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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Carlos Casta�o Gil

El encuentro extraordinario de comandantes se llev� a cabo pero no me enter� inmediatamente. Me enter� de lo acontecido con el comunicado que la Autodefensa entreg� a la prensa:

�Desde hoy las AUC act�an como una confederaci�n de fuerzas anti- subversivas, donde cada unos de sus comandantes es individualmente responsable de todas sus acciones� -public� el diario el �El Tiempo�. Luego dieron a conocer la nueva c�pula:

Direcci�n pol�tica: Ernesto B�ez y Carlos Casta�o.

Estado Mayor: Salvatore Mancuso, Ram�n Izasa, Botal�n, Juli�n Bol�var, Mart�n Llano, Rodrigo Molano, Alejandro, Antonio Cauca y Adolfo Paz.

Transcurrieron cuatro meses y medio antes de lograr una nueva entrevista con Carlos Casta�o, tiempo en el que escrib� el ochenta porciento del libro y saqu� de la mochila preguntas pendientes.

Nos reunimos de nuevo en el cruce de dos carreteras, en medio de un inmenso bosque h�medo-tropical en el departamento de Antioquia. Al subirme a su camioneta, Casta�o me salud� con la cordialidad de siempre:

�C�mo le va hombre?

-�Muy bien, Comandante. Pens� que no nos volver�amos a ver.

Sinceramente, el anterior iba a ser nuestro �ltimo encuentro pero con lo sucedido falta uno m�s.

-�Le suger� comenzar por la historia de la renuncia e inici� su relato de una manera muy particular:

Yo siempre busco un ejemplo para ilustrar lo que pienso. �Cu�ndo se ech� Pablo Escobar una soga al cuello? El d�a que mat� al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, que lo ahorc� a los 10 a�os pero ese d�a �l se la puso. �As� de sencillo! Quiero decirle que existen acciones que lo colocan a uno en un punto de no retorno. Es la parte invisible de la guerra determinante de lo que uno puede hacer y lo que, no.

Mi decisi�n les cay� como un baldado de agua fr�a a los comandantes: se les cay� el pararrayos y se sintieron sin techo, desamparados.

Cuando usted parti� con el comandante Juli�n y el doctor Ernesto, la determinaci�n estaba tomada. Ya en la noche, cuando le dimos serenata a do�a Rosa, me arme valor para lo que ven�a. Yo ten�a lista una caba�a al otro lado del mar instalada con Internet y facilidades para comunicarme con todos los comandantes. Me inquietaba la expectativa por conocer la reacci�n de la Autodefensa. Pretend�a que los guerreristas se fueran quedando casi solos, y poco a poco se fueran acercando a la tendencia moderada, la que sigue mis planteamientos, la que tiene futuro. Tuve la ventaja de tener comandantes que por guerreristas que sean, tienen cerebro. Terminaron bajo el techo de la tendencia moderada y, m�s r�pido de lo esperado, la Autodefensa vuelve a ser la misma con distinta estructura.

Mi renuncia gener� p�nico. Recib� mensajes de todos los frentes: en especial de los comandantes de las Autodefensas Aliadas. �Estamos con usted, estamos con usted�, me dec�an.

Enviaron una carta firmada por 11 importantes comandantes expres�ndome la misma opini�n. Entonces les contest�: Se�ores, les agradezco sus palabras pero no sobra decirles que no se trata de qui�nes est�n conmigo y qui�nes no, sino de permanecer unidos donde debemos estar para que alcancemos un objetivo com�n. Los guerreristas se sintieron culpables, reconsideraron su actitud y presentaron propuestas significativas, con la esperanza de que regresara al mando, pero les dije que ni de fundas: cualquier cosa es discutible excepto eso. En la cumbre extraordinaria de comandantes me vi obligado a establecer como condici�n para expresar mis puntos de vista el que se aceptara mi renuncia. R�ase el problema. Cuando comprendieron que mi decisi�n era irrevocable y la aceptaron habl�.

Me aventaj� pronunciar mis palabras no como comandante general sino como otro miembro m�s de la Autodefensa, y me fue posible decirles unas cuantas verdades a todos.

La ponencia de ese d�a la tengo por aqu�; detengamos la camioneta para leerla en voz alta. Conocer� a fondo las razones de la renuncia. Adem�s, estas palabras ser�n un punto de referencia para todos los comandantes; un espejo donde poder mirarse. Luego le describir� las consecuencias que ha generado en el interior de la organizaci�n:

�Consigna:

Buena es la unidad pero con respeto y responsabilidad, basta.

A mis amigos y colegas:

Me dirijo a ustedes en mi condici�n de siempre, la de ser su amigo. Y de la misma manera sigo mostr�ndoles el camino que considero debemos recorrer para alcanzar nuestra meta: derrotar la subversi�n y ocupar un lugar importante en la conducci�n del nuevo pa�s.

Los invito a que demos una mirada al interior de las Auc, y pensemos b�sicamente en tres aspectos: Qu� somos, para d�nde vamos y qu� anhelamos.

P�blicamente sostenemos y lo seguiremos haciendo: Somos un movimiento pol�tico-militar de car�cter civil antisubversivo, respetuoso de las instituciones legales. Luchamos por alcanzar un verdadero Estado social de derecho.

En mi concepto, la realidad es que somos una asociaci�n de grupos con or�genes e intereses dis�miles, que bajo un liderazgo unen sus fuerzas transitoriamente contra un solo objetivo: la subversi�n. Aqu� viene, entonces, la importancia del respeto y la responsabilidad. Cada quien es libre y est� en el derecho de defender sus intereses particulares. Pero el compromiso con la lucha antisubversiva, y frente al planteamiento del gobierno de turno, una negociaci�n unidos debe ser irrenunciable. En este sentido, he visto casos que me hacen dudar de este compromiso, pues est� claro que cada cual -una vez satisfecho el inter�s que ha motivado su permanencia en las AUC- en el momento en el que el gobierno de turno le ofrezca un perd�n jur�dico, el cual ser� transitorio, se va por ah� independiente de la suerte de las AUC como movimiento.

Yo creo que algunos est�n aqu� por fortalecer su patrimonio econ�mico, otros quieren salir de la c�rcel detenidos por conductas ajenas a la causa o de la causa. Otros quieren evitar llegar a la c�rcel por conductas de la causa y fuera de ella. Algunos quieren prioritariamente destruir la subversi�n, otros quieren adem�s poder pol�tico y algunos quieren ganar la guerra como sea y pase lo que pase. Para otros es simplemente un modus vivendi y, para algunos, es causa de patria. En fin, toda una gama de deseos propia de humanos, pero todos- absolutamente todos- queremos vivir en paz, en libertad y c�modamente.

Para llegar a esto hay dos caminos:

Destruir la subversi�n y el mismo Estado, como piensan unos pocos, y remplazarlo por el nuestro, utilizando cualquier m�todo.

El otro -�el sensato�-, avanzar moderadamente, evidenciar nuestra legitimidad pol�tica a nivel nacional, y sobre todo internacional, llegando a una negociaci�n tripartita, con veedur�a mundial que garantice el respeto universal a nuestra libertad y derechos. Actualmente tenemos ganado un espacio de negociaci�n con el Gobierno que nos dar� una salida jur�dica, la cual no garantiza nuestra libertad mientras no demostremos internacionalmente la naturaleza pol�tica de nuestra causa. Esto, apreciados compa�eros, s�lo lo conseguiremos con profesionalismo y alguna moderaci�n de nuestro accionar, pero sobre todo mostrando que somos leg�timos y esto lo da la sociedad y el apoyo de esta sociedad se ha venido perdiendo.

No podemos caer en el error de creer que, por el hecho de estar al margen de la ley, uno puede hacer lo que quiera. En nuestro caso hay una l�nea casi invisible que debemos percibir como l�mite en nuestros derechos y facultades. Sabemos que los tribunales internacionales est�n dise�ados para castigar a quienes violenten las inversiones extranjeras en pa�ses como el nuestro. No por esto podemos creer que una violencia innecesaria e indiscriminada podr�amos justificarla. Aqu� el l�mite es la libertad y lo que somos. Respecto de lo que piensa el pa�s y la comunidad internacional de cada uno de nosotros, preocup�monos de lo que est� dentro de nuestra �rbita. Lo que se salga de nuestra �rbita, no debe hacernos sufrir. Aprend�, hace muchos a�os, que no debo sufrir por aquellas cosas que no est� a mi alcance corregirlas. Claro que golpea cuando a uno le dan duro injustamente, no se trata de perder la autovaloraci�n, esa no se pierde nunca.

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