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La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]

Электронная книга - «La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]». Краткое содержание книги:

En el año 3159, la humanidad ha conquistado las estrellas, y los otrora despreciados gitanos son hoy mimados y respetados, porque solo ellos pueden llevar a buen puerto las astronaves en sus largos saltos estelares.
Pero los gitanos tienen también otros talentos,. Arrastrados por su tradición errante, siguen vagando, pero hoy no solo a través del espacio, sino también del tiempo: su facultad de espectrar les permite trasladarse a las más remotas épocas, y volver al viejo y ya desaparecido planeta Tierra para contemplar su vida pasada, desde el esplendor de la antigua ciudad de Atlantis hasta el horror de los campos de exterminio nazis.
Y los gitanos mantienen un antiguo sueño: volver a su mundo de origen. Porque ellos nunca fueron nativos de la Tierra. Y así, contemplan desde el cielo de los mil mundos por los que se hallan ahora dispersos la Estrella Romani, de la que tuvieron que huir precipitadamente para salvar sus vidas, y anhelan el día en que podrán regresar a su hogar. Y quien mas lo anhela es Yakoub, el Rey de los Gitanos, un personaje mezcla de Falstaff y Ricardo Corazón de León, que abdicó de su trono para poner las cosas en su sitio y ahora tiene que volver a él para cumplir con el último destino de la raza rom.
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Me preguntaba, sin embargo, acerca de esos cambios en la tecnología del pilotaje estelar. Si los gaje estaban diseñando nuevas naves que hacían razonablemente posible para ellos operarlas, entonces eso iba a traer consecuencias para los roms. Si no ahora, sí dentro de diez años, veinte, cincuenta. Era algo de lo que tendría que ocuparse el Rey de los Roms. Pero el Rey de los Roms era ahora Shandor, y en lo único en lo que pensaba en estos momentos Shandor era en Shandor.

Mientras permanecía de pie allí, intentando captar el auténtico significado de aquella nueva y extraña sala de saltos, Petsha le Stevo dijo:

—Quizá no hubiera debido devolver el rumbo a su destino original, ¿eh, rey? Quizá debiéramos ir a Iriarte. O a Sidri Akrak.

—¿Qué quieres decir?

—Si vas a Galgala, te encontrarás con grandes problemas allí —respondió lúgubremente —. Odio decirlo, no es asunto mío, pero no me gusta lo que va a ocurrir. Y vas a Galgala, vas directamente a Shandor…

Así que incluso él lo sabía. Y se estaba preguntando qué iba a pasar. Y estaba preocupado por mí. Bien.

Yo también sabía lo que iba a pasar, y no me preocupaba en absoluto. Era de lo que ocurriría después de lo que iba a pasar de lo que no estaba tan seguro. Pero todo lo que podía hacer por el momento era aguardar y ver, lo mismo que todas los demás.

6

Fue agradable ver Galgala de nuevo. Todo aquel maravilloso y resplandeciente oro por todas partes, todo el pulsante amarillo del lugar.

Considerando nuestro antiguo amor hacia el metal amarillo, no es sorprendente que eligiéramos Galgala para convertirlo en nuestro mundo capital cuando salimos al espacio. Puede que el oro no tenga ahora ningún significado, pero sigue brillando tan hermoso como lo hacía en los días en que naciones enteras iban a la guerra por él. Así que el cuartel general de la monarquía rom se aposenta en medio de las Altiplanicies Áureas de Galgala el dorado. Y el palacio del Rey de los Gitanos se halla recubierto con el suficiente oro como para ahogar en él a un ejército de papas del Renacimiento. Paredes de oro, estandartes de oro, polvo de oro flotando en nubes para dar al aire ese aspecto resplandeciente de riqueza y calor.

Pensé que los primeros movimientos de Shandor cuando llegué a Galgala me ofrecerían algún indicio de cómo iban a ir las cosas, pero Shandor no hizo ningún movimiento. Yo viajaba con pasaporte diplomático, y medio esperaba que tuviera la osadía de revocarlo —porque por supuesto él sabía qué era lo que yo pretendía en realidad, probablemente todo el universo lo sabía—, pero no, recibí todo el tratamiento correspondiente a una alta personalidad desde el momento mismo en que llegué. En Xamur, los oficiales de inmigración no tenían ningún protocolo para recibir a un ex rey gitano, pero ahora la noticia de que yo estaba de nuevo en circulación se había difundido, y fui pasado rápidamente más allá de las barreras aduaneras, y tres limusinas nos estaban aguardando a mí y a mi séquito, y había una suite reservada para mí en el hotel Galgala. No la suite real, porque no hay suite real en el hotel Galgala: cuando el Rey de los Gitanos está en Galgala se aloja en su propio palacio, naturalmente. Pero era bastante buena. No necesitaba tres limusinas, por supuesto, ya que mi séquito consistía únicamente en Chorian, pero las acepté de todos modos. Y pasé una semana viviendo en el hotel, baños calientes y masajes, gloriosas fiestas, muchas reverencias y adulaciones del personal. Todo el mundo me miraba como si fuese alguna especie de monstruo sagrado. Casi nadie se atrevía a hablarme excepto en tonos de la mayor reverencia. Incluso salían de espaldas de las habitaciones en mi presencia, lo cual era una solemne majadería. ¿Una obsequiosidad tan abyecta hacia un rey rom? ¿Quién creían que era, algún señor gaje que exigía ese tipo de pompa?

Aguardé a que Shandor reconociera mi presencia de alguna forma, pero no oí nada de él. El pequeño bribón. Como tampoco hubo ninguna visita ceremonial de los grandes nobles roms de Galgala, como había esperado razonablemente. Después de todo, yo era quien había elevado a la mayor parte de ellos a la nobleza, ¿no? Pero nadie acudió a verme. Evidentemente, Shandor los tenía a todos acobardados. Bien, debía haber sido duro para ellos, elegir entre el rey y el ex rey. Especialmente cuando el rey era alguien con la mortífera reputación de Shandor. Me pregunté qué hubiera hecho yo de hallarme en su lugar.

Pero no me hallaba en su lugar. Me hallaba en mi lugar, y había llegado el momento de poner las cosas en marcha. A finales de la primera semana le dije a Chorian que se quedara en el hotel y me aguardara allí, y que no me siguiera por ninguna razón tierra adentro, lo cual fue una orden que aceptó muy de mala gana; y luego envié a buscar una de aquellas limusinas y me hice llevar fuera de la ciudad de Gran Galgala a las Altiplanicies Áureas, hasta el palacio real. Y recorrí el último tramo de la distancia a pie, subiendo los dorados escalones, para enfrentarme a Shandor en su cubil, para decirle que deseaba que sacara sus posaderas de mi trono inmediatamente.

No esperaba que reaccionara positivamente a aquello. En realidad, imaginaba que dudaría sólo un segundo antes de arrojarme a uno de sus calabozos.

El buen viejo Shandor. Me decepciona tan raras veces.

7

Me detuve en la escalinata del palacio, y la luz del sol de Galgala reverberó en todo aquel chapado de oro y en las cadenas de oro y martilleó sobre mí como un gong. Estuve a punto de protegerme los ojos con un brazo ante todo aquel resplandor.

Pero no lo hice. Me detuve muy erguido y desafié el resplandor con el resplandor de mis propios ojos. No puedes aparecer delante del palacio de un rey y empezar retrocediendo en los escalones de la entrada. No si tu intención es sacar a patadas a ese rey de su trono, y eso era lo que había venido a hacer. Metafóricamente, por supuesto.

Había guardias armados delante del palacio, vestidos con llamativas túnicas de tela de oro. Sentí deseos de echarme a reír ante aquello. ¡Guardias! ¡En el palacio del Rey de los Roms! ¿Desde cuándo el Rey de los Roms necesitaba protegerse tras un puñado de guardias? Dios sabe que no había actuado así cuando yo era el rey.

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