vecino, ¡pero por suerte conseguí desviarme a tiempo! Sin ocasionar daño alguno. Así que ahora ya tengo el permiso… ¡A toda Vespa! Bueno, aunque la verdad es que la he conducido mientras tanto.
Ahora voy como un rayo. Se acabaron los problemas. Al contrario, me divierto recorriendo las calles. Aunque he de reconocer que para ir a casa de los abuelos, dado que nunca he ido conduciendo por mi cuenta, he tenido que consultar el callejero de internet, que es geniaclass="underline" te da el recorrido exacto y lo imprimes en menos que canta un gallo. Luego te lo metes en el bolsillo, y ¡zas!, en menos de ocho minutos, dos menos de los que decía Google Maps, estaba ya en su casa. Sólo me he parado una vez para consultar una calle donde debía girar. La abuela ha salido a hacer la compra. El domingo quiere invitar a varias personas a comer porque es su cumpleaños El abuelo está en su pequeño estudio dibujando. Lo hace muy bien. Con unos cuantos trazos consigue crear en un instante una escena, un paisaje, una casa o una persona.
– ¿Qué estás haciendo, abuelo?
Me sonríe sin mirarme.
– Una tarjeta para tu abuela… Mañana es 14 de febrero, el día de los enamorados.
– Sí, ya losé.
Sigue dibujando. Usa rotuladores de diferentes colores, los abre, pinta, cierra el tapón y los deja caer sobre la mesa, y luego otro, y otro más.
– ¿Te gusta?
– ¿A ver? ¡Me encanta!
Reconozco a la abuela cocinando; además, hay una mesa al fondo con gente sentada alrededor.
– ¡Pero si ésa del rincón soy yo!
– Sí… Y el que está a tu lado es tu hermano, ¿cómo lo llamas? Rusty John…
– ¡James!
– Eso es… Rusty James, Alessandra… ¡y ése soy yo!
– Sí, ya me había dado cuenta.
– Y ella está cocinando todas esas cosas tan ricas que sabe hacer…
– Pues sí…
El abuelo sujeta un corazón grande y rojo en el que puede leerse: «Para ti, que alimentas mi corazón.»
– ¡Es precioso, abuelo!
Mira satisfecho su dibujo y sonríe complacido. Lo mira otra vez. A continuación se oye el ruido del ascensor y después la llave en la puerta.
– Chsss… ¡Es ella!
– ¿Estáis en casa?
La abuela Luci entra en el estudio.
– Hola… ¿Se puede saber qué estáis tramando? -Arquea las cejas risueña.
– Nada sólo estábamos charlando…
– ¡Sí! -Miro al abuelo con alegría-. Quiero llevar al abuelo en la moto, detrás de mí…
– Está prohibido, te pondrán una multa…
– ¿Y tú qué sabes?
– Lo he leído… Tienes que esperar a tener dieciséis años.
Luego se acerca al abuelo y lo besa ligeramente en la boca con una sonrisa que, desde donde me encuentro, puedo sentir rebosante de amor.
– Te he traído lo que me has pedido…
– ¿Lo que me gusta?
En un abrir y cerrar de ojos, el abuelo se transforma en un niño mucho más pequeño que yo.
– ¡Sí, eso mismo! Voy a prepararos algo de comer, ¿os parece bien?
– ¡Sí, abuela, deja que te eche una mano!
Así que entramos en la cocina. La abuela abre un paquete de patatas fritas y las echa en un plato grande.
– Esto era lo que me había pedido…, patatas con pimentón.
Y yo que me esperaba no sé qué misterio… Acto seguido comenzamos a dar vueltas por la cocina, preparando la comida, colocando las servilletas, los vasos y todo lo demás, hablando de nuestras cosas. La abuela me hace un montón de preguntas y yo le contesto encantada, encantada de que estemos juntas, disfrutando de ese amor que se respira por toda la casa. Todo me parece muy sencillo y le cuento un sinfín de cosas que, en ocasiones, incluso haciendo un esfuerzo enorme, no consigues decir verdaderamente.
Los profesores han empezado a hablarnos de los exámenes, ¡pero yo los veo todavía tan lejos que no quiero ni oír hablar del tema! Entre otras cosas, en abril se celebrará una reunión general con los padres, la última, la definitiva, madre mía, no puedo volver a meter la pata. Pero ¡¿no habían dicho que iban a dejar de hacerla?! He bajado de internet un montón de tesinas, pero no sé si serán suficientes. Mi hermana me dijo una vez que lo de la tesina es una chorrada, pero con ella nunca sé a qué atenerme, no se parece en nada a mí. De manera que me parece que en historia podría hablar de la Italia de la posguerra; en geografía, de Oceanía; en italiano, de Svevo o de Calvino; ¿y en ciencias? No lo sé. ¿Podría relacionar Oceanía con terremotos y volcanes, porque es una zona muy dada a ellos? Ni idea. Para francés y arte había pensado en Henri Matisse. ¿Me iría bien con esa época? En inglés me centraré en Australia; música no sé si entra en el examen, pero de todos modos la podría incluir en historia y hablar de jazz; en tecnología, no sé cómo hacerlo. Además, no tengo claro si es mejor repasar todo el programa de las asignaturas o si al final no sirve de nada, ¡Bah! No lo aguanto más. Mientras me debato en este mar de dudas, desenvuelvo el bocadillo bajo el pupitre, me inclino escondiéndome detrás de la compañera que se sienta delante de mí y trato de lamer un poco la Nutella que se ha salido por el borde. Clod me ve desde su pupitre y me llama. Faltaría más, está dispuesta a ofrecerse como voluntaria. Oh, como si la hubiese invocado, suena la hora del recreo… Y en seguida llega la noticia bomba: