La voz
- Автор: Индридасон Арнальд
- Год: 2010
- Язык: испанский
- Год: C
- ISBN: 978-84-672-3886-0
- Переводчик: Enrique Bern
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La voz». Краткое содержание книги:
– También encontramos tabaco de mascar del suyo -dijo Erlendur-. ¿Hace mucho que lo toma?
Ösp volvió a clavar los ojos en él sin decir ni una palabra. Finalmente bajó la vista hacia la cama y la sábana que tenía en las manos. Miró un largo rato la sábana, luego pareció rendirse y la dejó caer sobre la cama.
– Desde los quince años -dijo en voz tan baja que Erlendur apenas la oyó.
Erlendur esperó a que continuara, pero la joven no dijo nada más y los dos se quedaron uno frente al otro en la habitación del hotel, y Erlendur dejó que el silencio viviera un rato. Finalmente, Ösp dejó escapar un profundo suspiro y se sentó en la cama.
– Siempre está sin blanca -dijo en voz baja-. Debe dinero a todo el mundo. Siempre. Y lo amenazan y le pegan, pero él sigue y sigue acumulando más deudas. A veces consigue algo de dinero y puede pagar una parte. Mis padres están ya hartos de él. Le echaron de casa cuando tenía diecisiete años. Le enviaban a hacer curas de desintoxicación pero él se fugaba. Se pasaba quizá una semana sin venir por casa y ellos ponían anuncios en los periódicos para encontrarlo. A él le importaba todo una mierda. Desde entonces anda perdido por ahí. Yo soy la única de la familia que mantiene algún contacto con él. A veces lo dejo entrar en el sótano en invierno. Duerme allí, en ese rincón, cuando tiene que esconderse. Le he prohibido tener drogas allí, pero no me hace ningún caso. No le hace caso a nadie.
– ¿Le das dinero para pagar a esos hombres?
– A veces, pero nunca es suficiente. Han ido a casa de mis padres y los han amenazado, y han roto el coche de mi padre. Mis padres intentan pagar para librarse de ellos, pero la cantidad es enorme. Además hacen aumentar esas sumas con unos intereses desorbitados, y cuando mis padres acuden a la policía, a tipos como tú, se limitan a decirles que no pueden hacer nada porque se trata de simples amenazas, y al parecer no hay nada malo en amenazar a la gente.
Miró a Erlendur.
– Si matan a papá, quizás os pongáis a investigar el caso.
– ¿Tu hermano conocía a Gudlaugur? Deben de haberse enterado de la presencia del otro ahí en el pasillo.
– Se conocían -dijo Ösp en un hondo suspiro.
– ¿Cómo?
– Gulli le pagaba por… -Ösp calló.
– ¿Por qué?
– Por servicios que le hacía.
– ¿Servicios sexuales?
– Sí, servicios sexuales.
– ¿Cómo lo sabes?
– Mi hermano me lo dijo.
– ¿Estuvo con Gudlaugur esa tarde?
– No lo sé. Hace muchos días que no lo veo, y desde luego no desde… -calló-. No lo he visto desde que apuñalaron a Gudlaugur -prosiguió-. No hemos tenido ningún contacto.
– Creo que es posible que estuviera en el pasillo no hace mucho. Después del asesinato de Gudlaugur.
– Yo no lo he visto.
– ¿Crees que pudo ser él quien agredió a Gudlaugur?
– No lo sé -dijo Ösp-. Lo único que sé es que nunca ha agredido a nadie. Está siempre huyendo, y ahora estará huyendo también, seguro, aunque no haya hecho nada. Nunca le ha hecho nada a nadie.
– ¿Y no sabes dónde puede estar ahora?
– No. No he tenido noticias suyas.
– ¿Sabes si conocía al inglés ese del que te hablé, Henry Wapshott? El de la pornografía infantil.
– No, no le conocía. Creo que no. ¿Por qué lo preguntas?
– ¿Tu hermano es homosexual?
Ösp lo miró.
– Sé que hace de todo por dinero -respondió-. Pero no creo que sea gay.
– ¿Querrías decirle que quiero hablar con él? Si notó algo raro en el sótano, tengo que interrogarlo. También tengo que preguntarle sobre su relación con Gudlaugur. Necesito saber si estuvo con él el día que le mataron. ¿Me harás ese favor? Dile que tengo que hablar con él.
– ¿Crees que fue él quien lo hizo? ¿Que fue él quien mató a Gudlaugur?
– No lo sé -dijo Erlendur-. Si no tengo noticias de él enseguida, tendré que ordenar su busca y captura.
Ösp no mostró reacción alguna.
– ¿Sabías que Gudlaugur era gay? -preguntó Erlendur.
Ösp levantó los ojos.
– A juzgar por lo que decía mi hermano, parece que lo era. Y a juzgar por lo que le pagaba a mi hermano por estar con él…
Ösp calló.
– ¿Sabías que Gudlaugur estaba muerto cuando te pidieron que fueras a buscarlo? -preguntó Erlendur.
La muchacha lo miró.
– No, no lo sabía. No intentes cargarme eso. ¿Es Jo que intentas hacer? ¿Crees que fui yo quien lo mató?
– No me hablaste de la presencia de tu hermano en el sótano.
– Él está siempre metido en problemas, pero sé que él no lo hizo. Sé que no podría hacer una cosa así. Jamás.
– Supongo que tenéis una buena relación, ya que te preocupas tanto por él.
– Siempre nos hemos llevado bien -dijo Ösp, poniéndose en pie-. Hablaré con él si se pone en contacto conmigo. Le diré que tienes que verlo por si sabe algo sobre lo que sucedió.
Erlendur asintió con la cabeza y le dijo que seguiría en el hotel hasta esa tarde, y que estaría localizable en cualquier momento.
– Tiene que ser enseguida, Ösp -dijo finalmente.
31
Cuando Erlendur bajó al vestíbulo vio a Elínborg ante el mostrador de recepción. El recepcionista jefe señaló en su dirección, y ella se dio la vuelta. Estaba buscándolo y se dirigió hacia él con pasos rápidos y un gesto de preocupación que Erlendur casi nunca veía en ella.
– ¿Pasa algo? -le preguntó cuando se acercó.
– ¿Podemos sentarnos en algún sitio? -dijo ella-. ¿Ya está abierto el bar? ¡Dios mío, qué trabajo más horrible! No sé para qué se dedica una a esto.
– ¿Qué pasa? -preguntó Erlendur. La tomó del brazo y la acompañó al bar. La puerta estaba cerrada pero no con llave, y entraron. Aunque se pudiera acceder, el bar en sí estaba cerrado. Erlendur vio en un cartel que no abría hasta una hora más tarde. Se sentaron en un reservado.
– Además, la Navidad va a ser una catástrofe en mi casa -dijo Elínborg-. Nunca había hecho tan pocos pasteles. Y esta noche viene mi familia política y…
– Dime lo que ha pasado -dijo Erlendur.
– ¡Menudo caos! -dijo ella-. No le comprendo. No consigo comprenderle.
– ¿A quién?
– ¡Al niño! -dijo Elínborg-. No comprendo qué pretende.
Le contó a Erlendur que la noche anterior, en vez de marcharse a su casa a cocinar, se había ido a Kleppur. No sabía bien por qué, pero el caso del padre y su hijo no se le iba de la mente. Cuando Erlendur le indicó que a lo mejor ya estaba harta de preparar galletitas para su familia política, no le dedicó ni una sonrisa.
Ya había estado antes en el psiquiátrico para intentar hablar con la madre del muchacho, pero la mujer estaba tan enferma que no consiguió obtener ninguna información útil. Y lo mismo pasó cuando fue a verla esa tarde. La madre estaba sentada, balanceándose hacia delante y atrás sin saber en qué mundo vivía. Elínborg no sabía muy bien lo que pretendía sacar de ella, pero pensaba que podría saber algo sobre la relación entre padre e hijo que no hubiera salido antes a relucir.
Sabía que la madre solo permanecía ingresada en el psiquiátrico durante periodos cortos. La internaban cuando empezaba a tirar los medicamentos por el retrete de su casa. Cuando tomaba la medicación, solía estar perfectamente. Se ocupaba bien del hogar. Cuando Elínborg la mencionó en su charla con los maestros del niño, resultó que al parecer también se ocupaba bastante bien de él.