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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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Ivory levantó las manos en respuesta a la oscuridad que se esparcía rápidamente por la caverna. En su mano derecha sostenía un boline, un cuchillo de cosechar, con el mango hecho de hueso blanco. El boline era curvado, y portaba la marca de la luna creciente, hecho de un metal precioso de su cueva sagrada, el borde de hoz serrado, preparado para la cosecha.

Con gran cuidado, Ivory recitó el hechizo asqueroso de Xavier hacia atrás, imitando a la inversa los movimientos que Razvan tan pacientemente le había mostrado mientras ella colocaba los pies con cuidado, tejiendo la pauta hacia atrás con sus manos.

Ivory. Te veo. Te llamo. La voz de Xavier, dura y cruel, le susurró en la mente. Enfermándola. Debilitándola. Te veo.

– No, no te ve -dijo Razvan, su voz tranquila. La inundó de paz-. Siente tu poder y tiembla. No lo dejes romperte.

Utilizando el sagrado boline en lugar del cuchillo ceremonial ensangrentado de Xavier, se cortó la palma de la mano y permitió que la sangre goteara sobre los dos bebés, justo como Xavier había derramado su sangre sobre la incubadora de microbios. Tres gotas exactamente sobre cada niña. Las niñas gritaron como si ascuas ardientes hubieran caído sobre su inocente carne recién nacida. Savannah gritó y se tambaleó poniéndose de pie.

– Detenedla -ordenó Razvan-. No debe romper el círculo.

Savannah se habría lanzado hacia sus hijas si sus propios padres, Raven y Mikhail, no hubieran envuelto los brazos alrededor de ella para retenerla.

– ¿Qué sucede? -exclamó Gregori.

– El mal lucha. -Razvan observó al legendario sanador Cárpato desoladamente-. Se pondrá peor, Gregori. Mucho peor. Tú y tu compañera debéis ser fuertes. Habla con tus hijas. Cántales. Sé fuerte por ellas. Cuéntales que luchan contra el mago malvado de tu historia por ellas. Ahora es su momento.

Mientras Razvan trataba de calmar a un Gregori agitado, Ivory intentaba silenciar en su mente los gritos de las bebés como mejor podía. La maldad de Xavier las estaba hiriendo. Ella las estaba hiriendo.

No, fél ku kuuluaak sívam belsoamada… las estás salvando. No puedes parar sin importar lo que suceda.

Se forzó a seguir moviéndose, a continuar tejiendo los patrones del hechizo. Cuándo completó todo el ritual de Xavier al revés, levantó el cuchillo hacia la chimenea de la caverna y señaló hacia la pequeña astilla de luna que brillaba arriba.

Llamo a la señora de la luna oscura,

A esa que se encuentra en las encrucijadas

Que nos aconseja que debemos abandonar lo viejo antes de emprender lo nuevo

Busco la espiral.

Llévame al centro de la calma en la absoluta oscuridad

Que pueda disipar este mal con la luz.

La luz destelló a través de la hoja del boline, como si la luna misma hubiera entrado en la cueva de partos. Arriba, las estalactitas se mecieron y vibraron. Los cristales chispearon como estrellas diminutas y lejanas, dispersas sobre el techo y por las paredes de la cueva. Venas de oro y plata se entrelazaron y brillaron, atrayendo luz a la cara pálida de Ivory. Ella colocó el boline sagrado con cuidado entre las gemelas, la hoja curva en la posición exacta para que reflejara a la luna creciente del exterior.

Las niñas se retorcieron. Una sufrió convulsiones. La piel de ambas se volvió más caliente. Savannah luchaba contra sus padres, las lágrimas se le derramaban por la cara.

– Por favor, Gregori -rogó-. Detén esta abominación. Ella les está haciendo daño.

Gregori se tambaleó, su cara era una máscara de dolor. Los Cárpatos comenzaron a murmurar protestas.

– Déjalas morir en paz -imploró Savannah, juntando las manos, doblegándose contra los brazos de su padre que la refrenaban-. Dámelas a mí. Déjame sostenerlas mientras van a la próxima vida.

– No, Gregori -protestó Razvan-. El mal lucha con fuerza. Mantén el propósito.

– Ellas desean vivir, Savannah -dijo Gregori con voz ronca.

Una vez más Ivory levantó las manos. Ahora había gotitas diminutas de sudor y de sangre manchándole el cuerpo, y las manos le temblaban por el esfuerzo de soportar el peso del mal. La presencia tranquilizadora de Razvan, su calor y su fe en ella, la calmaron mientras cantaba.

Llamo a la plaga sobre esta tierra, veo en tu corazón.

Tú, que fuiste arrojado sobre esta tierra, transformado y luego despedazado.

– Nunca te lo perdonaré, Gregori -gritó Savannah, desgarrándose la propia carne, enterrándose las uñas en los brazos hasta que la sangre resbaló por el suelo-. Nunca. ¿Entiendes? Está torturando a nuestras hijas y tú se lo estás permitiendo.

Gregori sacudió la cabeza, lágrimas rojas le bajaban por la cara, pero permaneció estoico, con las manos sobre cada niña que se retorcía.

Varias mujeres intentaron romper el círculo para correr en ayuda de los bebés.

– Detenedlas -ordenó Razvan-. Mantened la calma. ¿Creísteis que se iría fácilmente? Retenlas, Mikhail, debes pararlas.

– Tiene razón -dijo Mikhail tranquilamente. Una calma inquieta descendió. Sólo se podía oír llorar a Savannah y a los bebés.

Ivory mantenía su mente firme en el ritual, continuando, intentando no permitir que las mujeres la distrajeran.

Llamo al que fue deshecho y luego creado para hacer daño a todos.

Ven a mí ahora cuando te llamo, para que pueda tomar a uno y a todos.

Anudado y tejido, busco desatar lo que fue tejido apretadamente.

Ivory tomó los cristales limpios de la bolsa de seda que llevaba colgada a la cadera. Los cristales habían sido dejados a la luz del sol durante una semana, reuniendo las energías y propiedades limpiadoras que necesitaba. Examinó las piedras cuidadosamente antes de hacer su elección. No se sorprendió cuando los dedos se asentaron alrededor de un pedazo grande de piedra pómez.

La piedra pómez provenía de la piedra volcánica, y aunque para algunos no era hermosa, ella encontraba extraordinaria la ligera piedra, con su color beige-blanco. La piedra porosa se utilizaba a menudo para desterrar hechizos, pero también se le podía ofrecer a una mujer para que la sostuviera en la mano para ayudar en el parto. Áspera y lisa, era simbólica de su vida. Colocó la piedra en la esquina oriental.

Miro al este, a la luz de la mañana.

La que nace en la oscuridad, ahora brilla a la luz.

Hizo una reverencia al este, e hizo la señal de la cruz. Con las manos formó el óvalo del sagrado corazón donde Xavier había derramado sangre del corazón sobre los microbios, su símbolo sagrado reemplazó el acto de maldad.

Encendió el montón de agujas de pino y lo ondeó sobre toda la zona, para purificar y limpiar, mezclándolo con la salvia purificadora. El perfume se añadió a su poder de ayudar a exorcizar el hechizo demoníaco que Xavier había lanzado sobre los microbios. Entregó el incienso a la joven Skyler, que permanecía en el rincón oriental.

En el momento en que las manos de Skyler se cerraron alrededor del incienso, las sombras se movieron en la oscuridad fuera del círculo. Risas masculinas, feas y burlonas, se deslizaron furtivamente por la cueva, resonando alrededor de Skyler. Cuchicheos de actos obscenos. Ella sintió manos tocándola. Deslizándose dentro de su ropa… tratando de agarrar su piel suave, exponiéndola. Un sollozo la atravesó.

Dimitri maldijo y dio un paso al frente. Era bien sabido que él era el compañero de Skyler, aunque ella fuera todavía demasiado joven para que la reclamara.

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