Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:

Los solteros más codiciados y aventureros de Londres se han unido para formar el Bastion Club, una sociedad de élite para caballeros dedicada a determinar el futuro de sus miembros en lo referente al matrimonio.
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
1 ... 69 70 71 72 73 74 75 76 77 ... 111
Перейти на страницу:

Retrocedió un paso, bajó su mirada desde los ojos de Royce hasta sus labios, y después corrió por la columna de su garganta y la longitud de su pecho, hasta donde las palmas de sus manos y sus dedos estaban colocadas con firmeza, una mano sobre la otra, un pulgar acariciando el sensible borde de la amplia y bulbosa cabeza.

Antes de que Royce pudiera detenerla, se puso de rodillas.

Sintió su sorpresa… acrecentada cuando inclinó la dura verga contra su rostro, separó los labios, y los deslizó sobre la lujuriosa y delicada carne, tomándolo lentamente en la cálida bienvenida de su boca.

Había escuchado suficiente de la teoría para saber lo que tenía que hacer; la práctica fue un poco más difícil… era grande, largo, y grueso, pero ella estaba decidida.

Royce finalmente se las arregló para poner a funcionar sus pulmones, para tomar una desesperada inhalación, pero no pudo apartar sus ojos de ella, de la visión de su dorada cabeza inclinada contra su ingle mientras aplicaba su boca sobre su impresionante erección.

El dolor en su ingle, en sus testículos y su pene, se intensificaba con cada dulce caricia de su lengua, con cada lenta y larga succión.

Sintió que debía detenerla, que debía hacer una pausa momentánea. No es que no le gustara lo que estaba haciendo… adoraba cada segundo de delicia táctil, adoraba la visión de Minerva de rodillas ante él, con su verga enterrada entre sus lujuriosos labios… pero… Él no solía hacer que las damas lo sirvieran de este modo, y no lo esperaba, tampoco.

Generalmente estaban demasiado exhaustas después de que él hubiera terminado con ellas… y siempre terminaba con ellas antes.

Debía detenerla, aunque no lo hizo. En lugar de eso, lo aceptó: aceptó el placer que ella le proporcionaba, dejó que sus manos se cerraran sobre la cabeza de Minerva, y que sus dedos recorrieran su sedoso cabello y la guiaran suavemente…

Ella lo succionó más profundamente, después más profundamente aún, hasta que su hinchado glande estuvo en su garganta. Su lengua envolvió lentamente su longitud.

Royce cerró los ojos y dejó que su cabeza cayera hacia atrás, luchó para contener un gruñido… y la dejó que continuara, que hiciera lo que quisiera.

La dejó que lo tuviera.

Pero solo pudo dejarse llevar hasta cierto punto. Solo pudo soportar el húmedo cielo de su boca durante cierto tiempo.

Con las manos alrededor de la base de su verga, Minerva encontró su ritmo; su confianza había crecido, y con ello su dedicación. Con los pulmones gritando, y los nervios destrozados, luchó para darle un momento más… y después se obligó a deslizar un pulgar entre sus labios y a sacar su vibrante longitud de su boca.

Ella levantó la mirada, se lamió los labios y frunció el ceño.

Royce se inclinó y, cogiéndola por la cintura, la levantó.

– Rodea mi cintura con tus piernas.

Minerva ya lo había hecho. Royce deslizó sus manos para agarrar sus caderas, y la colocó de modo que la caliente cabeza de su erección separara el resbaladizo fuego de sus labios y se presionara contra su entrada.

Miró su rostro, capturó sus grandes ojos oscurecidos por el deseo… la observó mientras la bajaba y, firme e inexorablemente, la penetraba. Observó que sus rasgos se relajaban mientras la conciencia se giraba hacia donde la estaba extendiendo y llenando. Sus párpados bajaron y ella se estremeció en sus brazos, cautiva en la hoja de cuchillo de su rendición. Royce la agarró más firmemente, atrayendo sus caderas bruscamente contra su cuerpo, inclinándola para poder meterle hasta el último centímetro y llenarla completamente.

Poseerla completamente.

Vio, sintió, oyó el jadeo de sus pulmones. Tomó el peso de Minerva sobre un brazo, levantó la otra mano hasta su rostro, cogió su mandíbula y la besó.

Ávidamente.

Ella le dio su boca, abierta a su ataque, y le entregó, le cedió, todo lo que él deseaba. Durante un largo momento, hundido en su cuerpo, solamente la devoró, y entonces ella intentó moverse, usar su cuerpo para satisfacer la desenfrenada demanda del de Royce… y descubrió que no podía.

No podía moverse a menos que él se lo permitiera. Penetrada como estaba, se encontraba totalmente en su poder.

El resto del guión solo podía escribirlo él… y ella solo podía experimentarlo, soportarlo.

Royce se lo demostró… le demostró que podía levantarla tanto o tan poco como deseara, y después bajarla, tan lenta o tan rápidamente como quisiera. Que el poder y la profundidad de su penetración en su cuerpo era totalmente decisión suya. Que su viaje a la cima lo guiaría él.

Minerva se había entregado a él, y ahora Royce pretendía tomarla… todo lo que pudiera de ella.

La levantó, y después la bajó, con una mano aún en su trasero, el brazo envolviendo todavía su cuerpo, presionándolo contra el suyo mientras el movimiento de su unión hacía que sus pechos cabalgaran contra su torso. Con un brazo alrededor de sus cabezas, y esa mano extendida bajo sus nalgas, las piernas de Minerva rodeando, ahora con fuerza, su cintura, y los brazos alrededor de los hombros de Royce, las manos extendidas en su espalda, el duque podía sentirla a su alrededor, y ella estaba totalmente encerrada en su abrazo.

Un desnudo y primitivo abrazo que encajaba a la perfección con él. Que le entregaba a Minerva, que hacía que esta se rindiera a él, en un nivel más profundo y primitivo.

Minerva se apartó del beso con un gemido jadeante, levantó la cabeza mientras, con el pecho hinchado, luchaba por encontrar aliento.

Royce la dejó, y después, con la mano afianzándose en su trasero, la atrajo de nuevo.

La besó de nuevo.

La tomó, la atrapó, la devoró de nuevo.

Sus manos eran de repente mucho más demandantes, su abrazo era como fuego mientras la movía sobre él, contra él, desollando sus sentidos en todos los modos posibles dentro y fuera hasta que se arqueó, dejó que su cabeza cayera hacia atrás, y se entregó a él.

A las llamas que ardían entre ellos, reuniéndose y creciendo, y después entrando en erupción en una pasión fundida tan caliente que abrasaba y quemaba, que marcaba y señalaba.

Las llamas, hambrientas y ávidas, crecieron y los barrieron, atrapándolos, extendiéndose bajo su piel y consumiéndoles mientras el insistente, persistente ritmo de su posesión escalaba y la reclamaba de nuevo.

Hizo que Minerva ardiera de nuevo, hizo que se fragmentara y gritara, la hizo gemir y jadear al tiempo que Royce se unía a ella.

Mientras, por fin, ella lo sentía, duro y caliente e innegablemente real, innegablemente él, enterrado profundamente en su interior, más profundamente de lo que había estado nunca.

Lo suficientemente profundo para tocar su corazón.

Lo suficientemente profundo para reclamarlo como suyo, también.

El pensamiento atravesó la mente de Minerva, pero lo dejó ir, lo dejó desvanecerse mientras él la llevaba hasta su cama y se colapsaba junto a ella sobre esta.

Sosteniéndola contra su corazón.

Por último, Minerva escuchó que él susurraba:

– Sobre todo en esto hacemos un equipo excelente.

CAPÍTULO 15

Dos noches después, Minerva se deslizó en los aposentos de Royce, y dio las gracias a Trevor por no quedarse nunca esperando. En cuanto a su hábito reciente, había dejado a Royce y al resto del grupo abajo, y se había escabullido… para llegar allí, a sus aposentos, a su cama.

Paseando por el ahora familiar dormitorio, se sorprendió por lo fácilmente que se había asentado su aventura, por lo cómoda que se sentía después de tan poco tiempo con él.

Los últimos días habían pasado en un torbellino de preparativos, tanto para la fiesta en la mansión como para la propia feria. Ya que era la mayor propiedad de la zona, el castillo siempre había sido el primero en donar y participar en la celebración, una asociación que el personal de servicio había mantenido a pesar del interés de sus señores.

1 ... 69 70 71 72 73 74 75 76 77 ... 111
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)