Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Sentido y Sensibilidad - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Sentido y Sensibilidad

Электронная книга - «Sentido y Sensibilidad». Краткое содержание книги:

Reglas y emociones. Deberes y devociones. Ubicada en la Inglaterra de principios del siglo XIX, Sentido y sensibilidad presenta las alegrías y sinsabores de las hermanas Dashwood. Desamparadas tras la muerte de su padre y a merced de su medio hermano, Elinor y Marianne deberán enfrentarse a los contrastes del amor y a las exigencias de la sociedad, siempre acompañadas de su madre y su hermana menor. Están ya en edad casadera y sin embargo, ni su carácter ni sus habilidades las ayudan a concretar una relación. El tiempo sigue pasando y todo parece indicar que no lograrán una estabilidad emocional.
Esta novela examina la estructura social de la época donde el papel de la mujer se limitaba al de mera compañía, por no decir objeto decorativo. Para ellas estaba negada la posibilidad de ejercer una profesión o de poseer bienes. Sólo debían de tener y saber lo necesario. En consecuencia, para muchas su mayor ilusión era encontrar a su príncipe azul, aunque éste no siempre viniera acompañado de dicha.
1 ... 71 72 73 74 75 76 77 78 79 ... 90
Перейти на страницу:

– Señor Willoughby, usted tiene que darse cuenta, y yo ciertamente así lo creo, que después de todo lo que ha pasado, su venida acá y la forma en que lo ha hecho, imponiéndome su presencia, exigen una excusa muy especial. ¿Qué pretende con esto?

– Lo que pretendo -dijo el joven con tono gravemente enérgico-, si es que puedo, es hacer que usted me odie un poco menos que ahora. Pretendo ofrecer alguna explicación, alguna disculpa por lo ocurrido en el pasado; abrirle mi corazón y convencerla de que aunque siempre he sido un bueno para nada, no siempre he sido un canalla; y, de esta forma, obtener algo semejante al perdón de Ma… de su hermana.

¿Es ése el verdadero motivo que lo trajo aquí?

– Por mi vida que sí lo es -fue su respuesta, dicha con un fervor que trajo a la memoria de Elinor todo lo que había sido el antiguo Willoughby, y que a su pesar la hizo creerlo sincero.

– Si eso es todo, puede darse por satisfecho, pues Marianne sí… hace mucho que lo ha perdonado.

– ¡Lo ha hecho! -exclamó el joven, con el mismo tono intenso-. Entonces me ha perdonado antes de que hubiera debido hacerlo. Pero me perdonará otra vez, y esta vez por motivos mucho más valederos. Ahora, ¿querrá escucharme?

Elinor asintió con un gesto de la cabeza.

– No sé -dijo, tras una pausa llena de expectación por parte de Elinor, de cavilaciones en él-, cómo se habrá explicado usted mi comportamiento con su hermana, o qué motivos diabólicos me habrá atribuido. Tal vez le sea difícil pensar mejor de mí; sin embargo, vale la pena intentarlo, y le contaré todo. Al comienzo de mi intimidad con su familia, no tenía yo ninguna otra intención, ningún otro interés en la relación que pasar momentos agradables mientras duraba mi forzada permanencia en Devonshire, más agradables de los que había disfrutado hasta entonces. Su hermana, con su aspecto adorable y atractivas maneras, no podía dejar de encantarme; y su trato hacia mí, casi desde el principio fue… ¡Es increíble, cuando pienso en cómo' fue su trato, y en cómo era ella, que mi corazón haya sido tan insensible! Pero al comienzo, debo confesarlo, sólo halagó mi vanidad. Sin preocuparme por su felicidad, pensando sólo en mi propia diversión, permitiéndome sentimientos que toda mi vida había estado acostumbrado a consentir, me esforcé con todos los medios a mi alcance por hacerme agradable a ella, sin ninguna intención de corresponder a su afecto.

En este punto, la señorita Dashwood, lanzándole una mirada del más airado desprecio, lo detuvo diciéndole:

– No vale la pena, señor Willoughby, que siga hablando, o que yo siga escuchándolo. A un comienzo como éste nada puede seguirle. No me angustie haciéndome oír más sobre este asunto.

– Insisto en que lo escuche todo -replicó él-. Nunca fui dueño de una gran fortuna y siempre he sido de gustos caros, siempre me he asociado con gente de ingresos mayores que los míos. Desde mi mayoría de edad, o incluso antes, creo, año tras año han aumentado mis deudas; y aunque la muerte de mí anciana prima, la señora Smith, me liberaría de ellas, dado que se trata de un hecho incierto y posiblemente muy distante, durante algún tiempo había tenido la intención de reconstruir mi situación a través del matrimonio con una mujer de fortuna. Una relación con su hermana no era, por tanto, pensable; y así me encontraba actuando con una ruindad, egoísmo y crueldad que ninguna mirada de indignación o desprecio, ni siquiera la suya, señorita Dashwood, podría censurar bastante, y siempre con el propósito de conquistar su afecto, sin intenciones de corresponderlo. Pero hay una cosa que puede decirse a mi favor, incluso en ese horrendo estado de egoísta vanidad, y es que no sabía la profundidad del dañó que tramaba, porque en ese entonces no sabía lo que era amar. Pero, ¿alguna vez lo he sabido? Bien puede dudarse de ello, pues si realmente hubiera amado, ¿podría acaso haber sacrificado mis sentimientos a la vanidad, a la avaricia? O, lo que es peor, ¿podría haber sacrificado los suyos? Pero lo he hecho. Para evitar una pobreza relativa, que su afecto y compañía habrían despojado de todos sus horrores, he perdido, elevándome a una situación de fortuna, todo lo que hubiese hecho de ella una bendición.

– Entonces -dijo Elinor, algo aplacada-, sí se sintió durante un tiempo encariñado con ella.

– ¡Haber resistido tantos atractivos, haber rechazado tal ternura! ¡Qué hombre en el mundo lo habría hecho! Sí, poco a poco, sin darme cuenta, me encontré sinceramente enamorado de ella; y las horas más felices de mi vida fueron las que pasé con ella, cuando sentía que mis intenciones eran estrictamente honorables y mis sentimientos intachables. Incluso entonces, sin embargo, cuando estaba completamente decidido a plantearle mi amor, me permití contra todo decoro postergar día a día el momento de hacerlo, llevado por mi renuencia a establecer un compromiso mientras siguiera en tan grandes apuros económicos. No voy a justificar esto… ni la detendré si usted quiere explayarse sobre lo absurdo, y peor que absurdo, de dudar en comprometer mi palabra allí donde mi honor ya estaba comprometido. Los hechos han demostrado cuán neciamente astuto fui, trabajando tanto para regalarme la posibilidad de hacerme despreciable y desgraciado para siempre. Por último, sin embargo, me resolví y decidí que en la primera oportunidad en que pudiera hablarle a solas, justificaría las atenciones que sin cesar le había prodigado y le declararía abiertamente un afecto que ya había hecho tanto por mostrarle. Pero entre tanto, en el intervalo de las pocas horas que transcurrirían antes de que se me presentara la oportunidad de hablar con ella en privado, algo ocurrió, una desafortunada circunstancia que destruyó toda mi resolución y, con ella, todo mi bienestar. Algo se descubrió -aquí vaciló y bajó los ojos-. La señora Smith había sabido, de una u otra forma, me imagino que a través de algún pariente lejano que quería privarme de su favor, sobre un asunto, una relación… pero no es necesario que me explaye sobre eso -añadió, mirándola ruborizado y con aire interrogativo-, a través de su amistad tan íntima… probablemente está al tanto de toda la historia desde hace mucho.

– Lo estoy -respondió Elinor, también ruborizándose, y volviendo a endurecer su corazón contra cualquier sentimiento de compasión hacia él-, estoy enterada de todo. Y de qué forma podrá disculpar con sus explicaciones ni la más pequeña parte de su culpa en ese atroz asunto, es más de lo que puedo imaginar.

– Recuerde -exclamó Willoughby-, por boca de quién le llegó esa historia. ¿Podía acaso ser imparcial? Admito que debí respetar la condición y la persona misma de esa joven. No es mi intención justificarme, pero tampoco puedo permitirle a usted suponer que no tengo nada que argumentar; que porque sufrió, era irreprochable; y que porque yo era un libertino, ella debía ser una santa. Si la vehemencia de sus pasiones, la debilidad de su entendimiento… pero no quiero defenderme. Su afecto por mí mereció un mejor trato, y a menudo recuerdo con enormes sentimientos de culpa esa ternura que durante un muy breve lapso tuvo el poder de crear en mí una réplica. Cómo quisiera, de todo corazón, que ello nunca hubiera ocurrido. Pero el daño que me hice a mí es mayor que el suyo; y he dañado a alguien cuyo afecto por mí (¿puedo decirlo?) era apenas menos ardiente que el de ella, y cuya inteligencia… ¡Ah! ¡Cuán infinitamente superior!

– Pero su indiferencia hacia esa desdichada niña…, debo decirlo, por desagradable que me sea discutir un asunto como éste…, su indiferencia no es excusa para la cruel manera en que la abandonó. No imagine que ninguna debilidad, ninguna carencia natural de entendimiento en ella, disculpa la insensible crueldad que usted mostró. Usted tiene que haber sabido que mientras se divertía en Devonshire con nuevos planes, siempre alegre, siempre feliz, ella se veía reducida a la más total indigencia.

1 ... 71 72 73 74 75 76 77 78 79 ... 90
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)