Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]
- Автор: Мартин Джордж Рэймонд Ричард
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-0012-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:
»Las bestias de carne, como la aquí representada, se encuentran entre los triunfos más notables de la ingeniería gen ética. Con excepción de un pequeño núcleo, dichas criaturas son una masa indiferenciada de células en perpetua reproducción y en ellas no hay ningún desperdicio de masa corporal como el representado por rasgos no esenciales. No pueden moverse, carecen de nervios y también de órganos sensoriales. Si se decidiera utilizar una metáfora para referirse a ellas, la más adecuada sería la de cánceres gigantes comestibles. La carne de dichas criaturas contiene todos los elementos esenciales para el ser humano y posee un alto índice de proteínas, vitaminas y minerales. Una bestia de carne adulta, creciendo en el sótano de una torre de apartamentos s’uthlamesa, puede proporcionar en un año tanta carne comestible como dos de sus rebaños actuales y los pastos ahora empleados para criar dichos rebaños se encontrarían así liberados para el cultivo agrícola.
—¿Ya qué saben esas condenadas cosas? —gritó alguien en la parte trasera de la sala.
Haviland Tuf desvió ligeramente la cabeza para mirar a quien le había interpelado.
—Como no consumo carne animal, me es imposible responder a dicha pregunta basándome en mi experiencia personal. Sin embargo, me imagino que la bestia de carne le resultaría francamente sabrosa a cualquiera que estuviera muriéndose de hambre —levantó la mano y dijo—. Continuemos —la imagen que había tras él cambió, mostrando ahora una planicie iluminada por dos soles que no parecía tener fin. La planicie estaba repleta de plantas tan altas como el mismo Tuf. Tenían los tallos y las hojas de un negro aceitoso y la parte superior de los tallos se inclinaba bajo el peso de unas vainas blancas e hinchadas de las cuales goteaba un espeso fluido lechoso. Su aspecto era francamente repulsivo.
—Se las llama, por razones que ignoro, vainas jersi —dijo Tuf—. Hace cinco años les entregué el omnigrano, cuya producción calórica por metro cuadrado es muy superior a la del nanotrigo, la neohierba y todos los demás tipos de vegetales alimenticios que habían estado cultivando hasta dicho momento. He visto durante mi estancia que han plantado el omnigrano de forma extensiva y que han cosechado abundantes beneficios de él. También sé que han continuado plantando nanotrigo, neohierba, vainas picantes y muchos otros tipos de frutas y vegetales, sin duda en pro de la variedad y el placer culinario. Todo eso debe cesar. La variedad culinaria es un lujo que los s’uthlameses ya no pueden permitirse y, a partir de ahora, su norte debe ser la eficiencia calórica. Cada metro cuadrado de tierra agrícola de S’uthlam y de esos asteroides que llaman la Despensa debe ser inmediatamente entregado a las vainas jersi.
—¿Qué es el jugo que gotea de las vainas? —preguntó alguien.
—¿Esa cosa es una fruta o un vegetal? —inquirió uno de los reporteros.
—¿Se puede hacer pan con ellas? —preguntó otro. —La vaina jersi —replicó Tuf—, no es comestible. Al momento se desencadenó un estruendoso griterío. Cien personas distintas agitaban la mano, chillaban, hacían preguntas y pretendían hablar a gritos.
Haviland Tuf esperó tranquilamente hasta que de nuevo se hizo el silencio.
—Cada año —dijo—, tal y como podría explicar el Primer Consejero aquí presente, caso de que sintiera la inclinación de hacerlo, sus tierras agrícolas entregan un porcentaje cada vez menor de las necesidades calóricas requeridas por la creciente población de S’uthlam. La diferencia la compensan la cada vez mayor producción de sus factorías alimenticias, donde las sustancias petroquímicas son procesadas y convertidas en galletas, pastas y todo tipo de productos alimenticios cuidadosamente concebidos. Por desgracia, el petróleo es un recurso de renovación imposible y está empezando a terminarse. Dicho proceso puede ser retrasado, pero su desenlace es inexorable. Sin duda es posible importar una parte de otros mundos, pero dicho oleoducto interestelar no es ilimitado. Hace cinco años introduje en sus océanos una variedad de plancton llamado chal de Neptuno, colonias del cual están ahora mismo empezando a llenar sus playas ya flotar sobre el oleaje de las plataforma continentales. Una vez muerto y en putrefacción, el chal de Neptuno puede servir como sustituto a las sustancias petroquímicas utilizadas por dichas factorías.
»Las vainas de jersi podrían ser consideradas una analogía, no acuática, a dicho plancton. Producen un fluido que posee ciertas semejanzas bioquímicas con el petróleo no refinado. Es lo bastante parecido a éste como para que sus factorías alimenticias, después de un cierto proceso de puesta a punto que será fácil de realizar en un planeta de su indudable capacidad tecnológica, puedan usarlo de modo eficiente y procesarlo hasta su transformación en material alimenticio. Debo recalcar, sin embargo, que no es posible plantar una cierta cantidad de dichas vainas aquí y allá como suplemento a sus cosechas actuales. Para obtener el máximo beneficio, deben ser plantadas por doquier, sustituyendo completamente el omnigrano, la neohierba y el resto de flora en la que hasta ahora se ha confiado para la satisfacción de sus necesidades alimenticias.
En la parte trasera de la estancia una mujer más bien delgada se subió al asiento para que fuera posible distinguirla pese a la multitud.
—Tuf, ¿quién es usted para decirnos ahora que debemos prescindir de todos los alimentos auténticos? —gritó con voz iracunda.
—¿yo, señora? No soy más que un humilde ingeniero ecológico que practica su profesión y no es mía la tarea de tomar decisiones. Mi tarea, que obviamente no va a recibir ninguna gratitud, consiste en presentarles los hechos y sugerirles ciertos remedios posibles que podrían resultar eficaces aunque poco agradables. Después serán el gobierno y el pueblo de S’uthlam quienes deban tomar la decisión final en cuanto a qué rumbo seguir —el público estaba empezando a ponerse nuevamente inquieto. Tuf levantó un dedo—. Silencio, por favor. No tardaré en concluir con mi discurso. La imagen de la pantalla cambió una vez más. —Ciertas especies y tácticas ecológicas que introduje hace cinco años, utilizadas entonces por primera vez en S’uthlam, pueden y deben seguir siendo empleadas. Las granjas de setas y hongos existentes bajo las ciudades subterráneas deberían ser mantenidas y ampliadas. Poseo algunas variedades nuevas de hongos que enseñar. Es ciertamente posible utilizar métodos más eficientes para la cosecha marítima y, entre ellos, se incluye el uso tanto del lecho oceánico, como el de su contenido líquido. El crecimiento del chal de Neptuno puede ser estimulado y aumentado hasta que cubra cada metro cuadrado de la superficie acuática de S’uthlam.
Las habas de nieve y las patatas de túnel, que ya poseen, siguen siendo especies óptimas para las regiones polares. Sus desiertos han sido obligados a florecer en tanto que sus pantanos han sido desecados y convertidos en zonas productivas. Todo lo que resultaba posible hacer en la tierra o en el mar está ya siendo puesto en vías de realización, por lo cual nos resta el aire. Por lo tanto, propongo la introducción de todo un ecosistema viviente en las zonas más altas de su atmósfera.
»Detrás de mí pueden ver en la pantalla el último eslabón de esta nueva cadena alimenticia que me propongo forjar para S’uthlam. Esta enorme criatura oscura con sus alas negras de forma triangular es un jinete del viento, natural de Claremont, llamado también arara, pariente lejano de especies mejor conocidas como el banshee negro de Alto Kavalaan o la manta látigo de Remador. Es un predador de la zona más alta de la atmósfera, un cazador capaz de vuelo planeado que vive siempre en soledad, una criatura de los vientos que nace y muere en ellos sin tocar nunca la tierra o el mar. Los jinetes del viento no tardan en morir si aterrizan, ya que les resulta imposible remontar nuevamente el vuelo. En Claremont la especie es más bien pequeña y su peso leve, siendo los informes, en cuanto a su carne, acordes en calificarla de dura y parecida al cuero. Consume cualquier pájaro que tenga la desgracia de aventurarse en sus zonas de presa y también varias clases de microorganismos que se hallan en el aire, tales como hongos volantes y levaduras que nacen en la atmósfera. También me propongo introducirlos en la atmósfera de S’uthlam. Mediante la ingeniería gen ética he producido un jinete del viento a la medida de S’uthlam, que tiene veinte metros de punta de un ala a la otra. Posee también la capacidad de bajar casi hasta la altura de un árbol medio y su masa corporal es aproximadamente unas seis veces la de su modelo original. Un pequeño saco de hidrógeno situado tras sus órganos sensoriales le permitirá mantenerse en vuelo pese a dicho peso superior. Con todos los vehículos aéreos que S’uthlam tiene a su disposición no les resultará difícil cazarlos, encontrando en ellos una excelente fuente de proteínas.