La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]
- Автор: Ларссон Стиг
- Язык: испанский
- Переводчик: Martin Lexell
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]». Краткое содержание книги:
Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachcnko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas han a ser, una vez más, su mejor defensa.
Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre.
– ¿Tiene fiebre? -preguntó el doctor Jonasson.
– No, hace una hora tenía sólo 37.2. Y el análisis de sangre está bien.
– De acuerdo. Le echaré un vistazo esta noche.
– El caso es que me voy de vacaciones tres semanas -dijo la doctora Endrin-. Tendréis que ser tú o el doctor Svantesson los que os ocupéis de ella. Pero, claro, Svantesson no la ha tratado antes…
– Vale, no te preocupes. Yo me encargaré de ella mientras tú estás fuera.
– Muy bien. Si se produce alguna crisis y necesitas ayuda, no dudes en llamarme.
Le hicieron una breve visita a Lisbeth. Ella se hallaba en la cama tapada con el edredón hasta la punta de la nariz y tenía una pinta que daba pena. Anders Jonasson le puso una mano en la frente y constató que estaba algo sudorosa.
– Creo que vamos a tener que hacer un pequeño examen.
Le dio las gracias a la doctora Endrin y se despidió de ella.
Hacia las cinco, el doctor Jonasson descubrió que la temperatura de Lisbeth había subido rápidamente hasta 37,8 grados, dato que fue introducido en su historial. A lo largo de la tarde le hizo tres visitas más y anotó que la temperatura seguía rondando los 38 grados: demasiado alta para ser normal, pero tampoco tanto para que constituyera un verdadero problema. Hacia las ocho mandó que le hicieran un escáner de la cabeza.
Cuando le dieron el resultado lo estudió con detenimiento. No podía observar nada llamativo, pero constató que había una zona más oscura apenas perceptible en las inmediaciones del orificio de la bala. Escribió en su historial una observación meticulosamente pensada, pero nada comprometedora:
«Los datos que proporciona el escáner no son suficientes para extraer conclusiones definitivas, pero el estado general de la paciente ha empeorado de forma rápida y manifiesta a lo largo del día de hoy. No se puede excluir la posibilidad de que exista una pequeña hemorragia que no se aprecia en la imagen. La paciente debe mantenerse en reposo y bajo la más estricta observación durante los próximos días.»
Erika Berger tenía veintitrés correos cuando llegó al SMP a las seis y media de la mañana del miércoles.
Uno de ellos procedía de redaktion-sr@sverigesradio.com. El texto era corto. Contenía una sola palabra:
PUTA
Suspiró y levantó el dedo índice para borrarlo. En el último momento cambió de opinión. Miró la lista de correos recibidos y abrió uno que había llegado hacía dos días. El remitente era centralred@smpost.se. Mmm. Dos correos con la palabra puta y remitentes falsos del mundo mediático. Creó una carpeta nueva que bautizó como [ChaladoMediático] y los guardó ambos allí. Luego se puso con la agenda de la mañana.
Göran Mårtensson abandonó la vivienda a las 07.40 de la mañana. Se metió en su Volvo, condujo en dirección al centro de la ciudad y luego giró y pasó por Stora Essingen y Gröndal hasta llegar a Södermalm. Enfiló Hornsgatan y llegó a Bellmansgatan por Brännkyrkagatan. Torció a la izquierda entrando en Tavastgatan a la altura del pub Bishop's Arms y aparcó en la misma esquina.
Monica Figuerola tuvo una suerte loca. Justo cuando se encontraba delante de Bishop's Arms, una furgoneta salió y le dejó un sitio en plena Bellmansgatan. Aparcó con el morro del coche mirando al cruce de Bellmansgatan con Tavastgatan. Desde allí, en lo alto de la calle, ante la misma puerta del Bishop's Arms, poseía unas estupendas vistas del escenario. Pudo ver un trozo de la luna trasera del Volvo de Mårtensson, que estaba aparcado en Tavastgatan. Bellmansgatan 1 quedaba justo enfrente, en la terriblemente empinada cuesta que descendía hasta Pryssgränd. Monica Figuerola divisaba un lado de la fachada, pero no el portal; aunque si alguien saliera a la calle, lo vería. No le cabía la menor duda de que ésa era la casa que había provocado la visita de Göran Mårtensson al barrio: se trataba del portal de Mikael Blomkvist.
Monica Figuerola constató que las inmediaciones de Bellmansgatan 1 resultaban una pesadilla a la hora de vigilarlas. Los únicos lugares desde los cuales se observaba directamente el portal, situado allí abajo, en la hondonada de Bellmansgatan, eran el paseo y la pasarela que se hallaban en lo alto de la calle, junto a Mariahissen y el edificio de Laurinska huset. Allí no había ningún sitio para aparcar, y un observador en esa pasarela quedaría tan desprotegido como una golondrina en un viejo cable telefónico. El cruce de Bellmansgatan con Tavastgatan donde Monica Figuerola había conseguido aparcar era, en principio, el único lugar desde donde podía controlar toda la zona sentada en el coche. Pero también era un sitio malo, ya que resultaba fácil que una persona atenta se fijara en ella.
Volvió la cabeza. No quería abandonar el coche y ponerse a deambular por la zona; era consciente de que su presencia no pasaba desapercibida. En lo que a su trabajo policial se refería, su físico obraba en su contra.
Mikael Blomkvist salió del portal a las nueve y diez. Monica Figuerola apuntó la hora. Lo vio barrer con la mirada la pasarela de la parte alta de Bellmansgatan. Luego él echó a andar subiendo la cuesta directo hacia ella.
Monica Figuerola sacó de la guantera un plano de Estocolmo que desplegó sobre el asiento de copiloto. Luego abrió un cuaderno, cogió un bolígrafo del bolsillo de la cazadora, se llevó el móvil a la oreja y fingió hablar por teléfono. Mantuvo la cabeza inclinada, de modo que entre la mano y el teléfono pudo ocultar una parte de su cara.
Se percató de que Mikael Blomkvist le echó un rápido vistazo a Tavastgatan. Sabía que lo estaban vigilando y sin duda advirtió el coche de Göran Mårtensson, pero continuó andando tranquilamente sin prestarle la más mínima atención. Actúa con calma y mantiene la cabeza fría. Otros habrían abierto la puerta del coche y le hubieran dado una paliza a su ocupante.
Un instante después pasó por delante de ella. Monica Figuerola estaba muy ocupada buscando alguna calle en el plano de Estocolmo mientras hablaba por el móvil, pero se dio cuenta de que Mikael Blomkvist la miró. Desconfiado con todo lo que le rodea. Él continuó andando hacia Hornsgatan y ella lo siguió por el retrovisor del copiloto. Lo había visto en la tele un par de veces, pero ésta era la primera que lo veía en persona. Vestía vaqueros, camiseta y una americana gris, y llevaba al hombro una cartera. Caminaba dando largos y despreocupados pasos. Un hombre bastante atractivo.
Göran Mårtensson apareció en la esquina del Bishop's Arms y siguió a Mikael Blomkvist con la mirada. Le colgaba del hombro una bolsa de deporte bastante grande y acababa de hablar por el móvil. Monica esperaba que echara a andar tras Mikael Blomkvist pero, para su gran asombro, cruzó la calle justo delante de su coche y giró a la izquierda para, a continuación, bajar hacia la casa de Blomkvist. Un segundo después, un hombre con un mono azul pasó por delante del coche de Monica Figuerola y se unió a Mårtensson. Pero, bueno, ¿y tú de dónde has salido?
Se detuvieron ante el portal de Bellmansgatan 1. Mårtensson marcó el código y entraron. Piensan entrar en la casa. Menudo espectáculo están dando estos aficionados. ¿Quédiablos creen que están haciendo?
Monica Figuerola miró por el retrovisor y se sobresaltó cuando, de repente, descubrió a Mikael Blomkvist de nuevo. Había vuelto y se encontraba a unos diez metros de ella, justo a una distancia y a una altura que le permitía seguir con la vista -mirando por encima de lo más alto de la empinada cuesta que bajaba luego hacia Bellmansgatan 1- a Mårtensson y su cómplice. Ella contempló el rostro de Blomkvist. Él no la miró. En cambio, había visto a Göran Mårtensson entrando en el portal. Un instante después, Blomkvist dio media vuelta y continuó caminando hacia Hornsgatan.
Monica Figuerola se quedó quieta durante treinta segundos. Sabe que lo están vigilando. Controla su entorno. Pero ¿por qué no actúa? Otro, en su lugar, removería cielo y tierra… Está tramando algo.