Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Desaparecida [Long Lost-es]
Desaparecida [Long Lost-es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Desaparecida [Long Lost-es]

Электронная книга - «Desaparecida [Long Lost-es]». Краткое содержание книги:

Myron Bolitar no es uno más. Es la única esperanza de Terese Collins. Hace ocho años ambos huyeron a una isla caribeña para dedicarse a amarse. Pero ella desapareció sin dejar ni el más mínimo rastro, incluso para alguien tan avieso como Bolitar. Hasta que sonó el teléfono a las cinco de la mañana. Sólo dijo: «Ven a Parísۛ», dejando el aroma de un encuentro romántico, sensual, lleno de fantasías, con el que recuperar el tiempo perdido. Pero Bolitar ya presagiaba que Terese había pronunciado aquellas palabras con otra intención: era un grito de socorro.
Rick, el ex marido de Collins y periodista estrella de la CNN, ha aparecido asesinado en París. Ella es la única sospechosa. La prueba preliminar de ADN, sin embargo, señala a otra: su hija. ¿Pero no murió hace más de diez años? Bolitar nunca habría imaginado todo lo que ocultaba Terese Collins: un íntimo secreto que sólo devastará a los dos, sino que podría cambiar el mundo. Un secreto en el que se cruza el periodismo y la Interpol, incluso el Mossad.
1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62
Перейти на страницу:

– No lo entiendo. ¿Por qué han venido a mí?

– Tus amigos nos dijeron que te la habías ligado.

Agachó la cabeza una vez más.

– De hecho, dijeron que habías hecho algo más que ligártela.

Se encogió de hombros.

– ¿Y?

– ¿Cuál es su nombre completo?

– ¿Tampoco saben eso?

– Está en problemas, Ken.

Berleand llegó junto a nosotros. Jadeaba muy fuerte. Metió la mano en el bolsillo -creí que para sacar un lápiz- y en vez de eso sacó un cigarrillo. Sí, eso ayudaría.

– Carrie Steward -dijo.

Miré a Berleand. Asintió, jadeó un poco más y consiguió decir:

– Llamaré.

Sacó el móvil y empezó a caminar con el teléfono en alto para buscar cobertura.

– No entiendo por qué huiste -dije.

– Mentí -respondió-, a mis amigos, ¿vale? Nunca me acosté con ella. Solo dije que lo había hecho.

Esperé.

– Nos conocimos en la biblioteca. Era tan hermosa… La acompañaban otras dos rubias, todas con el aspecto de haber salido de Los chicos del maíz. Era siniestro. La cuestión es que la estuve mirando durante tres días. Por fin salió sola. Me acerqué y la saludé. Al principio no me hizo el menor caso. Me refiero a que pasaba de mí, pero esta chica me producía escalofríos. No obstante, me dije, ¿qué tengo que perder? Así que continué hablando; tenía mi iPod. Le pregunté qué música le gustaba y me respondió que no le gustaba la música. No me lo podía creer, y le hice escuchar algo de Blue October. Vi que su rostro cambiaba. El poder de la música, ¿no?

Se calló. Miré. Berleand hablaba por teléfono. Transmití el nombre de Carrie Steward a Esperanza y Terese. Que ellas también comenzasen a investigar. Continuaba temiendo que alguien de la escuela se acercase a nosotros, pero hasta el momento, todo en calma. Nos habíamos sentado en la hierba, de cara al campus. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo de un color naranja intenso.

– ¿Qué pasó? -pregunté.

– Comenzamos a hablar. Me dijo que se llamaba Carrie. Quería escuchar otras canciones. No dejaba de mirar a un lado y a otro, como si tuviese miedo de que sus amigas pudieran verla charlando conmigo. Me hizo sentir como un perdedor, quizás era aquello de chica de ciudad frente a alumno de colegio privado, no lo sé. De todas maneras eso fue lo que pensé. Al principio. Nos encontramos varias veces más después de aquello. Ella venía a la biblioteca con sus amigas y luego salíamos para ir a la parte de atrás, charlábamos y escuchábamos música. Un día le hablé de un grupo que tocaba en Norwalk. Le pregunté si quería ir. Se puso pálida. Parecía muy asustada. Le dije que tampoco era para tanto. Carrie dijo que quizás podríamos intentarlo. Le dije que podía pasar a recogerla por su casa. Entonces se le fue la olla. Lo juro, del todo.

El aire comenzaba a refrescar. Berleand acabó de hablar por teléfono. Me miró, vio nuestros rostros y comprendió que lo mejor era mantenerse apartado.

– ¿Qué pasó después?

– Me dijo que aparcase al final de Duck Run Road. Que se reuniría conmigo allí a las nueve. Así que aparqué allí unos minutos antes de las nueve. Estaba oscuro. Esperé. No había luz en la carretera ni en ninguna parte. Seguí esperando. Eran las nueve y cuarto. Escuché un ruido y entonces de pronto abrieron la puerta de mi coche y me sacaron.

Ken se interrumpió. Lloraba de nuevo. Se secó las lágrimas.

– Alguien me dio un puñetazo en la boca. Me arrancó dos dientes. -Me lo mostró-. Me sacaron del coche. No sé cuántos eran. Cuatro, quizás cinco, y me daban de puntapiés. Yo solo me tapaba, me ponía las manos sobre la cabeza, creía que iba a morir. Luego me puse de espaldas. Sin moverme. Seguía sin poder verles las caras, ni quería hacerlo. Uno de ellos me mostró una navaja. Dijo: «Ella no quiere volver a hablar contigo. Si dices una palabra de esto mataremos a tu familia».

Ken y yo continuamos sentados y no dijimos nada por unos momentos. Miré a Berleand. Sacudió la cabeza. No había nada referente a Carrie Steward.

– Eso es todo -dijo-. Nunca la volví a ver. Ni a ninguna de las chicas con las que iba. Es como si hubiesen desaparecido.

– ¿Se lo dijiste a alguien?

Sacudió la cabeza.

– ¿Cómo explicaste tus heridas?

– Dije que me habían golpeado a la salida del concierto. No se lo dirá a nadie, ¿verdad?

– No se lo diré a nadie. Pero necesitamos encontrarla, Ken. ¿Tienes alguna idea de dónde podría estar Carrie?

No dijo nada.

– ¿Ken?

– Le pregunté dónde vivía. No me lo quiso decir.

Esperé.

– Pero un día -se detuvo, respiró hondo- la seguí cuando salió de la biblioteca.

Ken desvió la mirada y parpadeó.

– Entonces, ¿sabes dónde vive?

Se encogió de hombros. -Quizás, no lo sé. No lo creo. -¿Puedes mostrarme hasta dónde la seguiste? Ken sacudió la cabeza.

– Puedo indicarle cómo se llega. Pero no iré con usted, ¿vale? Ahora mismo solo quiero irme a casa.

38

La cadena que nos cerraba el paso tenía un cartel que decía: «CAMINO PRIVADO».

Nos detuvimos y aparcamos a la vuelta de la esquina. No había nada a la vista excepto campos de cultivo y bosques. Hasta ese momento nuestras diversas fuentes no habían encontrado a ninguna Carrie Steward. El nombre bien podía ser un seudónimo, pero todos continuaban buscando. Esperanza me llamó:

– Tengo algo que quizás te interese.

– Adelante.

– Mencionaste a un tal doctor Jiménez, un joven residente que había trabajado con el doctor Cox cuando puso en marcha Cryo-Hope.

– Así es.

– Jiménez también está vinculado a Salvar a los Ángeles. Asistió a un seminario que patrocinaron hace dieciséis años. Haré una búsqueda, a ver si nos puede dar alguna pista respecto a la adopción de embriones.

– Está bien.

– ¿Carrie es diminutivo de algo? -preguntó.

– No lo sé. ¿Quizás de Carolina?

– Lo comprobaré y te volveré a llamar cuando sepa algo.

– Una cosa más. -Le indiqué la intersección más cercana-. ¿Puedes buscar la dirección en Google y ver qué encuentras?

– No aparece nada en la dirección respecto a quién vive ahí. Al parecer estás en una zona de campos de cultivo. Ninguna idea de quién es el propietario. ¿Quieres que lo busque?

– Por favor.

– Te llamo tan pronto como pueda.

Colgué.

– Eche una ojeada -dijo Berleand.

Señaló un árbol que había cerca de la entrada. Había una cámara de seguridad que enfocaba la cadena.

– Una seguridad muy estricta para ser una granja -comentó.

– Ken nos habló del camino privado. Dijo que Carrie había entrado.

– Si lo hacemos, sin duda nos verán.

– Eso si la cámara funciona. Podría ser simulada.

– No -dijo Berleand-. Una simulada estaría más a la vista.

Tenía razón.

– Podríamos ir caminando -sugerí.

– Es una intrusión -señaló Berleand.

– Qué más da. Tenemos que hacer algo, ¿no? Tiene que haber una casa o algo al final del camino. -Entonces recordé algo-. Espéreme un momento.

Llamé a Esperanza.

– Estás delante del ordenador, ¿no?

– Así es.

– Busca en el mapa de Google la dirección que te di.

Escuché un rápido tecleo.

– Vale, la tengo.

– Ahora clica en la opción de foto de satélite y amplíala.

– Espera. Vale, ya está.

– ¿Qué hay al final de un pequeño camino en el lado derecho de la carretera?

– Mucho verde y lo que parece ser una casa muy grande vista desde arriba. Quizás a unos ciento ochenta metros de donde estás, no más. Es muy solitario.

– Gracias. Colgué.

1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)