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Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]

Электронная книга - «Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]». Краткое содержание книги:

El agente deportivo Myron Bolitar está a punto de llegar a lo más alto. Lo mismo pude decirse de Christian Steele, un quarterback recién llegado a la liga profesional y su cliente más importante. Sin embargo, la llamada de una ex novia de Chistian, una chica a quien todo el mundo cree muerta, incluso la policía, pone en peligro la firma de un contrato. Myron, de pronto, se ve envuelto en una intriga relacionada con sexo y chantajes, y mientras trata de descubrir la verdad sobre una tragedia familiar, una mujer y las mentiras de un hombre se enfrenta al lado oscuro de su profesión.
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– ¿Y la Iglesia prefiere la infidelidad en el matrimonio?

– No tiene gracia.

– No, no la tiene.

– ¿Quién te crees que eres tú para juzgarnos? ¿Te crees que fue algo fácil para nosotros?

– Pues no lo dejasteis -dijo Myron encogiéndose de hombros-. Ni siquiera después de que Kathy os viera juntos.

– Yo amo a Carol.

– Si tú lo dices…

– Adam Culver era mi mejor amigo. Significaba mucho para mí. Pero respecto a su familia, era un hijo de puta. Se ocupaba de ellos en el terreno económico, pero eso es todo. Pregúntale a Jessica, Myron. Ella te lo dirá. Yo siempre he estado ahí. Desde que era una niña. ¿Quién la llevó al hospital cuando se cayó de la bici? Yo. ¿Quién le construyó los columpios? Yo. ¿Quién la llevó en coche a la Universidad de Duke durante su primer año de carrera? Yo.

– ¿Y también te disfrazaste de conejo de Pascua? -preguntó Myron.

– No lo entiendes -repuso Paul negando con la cabeza.

– No es eso, sino que me importa un rábano, que es diferente. Y ahora hablemos del día en que Kathy os pilló a los dos juntos. Dime lo que pasó.

– Ya sabes lo que pasó -dijo Paul en tono irritado-. Entró en la habitación y nos vio.

– ¿Estabais desnudos?

– ¿Qué?

– ¿Estabais tú y la señora Culver en pleno clímax?

– No pienso contestar a esa pregunta.

Myron pensó que era el momento de ponerlo un poco furioso.

– ¿En qué postura estabais? En la del misionero, la del' perrito, ¿cuál? ¿Llevaba alguno de los dos esposas o una máscara de cerdo?

Paul se situó de pie justo delante de Myron. Todo el mundo piensa que ponerse de pie delante de un enemigo sentado es intimidante, pero en realidad, Myron podía propinarle un golpe con la base de la mano a la entrepierna antes de que un hombre normal llegara a apretar el puño.

– Cuidado con lo que dices, jovencito -dijo Paul.

– ¿Cómo reaccionó Kathy al veros en plan tortolitos?

– No reaccionó. Se fue corriendo.

– ¿La seguisteis alguno de los dos?

– No. Francamente, los dos estábamos demasiado paralizados por la impresión.

– Seguro. ¿Hablasteis del tema con Kathy alguna vez?

Paul se alejó de Myron, dio varias vueltas y finalmente se sentó en la silla junto a Myron.

– Sólo me lo recordó una vez.

– ¿Cuándo?

– Unos meses después.

– ¿Qué ocurrió?

Paul desvió la mirada y miró de un lado a otro, tratando de buscar algún lugar seguro en el que centrarse.

– No me resulta fácil hablar de esto.

– Continúa -dijo Myron asintiendo y fingiendo simpatía.

– Kathy se me insinuó.

– ¿Y aceptaste?

– Por supuesto que no -dijo Paul de nuevo con tono irritado.

– ¿Le diste calabazas?

– Fingí no saber de qué me estaba hablando.

– ¿Insistió?

– Sí, pero yo seguí ignorándola.

– Pero seguro que te excitaste mucho. Madre e hija. Las dos muy guapas. Se te debió llenar la cabeza de fantasías eróticas.

La irritación se convirtió en ira, se quitó las gafas con un gesto muy dramático y le dijo:

– Te lo advierto por última vez.

– Sí, sí, muy bien. Y ahora cuéntame lo de Fred Nickler.

Primero cabrearlo y luego cambiar de tema rápidamente. La táctica perfecta para dejarlo vulnerable.

– ¿Quién dices?

– Para ser poli -dijo Myron- mientes muy mal. Mil novecientos setenta y ocho. Hiciste un trato con Nickler y le retiraste los cargos de un caso de pornografía infantil. Lo sé todo acerca de tu relación con él, Paul. Lo que no sé es qué tiene que ver eso con todo lo demás.

– Me ayudaba de vez en cuando. Con algunos casos.

– ¿Incluido el de la desaparición de Kathy Culver?

– Pues de algún modo, sí.

– ¿Cómo?

– Supongo que no hay razón para no contártelo. -Paul tosió tapándose la boca con el puño y el golden retriever entreabrió un ojo pero no se movió-. Adam encontró fotografías de Kathy en el desván. Me las enseñó con la máxima discreción. En el dorso de una de ellas había la dirección de un estudio fotográfico llamado Forbidden Fruit. No lo encontré por ninguna parte, así que Adam y yo fuimos a hablar con Nickler, quien nos dijo que Forbidden Fruit ahora se llamaba Global Globes Photos y me dio la dirección.

– ¿Y entonces fuiste y compraste todas las fotos de Kathy y los negativos?

Era una pregunta retórica, puesto que Lucy ya había identificado a Paul Duncan a partir de una fotografía suya.

– Sí. Queríamos proteger la reputación de Kathy. Pero también queríamos saber quién había sido el desgraciado que había llevado a Kathy al estudio.

– Gary Grady.

– ¿Ya lo sabías?

– Estoy muy bien informado -contestó Myron.

– Bueno, pues investigué a Grady de arriba abajo. Era un tipo sospechoso, de eso no cabía duda. Profesor de instituto y a la vez propietario de todas esas líneas. Ponía anuncios en como mínimo cincuenta revistas pornográficas. Lo estuve siguiendo durante dos semanas, la mayor parte durante mi tiempo libre, y también le hice pinchar el teléfono durante un tiempo, pero al final no descubrimos nada.

– ¿Cómo reaccionó Adam entonces?

– No muy bien. Adam siempre venía a verme para comentarme algún punto de vista nuevo sobre el caso de Kathy, la mayoría de las veces fruto de la desesperación. Era normal. Era su hija pequeña. La única con la que mantuvo una relación decente. Adam estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de encontrarla. Incluso me propuso raptar a Grady y torturarlo hasta que confesara. Yo le dije que haría todo lo posible para ayudarle, pero siempre dentro de la ley. No le gustó que le dijese aquello.

– Cuéntame lo que pasó la noche en que murió Adam.

– Nos tendió una trampa muy bien planeada -dijo Paul tras inspirar profundamente.

– Eso ya lo sé. Pero ¿qué ocurrió después de que os descubriera en la cama?

– Se puso hecho una furia -contestó Paul restregándose los ojos-. Empezó a insultar a Carol. Cosas horribles. Intentamos hablar con él, pero ¿qué íbamos a decirle? Al cabo de un rato le dijo a Carol que quería el divorcio y se marchó corriendo.

– ¿Qué hiciste luego?

– Me fui a casa.

– ¿Y pasaste por algún sitio de camino a casa?

– No.

– ¿Hay alguien que pueda confirmar que estabas en casa?

– Vivo solo.

– ¿Hay alguien que pueda confirmar que estabas en casa? -repitió Myron.

– Que no, maldita sea. Por eso Carol y yo no se lo dijimos a nadie. Sabíamos lo que iba a pensar la policía.

– Cosas malas -asintió Myron.

– Yo no lo maté. Le hice daño y fui un pésimo amigo, pero no lo maté.

Myron hizo un leve gesto de indiferencia con el hombro.

– Pues a mí me pareces un candidato bastante bueno, Paul. Mentiste sobre la noche de su asesinato. Tenías una aventura desde hacía años con su esposa, una esposa que sólo se podía casar contigo si su marido moría. Os pilló a los dos en su cama el mismo día de su asesinato. Su hija desaparecida era la única persona que sabía lo de vuestra relación secreta. Su fotografía aparece en una revista que publica tu contacto. No, Paul, yo diría que esto pinta bastante mal.

– Yo no tuve nada que ver con eso.

– ¿Qué hiciste con las fotos de Kathy?

– Se las di a Adam, por supuesto.

– ¿Te guardaste alguna para ti? ¿Como un pequeño recuerdo?

– ¡Pues claro que no!

– ¿Y no volviste a ver ninguna de las fotos nunca más?

– Nunca.

– Y, aun así, la foto de Kathy acabó saliendo en una revista porno.

Paul asintió con la cabeza pausadamente.

– Una revista porno que publica tu colega Fred Nickler.

Paul asintió de nuevo.

– Pues ahora sólo nos queda hacernos la gran pregunta, Pauclass="underline" ¿Cómo acabó la foto de Kathy en la revista de Nickler?

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