Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
– Ilusión -dijo Razvan-. Está atrapada en una ilusión.
Gregori ondeó una mano hacia Skyler justo cuando ésta con mano temblorosa lanzaba hacia atrás el incienso. Se estremeció y lo sostuvo con fuerza, alzando el mentón, pero le corrían lágrimas por la cara. Miró una vez a Dimitri y luego siguió de pie estoicamente bajo el asalto del mal invisible.
Hubo un golpe de silencio. Ivory. Debes continuar, instó Razvan.
Ivory cerró los ojos por un momento, respiró y, a continuación, seleccionó el granate. La piedra llameante se utilizaba para aumentar los poderes en los rituales. Para derrotar a Xavier, para revocar su horrible hechizo, necesitaba tanta ayuda como fuera posible. También quería protección extra contra la oscuridad de Xavier. Otra vez era una piedra usada a menudo en los nacimientos. Su piedra era multifacética y de un brillante rojo intenso, para combatir el rojo oscuro de la sangre del corazón. Se decía que la gran arca había sido guiada por un granate, y ella esperaba que la luz la guiara en este tiempo de gran necesidad. Colocó la piedra en la esquina sur.
Llamo al sur, el fénix se alza alto
Lanzando tu fuego mientras tú te alzas al cielo.
Ivory se inclinó hacia el sur, y luego repitió el signo de la cruz. Xavier había hundido una aguja en el corazón de una paloma y luego había quemado el cuerpo. Ella abrió las manos y soltó una paloma blanca que portaba una rama de olivo. El pájaro voló alrededor del círculo tres veces, cambió de sentido y repitió la acción, luego salió volando al cielo nocturno.
El perfume de la resina de la sangre de dragón, recolectada y procesada de la palmera, llenaba el cuarto, ahuyentando el mal del ritual de Xavier, añadiendo a sus protecciones y exorcizando las abominaciones del gran mago, consagrando y reforzando la potencia de su ritual. Entregó el incienso a Natalya, que permanecía en la esquina sur.
Natalya se preparó, pero no estaba lista para la cara de su hermano cuando lo miró y vio… vampiro. Jadeó mientras las escamas caían de sus ojos y ella vio en su interior, más allá de la ilusión, su verdadera naturaleza. Embustero. Comedor de carne. Riendo mientras torturaban a niños. Tenía que detenerlo. Bebedor de la sangre de sus propios hijos. ¿Qué la había poseído para creer en él otra vez? Gritó de temor e ira por otro engaño desgarrador a manos de su gemelo.
Vikirnoff siseó con temor por ella, llevando la mano a la espada. Fue su hermano, Nicolae, quien lo refrenó con una mano sobre la espada.
– Lo que sea que estás viendo, yo no lo veo -dijo.
– Natalya -dijo Razvan suavemente-. Mírame.
Las palabras, pronunciadas con una orden tranquila, disiparon la fea ilusión. Vikirnoff dejó escapar el aliento e inclinó la cabeza dando las gracias a Nicolae.
Por un momento, la mano temblorosa de Ivory se cernió entre dos piedras: la piedra de la luna, una de sus favoritas, y un pedazo de precioso coral rojo brillante, directo del mar. El coral era una pieza protectora con finas grietas melladas, sin ninguna astilla ni rotura. La pieza simbolizaba la vida y la fuerza de la sangre, y las escudaba del mal con su protección. No era realmente una piedra, el coral estaba hecho de muchos esqueletos de criaturas marinas, pero podía ser utilizado para el bien, dado que la pieza había sido encontrada en una playa hacía mucho, la vida ya transformada en curación, en un elemento protector. Colocó el coral en el rincón occidental.
Llamo al oeste, trae tu aliento.
Permite que la lluvia caiga, clara y limpia.
Se inclinó hacia el oeste y otra vez bendijo antes de trazar la flor de lis en el cielo, el símbolo de la pureza, representando a los tres que eran uno, quitando la abominación que Xavier había trazado antes, un símbolo de odio y depravación.
El incienso que había escogido era una mezcla de lirio y lila mezclados para la protección y la pureza. Entregó el palo a Shea, que se reforzó en su posición en el rincón occidental.
Shea miró a la mano que sostenía el incienso y vio la mano de su madre marchitándose, la carne encogiéndose, más y más delgada, las voces a su alrededor apagándose hasta que sólo hubo silencio, el silencio de su niñez. Días largos e interminables ocultándose en una casa parecida a una tumba, con el sol quemándole la piel; la pequeña niña acurrucada en una esquina intentando encontrar suficiente comida para alimentar el estómago encogido.
– Mi amor -cuchicheó Jacques en voz alta-. Estoy contigo.
Continua, Ivory. Sé que estás dudando de ti misma, pero la marea gira. No estás haciendo daño a estas mujeres ni a estos niños. Este mal debe ser detenido, animó Razvan.
La mirada de Ivory se posó sobre él, sobre su amada cara. Su fuerza. Su fe en ella, le permitieron continuar. Enderezó los hombros y miró en su bolsa de seda en busca de la última piedra.
Para su cuarta y última piedra, Ivory escogió una piedra cuya poderosa magia a menudo era utilizada para ayudar en el parto y para la fertilidad, así como para protección. Se creía que el ámbar dorado unía tierra, fuego, aire y agua, pero también era sumamente simbólico de la Madre Tierra.
Ámbar, realmente una resina fosilizada, era de color dorado antiguo en el interior y parecía casi vivo con su luz. Su piedra contenía una abeja completamente formada en el centro exacto. Las alas estaban extendidas y la abeja tenía mil años de edad. Este pedazo en particular era su favorito. Con gran respeto, colocó el ámbar en el rincón del norte.
Llamo al norte, sobre la tierra, que puede renacer.
Busco deshacer esta cosa.
Se inclinó hacia el norte, y dibujó el signo de la cruz en el suelo, en la posición exacta donde Xavier había vertido su mezcla de la sangre de corazón, maldad y odio en su círculo negro. Encendió otro palo de incienso, utilizando esta vez un precioso incienso y mirra, una poderosa combinación para la purificación y la protección. Syndil tomó el poderoso incienso y permaneció en la esquina norte. Syndil sabía lo que venía y cerró los ojos cuando la cara de su hermano perdido flotó delante de ella, llenando su mente. Savon la alcanzó, le desgarró la ropa con dedos codiciosos, golpeando con su cuerpo dentro del suyo, golpeándola, hiriéndola y rasgándola mientras los dientes del vampiro le desgarraban el cuello y él tragaba grandes sorbos de sangre.
Barack llenó su mente. Las esencias y el calor de quien era él. Compañero. Protector. Amante. Todo. Se unió con ella, manteniéndola cerca, compartiendo los recuerdos de ese ataque, ocurrido hacía mucho tiempo, pero nunca olvidado.
– No me romperé -dijo Syndil-. Continúa.
Ivory se detuvo en el centro del círculo y levantó los brazos, su tono, uno de ruego mezclado con respeto.
Te llamo, Madre, que una vez me sostuvo con fuerza.
Curándome por entero para que pudiera continuar la lucha.
Dame el poder de todo
Para deshacer lo que fue forzado en este hechizo.
El cuarto brilló cobrando vida, reaccionando. Las llamas de las velas saltaron alto, lanzando codiciosas sombras sobre las paredes. Un viento fuerte rugió por la caverna. El suelo onduló de vida, y arriba las estalactitas se mecieron y vibraron, amenazando con aflojarse. Más puntos rojos de sudor puntearon la carne de Ivory.
El mal ardía por sus venas, carcomiéndola hasta que estuvo pudriéndose de dentro hacia afuera. La suciedad la manchó, manchó su alma. Podía sentir cómo la piel se le despegaba de los huesos. La cara de Xavier nadó delante de su visión, su risa astuta resonó por su mente mientras la señalaba con un dedo huesudo, la afilada uña manchada de sangre directa hacia ella.