La Reina de la Oscuridad
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Серия: Cronicas de la Dragonlance #3
- Язык: испанский
- Переводчик: Tere Casanovas
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Reina de la Oscuridad». Краткое содержание книги:
Les queda por librar la más grande de las batallas: cada uno consigo mismo.
Y al final, serán héroes.
—Hace honor a su apelativo —comentó el semielfo al desconcertado Caramon—. Sturm y yo le vimos morir en Pax Tharkas, enterrado bajo una tonelada de granito. Dice que ha sucumbido a innumerables catástrofes para renacer de nuevo, y afirma que desconoce el motivo. —Dio un paso al frente a fin de acercarse a Berem y estudiarlo, mientras él lo observaba con el cansancio reflejado en sus, ahora, mortecinos ojos.
—Pero mientes en tus protestas de ignorancia, ¿no es cierto? —añadió Tanis con aparente calma—. Sabes muy bien por qué resucitas, y vas a revelárnoslo. Son demasiadas las vidas que dependen de tu secreto para que te permita conservarlo.
Berem bajó los ojos a modo de disculpa.
—Siento mucho lo de vuestro amigo —balbuceó—. Intenté ayudarle, pero no pude hacer nada.
—Soy consciente de ello —admitió Tanis tragando saliva—. También yo me horrorizo por mi actitud. La escena era borrosa, no vislumbré...
Al oír sus propias palabras, Tanis se preguntó a quién pretendía engañar. Lo había visto todo con total nitidez, su momentánea ceguera fue fruto de su voluntad. ¿De cuántos acontecimientos de su vida podía decirse lo mismo? ¿De las numerosas acciones que había presenciado, cuáles había deformado en su mente? No comprendía a Berem porque no deseaba hacerlo, aquel hombre personificaba para él los más abyectos sentimientos que albergaba en su propia alma y que detestaba sin habérselo confesado nunca. Le había matado, en efecto, mas en realidad su espada había traspasado a un desdoblamiento de su ego.
Se sentía como si aquella herida que él mismo se infligiera hubiera derramado el veneno gangrenoso que corroía sus entrañas. Su mal podía curarse, la pesadumbre por la muerte de Flint era un bálsamo vertido en su interior que le purificaba de su propia perversidad al recordarle la existencia de la bondad, de las más nobles aspiraciones. Al fin lograba liberarse de las oscuras sombras de la culpa. Fuera cual fuere el resultado se había esforzado por redimirse, por enderezar los entuertos que no sólo él causara. Debía reprocharse ciertos errores, pero había llegado la hora de perdonarse a sí mismo y seguir adelante.
Quizá leyó Berem en sus ojos todas estas reflexiones. Sin duda descubrió una compasión que nunca antes había traslucido.
—Estoy cansado, Tanis —declaró de forma inesperada, sin apartar la vista de las enrojecidas pupilas del semielfo—. Agotado. Envidio a tu amigo porque ha hallado el reposo, la paz. ¿Cuándo me será concedida a mí? —Apretó los puños y, con un estremecimiento, hundió el rostro entre sus manos—. ¡Me abruma el temor! Sé que el fin está próximo y tal idea me espanta.
—Todos nosotros sentimos miedo —suspiró Tanis frotándose los llorosos ojos—. Tienes razón, se avecina el desenlace y se nos presenta surcado por las tinieblas. Tú encierras la respuesta, Berem, no lo olvides.
—Os contaré cuanto pueda —accedió el Hombre Eterno, aunque parecían arrancarle las palabras—. Pero debes ayudarme. —Su mano aferró la del semielfo—. ¡Promételo!
—No puedo hacer promesas sin conocer antes la verdad —repuso Tanis en ademán sombrío.
Berem se incorporó, apoyando la espalda en la roca empañada con su sangre. Los otros se acomodaron a su alrededor a la vez que se arropaban en sus capas debido al creciente viento, que azotaba en audibles silbidos las laderas montañosas y aullaba al filtrarse por las junturas de los extraños peñascos. Escucharon el relato de Berem sin interrumpirle aunque en ocasiones Tas, en un repentino acceso de llanto, suspiraba en silencio refugiando el rostro en el hombro de Tika.
Al principio, la voz del Hombre Eterno era poco más que un susurro, las frases brotaban de sus labios con una ostensible reticencia. Luchaba a menudo consigo mismo antes de vomitar la historia, como si le causara dolor. Pero a medida que hablaba aceleró el ritmo, invadida su alma por el inmenso alivio que le producía compartir su secreto tras tantos años de aislamiento.
—Cuando dije que comprendía el tormento que suponía para ti la pérdida de tu hermano era totalmente sincero —comenzó, indicando a Caramon con una inclinación de cabeza—. Yo también tuve una hermana. No éramos gemelos, pero nos sentíamos como tales. Le llevaba un año, y habíamos establecido vínculos muy especiales quizá debido a la soledad en que vivíamos. Nuestra granja se hallaba en las proximidades de Neraka, en un lugar apartado donde no nos rodeaban casas vecinas. Mi madre nos enseñó a leer y escribir lo suficiente para salir adelante, y trabajábamos en los quehaceres que exigía nuestro tipo de existencia.
Mi hermana era mi única compañera, mi única amiga. Y yo representaba lo mismo para ella.
«La supervivencia era entonces difícil y ella trabajó con todas sus fuerzas, demasiado, incluso. Después del Cataclismo, tuvimos que luchar afanosamente para que no faltara el alimento en la granja. Nuestros padres eran ya viejos y estaban enfermos. En el primer invierno casi sucumbimos a la miseria, algo que no puede imaginarse si no se ha conocido.
Mucho se ha hablado del hambre que asolaba estas tierras, pero la realidad sobrepasaba con creces a cualquier rumor. —Sus ojos se ensombrecieron al evocar aquellos tiempos—. Las voraces manadas de animales salvajes y hombres embrutecidos por la penuria deambulaban sin norte y acechaban la granja. Aunque aislados, debo reconocer que corrimos mejor suerte que otros, si bien algunas noches no conseguíamos conciliar el sueño o debíamos armarnos con garrotes para defendemos de los lobos que merodeaban por las cercanías, atentos a la primera oportunidad de asaltarnos. Vi impotente cómo a los veinte años mi delicada hermana se había convertido en una anciana. Su cabello encaneció, se arrugó y demacró su rostro. Sin embargo, nunca profirió una queja.
En primavera no nos hallábamos en mejor situación pero según mi hermana había renacido la esperanza. Podíamos plantar semillas y verlas crecer, o cazar las piezas que, de nuevo, ofrecía el bosque y constituían un sustento aceptable. A ella le entusiasmaba cazar porque era muy hábil con el arco, además de proporcionarle esta actividad la ocasión de vivir al aire libre. Solíamos salir juntos. Aquel día...
Berem enmudeció y, cerrando los ojos, empezó a tiritar como atenazado por el frío.
Aunque le rechinaban los dientes, se sobrepuso lo bastante para proseguir.
—Aquel día nos alejamos más de lo habitual. El fuego provocado por un relámpago había chamuscado el sotobosque y al fin encontramos un camino que nunca habíamos visto antes.
Parecía prometedor porque no habíamos tenido mucho éxito en nuestras escaramuzas y pensamos que quizá nos conduciría a algún venado. Tras recorrer un trecho, comprendí que no eran los animales los que habían abierto aquella brecha en la espesura sino los hombres.
Se trataba de una senda muy antigua que no se había utilizado durante décadas, y al percatarme de este hecho quise retroceder. Pero mi hermana no se detuvo, se había avivado su curiosidad.
El semblante de Berem se contrajo en una tensa mueca. Por un momento Tanis temió que rehusara continuar, mas el Hombre Eterno salió de su ensimismamiento y reanudó el relato.
—Conducía a un extraño paraje. Mi hermana afirmó que eran las ruinas de un antiguo templo erigido en honor de los dioses del Mal. Lo ignoro, lo único que sé es que vi varias columnas rotas y esparcidas por el suelo, cubiertas de maleza, y que flotaba en la atmósfera circundante un halo de perversidad. Deberíamos haber abandonado al instante aquel ominoso recinto.
Berem repitió la frase varias veces, como si entonara un cántico, antes de sumirse en el silencio. Nadie osó despegar los labios así que el narrador retornó el hilo de su historia, tan quedamente al principio que los compañeros tuvieron que acercarse para oírle. No tardaron en comprender que había olvidado donde estaban, que su mente navegaba por un lugar y un tiempo remotos.