Carolina se enamora
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
– Ya… Pero si luego necesitamos algo, si tenemos hambre o si pasa algo…
Los dos se llevan la mano al paquete al mismo tiempo.
– Por mucho que queráis espantar la mala suerte, tenernos que pensar en todo…
Decido probar en cualquier caso, de manera que me dirijo al gondolero.
– Buenas,… Tal vez le parezca raro lo que voy a decirle, pero resulta que hoy es mi cumpleaños y mis dos amigos me han dado una sorpresa y me han traído hasta Venecia. Sólo que ése de ahí…
Y le cuento una historia que ni siquiera yo sé cómo se me ocurre. Sea como sea, resulta tan creíble que logro conmover al gondolero.
– Está bien… De acuerdo.
Vuelvo toda contenta al lado de Gibbo y de Filo.
– Nos dará una vuelta más corta, pero ¿sabéis cuánto nos costará?
– Desembucha.
– ¡Cuarenta euros!
– ¿Cómo lo has conseguido?
– Bueno, de alguna manera el mérito es tuyo, Gibbo.
– ¿Por qué?
– Venga, vamos y luego te lo explico.
– Hola… -El gondolero nos ayuda a subir. El último en hacerlo es Gibbo-. Hola…
Lo saluda casi con pesar, de manera que Gibbo nota que pasa algo raro y se acerca a nosotros. Los tres nos sentamos sobre el cómodo banco tapizado con una extraña tela peluda. Gibbo se asegura de que el gondolero no nos mira y luego me pregunta:
– Pero ¿qué le has dicho?
– ¿Por qué?
– ¡Me ha recibido como si se tratase de mi último paseo en góndola!
– De hecho, es así.
– Venga ya, déjate de bromas.
– Nada. Le he dicho tan sólo que tus padres te acaban de dar la noticia de que se van a separar.
– Bueno, podría ser…, se pasan la vida discutiendo.
– Y que tú irás a parar a una especie de internado.
– ¿Ah, sí? Espero que, al menos, hayas elegido un buen sitio.
– ¿Y qué más da?, si, de todas formas, no irás.
– ¿Y eso por qué?
– Porque te has escapado.
– ¿Y mis padres no me buscan?
– No, les importa un comino. Además, tu padre se ha enterado de que no es tu verdadero padre.
– ¡Lo que faltaba!
Filo se echa a reír.
– ¡Con un desgraciado semejante a bordo, debería darnos la vuelta gratis!
Pasamos por debajo de los pequeños puentes que unen las calles de Venecia. El gondolero se llama Marino, es amable y tiene una bonita sonrisa bajo el bigote. No sé por qué, pero tengo la impresión de que es una buena persona, y no tarda en demostrármelo.
Cuando bajamos de la góndola, Gibbo, que se ocupa del fondo comunitario, le paga. En ese momento, Marino me llama y hace un aparte conmigo,
– Carolina, la historia de ese chico era muy triste… Tan triste que al final… no creí ni una palabra.
Nos miramos a los ojos y él suelta una carcajada.
– Diviértete, vamos -añade luego con acento veneciano-: Quien no la hace en carnaval la hace durante la cuaresma.
En la práctica, eso quiere decir: «Quien no hace las locuras de juventud las hace después durante la vejez.» Muy simpático, sí, si bien no acabo de estar del todo de acuerdo con lo que dice… ¿Por qué una cosa debe excluir a la otra? ¡Yo quiero seguir haciendo locuras cuando sea abuela! Y con el propósito de no dejar de hacer locuras en el futuro, doy alcance a Gibbo. Oigo que está leyendo la guía que ha comprado por doce euros. Filo lo escucha y le hace preguntas a su manera, o sea, en parte estúpidas y en parte no. Yo camino detrás de ellos; como ha dicho Marino, para mí es a la vez carnaval y cuaresma. Me siento mayor paseando por Venecia, y estoy segura de que ésta será una de esas cosas que un día, de pronto, no importa cuánto tiempo haya pasado, recordaré con todo detalle. Y espero que entonces Filo y Gibbo sigan estando presentes en mi vida, y que todo sea como ahora, que no cambie nada, ni siquiera una coma. No obstante, mientras lo pienso me invade cierta tristeza. Sin saber muy bien por qué. Quizá porque, en el fondo, sé que no podrá ser así.
Gibbo se vuelve hacia mí
– Eh, se me ha ocurrido una idea…
Entonces me mira y se percata de que algo no va bien.
– ¿Qué te ocurre, Caro?
– Nada, ¿por qué?
– No sé, tenías una cara…
– Te equivocas… Venga, ¿qué era lo que querías decirme? ¿Se te ha ocurrido una idea? – Vuelvo a sonreír y hago corno si nada; Gibbo es un cielo porque o bien se lo traga, y eso quiere decir que me estoy convirtiendo de verdad en una consumada actriz, o se hace el sueco y cambia de tema.
– Mirad. Leo, ¿eh?… -Señala la guía-. En losbacari a esta hora se toma la «sombra». Se trata de un aperitivo con bacalao, aceitunas, pescaditos y croquetas… Además de muchas otras cosas ricas. ¿Os apetece ir?
Poco después nos encontramos sentados en unos taburetes altos de madera con unas pequeñas mesas delante abarrotadas de comida deliciosa, para chuparse los dedos. Bacalao desmenuzado con leche, sardinas marinadas, almejas, caracolas de mar, chipirones apenas hervidos, y «nervios», que son pedacitos de ternera con vinagre y aceite. La verdad es que estos últimos no me gustan mucho porque están algo duros, ¡pero el resto está riquísimo! Y así…, me olvido de la dieta. Por otra parte, esto sólo se hace una vez cada catorce años, ¿no? Luego descubrimos que el nombre de «sombra» se debe al hecho de que justo a esa hora el sol se pone y, por tanto, se bebe… una sombra. De manera que nos tomamos elspritz.
– Debe de llevar un poco de bíter o alguna clase de aperitivo, agua mineral y vino blanco. Es ligero…
Gibbo y su guía, de la que no se separa bajo ningún concepto.
Sólo que el talspritz no es tan ligero como dice y, al final, un poco aturdidos, mejor dicho, prácticamente borrachos, llegamos sin saber muy bien cómo a Mestre, la localidad donde se celebra el concierto de Biagio. ¡Qué hombre!
Empieza cantandoSappi amare mió, después Le cose che hai amato di piu y L'impossibile, Se é vero che ci sei, y luego Iris, Y con esta última os aseguro que me emociono. ¿Sabéis cuando sientes un extraño estremecimiento y te gustaría que te abrazasen? Estoy con mis amigos, de acuerdo, pero no sé por qué echo de menos a Massi. O, mejor dicho, el amor, ¡Quiero decir, el sabor de un beso, la felicidad absurda, poder llegar con la punta de los dedos a tres metros sobre el cielo! Todo aquello que sólo el amor loco, repentino, mágico, absurdo y único puede hacerte experimentar. Sin embargo, en lugar de eso, me abrazo a Gibbo y a Filo.
– Eh, bailemos juntos…
– Tengo una idea: vamos a mandarles un mms a Clod y a Alis. ¡Por favor! ¡Me gustaría que supiesen lo que estamos viviendo! Venga, Gibbo…, ¿me grabas tú?
Y bailo con el escenario a mis espaldas mientras Biagio canta Inuna stanza quasi rosa, sonrío a mis amigas, les mando un beso y me siento como una especie de video jockey en medio de toda esta gente mientras canto la canción: «Mira este amor que crece y hace que nos sofoquemos en esta habitación, así que fuera, vistámonos y salgamos a iluminar todos nuestros sueños», y al final cierro los ojos emocionada.
– ¡Hecho!
Gibbo me devuelve el móvil y yo echo un vistazo a lo que ha grabado.
– ¡Es superguay! ¡Al fondo se ven las luces y a Biagio!
En un abrir y cerrar de ojos, se lo mando a Alis y a Clod a cobro revertido mediante el número 488.
Alis me responde en menos de un segundo: «Me muero de envidia.»
Después llega la respuesta de Clod o, mejor dicho, la de Telecom Italia. ¡El mms ha sido rechazado! Recibo su mensaje poco después: «¡No tengo un euro! ¿Te estás divirtiendo? ¡Espero que sí! Me lo enseñas mañana en el colegio, ¿vale?»
Luego sigo cantando bajo las estrellas, bajo las nubes que pasan ligeras. Y bailo, bailo con los ojos cerrados, a un paso del escenario, entre la gente que se abandona en el estadio de Mestre, y me pierdo entre las notas de esa música y me siento mayor y feliz y, por un instante, no estoy muy segura de querer volver a casa. Pero es sólo un instante. Poco después, en el tren de regreso, río para mis adentros.