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Desaparecida [Long Lost-es]

Электронная книга - «Desaparecida [Long Lost-es]». Краткое содержание книги:

Myron Bolitar no es uno más. Es la única esperanza de Terese Collins. Hace ocho años ambos huyeron a una isla caribeña para dedicarse a amarse. Pero ella desapareció sin dejar ni el más mínimo rastro, incluso para alguien tan avieso como Bolitar. Hasta que sonó el teléfono a las cinco de la mañana. Sólo dijo: «Ven a Parísۛ», dejando el aroma de un encuentro romántico, sensual, lleno de fantasías, con el que recuperar el tiempo perdido. Pero Bolitar ya presagiaba que Terese había pronunciado aquellas palabras con otra intención: era un grito de socorro.
Rick, el ex marido de Collins y periodista estrella de la CNN, ha aparecido asesinado en París. Ella es la única sospechosa. La prueba preliminar de ADN, sin embargo, señala a otra: su hija. ¿Pero no murió hace más de diez años? Bolitar nunca habría imaginado todo lo que ocultaba Terese Collins: un íntimo secreto que sólo devastará a los dos, sino que podría cambiar el mundo. Un secreto en el que se cruza el periodismo y la Interpol, incluso el Mossad.
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Espero que Terese reaccione, que haga un gesto. No lo hace.

– ¿Los capturaste a todos?

– No fui yo. Deshice el grupo principal en Connecticut. Jones encontró más información en el interior de aquella casa y supongo que algunos de los terroristas supervivientes fueron interrogados. -No quería pensar en cómo, o quizás sí, ya no lo sé-. Muerte Verde tenía otro campamento en las afueras de París. Fue asaltado en cuestión de horas. El Mossad y los israelíes bombardearon un gran campo de entrenamiento en la frontera sirio-iraquí.

– ¿Qué pasó con los niños?

– A algunos los mataron. Otros están en custodia.

Terese comienza a bajar la colina.

– ¿Crees que como Carrie nunca conoció antes el amor ahora no debería conocerlo?

– No es eso lo que digo.

– Pues es como suena.

– Te estoy hablando de la realidad.

– Tú tienes amigos que han criado niños, ¿no? -pregunta.

– Por supuesto.

– ¿Qué es lo primero que te dirán? Que sus hijos nacieron de cierta manera. Programados. La naturaleza por encima de la crianza. Los padres pueden criarlos e intentar mantenerlos en la senda correcta, pero al final son poco más que cuidadores. Algunos chicos acabarán siendo dulces. Otros acabarán sicóticos. Tienes amigos que han criado a sus hijos de idéntica manera. Uno de los chicos es abierto, el otro es callado, uno es un miserable, el otro es generoso. Los padres aprenden muy pronto que su influencia es limitada.

– Ella nunca ha conocido lo que es el amor, Terese.

– Pues ahora lo conocerá.

– No sabes de lo que es capaz.

– No sé de lo que es capaz nadie.

– Ésa no es una respuesta.

– ¿Qué más esperas que diga? Ella es mi hija. La vigilaré. Eso es lo que hace una madre. También la protegeré. Y estás equivocado. Conociste a Ken Borman. Aquel chico del colegio privado.

Asiento.

– Carrie se sintió atraída. A pesar del indescriptible infierno que vivió cada día, de alguna manera sintió la conexión. Intentó apartarse. Por eso estaba con Matar en París. Para ser reeducada.

– ¿Estaba allí cuando Rick fue asesinado?

– Sí.

– Su sangre estaba en el escenario del crimen.

– Dice que intentó defenderlo.

– ¿Te lo crees?

Terese me sonríe.

– Perdí a una hija. Haré lo que sea, cualquier cosa, para recuperarla. ¿Lo entiendes? Tú me podrías decir, por ejemplo, que ha sobrevivido y ahora es un monstruo horrible. No cambia nada.

– Carrie no es Miriam.

– Sigue siendo mi hija. No voy a renunciar a ella.

Detrás de Terese su hija se levanta y comienza a bajar la colina. Se detiene y mira hacia nosotros. Terese sonríe y saluda. Carrie responde. Quizás también sonríe, pero no lo sé a ciencia cierta. Tampoco puedo decir a ciencia cierta que Terese se equivoca. Me lo pregunto. Me pregunto por aquel adolescente rubio que bajó las escaleras corriendo para dispararme, por qué titubeé. La naturaleza frente a la crianza. Si la chica en aquella colina hubiese sido genéticamente de Matar, si una chica concebida y después criada por extremistas locos se convierte en extremista loca, la mataríamos sin vacilar. ¿Es diferente debido a la genética? ¿Debido al pelo rubio y los ojos azules?

No lo sé. Estoy demasiado cansado para pensarlo.

Carrie nunca ha conocido el amor. Ahora lo conocerá. Supongamos que a usted y a mí nos hubiesen criado como a Carrie. ¿Sería mejor si nos destruyesen sin más como tantos productos caducados? ¿Acaso algún resto de humanidad básica acabará por imponerse?

– ¿Myron?

Miro el hermoso rostro de Terese.

– Yo no renunciaría a tu hijo. Por favor no renuncies a la mía.

No digo nada. Sujeto su hermoso rostro entre mis manos, la acerco a mí, beso su frente, mantengo mis labios allí y cierro los ojos. Siento sus brazos que me rodean.

– Cuídate -digo.

Me aparto. Hay lágrimas en sus ojos. Echo a andar por el sendero.

– No tendría que haber vuelto a Angola -me dice.

Me detengo y me vuelvo hacia ella.

– Podría haberme ido a Myanmar, a Laos o a algún lugar donde nunca hubieses podido encontrarme.

– Entonces, ¿por qué escogiste este lugar?

– Porque quería que me encontrases.

Ahora también hay lágrimas en mis ojos.

– Por favor, no te vayas -dice ella.

Estoy tan cansado… Ya no duermo. Los rostros de los muertos están allí cuando cierro los ojos. Los ojos azul hielo me miran. Las pesadillas acosan mis sueños, y cuando me despierto, estoy solo.

Terese camina hacia mí.

– Por favor, quédate conmigo. Solo por esta noche, ¿vale?

Quiero decir algo, pero no puedo. Ahora las lágrimas caen deprisa. Ella me abraza, e intento con todas mis fuerzas no derrumbarme. Mi cabeza se apoya en su hombro. Me acaricia el pelo y me acuna.

– Tranquilo -susurra Terese-. Ya se ha acabado.

Mientras ella me tenga entre sus brazos, me lo creo.

Pero hoy mismo, en algún lugar de Estados Unidos, un autocar aparca delante de un monumento nacional rodeado por un numeroso público. El autocar lleva a un grupo de chicos de dieciséis años en un viaje de estudios a través del país. Hoy es el tercer día de su viaje. Brilla el sol. El cielo está despejado.

Se abre la puerta del autocar. Los adolescentes se bajan entre risas.

El último en bajar es un chico de pelo rubio.

Tiene los ojos azules con un anillo dorado alrededor de cada pupila.

Y aunque carga con una pesada mochila, camina hacia la muchedumbre con la cabeza erguida, los hombros echados hacia atrás y la postura perfecta.

AGRADECIMIENTOS

Bien, comencemos por darles las gracias a los funcionarios del 36 Quai des Orfèvres, porque son los representantes de la ley y no quiero que ninguno se enfade conmigo: monsieur le Directeur de la Pólice Judiciaire, Christian Flaesch; monsieur Jean-Jacques Herlem, Directeur-Adjoint chargé des Brigades Centrales; madame Nicole Tricart, Inspectrice Genérale, conseiller auprés du Directeur General de la Pólice Nationale; monsieur Loi'c Garnier, Commissaire Divisionnaire, Chef de la Brigade Criminelle; mademoiselle Frédérique Conri, Commissaire Principal, Chef-Adjoint de la Brigade Criminelle.

Sin un orden particular, pero con muchísima gratitud: Marie-Anne Cantin, Eliane Benisti, Lisa Erbach Vanee, Ben Sevier, Melissa Miller, Françoise Triffaux, Jon Wood, Malcolm Edwards, Susan Lamb, Angela McMahon, Ali Nasseri, David Gold, Bob Hadden, Aaron Priest, Craig Coben, Charlotte Coben, Anne Armstrong-Coben, Brian Tart, Mona Zaki y Dany Cheij.

Algunos de los personajes de este libro han surgido a través de diversos prismas. Los creé hace años, otros fueron proyectados bajo una luz distinta, luego otros más los interpretaron, y entonces los recreé aquí como seres totalmente diferentes. Por eso debo darles las gracias á Guillaume Canet, Philippe Lefebvre (dos veces) y Francois Berleand.

Harlan Coben

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