La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]
- Автор: Ларссон Стиг
- Язык: испанский
- Переводчик: Martin Lexell
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]». Краткое содержание книги:
Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachcnko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas han a ser, una vez más, su mejor defensa.
Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre.
Pero todos eran Computer Wizards, y no precisamente ignorantes en el arte de crear virus informáticos. Tampoco eran reacios a llevar a cabo campañas especiales si la situación lo requería. Unos años antes, a un citizen de Hacker Rep que en la vida civil era creador de programas en California, una nueva empresa puntocom le robó una patente y encima tuvo la desfachatez de llevarlo a juicio. Eso indujo a todos los ciudadanos de Hacker Rep a dedicar, durante seis meses, una enorme energía a piratear y destruir todos los ordenadores de la empresa en cuestión. Con gran deleite, colgaron en la red cada secreto profesional de la empresa y cada correo electrónico -así como algunos documentos falsificados que podían ser interpretados como que el director ejecutivo de la empresa defraudaba al fisco-, junto a información sobre la amante secreta de éste y fotos de una fiesta de Hollywood en la que se lo veía esnifando cocaína. La empresa quebró al cabo de seis meses, pero todavía, varios años después, había miembros rencorosos de la milicia popular de Hacker Rep que se dedicaban de vez en cuando a acosar al ex ejecutivo.
Si una cincuentena de los mejores hackers del mundo se decidiera a realizar un ataque coordinado contra un Estado, lo más seguro es que el Estado en cuestión sobreviviera, aunque no sin haber sufrido importantes daños. Es muy probable que los costes ascendieran a miles de millones de coronas si Lisbeth diese su visto bueno para una acción así. Ella lo meditó un instante.
– Ahora no. Pero si las cosas no salen como yo quiero, quizá os pida ayuda.
– No tienes más que decírnoslo -se ofreció Dakota.
– Hace mucho que no nos metemos con un gobierno -dijo Mandrake.
– Tengo una propuesta; la idea sería invertir el sistema fiscal. Un programa que sería perfecto para un pequeño país como Noruega -escribió Bambi.
– Bien, pero Estocolmo está en Suecia -escribió Trinity.
– ¿Qué más da? Se puede hacer de la siguiente manera…
Lisbeth Salander se apoyó contra la almohada y siguió la conversación con una sonrisa torcida. Se preguntó por qué ella, a la que le costaba tanto hablar de sí misma con gente a la que veía cara a cara, podía confiarle, sin la menor preocupación, sus secretos más íntimos a una pandilla de chalados completamente desconocidos de Internet. Pero la verdad era que si Lisbeth Salander tenía una familia y se sentía parte integrante de un grupo, era junto a esos locos. En realidad, ninguno de ellos tenía posibilidades de ayudarla con sus problemas con el Estado sueco. Pero ella sabía que si hiciera falta, dedicarían un tiempo y una energía considerables a unas apropiadas manifestaciones de fuerza. A través de esta red de contactos también podía conseguir escondites en el extranjero. Fue gracias a los contactos de Plague en la red como logró hacerse con un pasaporte a nombre de Irene Nesser.
Lisbeth ignoraba por completo el aspecto de los ciudadanos de Hacker Rep y no tenía más que una vaga idea de a lo que se dedicaban fuera de la red: su imprecisión a la hora de referirse a sus identidades era notoria. Por ejemplo, SixOfOne afirmaba que era un ciudadano americano negro de origen católico y residente en Toronto, Canadá. Pero igual podría ser una mujer blanca luterana residente en Skövde.
Al que mejor conocía era a Plague: fue él quien la introdujo en la familia, y nadie podía ser miembro de este exclusivo grupo sin una buena recomendación. Además, todo aquel que entrara debía conocer en persona a otro ciudadano: en el caso de Lisbeth, Plague.
En la red, Plague era un ciudadano inteligente y con buenas aptitudes sociales. En la realidad, se trataba de un asocial y extremadamente obeso treintañero de Sundbyberg que cobraba una pensión de invalidez. No se lavaba lo suficiente -ni de lejos-, y su piso olía a tigre. Lisbeth no solía visitarlo muy a menudo que digamos. Ya tenía bastante con relacionarse con él en la red.
Mientras seguían chateando, Wasp fue descargando los archivos de los correos electrónicos que habían llegado a su buzón particular de Hacker Rep. Uno de ellos procedía de un miembro llamado Poison y contenía una versión mejorada de su programa Asphyxia I.3, que Lisbeth había colocado en el Archivo para que fuera accesible a todos los ciudadanos de la república. Asphyxia era un programa con el cual se podían controlar los ordenadores de otras personas en Internet. Poison le comentaba que lo había usado con éxito y que su versión actualizada incluía las últimas versiones de Unix, Apple y Windows. Lisbeth le respondió dándole las gracias por la nueva versión.
Durante la siguiente hora, mientras empezaba a hacerse de noche en Estados Unidos, otra media docena de citizens entraron on-line, le dieron la bienvenida a Wasp e intervinieron en el debate. Cuando Lisbeth finalmente se dispuso a salir, la discusión versaba sobre si se podría manipular el ordenador del primer ministro sueco de modo que enviara correos educados pero completamente disparatados a otros jefes de gobierno del mundo. Para abordar la cuestión se creó un grupo de trabajo. Lisbeth se despidió con una breve intervención:
– Seguid hablando, pero no hagáis nada sin mi visto bueno. Volveré cuando pueda.
Todos le mandaron besos y abrazos y la instaron a que se cuidara el agujero de la cabeza.
Cuando Lisbeth abandonó Hacker Republic entró en www.yahoo.com para luego ir hasta el foro privado [La_Mesa_Chalada]. Descubrió que sólo tenía dos miembros: ella y Mikael Blomkvist. El buzón contenía un solo mensaje que había sido enviado dos días antes. Llevaba el título de [Lee esto primero].
Hola, Sally. La situación es la siguiente:
• La policía no ha dado aún con tu casa y no dispone del DVD con la violación de Bjurman. El disco constituye una prueba muy contundente pero no quiero dárselo a Annika sin tu consentimiento. También tengo las llaves de tu casa y el pasaporte a nombre de Irene Nesser.
• En cambio, la policía tiene la mochila que te llevaste a Gosseberga. No sé si contiene algo inapropiado.
Lisbeth reflexionó un instante. Bueno, pues no mucho: un termo de café medio vacío, unas manzanas y una muda. Nada por lo que preocuparse.
Te van a procesar por un delito de lesiones graves y por el intento de homicidio de Zalachenko, así como por otro delito de lesiones graves contra Carl-Magnus Lundin, de Svavelsjö MC, en Stallarholmen. Es decir: por pegarle un tiro en el pie y partirle la mandíbula de una patada. Sin embargo, una fuente fiable de la policía afirma que, en ambos casos, las pruebas resultan algo vagas. Lo siguiente es importante:
(1) Antes de que mataran a Zalachenko, él lo negó todo y dijo que tenía que haber sido Niedermann el que te disparó y te enterró en el bosque. Te denunció por intento de homicidio. El fiscal va a insistir en que es la segunda vez que intentas matar a Zalachenko.
(2) Ni Magge Lundin ni Sonny Nieminen han dicho una sola palabra de lo ocurrido en Stallarholmen. Lundin está detenido por el secuestro de Miriam Wu. Nieminen está libre.
Lisbeth sopesó las palabras de Mikael y se encogió de hombros. Todo eso ya lo había hablado con Annika Giannini. Era una situación pésima, pero nada novedosa. Ya había dado cuenta con toda franqueza de lo sucedido en Gosseberga, aunque se había abstenido de entrar en detalles sobre Bjurman.
Durante quince años estuvieron protegiendo a Zalá sin importarles prácticamente lo que hiciera. Muchas carreras se forjaron aprovechándose de la importancia de Zalachenko. En numerosas ocasiones fueron detrás de él limpiando sus fechorías. Todo eso constituye una actividad delictiva. Las autoridades suecas, por consiguiente, han contribuido a ocultar delitos cometidos contra algunos individuos.