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Los hombres de la guadaña

Электронная книга - «Los hombres de la guadaña». Краткое содержание книги:

Cuando parecía que la vida de Louis y Angel, los amigos del ex policía Charlie Parker, había alcanzado cierta paz y estabilidad, surgen de pronto sombras de su turbio pasado deseosas de saldar cuentas pendientes. No cabe duda de que alguien quiere atentar contra sus vidas. Y, en esta ocasión, prefieren dejar al margen a Parker, que ha perdido su licencia de investigador privado y el permiso de armas y se gana la vida de camarero en un bar. A Louis no le queda más remedio que volver a ponerse en contacto con su viejo mentor, el enigmático Gabriel… A los quince años, Louis estaba al borde del abismo: había vengado la muerte de su madre y, acusado de asesinato, se encontraba en pleno interrogatorio cuando apareció Gabriel y le ofreció una vía de escape: formar parte de los temibles Hombres de la Guadaña. Ahora, Louis tendrá que librar junto a Angel una encarnizada lucha a vida o muerte.
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Era un trabajo aburrido, y habían matado el tiempo como buenamente habían podido. Mientras los Lowein dormían, Ventura se explayaba de manera muy general sobre su vida como Hombre de la Guadaña, dando a Louis algún que otro consejo. Disertó sobre las armas de largo alcance, ya que una de las especialidades de Ventura era el uso del rifle. Le habló a Louis del origen del término inglés sniper, utilizado en la caza de aves en la India en el siglo XIX; de Hiram Berdan, el general de la guerra de secesión que fue uno de los principales exponentes de este arte y contribuyó a perfeccionar técnicas utilizadas aún hoy por los francotiradores; del comandante inglés Hesketh-Pritchard, que organizó la primera Academia Militar de Francotiradores, Vigilancia y Exploración durante la primera guerra mundial, en respuesta a los ataques de los francotiradores alemanes a los soldados británicos; de los equipos rusos en la segunda guerra mundial, y el uso menos eficaz de los francotiradores por parte de los norteamericanos, que aún no habían descubierto que armar al tirador de una unidad con un M1, un M1C o un M1903 no era lo mismo que crear un francotirador.

Louis escuchaba. Le pareció que las aptitudes valoradas en un francotirador no carecían de importancia en su propia situación: inteligencia, fiabilidad, iniciativa, lealtad, estabilidad y disciplina. Tenía sentido entrenarse con frecuencia, mantener a punto las habilidades; conservarse en un excelente estado físico, porque en eso se basaba la seguridad en uno mismo, el aguante y el control; no fumar, porque si a uno se le escapaba una tos, podía delatar su posición, y el deseo de un cigarrillo acarrearía nerviosismo e irritación, y una considerable disminución de la eficiencia; y poseer un buen equilibrio emocional, sin ansiedad ni remordimientos a la hora de matar.

Por último, Ventura le explicó a Louis la importancia de la renuncia. Los francotiradores, y los Hombres de la Guadaña, eran instrumentos de la oportunidad. Era importante prepararse, de modo que uno pudiera estar listo cuando surgiera la oportunidad. Una buena preparación podía crear oportunidades, pero a veces la oportunidad no se presentaba, y no convenía forzar las circunstancias. Ya surgiría otra ocasión, con el tiempo, si uno tenía paciencia y estaba preparado.

Pero había ocasiones en que no todo era propicio, en que uno instintivamente sabía que debía marcharse, dejarlo todo y renunciar. Ventura habló de una misión en Chile. Había estado siguiendo al blanco con la mira, y le faltaba muy poco para apretar el gatillo cuando uno de los guardaespaldas alzó la vista hacia la ventana donde acechaba Ventura. Sabía que el guardaespaldas no podía verlo. Era casi de noche, y él iba vestido de negro con tela antirreflectante detrás de una ventana a oscuras en un edificio de apartamentos anónimo. Incluso había ennegrecido la boca del rifle. Era imposible que la mirada del guardaespaldas se hubiera posado en él, pero así fue.

Ventura ni siquiera se planteó disparar, pese a que ya tenía el dedo tenso sobre el gatillo. En lugar de eso renunció. Era una trampa. Alguien había informado. Había escapado del edificio por los pelos, dejando allí el rifle. Gabriel lo había entendido, y se había detectado y reparado la filtración.

– Recuerda -había dicho Ventura-. Sólo tienes una vida. Tu obligación es hacerla durar. El truco está en saber cuándo debes quedarte y cuándo renunciar.

Eran más de las dos de la madrugada. Los Lowein dormían arriba, los adultos juntos en una habitación del primer piso, los niños en la de al lado. El segundo piso estaba vacío. Dos veces cada hora, Louis y Ventura hacían una ronda de comprobación. Abajo, se oía a Connie Francis por la radio: una grabación de un programa antiguo. Lo había elegido Ventura, no Louis. Este lo toleró por deferencia al hombre de más edad.

Ventura lo había dejado sentado en un sillón mientras iba arriba a cerciorarse de que los Lowein estaban bien. Después de cinco minutos, al ver que Ventura aún no había vuelto, Louis abandonó su asiento y salió al pasillo.

– ¿Ventura? -llamó-. ¿Estás bien?

No recibió respuesta. Probó con el walkie-talkie, pero sólo le llegaron interferencias.

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