El tercer gemelo
- Автор: Фоллетт Кен
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El tercer gemelo». Краткое содержание книги:
El tercer gemelo habla sobre el tema de la clonación de seres humanos. Una empresa pionera en estas investigaciones decide, allá por los años setenta, lanzar sus pruebas a los seres humanos pero sin advertir a los afectados.
Veintitrés años después de que se llevaran a cabo algo hará que se descubra todo el pastel, gracias a una profesora que trabaja para esa empresa sin saber el fin real de sus estudios.
“Una joven científica está desarrollando una investigación sobre la formación de la personalidad y las diferencias de comportamiento entre gemelos. De pronto, cuando descubre dos gemelos absolutamente idénticos nacidos de madres distintas, se da cuenta de que alguien intenta frenar su investigación al precio que sea.
¿Es posible que se hayan hecho experimentos secretos de clonación en seres humanos sin ser ellos conscientes? ¿Y de qué forma puede estar involucrado un candidato a la presidencia de los Estados Unidos?”
– Es bastante corriente ser ambas cosas.
– Profesor, ¿cuánto sacará usted de esa operación?
– Opino que eso es privado.
Steve no estaba dispuesto a dejar que esa vez se saliera con la suya.
– Sea como fuere, la cantidad que se va a pagar por la compañía es de ciento ochenta millones de dólares, según el The Wall Street Journal.
– Sí.
– Ciento ochenta millones de dólares -repitió Steve la cifra. Dejó pasar unos segundos, el tiempo suficiente para que se creara un silencio preñado de sugerencias. Era una cantidad que los profesores jamás verían, y deseaba dar a los miembros de la comisión la idea de que Berrington no era uno de ellos, sino un ser de un género completamente distinto-. Usted es una de las tres personas que se repartirán ciento ochenta millones de dólares.
Berrington asintió con la cabeza.
– De forma que tenía usted un motivo inmenso para ponerse nervioso al enterarse de lo que decía el artículo del New York Times. Su amigo Preston vende la empresa, su amigo Jim se presenta para presidente y usted está a punto de hacer una fortuna. ¿Está seguro de que la reputación de la Jones Falls era lo que tenía en la cabeza cuando despidió a la doctora Ferrami? ¿O eran las otras preocupaciones? Sea franco, profesor… se dejó dominar por el pánico.
– Desde luego yo…
– Leyó un artículo periodístico hostil, imaginó que la operación de venta se desvanecía en el aire y reaccionó precipitadamente. Dejó que el New York Times le asustara y reaccionó precipitadamente.
– Hace falta algo más que el New York Times para asustarme a mí, joven. Actué rápida y decididamente, pero no precipitadamente.
– No hizo el menor intento de descubrir la fuente de información del periódico.
– No.
– ¿Cuántos días dedicó usted a investigar la verdad o, por otra parte, las alegaciones del reportaje?
– No llevó mucho tiempo…
– ¿Horas más que días?
– Sí…
– ¿O realmente transcurrió menos de una hora antes de que tuviese aprobada la nota de prensa comunicando que se había cancelado el programa de la doctora Ferrami?
– Estoy completamente seguro de que se tardó más de una hora.
Steve se encogió de hombros enfáticamente.
– Seamos generosos y pongamos dos horas. ¿Ese espacio de tiempo era suficiente? -Se volvió y señaló a Jeannie con un ademán, a fin de que todos la miraran-. ¿Tras dos horas decidió usted arrojar por la borda el programa de investigación de una joven científica?
– El dolor era visible en el rostro de Jeannie.
Steve sintió un angustioso ramalazo de compasión por ella. Pero tenía que jugar con los sentimientos y las emociones de la muchacha, por el bien de Jeannie. Hurgó en la herida con el cuchillo-. ¿En dos horas averiguó usted lo suficiente para adoptar la decisión de destruir el trabajo de años? ¿Lo suficiente como para poner fin a una carrera prometedora? ¿Lo suficiente como para arruinar la vida de una mujer?
– Le pedí que se defendiera -dijo Berrington en tono indignado-. ¡Perdió los estribos y salió de la habitación!
Steve vaciló levemente, y luego optó por adoptar un riesgo teatral.
– ¡Salió de la habitación! -remedó con burlón asombro-. ¡Salió de la habitación! Usted le enseñó un comunicado de prensa que anunciaba la cancelación del programa. Nada de investigar la fuente de donde procedía el reportaje periodístico ni de evaluar la validez de las alegaciones, no se dedicó ningún tiempo a debatir el asunto, el oportuno proceso brilló por su ausencia. Usted simplemente le manifestó a esta joven científica que acababa de arruinar su vida, ¿y todo lo que ella hizo fue salir de la habitación? -Berrington abrió la boca con ánimo de decir algo, pero Steve lo pasó por alto-. Cuando pienso en la injusticia, en la ilegalidad, en la pura insensatez de lo que hizo usted el miércoles por la mañana, profesor, no consigo imaginar cómo pudo la doctora Ferrami contenerse y autodisciplinarse para limitar su reacción a esa simple, aunque elocuente protesta. -Regresó en silencio a su asiento y luego dio media vuelta, se encaró con la comisión y remató-: No haré más preguntas.
Jeannie tenía baja la mirada, pero Steve le dio un apretón en el brazo. Se inclinó hacia ella para preguntarle:
– ¿Cómo estás?
– Bien.
Steve le palmeó la mano. Le entraron ganas de decir: «Creo que hemos ganado», pero eso hubiera sido tentar al destino.
Quinn se levantó. Parecía impertérrito. Debería mostrarse un poco más preocupado, después de presenciar como Steve hacia picadillo a su cliente. Pero sin duda formaba parte de su competencia profesional mantenerse imperturbable por mal que marchara su caso.
Tomó la palabra:
– Profesor, si la universidad no hubiera suspendido el programa de investigación de la doctora Ferrami y no la hubiese despedido, ¿habría supuesto eso alguna diferencia en cuanto a la compra de la Genético por parte de la Landsmann?
– Absolutamente ninguna.
– Gracias. No hay más preguntas.
Una intervención bastante eficaz, pensó Steve acerbamente. Le había pegado un buen pinchazo a su contrainterrogatorio. Se esforzó en evitar que Jeannie viera la decepción en su rostro.
Era el turno de Jeannie y Steve se puso en pie y la condujo por los caminos de su testimonio. Describió con calma y tranquilidad su programa de investigación y explicó la importancia de encontrar gemelos que se hubieran criado separados y que fuesen delincuentes. Detalló las precauciones que tomaba para asegurarse de que ningún dato clínico se conociese antes de que ellos firmasen la correspondiente autorización.
Esperaba que Quinn la interrogaría con la intención de demostrar que existía alguna minúscula probabilidad de que, por accidente, pudiera revelarse información confidencial. Steve y Jeannie lo habían ensayado la noche anterior, con Steve interpretando el papel de abogado de la acusación. Pero, ante su sorpresa, Quinn no hizo ninguna pregunta. ¿Temía que Jeannie se defendiera con excesiva habilidad? ¿O confiaba en que el veredicto estaba ya decidido a su favor?
Quinn expuso primero su argumentación. Repitió buena parte del testimonio de Berrington y, de nuevo, fue más tedioso de lo que Steve juzgaba inteligente. La parte final, las conclusiones, resultó sin embargo bastante breve.
– Esta es una crisis que nunca debió producirse -dijo-. Las autoridades universitarias han procedido sensatamente en todo momento. Fue la impetuosa irreflexión y la intransigencia de la doctora Ferrami lo que ocasionó todo este drama. Naturalmente, tiene un contrato y ese contrato rige las relaciones entre ella y la institución que la emplea. Pero, después de todo, el profesorado decano está obligado a supervisar al profesorado más joven; y los miembros de éste, si tienen un mínimo de sentido común, atenderán los prudentes consejos de los mayores y más expertos que ellos. La terca rebeldía de la doctora Ferrami hizo que un problema degenerara en crisis, y la única solución para esa crisis consiste en que ella abandone la universidad.
Se sentó.
Le tocaba a Steve pronunciar su argumentación. Se había pasado la noche ensayándola. Se levantó.
– ¿Qué promueve la Universidad Jones Falls?
Hizo una pausa para darle alas al efecto dramático.
– La respuesta puede expresarse en una palabra: saber. Si deseáramos una definición sucinta del papel de la universidad en la sociedad estadounidense, podríamos decir que su función es buscar el saber y difundir el saber.
Miró uno por uno a todos los miembros de la comisión, invitándoles a mostrarse de acuerdo. Edelsborough asintió con la cabeza. Los demás permanecieron impávidos.
– De vez en cuando -continuó Steve-, esa función se ve atacada. Nunca faltan personas que desean ocultar la verdad, por una u otra razón: motivos políticos, prejuicios religiosos -miro a Berrington- o lucro comercial. Creo que todos ustedes están de acuerdo en que la independencia intelectual de la universidad es decisiva para su reputación. Esa independencia, evidentemente, tiene que mantener un equilibrio respecto a otras obligaciones, tales como la necesidad de respetar los derechos civiles de los individuos. Sin embargo, una defensa vigorosa del derecho de la universidad a buscar el saber acrecentaría su reputación entre todas las personas inteligentes.