Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]
Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
1 ... 72 73 74 75 76 77 78 79 80 ... 114
Перейти на страницу:

»Para ser completamente sincero y honesto, debo añadir que esta modificación ecológica tiene cierto precio. Los microorganismos, los hongos y las levaduras se reproducirán muy rápidamente en los cielos de S’uthlam, ya que no tienen enemigos naturales. Las partes más elevadas de sus torres residenciales se verán cubiertas de levadura y hongos, con lo cual se hará necesario aumentar la frecuencia con que sean limpiados. La mayor parte de las especies de aves s’uthlamesas y las que han sido introducidas en este mundo procedentes de Tara y Vieja Tierra morirán, desplazadas por este nuevo ecosistema aéreo. Cuando todo haya sido hecho, los cielos se oscurecerán, con lo cual se recibirá una cantidad de radiación solar apreciablemente menor, sufriéndose también ciertos cambios permanentes de clima. Sin embargo, según mis cálculos, ello no tendrá lugar hasta dentro de unos trescientos años. Dado que en un plazo mucho más breve el desastre se hará ineludible de no tomar medidas inmediatas, sigo recomendando el rumbo de acción que acabo de exponer.

Los reporteros se levantaron de un salto y empezaron a formular preguntas a voz en grito. Tolly Mune seguía derrumbada en su asiento con el ceño fruncido. El Primer Consejero, Cregor Blaxon, estaba muy tieso e inmóvil, con los ojos clavados hacia adelante, contemplando el vacío y con una rígida sonrisa en su flaco rostro.

—Un instante, por favor —dijo Haviland Tuf encarándose al torbellino de voces y gritos—. Estoy a punto de terminar. Ya han oído mis recomendaciones y ya han visto las especies con las cuales pretendo rediseñar su ecología. Ahora, esperen un momento. Suponiendo que su Consejo decida poner en marcha el uso de la bestia de carne, las vainas jersi y el ororo tal y como yo he indicado, los ordenadores del Arca han calculado que se producirá una significativa mejora en su crisis alimenticia. Tengan la bondad de mirar.

Todos los ojos fueron hacia la pantalla. Incluso Tolly Mune giró la cabeza y el Primer Consejero, Cregor Blaxon, con la sonrisa aún en los labios, se levantó de su asiento para enfrentarse valerosamente a ella, con los pulgares metidos como garfios en los bolsillos de su traje. En la pantalla apareció una cuadrícula y luego una línea roja y otra verde, a medida que los datos se alineaban sobre un eje y las cifras de población en el otro.

El tumulto se calmó.

El silencio invadió nuevamente la gran sala.

Incluso en la parte más alejada de la plataforma oyeron.

—Eh, Tuf, esto… —dijo …debe tratarse de un error. —Caballero —dijo Haviland Tuf—, le aseguro que no lo es.

—Es… ah… Bueno, ¿es el antes, no? No puede ser el después… —señaló con el dedo hacia la pantalla—. Quiero decir que… mire, toda esa ingeniería ecológica, el no cultivar nada salvo las vainas, nuestro mares cubiertos con chal de Neptuno, los cielos oscureciéndose a causa de todo ese alimento que vuela, las montañas de carne en cada sótano.

—Bestias de carne —le corrigió Tuf—, aunque debo conceder que el referirse a ellas como «montañas de carne» posee cierta potencia evocadora. Primer Consejero, al parecer posee usted el don de emplear el lenguaje con vigor y de encontrar términos fáciles de recordar.

—Todo eso —dijo Blaxon sin dejarse amilanar—, es francamente radical, Tuf. Yo me atrevería a decir que tenemos derecho a esperar una mejora igualmente radical de las condiciones, ¿no?

Algunos partidarios suyos empezaron a lanzar gritos, vitoreándole.

—Pero esto —terminó de hablar el Primer Consejero—, este cálculo dice que… bueno, quizá lo estoy interpretando mal.

—Primer Consejero —dijo Haviland Tuf—, y pueblo de S’uthlam, lo está interpretando correctamente. Si adoptan todas y cada una de mis sugerencias lo cierto es que conseguirán posponer el día de su catastrófico ajuste de cuentas con el hambre. Lo pospondrán, caballero, no lo eliminarán. Tendrán falta de alimentos en dieciocho años, tal y como indican sus cálculos actuales, o dentro de ciento nueve, como indica este cálculo, pero estoy absolutamente seguro de que acabarán teniéndola —levantó un dedo—. La única solución auténtica y permanente no puede hallarse a bordo de mi Arca sino en las mentes y en las glándulas de cada ciudadano s’uthlamés. Deben imponerse inmediatamente un control de nacimientos. ¡Deben detener de inmediato su incontenible e indiscriminada reproducción!

—Oh, no —gimió Tolly Mune. Pero, habiendo previsto desde hacía rato esas palabras, se puso en pie como un rayo y avanzó hacia Haviland Tuf, pidiendo a gritos que intervinieran los hombres de seguridad antes de que en la sala se desencadenara el infierno.

—El rescatarle se está convirtiendo en una maldita costumbre —dijo Tolly Mune mucho tiempo después, cuando ya estaban de nuevo en el seguro refugio del Fénix, anclado en su dique del muelle seis. Dos pelotones completos de seguridad, armados con pistolas neurónicas y enredaderas, montaban guardia fuera de la nave, manteniendo a distancia suficiente la furia de la multitud—. ¿Tiene algo de cerveza? —le preguntó—. ¡Infiernos y maldición!, no me iría nada mal una —el regreso a la nave había sido más bien agotador incluso con los guardias flanqueándoles. Tuf corría con un extraño galope poco grácil, pero Tolly Mune se había visto obligada a reconocer que era capaz de una sorprendente velocidad—. ¿Qué tal se encuentra? —le preguntó.

—Una concienzuda sesión de limpieza ha podido eliminar de mi persona casi todos los salivazos —dijo Haviland Tuf, instalándose con rígida dignidad en su asiento—. Encontrará cerveza en el compartimiento refrigerado que hay bajo el tablero de juegos. Sírvase cuanta le apetezca, naturalmente —Dax empezó a trepar por la pierna de Tuf clavando sus diminutas garras en la tela del mono azul claro que se había puesto después de llegar a la nave. Tuf extendió una pálida manaza y le ayudó a subir—. En el futuro —le dijo al gato—, me acompañarás en todo momento y con ello tendré aviso suficiente de cuando vayan a desencadenarse semejantes exhibiciones de emotividad.

—Esta vez el aviso ya había sido más que suficiente —le dijo Tolly Mune cogiendo una cerveza—, y aún lo habría sido más si me hubiera dicho que pensaba condenar nuestras creencias, nuestra Iglesia y todo nuestro maldito modo de vida. ¿Esperaba que le dieran una medalla?

—Me habría conformado con una salva de aplausos. —Se lo advertí hace mucho tiempo, Tuf. En S’uthlam no resulta muy popular mostrarse contrario a la vida.

Me niego a que se me imponga tal etiqueta —dijo Tuf, pues me alineo firmemente al lado de ésta. A decir verdad cada día la estoy creando en mis cubas. Siento una decidida repugnancia personal hacia la muerte, me disgusta en grado sumo la entropía y caso de que fuera invitado a la muerte calórica del universo puedo asegurar que cambiaría inmediatamente de planes —alzó un dedo—. Sin embargo, Maestre de Puerto Mune, dije lo que debía ser dicho. La procreación ilimitada tal y como la predica su Iglesia de la Vida en Evolución y tal como la practica la mayor parte de S’uthlam, excluyendo a su misma persona ya! resto de ceros, es tan irresponsable como estúpida ya que produce un incremento geométrico de la población que terminará sin duda alguna haciendo derrumbarse a la orgullosa civilización de S’uthlam.

1 ... 72 73 74 75 76 77 78 79 80 ... 114
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)