Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La calle donde ella vive». Краткое содержание книги:

El mundo que tan cuidadosamente había construido se estaba derrumbando a su alrededor…
Su dulce hija de doce años se estaba convirtiendo en una adolescente huraña sin que Rachel Wellers pudiera hacer nada. Las lesiones del accidente que había sufrido estaban poniendo en peligro su carrera de dibujante. Y lo peor de todo era que Ben Asher, el hombre al que había echado de su vida hacía trece años, había regresado respondiendo a la llamada de la niña.
Cuando se enteró de que Rachel había sufrido un accidente, Ben no dudó en dejar de lado su trabajo y acudir a la ciudad que había jurado no volver a visitar. Prefería no cuestionarse los motivos por los que lo estaba haciendo… sólo sabía que tenía que ayudar a Rachel. Y no tardó en darse cuenta de que lo ocurrido no había sido un accidente y que quizá él era responsable.
Lo que no imaginaba era lo que iba a volver a surgir entre ellos, ni lo difícil que sería volver a alejarse de Rachel…
1 ... 4 5 6 7 8 9 10 11 12 ... 51
Перейти на страницу:

Ninguna de ellas suya. Ben no pudo evitar notarlo. Pero no le importaba. Había llegado a aquella casa con una barrera mental de diez metros de espesor que le permitiera mantener a Rachel fuera de su cabeza y, sin lugar a dudas, Rachel había hecho lo mismo con él. No se le daba mal levantar muros. Diablos, era una experta en levantar muros.

Los muebles eran nuevos, elegidos con gusto, y muy de Rachel. En otras palabras, caros. Aun así, podía ver a Emily corriendo por las habitaciones y deslizándose por la barra para desplazarse de un piso a otro, disfrutando de un verdadero hogar.

– ¿De verdad te vas a quedar en casa? -le preguntó Emily.

A Ben se le encogieron las entrañas al advertir el tono esperanzado de su voz. Él había pasado la mayor parte de su infancia en South Village, intentando salir de allí, y toda su vida de adulto intentando olvidar aquel lugar.

Y acababa de volver, por un período de tiempo indefinido.

Dejó sus cosas encima de la cama de la que iba a ser su habitación y se volvió hacia ella.

– Sí -al ver su expresión de inseguridad, abrió los brazos y suspiró aliviado cuando Emily corrió a su encuentro.

– Sabía que lo harías -posó la cabeza en su pecho y sonrió-. Y también que nunca has roto una promesa, pero quería oírtelo decir otra vez.

Dios, era tan pequeña. Y tan inteligente, que Ben a veces olvidaba su edad. Un sincero alivio fluyó en su interior al saber que había sido capaz de ofrecerle algo más que sus habituales llamadas telefónicas.

– Me quedaré todo el tiempo que sea necesario -le prometió, pensando en Asada. Había ido a ver al agente Brewer, pero no había habido ninguna novedad.

De modo que se concentraría en el presente, en el aspecto de Rachel y en cómo era capaz de hacer que dejara de latirle el corazón con sólo mirarlo, y en lo increíblemente bien que se sentía abrazando a su hija… Dios, su hija. Se extrañó al sentir un dolor intenso en el pecho. ¿Por qué amar dolía tanto?

– ¿Qué te parece eso?

Una enorme sonrisa iluminó el rostro de Emily y aquel extraño dolor cesó.

Con el rostro sonrojado por la felicidad, Emily se marchó bailando hacia la puerta, todo brazos y piernas. Y, por un instante, Ben perdió el sentido del tiempo e imaginó a Rachel tal como era trece años atrás.

Ella también era todo brazos y piernas, recordó. Y el dolor regresó con más intensidad que la vez anterior. Qué triste época había sido aquella en la que, siendo sólo un niño, había tenido que luchar con todas sus fuerzas para sobrevivir.

Y Rachel había sido su esperanza.

Como lo era Emily en aquel momento.

– Esta noche cocinaré yo -anunció la niña con orgullo-. Y será una cena de celebración: hamburguesas y queso.

– ¿De celebración? -dudaba que a Rachel le apeteciera.

Su otrora cremosa piel parecía casi transparente por el cansancio. Apenas era capaz de mantener la cabeza erguida mientras fijaba aquellos ojos enormes y enfadados en él. Si Ben no hubiera estado tan tenso por el mero hecho de estar allí, le habría roto el corazón.

– No sé si ésta será una buena noche…

– Es una noche perfecta -le aseguró Emily-. Mamá está donde quiere estar y yo os tengo a los dos en el mismo lugar.

Oh, oh. Ben podría no saber mucho sobre los intrincados funcionamientos de la mente femenina, pero reconocía las señales de advertencia cuando atronaban en su cerebro.

Y en aquel momento, estaban sonando las campanas de alarma.

– Sabes que estoy aquí porque has conseguido, sólo Dios sabe cómo, hacerle una jugarreta a tu madre -y porque un hombre loco quería destruirlo-, no porque ella y yo hayamos vuelto a estar juntos.

Emily hizo un puchero.

– ¿Estás enfadado conmigo?

Andando Asada suelto, habría tenido que ir de todas formas.

– No -contestó con sinceridad.

– Mamá está enfadada.

– Ya me lo imagino. Em… dime que sabes que esto es algo temporal.

– Tú espera -giró de nuevo y ejecutó una suerte de movimiento de ballet que hizo que Ben bizqueara intentando seguirla-, te va a gustar tanto estar aquí, que no querrás dejarnos nunca.

– Em…

– Tengo que irme a preparar la cena.

Y sin más, desapareció, dejando a Ben pestañeando tras ella.

Aquella vez iba a hacer las cosas bien, se aseguró Ben mientras se sentaba en la cama. Aunque sintiera que se estaba ahogando, haría las cosas bien. No saldría corriendo para perderse en cualquier selva. Ni en la refriega de alguna guerrilla. Ni en algún desierto perdido. En aquella ocasión, su cámara tendría que esperar.

Se metió la mano en el bolsillo y sacó una copia de la segunda carta que había recibido de Asada.

La policía tenía el original, otro pedazo de papel meticulosamente escrito. En contraste con la blancura del papel, el texto era suficientemente repugnante como para hacerle vomitar.

Querido Ben:

Al igual que tú has arruinado mi vida, yo arruinaré la tuya.

Tú más fiel enemigo, Manuel Asada.

La policía de Sudamérica estaba completamente del lado de Ben. Asada se había fugado y eso no sólo suponía una situación embarazosa, sino también una terrible amenaza. Si no lo encontraban, sólo era cuestión de tiempo el que iniciara un nuevo fraude y matara con el fin de proteger su negocio.

O llegara hasta allí para obtener venganza… Si es que no lo había hecho todavía. Porque Ben tenía la terrible certeza de que Asada era el responsable del accidente de Rachel.

Pero no volvería a ocurrir.

Con el tiempo, tendría que explicar el porqué de la vigilancia policial a la casa en la que Rachel y Emily vivían. Pero, tras haber conocido la dimensión de sus lesiones, estaba más convencido que nunca de que Rachel no debería saber nada hasta que no estuviera más fuerte.

Además, ¿cómo iba a explicarles a su hija y a aquella mujer que lo odiaba que había puesto sus vidas en peligro? ¿Que había por allí fuera un loco que las buscaba? Eso haría a Rachel más dependiente de él, algo que ella odiaría con cada fibra de su ser.

Fuera o no lo correcto, tendría que esperar. Y, mientras tanto, seguiría intentando protegerlas, algo que nunca había sido capaz de hacer, según Rachel.

Ben encontró a Rachel en el mismo lugar en el que la había dejado, sentada en su silla, en medio del espacioso salón, frente a los ventanales. Aquella horrible gorra continuaba en su cabeza. Llevaba la pierna y el brazo derecho escayolados. Ben sabía que tenía varias costillas rotas y que permanecer allí sentada durante tanto tiempo debía ser una tortura. Pero también sabía que debía ser muy doloroso cambiar de posición.

Rachel debería haber tenido un aspecto miserable. Patético al menos.

Y, sin embargo, continuaba tan hermosa como siempre. Quizá más. A pesar de las heridas, su rostro continuaba siendo aristocrático, su piel tersa. Su cuerpo, lo poquito que podía ver de él, seguía siendo ligero, esbelto. Y deseable.

Ben podía recordar vividamente una noche de muchos años atrás. Estaban los dos sentados en un rincón aislado del jardín botánico. La larga melena de Rachel acariciaba su brazo y su cuerpo suave se extendía bajo el suyo sobre la hierba. Sus ojos enormes se fundían con los de Ben, llenos de calor, miedo y esperanza, mientras se entregaba por vez primera a él. Aquella también había sido la primera vez para Ben y, a pesar de que su método anticonceptivo había fallado, el preservativo se les había roto, jamás había vuelto a experimentar nada como lo que había vivido entonces.

– ¿Qué ha pasado con la persona que te atropello? -preguntó Ben, caminando hacia ella.

– No la han encontrado.

1 ... 4 5 6 7 8 9 10 11 12 ... 51
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)