Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El eco de la memoria
El eco de la memoria - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El eco de la memoria

Электронная книга - «El eco de la memoria». Краткое содержание книги:

Una novela sobre el recuerdo y el olvido, de la mano de uno de los escritores con más talento de Estados Unidos.
Una llamada anónima avisa de un accidente en una carretera a las afueras de Nebraska. Mark Shluter es trasladado al hospital donde entra en coma, junto a él había una nota anónima con un extraño mensaje: «No soy Nadie, pero esta noche en la carretera del norte, DIOS me guió hasta ti para que pudieras vivir y traer de vuelta a alguien más». Karin Shluter, hermano de Mark, vuelve a su ciudad natal para cuidar de su hermano. Educados por padres inestables, ninguno de los dos ha encontrado el equilibrio en sus vidas. Un día, Mark despierta del coma con un extraño caso de síndrome de Capgras, un tipo de amnesia en la que el afectado recuerda todos los detalles referentes a su vida salvo los sentimientos ligados a ellos. ¿Vio Mark algo que no debía saber aquella noche en la carretera?
1 ... 86 87 88 89 90 91 92 93 94 ... 143
Перейти на страницу:

¿Cómo lo sabes? Me aseguraste que no habías estado allí.

Mark Schluter grita un poco. Rupp y Cain también. A decir verdad, es un tanto enervante. Todos guardan silencio durante un minuto, permanecen sentados y observan a los zopilotes que picotean el montón de ardillas. Pero en esencia la excursión ha terminado.

Deberíamos volver a tu casa, dice Rupp. Echar un vistazo a esa carta de la Guardia.

No hace falta que me hagas favores, replica Mark.

Pero recogen las cosas y suben al Chevrolet 454 del 88 de Rupp. Este se pone al volante, Duane se sienta a su lado y Mark se acomoda detrás, como en los viejos tiempos. Solo él está empezando a ver que se han terminado los viejos tiempos, si es que alguna vez los hubo. Rupp pone Hand Rolled, el nuevo compacto del grupo Cattle Call. Una canción titulada «Tengo amnesia desde hace tanto tiempo como puedo recordar». Parecen ansarinos castrados, la misma mierda que la banda toca desde que les dieron la libertad condicional. Pero Duane se pone nervioso y Rupp pulsa un botón para cambiar de tema, como si le azorase, lo cual hace que Mark desee retroceder y escuchar con más atención.

Están volviendo por la carretera 40 cuando, poco antes de la bifurcación de Odessa, un gran ciervo sale de un bosquecillo y cruza corriendo la calzada por delante de ellos. Va directamente al encuentro de la camioneta, un proyectil lanzado contra el capó. Ni siquiera hay tiempo para gritar. Pero justo en el momento en que el animal va a impactar contra ellos, Rupp vira bruscamente y el vehículo cruza la línea central y avanza un corto trecho por el carril contrario. El ciervo se detiene en la cuneta, desconcertado. Se esperaba tanto morir que no sabe cómo interpretar ese cambio de rumbo. Solo cuando el animal sale de su asombro y corre para desaparecer entre los árboles, los tres hombres se recobran.

La madre que lo parió.

Los dos amigos miran a Mark. Rupp le coge de la rodilla, Duane del hombro. ¿Estás bien, muchacho? Joder, ha ido de un pelo. Habría sido el fin.

Pero la verdad es que no ha ocurrido nada. El vehículo no ha recibido ni un arañazo, y el ciervo lo superará. No está seguro de por qué quieren que esté tan afectado.

Maldita sea, sigue farfullando Duane, descompuesto. Éramos hombres muertos. Hora de cobrar el seguro de vida. ¿Cómo diablos has hecho eso? Girar incluso antes de que viera al animal.

Rupp está temblando. Duane y Mark procuran no mirarle, pero es innegable. El hombre con aptitudes innatas para ser miembro de la Guardia Nacional, temblando como un paciente de Parkinson con zancos en medio de un terremoto. El ciervo ha tratado de matarnos, dice. Simula que es el mismo de antes, pero ellos lo ven ahora, ven cómo es en realidad. Creedme, ese maníaco ha intentado saltar a través del parabrisas. El jodido videojuego nos ha salvado la vida. Se mira las manos temblorosas. Si no me hubiera pasado cientos de horas jugando a ese videojuego, estaríamos hechos papilla.

Rupp vuelve a poner el vehículo en marcha y regresa al carril derecho. Cain aúlla como un coyote. No puede creer que haya tenido suerte, por una vez en la vida. Agita los puños en el aire. Joder, joder. Qué viaje. Golpea la guantera, que se abre. Saca un pequeño comunicador electrónico de color negro, un aparato que Mark ha visto antes. Duane se lo acerca a la cara y masculla como si fuese un poli. Eh, san Pedro, buen amigo. Cancela esas tres reservas que nos guardabas para esta noche, ¿quieres? Cabeza de cabra. *

Al oír las últimas palabras, Mark se yergue en el asiento trasero, se inclina hacia delante y trata de arrebatarle a Duane el comunicador. Dame eso. Pero la verdad es que no necesita examinarlo con detalle. Lo ha tenido antes en la mano. O uno exactamente igual.

Guárdalo, ordena Rupp. Cain revuelve el interior de la guantera, tratando de poner el comunicador fuera del alcance de Mark. Pero de ninguna manera va a quedar la cosa así.

Mark mueve su dedo índice extendido entre los dos, como una pistola. ¿Vosotros? ¿Estaba hablando con vosotros dos? ¿Vosotros erais el autostopista? No entiendo… ¿cómo voy a…?

Rupp la toma con Cain. Estúpido descerebrado. Conduce con una sola mano mientras trata de apoderarse del comunicador con la otra. En la refriega, logra hacerse con él. Lo arroja por la ventanilla, como si esa fuese la respuesta a todas las preguntas. Mira furibundo a Cain, dispuesto a matarlo. Zopenco inútil. ¿En qué estabas pensando?

¿Qué? Yo solo… ¿Qué? ¿Cómo iba a saberlo?

Me dijisteis que no estabais allí, les dice Mark. Me habéis mentido.

No estuvimos allí, replican al unísono. Rupp silencia a Cain con una mirada. Se vuelve hacia Mark, con una expresión de súplica. Tenías uno en tu camioneta. Nosotros solo… solo los compramos.

¿Ese era el juego? ¿Vuestra pequeña charla por walkie-talkie? ¿Ese eras tú? ¿Cabeza de cabra?

Tú te lo inventaste, hombre. Te hizo reír. Nosotros solo estábamos haciendo el rollo ese de hablar por radio, charlando a distancia, cuando tú…

Mark Schluter es una estatua. Pura arenisca. Vosotros también. Estáis metidos en esto. Ellos empiezan a hablar al mismo tiempo, tratando de explicarse, embrollando los hechos. Mark se tapa las orejas con las manos. Dejadme bajar. Parad este trasto. Dejadme aquí mismo.

Pero, Mark. No seas loco, hombre. Estamos a más de tres kilómetros de Farview.

Discuten, pero él no los escucha. Iré andando. Me bajo.

Se pone tan violento que finalmente han de acceder a que se apee. Pero durante un largo trecho la camioneta avanza a su lado, al paso, e intentan convencerle para que vuelva a subir. Como siempre, tratan de confundirle más, antes de que el Chevy parta con un airado chirrido.

* * *

La noche de la discusión en el restaurante no se tocaron. Al día siguiente se hablaron con amables y atentos monosílabos. Se desplazaban sigilosamente por la casa, haciéndose pequeños favores. Durante toda la semana siguiente Daniel se mostró retraído, paciente, leal, fingiendo que aún habitaban aquella soleada planicie, a salvo de su antigua pesadilla. Actuaba como si fuese ella la que había cometido un error, y él, abnegado, la perdonara. Ella se lo permitía y le alentaba, a pesar de que la enojaba. Tal era su forma de ser.

Con toda evidencia, Daniel no tenía ni idea de qué era lo mejor para él o lo que necesitaba. No ofrecía más que aquella irritante máscara de abnegación. Ella quería gritar: ve, prueba, saborea. Encuéntrate a ti mismo. Sé que no soy suficientemente buena, eso es lo que me dices con cada una de tus pacientes aceptaciones. Pero no le dijo nada. La verdad solo habría indignado a aquel hombre. Ella le comprendía ahora. San Daniel, que necesitaba ser superior al resto de la especie. Necesitaba probar que un ser humano podía ser mejor que el género humano, podía ser tan puro como un animal instintivo. Pero necesitaba la confirmación de Karin. Algo en ella la predisponía a conceder que él podía ser un hombre tan bueno como cualquiera que hubiera tenido ocasión de conocer en este mundo. Le gustaba la triste insistencia de él en que toda herida podía curarse. Pero la duda de su mirada, la vaga decepción que reflejaban sus ojos, aquella búsqueda constante de algo más válido y brillante… Virtuoso, sacrificado, resignado: y asfixiándola lentamente.

La más ligera insinuación de que Daniel pudiera ser tan frágil como cualquier hijo de vecino le hacía entrar en barrena. Presa de pánico, se esforzaba por complacerla, cuidaba de su relación como si corriera el peligro de perderla. Limpiaba y cocinaba, despilfarraba en exquisiteces: colmenillas y macadamia. Él descubrió sus artículos sobre el síndrome de Fregoli y le consintió todos sus temores. Por la noche, le masajeaba la espalda con linimento, y acabó por hacerlo casi con tanta fuerza como ella le pedía.

Hacía el amor con él, imaginándose la mujer que él estaba imaginando. Luego la embargaba un frenesí de ternura, un esfuerzo desesperado por contenerse y arreglar su deteriorada situación.

вернуться

* En el original, goat-head. Lo que Duane quiere decir realmente es go ahead, «adelante», fonéticamente muy similar. La imagen de la cabeza de cabra, a menudo vinculada al nombre Ram («carnero») de la camioneta de Mark siniestrada, encierra el enigma que el joven ha de dilucidar para conocer la causa de su accidente. (N. del T.)

1 ... 86 87 88 89 90 91 92 93 94 ... 143
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)