Fuera de un evidente destino
- Автор: Фалетти Джорджо
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Fuera de un evidente destino». Краткое содержание книги:
El interior estaba lleno de una arena blanca, de aspecto finísimo, casi impalpable. Sobre la superficie destacaba la mancha oscura de las cenizas de la vasija de terracota, que Eldero había derramado allí. Eran los signos de la vida y de la muerte, el blanco del amanecer y la oscuridad de la noche, el reflejo del sol en el agua y la despedida cuando desaparece en las profundidades de la tierra.
Se aproximó con el temor y la reverencia que inspira un objeto sagrado. Pero había tenido demasiado contacto con los blancos para no habérsele contagiado su misma codicia.
Colocó las dos manos bajo la vasija. En sus ojos brillaba, junto con el reflejo del oro, la ilusión de la riqueza que le esperaba.
No llegó a levantarla del suelo.
De golpe se quedó ciego, mientras una punzada insoportable atravesaba su cabeza con la hoja de mil puñales candentes. Cayó de rodillas, sin más recuerdo que ese dolor jamás experimentado por ningún hombre.
No vio una leve lluvia de tierra que caía del techo de la cueva. No notó cómo cubría sus ropas y sus manos como un velo tenue. Solo sentía en la carne ese dolor inhumano con sus miles y miles de puñales ardientes. Ante ese sufrimiento, hasta la razón buscaba refugio en la locura.
Se desplomó en el suelo implorando una piedad que sabía que no llegaría.
Todo duró pocos instantes. Pero cuando llegó la muerte para brindarle su oscuro alivio, le pareció que la espera para hacer ese viaje había sido interminable.
El enemigo
33
En la cueva, cuatro personas se habían quedado mudas.
Nadie parecía capaz de salir de ese silencio que excluía toda certeza y dejaba espacio solo a la imaginación más oscura y a un aquelarre de hipótesis, a cual más descabellada. Parecía que el tiempo fuera un detalle que solo concernía a las piedras, a las raíces que surgían del techo de la gruta y al polvo sobre el que se posaban los pies.
Robert fue el primero en recobrarse ante la calavera risueña y destrozada del cadáver que yacía en la tierra.
– Santo cielo, es para volverse loco. Charlie, en nombre de Dios, ¿qué significa todo esto?
El viejo Charles Owl Begay parecía el más conmocionado por el hallazgo. Su cara era un bloque de piedra surcado de arrugas talladas por las lágrimas.
– Es una vieja e increíble historia. Una historia que no tiene sentido. O al menos así lo pensaba…
Jim apoyó una mano en su brazo.
– Por muy increíble que sea, opino que ahora debes intentar explicarla, Charlie.
Charlie miró a su alrededor y decidió sentarse en una roca, antes de continuar.
– Para comprender hay que retroceder en el tiempo. Hasta el mito navajo de la creación.
Si bien entender resultaba lo más difícil, explicar era lo más fatigoso.
– Según la tradición, el universo se concibe como una serie de mundos superpuestos. En el comienzo de los tiempos, en el primero de ellos vivía en paz y absoluta bienaventuranza el Pueblo de los Insectos. Estaba compuesto por una docena de seres, machos y hembras. Eran las libélulas, las hormigas, los melolontas, los escarabajos, las babosas y las langostas. Vivían en la única isla de ese mundo en el centro de la tierra, inmersos en la luz roja que llegaba del cielo, bajo la protección de cuatro dioses benévolos. Pero el Pueblo de los Insectos se dedicaba a la fornicación y el adulterio, y cuando los dioses se dieron cuenta los expulsaron.
Jim conocía la historia. Era el mito del Paraíso Terrestre, el lugar maravilloso que la estupidez y el afán de poder transformaban en un recuerdo inaccesible.
– Por un agujero de la bóveda celeste salieron al mundo superior, el mundo azul, habitado por el Pueblo de las Golondrinas, donde todas las casas tenían la entrada por el techo. Los recién llegados fueron al encuentro de las Golondrinas con palabras de fraternidad, y las Golondrinas, bondadosas como eran, los recibieron. Pero al cabo de veinticuatro días el jefe se dio cuenta de que un Insecto había seducido a su esposa. Fueron expulsados también de ese nuevo mundo y, siguiendo los consejos del Viento, lograron, tras mil dificultades, alcanzar una entrada en el mundo superior, el mundo amarillo.
Charlie tendió una mano hacia abajo y cogió un puñado del polvo fino que cubría el suelo de la cueva. Mientras hablaba lo dejó escurrirse con un movimiento fluido entre los dedos.
– Allí habitaban los Saltamontes, pero la relación con el Pueblo de los Insectos no fue muy distinta de las anteriores. También de este nuevo mundo los obligaron a huir hacia el mundo superior, el mundo negro.
El puño estaba vacío, terminada la arena.
– Era un mundo privado de sol, luna y estrellas. Allí encontraron a hombres y mujeres que les dijeron que eran kisanis y les mostraron campos de maíz, calabazas y judías cultivados con esmero en los alrededores de la aldea. Los invitaron a quedarse allí, y con ellos el Pueblo de los Insectos enmendó su forma de vivir y prosperó durante mucho tiempo en paz. Hasta que un día aparecieron sus cuatro divinidades con cuerpos de colores. Una roja, una azul, una amarilla y otra negra. Hicieron diversos prodigios pero el más importante fue la creación, a partir de una espiga de maíz blanco y una de maíz amarillo, del Primer Hombre y la Primera Mujer. Ellos poblaron el mundo. El origen de la civilización se representa con ese símbolo, que luego tomaron los nazis para su esvástica, que significa el lugar del cual provino todo.
Charlie hizo una pausa. En cualquier otra situación la impaciencia de los presentes habría bastado para que pasara por alto ese preámbulo relativo a cosas que más o menos eran del conocimiento de todos. En ese momento, sin embargo, la voz del viejo recreaba intacta en aquella gruta la fascinación de la memoria íntegra de un pueblo. Al mismo tiempo, despertaba algo con lo cual no estaban seguros de querer enfrentarse.
– Ésta es la historia de los mundos superpuestos. Pero en el centro exacto de esos mundos había eso que se ha llamado Shimah, el espíritu de la Tierra. Y que a través de esos pasadizos comunica con el exterior y manda sobre todo. Todo lo que existe en la superficie, cada piedra, cada planta, cada curso de agua, cada nube, obedece a la Madre Tierra y del mismo modo crea su voluntad.
Robert, que guardaba silencio, avanzó unos pasos hacia la salida, al tiempo que extraía del bolsillo el paquete de tabaco y el papel.
April hizo oír su voz por primera vez.
– Pero eso es solo una leyenda sin ningún fundamento. ¿Dónde entra Eldero?
Charlie la miró decepcionado, como a alguien que se niega a creer en lo evidente.
– Ninguna leyenda carece de fundamento, April. Eldero era un jefe. Un jefe muy influyente aunque se hubiera retirado de la vida pública y eligiera vivir en paz con su pequeña tribu en el territorio llamado Flat Fields. Pero era también un brujo, un hechicero, un chamán, como queráis llamarlo.
Todos sabían a qué se refería Charlie, de modo que nadie pidió más explicaciones.
– Él podía hablar con Shimah, y podía oír sus respuestas. Los relatos sobre él dicen que poseía los Polvos de los Muertos y era capaz de moldear y dar vida a la arena, la que, según el mito, representa los huesos quebrados de la Tierra. Esto le había dado un gran poder. Un poder que aumentó cuando tomó posesión de la Vasija.
– ¿Y de dónde viene esa vasija?
Charlie meneó la cabeza.
– Nadie lo sabe. Algunos dicen que vino con los españoles y que es fruto de sus correrías por América del Sur. Otros afirman que se le apareció directamente a Eldero como un regalo de Shimah. Pero en realidad nadie la había visto nunca. Es un objeto que en la imaginación colectiva tiene la misma consistencia que el Santo Grial. Es una leyenda, y como tal es confusa y difícil de descifrar.