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Электронная книга - «Un Amor Escondido». Краткое содержание книги:

Para escandalizar a la estricta, mojigata y puritana sociedad en la que vive, Catherine Ashfield, vizcondesa Bickley, acaba de ayudar a una amiga en la publicación de un manual para las damas que subvierte todas las normas del decoro. Nunca pensó que esta diversión fuera a perjudicarla, obligándola a abandonar Londres en compañía de un atractivo protector.
Su guardián es Andrew Stanton, el mejor amigo de su hermano, un plebeyo.
Pero, sin saberlo, está obligando a la hermosa e independiente Catherine, que reniega del amor, a reconsiderar su posición. Así los secretos, pasiones y un amor escondido están convirtiendo al hombre que ha prometido proteger a la vizcondesa, en el más dulce de los peligros…
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Deteniéndose delante de la chimenea, fijó la mirada en las oscilantes llamas.

– El señor Northrip no tenía ningún hijo varón que pudiera algún día heredar su negocio, de modo que decidió que Emily se casara con un hombre capaz de gestionar su empresa. Creyó encontrarlo en Lewis Manning, hijo único de otro acaudalado comerciante. Se acordó pues el matrimonio, por no mencionar la lucrativa fusión mercantil entre ambas familias. Emily aceptó el acuerdo, consciente de que era su deber casarse según los deseos de su padre. De hecho, se sentía aliviada de poder por fin hacer algo que contara con la aprobación de su padre después de llevar toda su vida decepcionándole.

»Pero no tardé en enterarme de que el tal Lewis Manning poseía un temperamento violento. Una noche, apenas unos días antes de la boda, Emily vino a buscarme bañada en lágrimas, dolorida a causa de lo que resultó ser una costilla rota. A pesar de que no tenía la menor señal en el rostro, tenía el resto del cuerpo, donde los golpes no saltaban a la vista, herido allí donde Lewis la había golpeado por osar cuestionar una de sus decisiones. Me contó entonces que, aunque era la primera vez que él la maltrataba de ese modo, Lewis había perdido los estribos varias veces antes y le había pegado. Emily le había hablado a su padre de esas agresiones, pero él no había dado importancia alguna a sus preocupaciones, diciendo que todos los hombres pierden en ocasiones los estribos. Sin embargo, después de ese último suceso, Emily temía que la próxima vez que Lewis perdiera los nervios no pudiera escapar de él.

Andrew apartó la mirada del fuego y miró a Catherine, quien lo escuchaba con embelesada atención.

– Mi primera reacción fue darle una paliza a Lewis, pero Emily me suplicó que no lo hiciera. Me dijo que lo único que conseguiría sería acabar en prisión por inmiscuirme y que Lewis no lo merecía. A regañadientes, accedí a sus súplicas, pero estaba firmemente decidido a protegerla… de aquel maldito bastardo de Lewis, y de su padre, a quien obviamente importaban más los beneficios que el matrimonio de su hija reportaba a sus negocios que su propia hija. Y la única forma que se me ocurrió de protegerla fue casándome con ella. Los dos sabíamos que Emily tendría que renunciar a todo, pues su padre se pondría furioso y sin duda la desheredaría, pero no nos importó. Esa misma noche huimos y contrajimos matrimonio.

De nuevo fue incapaz de quedarse quieto y una vez más empezó a caminar por la estancia.

– Al día siguiente, después de instalar a Emily en una posada cercana, fui a ver a su padre. Quería contarle cara a cara que Emily y yo nos habíamos casado y hacerle saber que no toleraría que Emily volviera a sufrir ningún daño. Como era de esperar, el padre de Emily estaba furioso. Dijo que haría anular la boda, que me denunciaría por secuestro y que me haría ahorcar. Cuando le dije que no había motivos que validaran tal anulación, su furia se intensificó. Dijo que, de un modo u otro, recuperaría a su hija, aunque para eso tuviera que verme muerto. Ni por un instante dudé de que realmente hablaba en serio. Volví a la posada. Poco después, mientras nos preparábamos para la partida, llegó un furibundo Lewis Manning. Dijo cosas espantosas y odiosas de Emily y mi paciencia se agotó. Me informó de que no tenía intención de acudir a la justicia… deseaba ver hecho el trabajo de inmediato, y me retó a un duelo. Acepté a pesar de las súplicas de Emily, que me conminó a que no lo hiciera.

Andrew prosiguió. Ahora las palabras brotaban de él más deprisa.

– Adam Harrick, el capataz de la propiedad de los Northrip, era mi mejor amigo además de Emily, y me hizo las veces de testigo. En el duelo, sin que yo lo supiera, Lewis hizo trampas, disparando antes de que terminara el recuento. Emily, quien supuestamente se había quedado en la posada, vio el engaño. En un intento por avisarme, apareció corriendo y… fue alcanzada por el disparo de Lewis.

Andrew cerró los ojos y vio grabada indeleblemente en su mente la imagen de Emily derrumbándose en el suelo con la conmoción grabada en sus ojos abiertos y la pechera de su vestido de color marfil teñida de carmesí.

– Disparé y mi bala alcanzó a Lewis -dijo con un ronco chirrido-. Solté la pistola y corrí hasta Emily. Aunque seguía con vida, no había duda de que su herida era mortal. Yo… la abracé, intentando detener la hemorragia, aunque en vano. Con sus últimas palabras, me suplicó que huyera. Que me fuera de Norteamérica a algún lugar donde nadie pudiera encontrarme. Sabía que su padre me mataría o se aseguraría de que me colgaran por la muerte de Lewis, sin duda alguna, además de intentar culparme también de su muerte. Me suplicó, una y otra vez, que no dejara que eso ocurriera. Quería desesperadamente que yo viviera, que tuviera una vida plena y feliz. Me quería y no deseaba que yo muriera.

Clavando su mirada en Catherine, se llevó la palma de la mano al pecho y dijo con un entrecortado susurro:

– Sentí los últimos latidos de su corazón contra mi mano después de haberle prometido por fin que haría lo que me pedía. Y entonces murió.

Se le quebró la voz al pronunciar la última palabra. Luego el silencio quedó pesadamente prendido en el aire mientras él revivía el horror de aquel escalofriante día con una desgarradora y vívida claridad que había mantenido apartada de su mente durante años. El día en que lo había perdido todo. Su casa. La vida, tal como la había conocido. La dulce y cariñosa amiga que había sido su esposa.

Tosió para aclarar la tensión que le agarrotaba la garganta.

– Después de despedirme de Emily y de asegurarme de que Adam se encargaría de ella, mantuve mi promesa. Varias horas más tarde, y utilizando un nombre falso, huí en barco de Norteamérica.

Pasándose las manos por la cara, echó la cabeza hacia atrás y miró al techo.

– Durante los primeros cinco años, viví… temerariamente, sin importarme realmente si vivía o moría. Para mí fue una temporada muy oscura. Solitaria. Triste. Vacía. Había hecho lo que Emily me había pedido, y aún así me odiaba por haberlo hecho. Por haber huido. Por todos mis actos que habían llevado a su muerte. Me sentía como un cobarde y sentía también que había comprometido mi honor. De hecho, llegué a esperar que su padre me encontrara de algún modo, aunque nunca lo hizo.

»Pero un día tu hermano me encontró… justo a tiempo para salvarme de los macheteros, un rescate que, por cierto, no le agradecí de inmediato. Puesto que no tenía nada mejor que hacer, regresé con Philip a su campamento y, por primera vez en cinco años, tuve la sensación de pertenecer a algún sitio. Tu hermano no sólo me salvó la vida, sino que gracias a él volví a recuperar las ganas de vivir. De hacer algo de mí mismo. Era el primer amigo que tenía desde que me había ido de Norteamérica, y mi amistad con él me cambió la vida. Llegó un momento en que logré enterrar en lo más hondo aquel día espantoso que viví en el campo de duelo, pero cuando oí ese disparo en Londres, cuando te vi en el suelo… -Cerró un momento los ojos-. Reviví la peor de mis pesadillas.

Inspiró hondo, sintiéndose totalmente agotado, aunque más ligero de lo que se había sentido en una década. Se volvió hacia Catherine. Tenía las manos apretadas sobre las rodillas y la mirada fija en el fuego. Andrew deseaba desesperadamente saber lo que ella pensaba, pero se obligó a permanecer en silencio y permitirle que asimilara todo lo que le había dicho. Pasó un minuto entero antes de que ella hablara.

– ¿Y Philip sabe todo esto?

– No. Nada. Nunca se lo había dicho a nadie hasta ahora.

Andrew hubiera deseado que ella le mirara para poder ver la expresión de su rostro, leer sus ojos. ¿Le miraría con asco y vergüenza… del mismo modo en que él se había estado mirando durante años? Desafortunadamente, temía que el hecho de que ella se empeñara en no mirarle estuviera diciéndoselo todo.

Por fin, Catherine se volvió y le miró con unos ojos solemnes y brillantes, colmados de lágrimas no derramadas.

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