Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]
- Автор: Кобен Харлан
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]». Краткое содержание книги:
– ¿Es usted el tipo que me ha dejado el mensaje?
– Sí.
El despacho era como un minicasino. No había escritorio, sino una mesa de ruleta. En un rincón había un guardaespaldas manco. Barajas de cartas por todos lados. El suelo lleno de dados de recuerdo, los típicos con un agujero en medio. Papeletas de apuestas de carreras. Cartones de keno.
– Brian Sanford -dijo el hombre tendiéndole la mano-, aunque todo el mundo me llama Blackjack. ¿Sabe quién me puso ese apodo?
Myron negó con la cabeza.
– Frankie. Así es como llamo yo a Frank Sinatra. Frankie. No Frank, le llamo Frankie -dijo, y se quedó esperando una respuesta.
– Buen apodo -dijo Myron.
– Verá, es que Frankie y yo estábamos jugando en el Sands una noche, ¿no?, y yo tenía una de mis rachas, ¿no? Y va Frankie, se vuelve hacia mí y me dice: «Oye, mira a Blackjack, no hay manera de que pierda». Así porque sí. Va Frankie y me dice: «Eh, Blackjack», así sin más. Y se me quedó el nombre. Y ahora todo el mundo me llama Blackjack. Y todo por Frankie.
– Qué interesante -dijo Myron.
– Sí, bueno, ya sabe cómo son estas cosas. Bueno, ¿en qué puedo ayudarle, señor…?
– Olson. Merlin Olson.
– De acuerdo, como usted quiera -dijo Blackjack dirigiéndole una sonrisa cómplice-. Siéntese, señor Olson.
Myron tomó asiento.
– Pero antes de empezar, señor Olson, tengo que decirle una cosa.
Brian Sanford tenía unos dados en la mano e iba moviéndolos igual que hacen algunas personas con las bolas chinas que se supone que van bien para la circulación.
– ¿De qué se trata?
– Mire, yo soy un hombre muy ocupado. Ahora mismo están pasando montones de cosas. ¿Sabe cómo empecé en este negocio?
Myron negó con la cabeza.
– Era el jefe de seguridad del Caesars Palace de Las Vegas. El jefe principal. Ya sabe de qué va eso. Estaba en Las Vegas, ¿sabe? Pero Donny, que es como yo le llamo a Donald Trump, Donny, me pidió que me pusiese al cargo de la seguridad de su primer hotel en la ciudad. Y luego me empezó a incordiar para que le organizara la seguridad del Taj Mahal. Yo le dije: «Donny, ya tengo demasiadas cosas de las que ocuparme, ¿me entiendes?».
Myron dirigió la mirada más allá de su interlocutor y vio a un chino contando cuentos.
– Así que éste es mi problema, mire. Mañana por la mañana tengo una reunión con Stevie, Steve Wynn. Mañana a primera hora, a las siete. Es un gran tipo, Stevie. Le gusta madrugar. Se levanta a las cinco todos los días. ¿Sabía usted que está prácticamente ciego? Tiene cataratas o algo así. Lo mantiene en secreto. Sólo se lo ha contado a su mejor amigo. Bueno, pues Stevie quiere que le haga un recado. Le hubiera dicho que no, pero se trata de un favor personal y Stevie es un buen amigo.
No como Donny. Donny no me cae bien. Se cree que es un semental ahora que tiene a María.
– Señor Blackjack…
– Por favor -dijo alzando las manos de repente-, llámeme Blackjack a secas.
– Querría hacerle unas preguntas, em, Blackjack. Necesito de sus conocimientos en un asunto de suma importancia.
Blackjack asintió dándose aires de ser un tipo muy comprensivo. No se subió los pantalones para darse importancia, pero hubiera quedado bien.
– ¿De qué se trata? -preguntó.
– Hace poco, usted le pasó cierta información a un gran amigo mío, el señor Otto Burke -dijo Myron.
– Y tanto -asintió Blackjack esbozando una amplia sonrisa-. Otto. Es un chaval estupendo. Más listo que el hambre. Siempre me llama cuando se pasa por aquí.
«Y seguro que le llama Ottie», pensó Myron.
– Hace unos días le pasó usted una revista. Un ejemplar de Pezones.
Blackjack adoptó una mirada de desconfianza. Tiró los dados sobre la mesa. Un tres.
– Sí, ¿y qué?
– Necesitamos saber cómo la encontró.
– ¿A quién se refiere con «necesitamos»?
– Trabajo para el señor Burke -dijo Myron sintiendo náuseas con sólo pronunciar la frase.
– ¿Y cómo es que Ken no me ha llamado? Es mi contacto.
Myron se inclinó hacia delante para dar sensación de complicidad y dijo:
– Esto está por encima de Ken, Blackjack. Creemos que no podemos confiar en nadie más que en usted.
Blackjack asintió con un gesto de la cabeza, de nuevo mostrándose muy comprensivo.
– Se lo digo en serio, Blackjack, y esto tiene que quedar entre nosotros.
– Por supuesto.
– Usted es el primero en la lista de los posibles sustitutos de Ken, pero ya sabemos lo ocupado que está usted.
– Se lo agradezco muchísimo, señor Olson -dijo Blackjack con los ojos ligeramente brillantes-, pero creo que para alguien como Otto Burke podría tratar de hacer un hueco…
– Hablemos primero de este caso, ¿de acuerdo? ¿Cómo descubrió la revista?
– No me malinterprete -contestó volviendo a poner cara de desconfianza-, pero ¿cómo sé que usted trabaja para Otto? ¿Cómo sé que no es usted un inútil cualquiera?
– Lo sabía -dijo Myron.
– ¿Qué sabía?
– Ya le dije a Otto que usted era el tipo adecuado para el puesto. No es descuidado. Se preocupa de los pequeños detalles. Y eso nos gusta. Necesitamos a alguien como usted.
Blackjack se encogió de hombros. Recogió los dados y volvió a tirarlos. Par de ases.
– Soy un profesional -dijo.
– Salta a la vista -asintió Myron-. Así que, ¿por qué no llama usted mismo a Otto por la línea privada? Él se lo confirmará todo. Estoy seguro de que se sabe el número.
Aquello lo cogió desprevenido. Tragó saliva e intentó disimular mirando a un lado y a otro como un conejo acorralado. Myron casi podía oír los engranajes rodando en su cabeza.
– Bueno, no creo que haya que molestar a Otto por una cosa así -dijo Blackjack-. Ya sabe lo poco que le gusta que le hagan eso. Ya se ve que usted es un tipo honesto. Además, ¿cómo iba a saber lo de la revista si no se lo hubiera dicho Otto?
– Es usted un hombre sorprendente, Blackjack -dijo Myron negando con la cabeza.
Blackjack le hizo un gesto de modestia con la mano.
– ¿Cómo descubrió la revista? -le preguntó Myron.
– ¿No deberíamos hablar primero de mis honorarios? Por teléfono me dijo usted algo de unos diez mil dólares.
– Otto dijo que usted era un tipo en quien se podía confiar. Dijo que le pasara la cuenta a través de Ken. La cantidad que usted considere justa.
Blackjack asintió de nuevo. Cogió los dados y volvió a tirarlos. Otro tres. Menuda práctica tenía el tipo.
– Yo no encontré la revista -dijo Blackjack-, sino que ella me encontró a mí.
– ¿A qué se refiere?
– Me contrataron para hacer un trabajillo y parte de él consistía en enviar ejemplares de esa revista a determinadas personas.
– ¿Era Christian Steele una de esas personas?
– Sí. Por eso sospeché. O sea, me dieron los sobres ya cerrados y con la dirección escrita. No reconocí ningún nombre excepto el de Christian. Otto ya nos había dicho que quería cualquier cosa, cualquier cosa sobre Steele. Así que lo abrí y eché un vistazo. Y ahí fue cuando vi la foto.
– ¿Quién le contrató para enviar la revista por correo?
Blackjack puso una ficha en los pares y otra en los impares, y luego hizo girar la ruleta.
– ¿No quiere poner un par de fichas?
– No. ¿Quién le contrató?
– Bueno, eso es lo más extraño de todo. No lo sé. Recibí un paquete por correo con instrucciones muy precisas. Y dinero en efectivo. Pero nada de nombres.
– ¿Había algún remitente?
– No, sólo un matasellos.
– ¿De dónde?
– De aquí, de Atlantic City. Lo recibí hará diez o doce días.
La ruleta se detuvo y la bolita se posó en el veintidós negro.
– Maldita sea -dijo Blackjack.
– ¿Todavía conserva esas instrucciones?
– Sí, y tanto -contestó Blackjack. Abrió un cajón y le entregó una hoja de papel-. Tenga.
La carta estaba escrita a máquina: