Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Solo quedan estas tres - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Solo quedan estas tres

Электронная книга - «Solo quedan estas tres». Краткое содержание книги:

Uno de los héroes más queridos de la literatura romántica sigue siendo un misterio incluso para los fans más devotos de Jane Austen… hasta ahora. Pamela Aidan nos relata, con magistral pluma, los conocidos acontecimientos de Orgullo y Prejuicio desde el punto de vista de su protagonista, Fitzwilliam Darcy.
En Sólo quedan estas tres, la última entrega de esta trilogía, Darcy continúa con el viaje en el que está intentando conocerse a sí mismo, después de que Elizabeth Bennet rechace su propuesta de matrimonio, y en el que tratará de convertirse en el caballero que desea ser. Afortunadamente, el destino les concederá a ambos una nueva oportunidad cuando se vuelven a encontrar en su finca de Derbyshire. Allí, Darcy intentará convencer de nuevo a su amada… si su antiguo némesis, George Wickham, se lo permite.
1 ... 78 79 80 81 82 83 84 85 86 ... 122
Перейти на страницу:

– Esperaré en la taberna -dijo Bingley, mientras se despedía de Darcy y Georgiana, que se preparaban para seguir al posadero escaleras arriba-. Pero, por favor, no te olvides de mí, Darcy.

Darcy agarró a Georgiana del codo para ayudarla a subir las estrechas escaleras de la posada, cuando sintió que ella se resistía a avanzar. Deteniéndose, la miró y le dijo:

– ¿Georgiana?

– Siento mucho ser tan tonta, Fitzwilliam, pero tengo tantos deseos de causarle una buena impresión… -explicó, lanzándole una mirada casi de desesperación.

– ¡Lo harás! Ella quedará encantada; no temas -le aseguró su hermano con firmeza-. Tú le caerás mucho mejor que yo -añadió con ironía-, ¡te lo prometo! -Georgiana sacudió la cabeza, pero esbozó una sonrisa al oír el comentario de Darcy y fue ella quien dio el primer paso. Segundos después, oyeron que alguien daba un golpecito en una puerta en el piso superior y que el posadero anunciaba que tenían visitas. Aunque su hermana parecía haberse convencido de la seguridad que él había expresado, Darcy sintió que la inquietud que le invadía crecía a cada paso que daba hacia Elizabeth. La puerta se abrió.

– El señor Darcy y la señorita Darcy -proclamó Garston y luego se hizo a un lado para dejar pasar a sus ilustres visitantes ante la presencia de unos huéspedes que, en su estimación, habían ganado una importancia sin precedentes.

Darcy oyó que Georgiana tomaba aire y luego… allí estaba Elizabeth. Tragó saliva con nerviosismo mientras cruzaba el umbral, sin poder quitarle los ojos de encima. La sonrisa de la muchacha, aunque un poco vacilante, estaba matizada por el vivo interés que mostró su mirada, mientras el señor Gardiner se adelantaba a saludarlos.

– Señor Darcy, sea usted bienvenido, señor. -El tío de Elizabeth se inclinó, mientras su esposa y su sobrina hacían sus respectivas reverencias. La actitud serena del hombre y su tono afable hizo que Darcy se tranquilizara un poco. Él y Georgiana entraron en la estancia.

– Señor Gardiner, señoras. -Impulsado por la costumbre, Darcy se inclinó para hacer su reverencia-. Por favor permítanme disculparme por esta intromisión, señor. Hemos venido sin anunciarnos y un día antes de lo previsto.

– No importa, señor -dijo el señor Gardiner, quitándole importancia al asunto-. ¿Acaso nosotros no llegamos a su puerta de manera inesperada? Por favor, permítanos darle la bienvenida a usted y su acompañante.

Aunque las circunstancias no eran comparables, Darcy inclinó la cabeza y, después de lanzarle una mirada a Elizabeth, respondió con una sonrisa.

– Es usted muy amable, señor. Señor Gardiner, señora Gardiner, señorita Elizabeth Bennet, por favor permítanme el placer de presentarles a mi hermana, la señorita Georgiana Darcy. -Retrocedió un poco para colocarse detrás de Georgiana mientras ella hacía su reverencia. El señor y la señora Gardiner respondieron con toda la amabilidad que se podía esperar, pero lo que más le preocupaba era la reacción de Elizabeth. Parecía encontrarse en un estado que oscilaba entre la inseguridad y la curiosidad, esperando que sus parientes aceptaran la presentación. Luego, por fin, dio un paso al frente.

Aunque había intentado protegerse con una coraza de acero, Darcy no pudo evitar que su corazón palpitara apresuradamente al ver cómo se encontraban por primera vez en la vida las dos personas que más quería en el mundo. Georgiana hizo una reverencia y le sonrió con timidez a Elizabeth.

– Señorita Elizabeth Bennet.

– Señorita Darcy, estoy encantada de conocerla. -Elizabeth contestó al saludo con una sonrisa y una voz cálidas, que tranquilizaron el corazón de Darcy. Georgiana sonrió de manera más franca y su hermano pudo soltar el aire que había estado conteniendo.

– Lo mismo digo, señorita Bennet. Es usted muy amable al disculpar nuestro apresuramiento en venir a verla.

– Por favor no piense más en eso, señorita Darcy -declaró Elizabeth-. De verdad, estamos muy contentos con la visita. Pero usted acaba de llegar. -Georgiana miró a su hermano a los ojos, al oír el comentario de Elizabeth; luego Elizabeth hizo lo mismo.

– No ha sido un viaje largo -replicó Georgiana, reclamando la atención de Elizabeth.

– ¿Ah, no? -Elizabeth enarcó una ceja de manera provocativa-. Pero, claro, una vez me dijeron que cincuenta millas eran «poca distancia». Tal vez usted sea de la misma opinión que su hermano en estos temas. -Darcy sonrió al oírla citando sus palabras. ¡Ah, cuánto había extrañado el ingenio de Elizabeth!

– ¡Cincuenta millas! ¡Para mi hermano eso realmente es poco! -respondió Georgiana con seriedad-. Pero en general yo no diría que es una distancia corta.

– La señorita Elizabeth está bromeando -intervino Darcy-. Te está repitiendo algo que yo le dije hace algunos meses. Sin embargo, señor Gardiner -dijo, dirigiéndose al tío de Elizabeth-, ¿no diría usted que un buen carruaje y un camino en buen estado pueden hacer que cincuenta millas no sean más que una distancia corta?

– Una insignificancia, señor -coincidió el señor Gardiner, pero le lanzó a su sobrina una mirada divertida, ante lo cual todos rieron.

– Entonces somos de la misma opinión tanto en esto como en nuestra afición a la pesca. Y, a propósito, espero que usted acepte ir a pescar mañana, pues hay ahora en Pemberley varios caballeros que comparten nuestra pasión. Con seguridad iremos a pescar por la mañana. -La invitación fue aceptada de inmediato y con tanta gracia que Darcy se sintió motivado a pensar que el hombre era todavía más agradable de lo que le había parecido hasta aquel momento, despertando sus ansias de tener una excursión realmente placentera. Sabía que a Bingley y a Hurst les gustaba pescar, pero Darcy podía percibir que el señor Gardiner era un verdadero apasionado de este deporte. Al pensar en Bingley, Darcy recordó su promesa y, excusándose un momento, se acercó a la puerta y le dio instrucciones al criado que esperaba afuera para que hiciera subir al joven que esperaba abajo.

Al dar media vuelta, Darcy se alegró de ver a Elizabeth y Georgiana en medio de una animada conversación. Elizabeth había tomado las riendas, pero con la delicadeza que trataba a su hermana obtenía respuestas que iban más allá de los buenos modales. La conocía lo bastante bien como para estar seguro de que el vivo interés que manifestaba su actitud y el suave estímulo que reflejaban sus ojos eran auténticos. Habían llegado al tema de la música, según parecía, y Georgiana comenzó a florecer bajo la mirada de Elizabeth, mientras cada una expresaba admiración por los reconocidos talentos de la otra. Luego Georgiana se rió, y aunque Darcy no pudo saber el motivo de esa reacción, al verlas conversar juntas sintió que, dentro de él, surgía un sentimiento nuevo. Hasta aquel instante no había sabido apreciar ni amar a Elizabeth como era debido. Lo que nacía ahora en su pecho no se parecía en nada a sus petulantes deseos de antaño. En vez de eso, Darcy sentía una alegría tan intensa que se sentía impulsado a servir a Elizabeth de cualquier manera que ella quisiera, a construir para ella ese lugar donde su talento y sus virtudes pudieran expresarse totalmente. ¡Ordéname!, susurró su corazón. ¡Ponme a prueba!

Cuando Bingley llamó a la puerta, Darcy recordó sus modales y, tan pronto como entró su amigo, lo presentó también a los Gardiner. Luego siguió una media hora tan agradable para todo el grupo, en medio de una conversación tan fluida, que Darcy tuvo la certeza de que los Gardiner no tendrían objeciones para aceptar una invitación a cenar en Pemberley. Volvió a mirar a Elizabeth. Aunque habían hablado poco, ella no había evitado su mirada. Darcy sintió una cierta incomodidad -¿o sería nerviosismo?- en su actitud hacia él. La joven no había tratado de atraer su atención y había centrado todos sus esfuerzos en Georgiana; sin embargo, de vez en cuando posaba sus ojos en él con una expresión que no podía interpretar. No, las pistas que ella le había dado ese día no eran suficientes para descubrir qué pensaba acerca de su reencuentro. Si Darcy quería descubrirlo antes de que su preciosa y breve estancia en Lambton llegara a su fin, debería propiciar más oportunidades.

1 ... 78 79 80 81 82 83 84 85 86 ... 122
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)