Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]
Motivo de ruptura [Deal Breaker-es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]

Электронная книга - «Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]». Краткое содержание книги:

El agente deportivo Myron Bolitar está a punto de llegar a lo más alto. Lo mismo pude decirse de Christian Steele, un quarterback recién llegado a la liga profesional y su cliente más importante. Sin embargo, la llamada de una ex novia de Chistian, una chica a quien todo el mundo cree muerta, incluso la policía, pone en peligro la firma de un contrato. Myron, de pronto, se ve envuelto en una intriga relacionada con sexo y chantajes, y mientras trata de descubrir la verdad sobre una tragedia familiar, una mujer y las mentiras de un hombre se enfrenta al lado oscuro de su profesión.
1 ... 68 69 70 71 72 73 74 75 76 ... 78
Перейти на страницу:

– ¿Todavía conserva esas instrucciones?

– Sí, y tanto -contestó Blackjack. Abrió un cajón y le entregó una hoja de papel-. Tenga.

La carta estaba escrita a máquina:

Estimado señor Sanford:

Por la suma de 5.000 $ (más gastos) le pido que haga lo siguiente:

1. Adjunto siete sobres. Dos de ellos deben echarse este viernes al buzón de correo del campus de la Universidad de Reston. Los otros cinco deben echarse al buzón de la oficina de correos de sus respectivas ciudades de destino.

2. Al mismo tiempo, envíe, por favor, el siguiente folleto de la compañía telefónica New Jersey Bell a todas las personas de la lista.

3. Contrate un número de teléfono con el prefijo 201 de Nueva Jersey que funcione con el servicio Return Call. Este número debe desconectarse de inmediato en caso de que alguien le llame a él o conteste a cualquiera de las llamadas que realice con él. Le ruego que conecte un contestador a ese teléfono y que ponga dentro la cinta que encontrará en el paquete junto a esta carta. Luego le pido que llame con este teléfono a cada uno de los números que aparecen en la lista que se ofrece más adelante. Las dos primeras noches, el sábado y el domingo, se limitará a llamar repetidas veces hasta que alguien conteste, momento en el que se quedará sin decir nada hasta que cuelguen. El lunes volverá a llamar y dirá lo siguiente: «Que disfrutes con la revista. Ven a por mí. He sobrevivido». Le ruego que haga que la voz suene femenina y poco clara (como seguramente ya sabrá, existen teléfonos capaces de ocultar la propia voz y hacer que parezca femenina).

4. Adjunto un giro postal de 3.000 $. Cuando complete esta operación me pondré en contacto con usted personalmente alrededor del día nueve de este mes y le pagaré los otros 2.000 $ más gastos.

Mi nombre debe permanecer en el anonimato. Gracias por su comprensión.

– Supongo que en el folleto de la New Jersey Bell se explicaba el servicio Return Call -dijo Myron alzando la vista.

Blackjack asintió con la cabeza.

– ¿Quiénes eran esas siete personas?

Blackjack se encogió de hombros. Volvió a tirar los dados de nuevo y sacó un par de ases otra vez. Aquel tipo era todo un genio.

– No me acuerdo. Christian era una de ellas. Un decano o algo así era otra. Envié una más desde un pueblo llamado Glen Rock.

– A Gary Grady.

– Sí, eso. Y también envié tres desde Nueva York.

– ¿Uno de ellos a Júnior Horton?

– Ah, sí, creo que sí. Júnior. Me suena.

– ¿Y el último?

– A otro sitio de Nueva Jersey. Cerca de Glen Rock.

– ¿A Ridgewood? -dijo Myron tras pensar un momento.

– Sí. O algo que acababa en «wood». Era un nombre de mujer. De eso me acuerdo porque el resto eran de hombres.

– ¿Carol Culver? -dijo Myron.

– Sí -contestó Blackjack tras pensarlo un instante-. Eso es. Era un nombre con dos ces.

La confirmación hizo que Myron se quedara cabizbajo.

– Oye, colega, ¿te encuentras bien?

– Sí, muy bien -repuso Myron-. ¿Y qué hay de las llamadas?

– Los números estaban en otra hoja. La tiré cuando acabé. Llamé a Steele y colgué varias veces. Y cuando lo volví a llamar para darle el mensaje, la línea estaba cortada. Supongo que habrá cambiado de vivienda.

Myron asintió sin decir nada. Christian se había trasladado de la universidad al apartamento.

– El tipo de Nueva York, ese tal Júnior, no contestaba nunca, así que tampoco pude darle el mensaje. El resto sí que recibieron las llamadas silenciosas y luego el mensaje.

– ¿Cuántos usaron el servicio Return Call?

– Sólo dos. Christian y el tipo de Glen Rock. De todas maneras no habría funcionado con la gente de Nueva York porque Return Call sólo funciona para ese prefijo.

– ¿Ha tenido más noticias de la persona que le envió el paquete?

– Pues no. Y eso que ayer era día nueve. Pero será mejor que no trate de engañar a Blackjack Sanford -dijo de nuevo casi como subiéndose los pantalones-, si sabe lo que le conviene.

– Sí, sí, claro. ¿Alguna otra cosa que pueda interesarme?

– ¿Sobre este caso? Pues no. Oiga, ¿le apetece ir al Merv? Allí me conocen. Puedo conseguir una buena mesa. Tal vez podamos jugar un poco al blackjack. Así vería a la leyenda en acción.

«Qué tentador -pensó Myron-, tanto como una electrólisis en los testículos.»-Tal vez en otra ocasión.

– Está bien, como usted quiera. Una cosa: ¿cuánto cree que debería cobrarle a Otto? Es que quiero ser justo, como usted ha dicho antes.

– Ah, pues yo le cobraría el máximo.

– ¿Diez mil?

– Sí. Nos ha sido de gran ayuda, Blackjack. Gracias.

– Sí, bueno, cuídese. Y vuelva cuando quiera.

– Una cosa más.

– ¿Qué?

– ¿Le importa si utilizo su lavabo?

Capítulo 45

Ya eran las diez y media cuando Myron llegó a la residencia de Paul Duncan. Las luces seguían encendidas. Myron no lo había llamado para avisarle de su llegada. Quería conservar el elemento sorpresa.

Era una casa de madera muy sencilla con tejado a dos aguas. Muy bonita. Sólo le hacía falta una capa de pintura. El patio delantero tenía muchos parterres con flores en ciernes. Myron recordó que a Paul le gustaba dedicarse a la jardinería durante su tiempo libre. Como a muchos otros polis.

Paul Duncan le abrió la puerta con un periódico en la mano. Llevaba unas gafas de lectura que se sostenían sobre la punta de la nariz. Tenía el pelo entrecano y perfectamente peinado. Llevaba puestos unos pantalones deportivos azul marino y un reloj de pulsera de correa de cuero marca Speidel. El típico hombre de los almacenes Sears. Se oía un televisor de fondo. El público aplaudía como loco. Paul estaba solo, a excepción de un golden retriever que dormía hecho un ovillo delante del televisor como si fuera una hoguera en una noche de nevada.

– Tenemos que hablar, Paul.

– ¿No podemos dejarlo para mañana? -dijo con un tono de voz un tanto tenso-. ¿Después del funeral de Adam?

Myron le dijo que no con la cabeza y entró en la sala de estar. El público que aparecía en la televisión volvía a aplaudir. Myron le echó un vistazo a la pantalla. Era el concurso Star Search de Ed McMahon, pero como no salían las azafatas, Myron dejó de prestarle atención.

– ¿De qué va todo esto? -preguntó Paul cerrando la puerta tras de sí.

Sobre la mesilla había sendos ejemplares de National Geographic y de la TV Guide. También había dos libros, la última novela de Robert Ludlum y la Biblia. Todo estaba muy ordenado. En la pared había colgado un retrato del golden retriever cuando era más joven y la sala estaba adornada con figuritas de porcelana. También había un par de platos de Norman Rockwell. No tenía ninguna pinta de ser el picadero de un soltero ni tampoco un antro de lujuria.

– Me he enterado de tu aventura con Carol Culver -contestó Myron.

– No sé de qué me hablas -dijo Paul negándose a confesar.

– Entonces permíteme que te lo aclare. La aventura dura desde hace seis años. Kathy os pilló a ti y a su mamá hace un par de años. Adam también os descubrió la misma noche en que fue asesinado. ¿Te suena de algo todo esto?

– ¿Cómo…? -dijo Paul con la cara lívida.

– Me lo contó Carol. -Myron se sentó. Cogió la Biblia y empezó a hojearla-. Supongo que te saltaste la parte de «no desearás a la mujer del prójimo», ¿no, Paul?

– No es lo que tú te crees.

– ¿Y qué es lo que yo creo?

– Yo quiero a Carol. Y ella me quiere a mí.

– Eso suena fenomenal, Paul.

– Adam la trataba muy mal. Apostaba. Se iba de putas. Era distante con su familia.

– ¿Y por qué Carol no se divorció de él?

– No podía. Los dos somos buenos católicos. La Iglesia no lo permitiría.

1 ... 68 69 70 71 72 73 74 75 76 ... 78
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)