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La Odisea de Troya [Trojan Odyssey - es]

Электронная книга - «La Odisea de Troya [Trojan Odyssey - es]». Краткое содержание книги:

Una marea gigante de agua contaminada amenaza la costa de Nicaragua. Al tiempo, un enorme y misterioso huracán se forma en el Caribe y avanza con una velocidad asombrosa.
En su camino se encuentra un barco de cruceros, de dimensiones nunca vistas. La muerte amenaza a un número incalculable de personas. Dirk Pitt, su hijo y Al Giordano acuden a rescatarles, pero cuando lo han hecho descubren algo aterrador, que supone una amenaza para toda la humanidad. Dispondrán de pocos días para detener una catástrofe que puede cambiar el mundo para siempre.
La odisea de Troya es una aventura grandiosa, una muestra más del talento excepcional de un maestro del género.
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– ¿Cuáles son las últimas noticias de Pitt y Giordino?

– No hemos sabido nada de ellos en las últimas ocho horas -respondió Gunn, sin disimular la inquietud-. Nada desde que entraron en lo que describieron como un pozo de ventilación de un túnel. Pitt dijo que atravesaba Nicaragua por debajo de la selva desde el Pacífico hasta el mar de las Antillas.

– ¿No hemos tenido más contactos?

– Sólo silencio -dijo Gunn-. Es imposible comunicarse por teléfono mientras estén bajo tierra.

– Un túnel que une los dos océanos -murmuró Sandecker con un tono de duda.

– Fue lo que aseguró Pitt -declaró Gunn-. También informó de que la constructora pertenece a Odyssey.

– ¿Odyssey? -Sandecker miró a su segundo, desconcertado-. ¿Otra vez?

Gunn asintió con un gesto.

– Parecen surgir por todas partes.

Sandecker se levantó para acercarse a la ventana que daba al río Potomac. Desde allí alcanzaba a ver las velas rojas recogidas de su pequeño balandro amarrado en el puerto deportivo río abajo.

– No tengo ninguna noticia de que se esté excavando un túnel a través del territorio nicaragüense. Se habló durante un tiempo de construir un ferrocarril subterráneo de alta velocidad para el transporte de cargas entre los dos mares… Pero eso fue hace varios años, y hasta donde sé el proyecto nunca se puso en marcha.

Gunn abrió una carpeta, sacó varias fotos y las dejó sobre la mesa del almirante.

– Aquí están las fotos tomadas durante varios años desde los satélites de una pequeña ciudad portuaria llamada San Juan del Norte.

– ¿De dónde las has sacado? -preguntó Sandecker, con evidente interés.

– Hiram Yaeger hizo un recorrido por los archivos de fotografías tomadas por los satélites de diversas agencias de inteligencia y los copió en nuestro banco de datos.

Sandecker se puso las gafas y comenzó a mirar las fotos. Se fijó primero en las fechas en que habían sido tomadas, que aparecían impresas en la parte inferior de cada una. Tardó unos minutos en mirarlas todas.

– Hace cinco años, el puerto parecía desierto. Luego descargaron maquinaria pesada y construyeron instalaciones para la descarga de barcos portacontenedores.

– Por lo que se ve en las fotos, todo el material lo guardaron en depósitos prefabricados y nunca más salieron.

– Parece increíble que algo de tanta magnitud pasara desapercibido durante tanto tiempo.

Gunn dejó una carpeta sobre la mesa junto a las fotos.

– Yaeger también consiguió una copia del informe sobre los programas y operaciones de Odyssey. Solo hay un bosquejo de sus actividades financieras. Como tiene sede en Brasil, no está obligada a presentar balances ni cuentas de resultados.

– ¿Qué pasa con los accionistas? Sin duda reciben el informe anual.

– No aparecen en los listados de las bolsas internacionales, porque la compañía es de propiedad exclusiva de Specter.

– ¿Es posible que pueda financiar por sí sola un proyecto de esta envergadura? -preguntó el almirante.

– Hasta donde sabemos, cuenta con los medios. Así y todo, Yaeger cree que en este proyecto realmente descomunal es probable que reciban fondos de la República Popular China, que ya ha financiado otros proyectos de Specter en Centroamérica.

– Parece lógico. Los chinos están invirtiendo mucho en esa región y tienen cada vez más influencia.

– Otra razón para mantener el secreto -explicó Gunn- es evitar las críticas por el impacto ecológico, social y económico. Mientras los trabajos se realicen en forma encubierta, el gobierno hace caso omiso de la oposición de los activistas nicaragüenses y elude cualquier problema referente a los derechos de paso.

– ¿Specter y la China Roja tienen otros proyectos conjuntos?

– El año que viene comenzarán a construir instalaciones portuarias en el canal de Panamá y un puente que lo atravesará.

– ¿Qué necesidad hay de tanto secretismo? -murmuró Sandecker, mientras volvía a sentarse-. ¿Qué pretenden ocultar?

Gunn levantó las manos en un gesto de impotencia.

– Hasta que consigamos nueva información, estamos completamente a oscuras.

– Es obvio que no podemos quedarnos callados.

– ¿Llamamos a la CIA y al Pentágono, para comunicarles nuestras sospechas? -preguntó Gunn.

Sandecker pensó unos segundos antes de responder.

– No, hablaremos con el consejero de seguridad nacional del presidente.

– Estoy de acuerdo -manifestó Gunn-. Pero esto podría derivar en una situación muy grave.

– ¡Maldita sea! -exclamó el almirante, lleno de frustración-. Si supiéramos algo de Pitt y Giordino… Entonces tendríamos una pista de lo que está sucediendo allá abajo.

Después de llegar a un punto muerto, a Pitt y Giordino no les quedó otra alternativa que regresar por donde habían venido. El cuarto túnel se veía desierto y carecía de cualquier clase de equipamiento. Sólo las estaciones de bombeo en ambos extremos, siniestramente silenciosas, indicaban un oscuro propósito que Pitt era incapaz de adivinar.

También resultaba curioso que no hubiese aparecido una docena de coches patrulla con las luces de emergencia y las sirenas en marcha, lanzados en su persecución en la penumbra del túnel. Tampoco había cámaras de vigilancia. Lo habían quitado todo después de acabar la construcción del túnel.

La respuesta no tardó en hacerse obvia.

– Ahora comprendo porqué los guardias no llevaban ninguna prisa en perseguirnos -comentó Giordino.

– No tenemos dónde ir -señaló Pitt, como punto final a la solución del enigma-. Nuestra pequeña aventura ha llegado a su fin. Los guardias de Specter esperarán a que el hambre y la sed nos obliguen a regresar al túnel principal, con la ilusión de que si nos entregamos quizá nos agasajen con una última cena antes de colgarnos.

– Quizá prefieran dejar que nos muramos aquí.

– También es una posibilidad.

Pitt se enjugó con la manga de la camisa el sudor que de pronto le chorreaba por la frente y se le metía en los ojos.

– ¿Te has dado cuenta de que la temperatura en este túnel es mucho más alta que en los demás?

– Esto comienza a parecer una sauna -afirmó Giordino, con el rostro empapado en sudor.

– El aire huele a azufre.

– Ahora que has mencionado la cena, ¿qué hay de tu provisión de barritas de caramelo?

– Se han acabado.

Repentinamente, ambos pensaron lo mismo en el mismo instante, y se volvieron el uno al otro para decir las mismas tres palabras al unísono.

– Pozo de ventilación.

Giordino fue el primero en recuperar la seriedad.

– Quizá no. No veo las cabinas de control elevadas que hay en los otros túneles.

– Lo más probable es que las desmontaran junto con los rieles y los focos, dado que ya no eran necesarias para controlar la ventilación una vez acabada la construcción.

– Sí, pero los peldaños estaban empotrados en la pared. Te juego la paga del mes que viene, si es que vivo para cobrarla, que no se molestaron en quitarlos.

– No tardaremos en averiguarlo -dijo Pitt, mientras Giordino pisaba el acelerador y el coche salía disparado.

Después de recorrer casi treinta kilómetros, la luz de los faros mostró los peldaños en una de las paredes. Giordino aparcó unos diez metros antes, para que los faros iluminaran un sector lo más amplio posible.

– Los peldaños suben hasta donde estaba la cabina de control -comentó. Se rascó la sombra de barba que le había crecido en las mejillas y la barbilla.

Pitt se apeó del coche y comenzó a subir. Debía de haber pasado un año o más desde que habían acabado el túnel y retirado todos los equipos, pues los peldaños estaban mohosos y con manchas de óxido. Subió hasta el último y se encontró con una tapa de hierro con cerrojo que sellaba la entrada al pozo de ventilación.

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