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Mujeres peligrosas

Электронная книга - «Mujeres peligrosas». Краткое содержание книги:

Las mujeres más peligrosas son aquellas que resultan irresistibles. ¿Qué hace peligrosa a una mujer? Su gran belleza, su encanto, su inteligencia, la manera en que se aparta el cabello de los ojos, o el modo de reírse. Puede tener conciencia absoluta de su poder, o desconocerlo por completo. Utilizarlo comoa rma o protegerse detrás de él. La intención y el propósito no aumentan ni disminuyen el poder, y ése es mayor peligro de todos los que son seducidos y sometidos por él.
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– ¿Así es como ves la vida? -La sonrisa de Tonia era fría.- ¿Nada es causa y efecto, no hay responsabilidad? ¿Simplemente te toca a ti?

Una chispa de furia se encendió en los ojos de Kate.

– ¿No estás distorsionando un poco las cosas? ¿Una ola sorpresa me moja los pies, y eso demuestra que toda mi filosofía de vida es irresponsable? De la misma manera, yo podría decir que tú te alejaste a la carrera de la costa, ¡y entonces toda tu vida consiste en huir de las cosas y dejar que otra gente las sufra!

– ¿Cuando dices otra gente te refieres a ti? -preguntó Tonia, con leve matiz de ironía en su voz-. ¿Y estás segura de que te refieres a mí? Susannah tampoco se mojó. Caminó bien lejos del agua todo el tiempo.

– ¡Oh, felicitaciones a Susannah! -dijo Kate con sarcasmo-. ¡Qué sensata! ¡Qué valiente!

¿Estaban hablando de la ola o de otra cosa? Susannah sentía frío al sol. ¿Acaso Tonia sabía, y esa era su manera de decírselo a Kate? ¿Se proponía hacer esos comentarios hirientes toda la semana, hasta que el carácter ardiente y salvaje de Kate reaccionara y se provocara una verdadera lucha entre ellas, de la que Tonia saldría triunfante de alguna manera?

¡De alguna manera! Tonia había sido la esposa de Ralph. Kate había sido su amante. No había para eso justificación moral ni social. Las dos dirían cosas horribles, y la liberación de su furia podría significar un alivio momentáneo, pero no habría perdón, no habría manera de que ambas volvieran al sitio en el que habían estado antes. Tonia le diría ladrona a Kate, puta incluso, una traidora a todo lo que significaba la familia.

Kate señalaría que Ralph se había casado con Tonia, pero se había cansado de ella, y al final había preferido a Kate. Era a Kate a quien él amaba. Nada podía cambiar eso, o curarlo. Tonia no tendría ninguna acusación con la que pudiera replicar a eso. Era la verdad.

Susannah se retorcía en su lástima por la dos. Las dos lo habían amado, a su manera, y habían creído que él las amaba.

¡Por supuesto que estaban equivocadas! Ella lo sabía más allá de toda duda. Tal vez Tonia aún creía sinceramente que el juicio había sido injusto, que no había habido ningún robo, ninguna lenta y cuidadosa corrupción que posibilitaría a Ralph acceder al cargo político que tan intensamente anhelaba. Tal vez ese fuera su único anhelo verdadero. Las mujeres eran un camino placentero para lograr su propósito, como una buena comida para recuperar las fuerzas durante un largo viaje.

¿Alguna vez había amado a Tonia? ¿O sólo significaba para él un matrimonio ventajoso? ¿Había amado a Kate? ¿O simplemente le resultaba entretenida, una diversión bienvenida para engañar a la autoritaria y posesiva Tonia, y reírse un poco a sus espaldas?

Susannah sabía perfectamente por qué la había buscado a ella. Por lo menos ahora ella lo sabía. Al principio había imaginado que él la amaba. Allí de pie en el aire centelleante, por encima del rugido de las olas, en medio del aroma de los pinos y la madreselva, recordó la dulzura de esas pocas semanas embriagadoras en que la sonrisa de él había iluminado sus ensueños, su voz había debilitado su imaginación, el roce de su mano había hecho latir con fuerza su corazón, disparando la sangre que corría por sus venas.

Pero había estado demasiado seguro de sí mismo. Le había pedido ayuda demasiado pronto. Después de haber ganado a dos hermanas, había dado por descontado que también la tercera le pertenecía. Ella le sería útil, sólo eso. Se encontraba en la posición perfecta, porque los funcionarios del banco le tenían confianza, para proporcionarle a él la información que deseaba. En cambio Susannah había usado su posición para atraparlo.

Por supuesto, nadie lo sabía. Tonia no tenía idea de que Susannah había sido quien le había dicho a la policía lo que debía buscar, y les había armado el rompecabezas completo. Tonia creía que había sido ese inteligente detective, Innes. Le había echado la culpa a él, y él había estado más que contento de que se le adjudicara todo el crédito por la caída de una figura tan prominente como Ralph Bessemer… ¡y por corrupción! El Senado estatal había sido salvado de sufrir un profundo daño, y a Innes le habían concedido un ascenso.

Naturalmente, Kate había creído lo mismo. Kate era apasionada, divertida, irascible, bondadosa a veces, con frecuencia desconsiderada. Pero sobre todo era una persona simple. No buscaba nada más allá de lo obvio.

Regresaban caminando lentamente a la sombra de los pinos. A los lados del sendero había zarzamoras silvestres.

– Habrá fruta para recoger en el otoño -observó Tonia-. Eso te gustará, Kate. Sólo que debes tener cuidado de no pincharte con las espinas. Pueden causarte unos feos rasguños, muy profundos. Y hasta puedes tener la mala suerte de que se infecten.

– Tendré cuidado -respondió Kate, un poco tensa.

– Oh… entonces aprendiste, ¿no es cierto? -Tonia se detuvo un momento para volverse y mirarla, con expresión fría, arqueando sus cejas delicadas.

– Siempre he sido cuidadosa para recoger las bayas -replicó Kate.

– Sí, lo has sido -coincidió Tonia-. O para recoger cualquier otra fruta. Has logrado entrar y salir sin un rasguño, y llevarte tu trofeo.

Volvió a mirar hacia adelante para ver por dónde iba.

Kate vaciló en su avance. Para entonces, ya debía estar tan segura como Susannah de que Tonia lo sabía. Tonia estaba jugando su juego, decía y no decía… infligía pequeñas heridas hasta que Kate se saliera de quicio y provocara abiertamente una pelea.

¿Y entonces qué? ¿Gritos, acusaciones, desdicha, culpa? ¿Eso era lo que quería Tonia, que Kate sintiera la amarga y corrosiva vergüenza del desenmascaramiento de una traición? De nada serviría. Eso no cambiaría nada de lo que Ralph había dicho o hecho… y sobre todo no lo haría regresar para volver a amar o engañar a ninguna de las dos.

Sin embargo no podía decirle eso a Tonia sin revelar que ella también sabía.

Llegaron en silencio al auto. El viaje de regreso bajo la luz moteada de sombra debería haber sido maravilloso, pero la belleza exterior del día ya se había encapotado para todas ellas. En el camino de vuelta, y durante el almuerzo en la casa, Tonia hizo constantes comentarios de doble sentido, y Kate se enojó cada vez más. Dos veces devolvió el golpe, aunque sus palabras perdieron mordacidad debido a su conciencia de culpa. Susannah podía verlo todo escrito en el rostro de Kate: el estallido de ira, la respuesta perfecta en sus ojos, después el control al recordar las razones por las que Tonia estaba tan herida, por qué al menos en un aspecto tenía todo el derecho de atacarla.

La vergüenza, sin embargo, no inmovilizaría su lengua para siempre. Susannah lo supo más allá de toda duda. ¿Lo sabría también Tonia?

Después del almuerzo hubo cosas que hacer: lavar los platos, preparar la cena, ir a buscar leña y cortar un poco. En mitad de la tarde Kate anunció que iría a dar un paseo alrededor de la laguna, preferiblemente sola, para ver las garzas azules.

Susannah se dirigió a Tonia.

– Me gustaría ir otra vez a la playa. ¿Quieres venir conmigo? -Tal vez pudiera convencerla de acabar la pelea.

– Por supuesto -aceptó Tonia-. Es una idea excelente.

Susannah se sintió complacida, y sorprendida. Tal vez el asunto no le resultara tan difícil.

Estaba un poco más frío que el día anterior, pero agradable todavía, y la marea estaba aún más baja, ofreciéndoles así mucho lugar para caminar por la arena, debajo de las rocas.

Tonia sonreía. Sus hombros estaban tensos y caminaba con deliberación y no con soltura. De todas maneras la situación había mejorado sustancialmente si se la comparaba con lo que había sido a la mañana. ¿Tal vez ya se había dado por satisfecha, había dicho todo lo quería decir?

Susannah no podía decidir si debía decirle algo o no. Esa podría ser su única oportunidad. Tres días más de esas amargas indirectas serían insoportables. ¿Cómo podía hablar con Tonia sin traicionarse?

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